Vino amargo

¡Quiero otro vaso de vino amargo, camarero otro vaso! ¡Señor! ¿Por qué no se marcha a casa, está usted borracho, será mejor que haga lo que le digo, se puede caer y hacerse daño y tal como yo lo veo no creo que llegue a su casa, ande márchese haga me caso? ¡Quiero otro vaso de ese vino, no me importa emborracharme, quiero seguir bebiendo, hasta que caiga rodando por los suelos, no tengo casa, ni tengo a nadie que pregunte por my, para qué quiero dejar de beber, si cuando estoy sereno menos puedo vivir y es mucho pero mi vida, a si que lléneme! Su lágrimas cayeron sobre el viejo mostrador, el camarero al ver que insistía que le llenase el izo lo propio le lleno nuevamente su vaso, y de un trago se lo tomó, bebido este, saco de su bolsillo el dinero sin preguntar cuánto le debía; puso el dinero sobre el mostrador y se marchó dando tumbos. La puerta que era grande, tropezó con el marco de ella y no sintiendo el golpe salió a la calle sin mirar por donde iba. Sólo, sin nadie que lo estuviese esperando, la tarde estaba nublada, el viento parecía amenazar con traer nubes, la noche se aproximaba pero él no tenía lugar para encerrase, con paso lento sin mira para ningún lado iba recostándose sobre las paredes de la calle, su chaqueta que estaba más bien raída se ensuciaba con la pintura de las casas; dio unos pasos pero su cuerpo al notar que estaba embriagado se detuvo y estuvo unos segundos de pies hasta que su cuerpo al no tener fuerzas suficientes se derrumbo, cayó al suelo, se dio un golpe en la cabeza que se hizo un herida no muy grande pero sí que le salía sangre de su cabeza la cual le manchaba su vieja ropa. Un alma en pena, era triste verlo de esa manera. Las personas que pasaban por su lado lo único que veían era que estaba borracho, pero nadie lo atendía viendo que de su cabeza le chorreaba la sangre que se detenía en su chaqueta y en su camisa; pero nadie le auxiliaba al verlo de esa guisa. ¡Sereno no te mira nadie, menos al estar borracho! Esto era lo que le pasaba a este hombre. ¿Qué podemos saber de una persona cuándo se encuentra de esta forma, que es lo que tiene en el interior de su corazón para perder todo su comportamiento y dejarse llevar por el vino? ¡Amargo, o amargura, nada sabemos pero su cuerpo está tirado por los suelos, su cara reclinada sobre sus hombros y su cabeza pegada en las paredes de la soledad de este mundo! ¿Por qué nadie se arrima a nadie, el mundo vive su vida y dejan corre las cosas que pasan, y a quien les pasa son dejado por todos; no queremos saber el por qué de esta situación? Vino viejo, vino rancio como el veneno, al entrar en nuestro cerebro te deja sobre el abismo de la soledad. La mente de este hombre se ha perdido, nada queda de él, parece que su vida está al borde de la nada, su cuerpo al sentir como las primeras gotas de agua que comienzan a caer él levanta su cara y sonríe con mucha tristeza, ha comenzado a llover, su cuerpo se está mojando, el viento que lo azota es tan fuerte, que termina por tumbarlo sobre la acera, mira al cielo y parece pedir clemencia por su vida, desea dejar de existir para que nadie tenga que preguntarle el por qué. La lluvia cae con fuerzas, el viento levanta su chaqueta que esta mojada, se cubre con lo poco que puede, quiere arremolinarse contra la pared y ve que nada puede hacer que esta mojándose y que no tiene un sitio para cobijarse. Un niño pequeño se queda mirándolo, al ver que está sangrando mete su pequeña mano en su bolsillo, saca de él un pañuelo muy sucio pero para él está lo suficientemente limpio para taparle la herida que tiene en su cabeza. El niño no le ha dicho nada, solamente esta tapándole la herida con su pequeño pañuelo, un hombre lo ve tirado por los suelos, y que él niño intenta levantarlo, pero sus fuerzas no dan para levantar una persona mayor, y menos estando borracho como está él. Se acerca, lo coge por los brazos y ayuda al pequeño a levantarlo. Una vez de pies él se mantiene, pero está tan borracho como para poder sostenerse. El señor no le dice nada, solamente ha ayudado a ponerlo de pies al ver que un niño intentaba levantarlo. Lo mira, se queda en silencio, este hombre sin decirle palabra alguna con solamente el silencio y la mirada que le ha echado es suficiente para saber lo mucho que le ha dicho; el baja su cabeza, se siente avergonzado de sí mismo, se tambalea, pero se puede tener en pie, la noche se ha echado, se encuentra en una calle que no sabe adónde está, se encuentra perdido, su mente no responde; el vino rancio ha dejado su huella y su cerebro no responde, sonríe, mira al niño, y al darse cuenta que es uno de sus hijos le dice. ¿Por qué has venido, está lloviendo, vete para la casa? ¡No padre, no me puedo ir y dejarte solo, tienes que venir a casa, te estamos esperando que llegues con la comida! ¿No la traes? ¿Te has gastado todo el dinero en vino? Si me lo he gastado, y no he comprado nada. Es igual, no tenemos hambre, si esta noche no comemos pero al menos podernos tenerte en casa, nos acostaremos y si hace falta mañana salimos mis hermanos y yo a pedir limosnas y con eso a lo mejor conseguimos un poco de comida, por nosotros no te preocupe, pero tú ya te puedes ver como estas, mojado herido y en el suelo, y gracias a este señor que mea ayudado a levantarte. El señor se lo queda mirando, al escuchar al niño, y al saber que este hombre ha gastado el dinero en vino y los ha dejado sin comer; lo coge por el cuello y sin decirle nada le da una bofetada en toda la cara; que lo hace chocar contra la pared. ¡Desgraciado! Sin decirle nada más se marcha, pero antes de irse, se queda mirando al chiquillo, saca de su bolsillo su cartera y le da unos billetes para que puedan comer y no tengan que pedir limosnas. ¡Toma, esto para que mañana no tengáis que salir a pedir limosnas! Se queda mirando al borracho, y le dice en toda su cara. ¡Es usted un canalla miserable! Le da un empujón y nuevamente choca contra la pared. Levanta su mano para pegarle de nuevo, pero el niño se pone delante y le dice. ¡Por favor no le pegue más, es mi padre! Este hombre al verlo que está casi llorando se agacha, y se lo queda mirando, al ver que tiene el pequeño la cara muy sucia, le dice, ¡Llévatelo a casa, y cuando llegues le metes la cabeza en una palangana con agua muy fría para que se le pase la borrachera que lleva! ¡Desgraciado! Sin decir nada más se marcha, al cabo de unos pasos se vuelve y, se queda mirando al pequeño, da con su cabeza y sigue su camino. ¡Te he dicho que te vaya! ¡No, no me voy, te has de venir conmigo, estamos solos, mis hermanos te están esperando, para que tú llegases con la comida! ¡Dame el dinero que te ha dado eses señor! ¡No, este dinero me lo ha dado a mí, no es tuyo, ni lo has ganado trabajando; por lo cual, es mío y será para que podamos comer mis hermanos y yo, y también hay para ti! ¡Te he dicho que me lo des! ¡No te lo doy, tú lo quieres para volverte a emborrachar, es mío! Vámonos a casa, el padre que se ha recuperado un poco coge al niño por el brazo y sin decirle nada le da un par de bofetadas en la cara que el chiquillo se cae al suelo con la lluvia que estaba cayendo en esos precisos momentos. Desde el suelo se lo queda mirando y sacando el dinero que le había dado ese señor se lo tira al suelo y le dice. ¡Cógelo si puedes! Cuando lo intenta coger se vuelve a caer, esta vez, el chiquillo coge el dinero y lo deja tirado en el suelo, recoge su pañuelo y se va para su casa llorando. ¡Nosotros no somos mi madre, no te hemos abandonado por nada, y menos sabiendo que tú no eras a si, como te has vuelto desde que te dejó mi madre! ¡Eres un borracho, no te da vergüenza de dejarnos sin comida, hubiese sido mejor que tú te hubieses marchado también; estaríamos solos, pero no tendríamos que estar contigo para que te emborrache y me pegues, somos niños, y no tenemos la culpa de lo que hacéis los mayores! ¡Dame el dinero! ¡No, si lo quieres, ven te a casa, y mañana te vas y te lo gastas en vino! Que es lo único que sabes hacer desde que te abandonó la golfa de mi madre. ¡Maldita madre y maldito padre! ¿Para qué estamos en este mundo, dime, para sufrir sin tener culpa de nada, y encimas me pegas? Llorando se marcho bajo la intensa lluvia, sólo, sin nadie que lo pudiese acompañar en la soledad de la noche, el pequeño se marcha llorando, sólo para su casa, donde lo están esperando sus hermanos que están solitos y ven que el hermano mayor que es él está tardando mucho desde que se marchó a buscar a su padre. El padre llamándolo para que se volviese, le daba gritos pidiéndole el dinero, pero él sabiendo que todo cuanto ganaba se lo gastaba en vino, sigue sus pasos y no le da el dinero, sabe que su padre viene detrás de él; mete su mano en su bolsillo y al tocar los billetes que le había dado el señor se los guarda mejor. Sigue su camino hacia su casa, al llegar ante la puerta se vuelve y ve que su padre viene pero muy lejos, va dando tumbos por toda la acera. De vez en cuando se detiene, le da gritos para que le de el dinero, pero su hijo no lo escucha sabiendo para que lo quiere. Abre la puerta y sus hermanos al verlos se abrazan a él y llorando le dicen. ¿Por qué has tardado tanto hermano? ¡No he podido venir antes, porque padre estaba tirado en el suelo, y gracias a un señor que me ha ayudado lo hemos podido levantar, que si no estaríamos en la calle donde estaba! ¿Y padre viene? ¡Si que viene pero será mejor que os acostéis! ¡Pero no hemos comido! Mañana si dios quiere comeremos. ¿Y esta noche no comemos? Yo tengo hambre. ¡Ya lo sé, pero será mejor que estéis acostados para cuando llegue padre! ¿Te que ha pegado a que sí, yo se lo dije a nuestro hermano más pequeño, ya verás como encima de ir a buscarlo le pega, no te lo había dicho hermano? Será mejor que nos acostemos. ¡Pero yo tengo hambre, y soy el más chico de los tres! Los dos más pequeños se acuestan corriendo la sentir que su padre ha llegado y que viene borracho. ¡Vamos corre que llega! Si, hagámonos que estamos dormidos, a si no nos pegará también a nosotros, corre. Dando tumbos, tropezando con las sillas el padre ha llegado por fin, se queda mirando con mucha rabia al ver que su hijo no le ha hecho caso. Se sienta y le dice. ¡Mañana, no te quiero ver en esta casa, me has oído! Si padre que te he oído, y si quieres me marcho esta noche. Tú mismo, haz lo que quieras, ya que no le haces caso a tu padre, ya te puedes marchar cuando te de la gana. ¡Si padre pero he de levantar a mis hermanos porque si yo me marcho de esta casa se viene conmigo! Yo no dejo mis hermanos en manos de un borracho que es lo que tú eres, si, un borracho. El padre como puede se pone de pies, se acerca al niño que se ha quedado enfrentándose a su padre, y este le da una bofetada que lo tira al suelo; y el chiquillo desde el suelo, de dice. ¡Pégame y si quieres mátame que es lo que tendrías que hacer con los tres, a si te quedarías sólo con tus amarguras por que se ha marchado mi madre! ¡Maldita sea mi madre y su madre que la trajo a este maldito mundo, pero se ha ido y nos dejo en manos de un borracho, ahora nos marcharemos a si te podrás emborrachar cada vez que te de la gana, para eso eres un borracho y un padre que tendría que haberse muerto esta noche en la acera; y no ir yo en tu busca para cuidarte y que vinieses a casa! ¿Par que nos trajiste al mundo, dime, para qué, para que nos pegues y hagas que no podamos comer, eso es un padre? ¡Calla te, que no sé lo que estoy haciendo! ¿Qué no lo sabe, pero pegarme si que sabes hacerlo? ¡Dame el dinero! El pequeño se mete la mano en su bolsillo, coge el dinero y se lo tira la cara. ¡Toma es lo que quieres, ahí lo tiene, ya te puedes ir a emborracharte que es lo que únicamente deseas hacer, pues vete de una vez, y hoja la que nunca más vuelvas por esta casa! ¡Maldito seas! Cuando llegues mañana no estaremos aquí, nos habremos marchado, no tengas que buscarnos, ya veremos lo que hacemos los tres. Se levantó como pudo, salió de la casa en busca del bar, en aquellos momentos llovía a raudales, la calle estaba inundada pero la acera estaba llena de agua, casi no se podía andar. Los tres hermanos se acostaron en la misma cama para poder aguantar el hambre y el frio, él más pequeño le decía a su hermano mayor. ¡Acuéstate con nosotros, que ya no tenemos hambre, y si estamos los tres juntos estaremos más calentitos! Si le contestó su hermano y se acostaron los tres. Al llegar la mañana, levantó a sus hermanos y cogiendo alguna ropillas que tenían les hizo una talega y dentro de ella le metió la ropa que encontró por la casa, una vez recogida su ropa salieron a la calle que seguía lloviendo más aun que la noche anterior. Los tres cogidos de sus manos se encontraron en plena calle sin saber para donde tirar. El más pequeño le decía a su hermano mayor. ¿Tú sabes adónde vamos? ¡Si no tengas miedo, ya verás cómo vamos a un sitio que estaremos mucho mejor que en casa! ¿Tú crees que lo vamos a encontrar? En pocos segundos estaban los tres chorreando, el frio se apoderó de los tres, y cada paso que daban miraban para atrás y veían que se alejaban de su casa, y que estaban en la calle perdí dos y sin nada que los cubriese bajo la intensa lluvia. Los tres caminaban lentamente y al cruzar la calle un coche que pasaba se paró delante de ellos. El conductor al verlos se detuvo y se bajo del coche. ¡Chico, párate! ¿Tú no eres el de anoche? ¡Sí que lo soy! ¿Pero adonde vais con esta tormenta? ¡Nos vamos de casa! El más pequeño le dijo al señor que había parado el coche. ¡Mi padre le quito el dinero, y le pego! Se los quedó mirando y de sus ojos salieron unas lágrimas que recorrieron su cara encima de la lluvia que caía en ese momento, al verlos como estaban los tres, les dijo. ¡Subir al coche, que ahora hablamos, anda subir que esta diluviando! Los tres se miraron y se encogieron de hombros y se quedaron mirando a su hermano mayor. ¿Este señor nos llevará al sitio que tú nos decías? ¡Sí, creo que sí! ¡Bueno, si es a si, mejor será porque estar en la calle con la que está cayendo, yo digo que peor no vamos a estarlo digo yo! Una vez habían subidos al coche este arranco con toda su rabia, salió lo más rápidamente que podía asía su casa. Al llegar a casa del señor toco el claxon del coche y salió su señora, al ver a los tres niños que traía se quedo si habla al verlos lo mojados que estaban. ¿Pero esta que es dime cariño, de donde has sacado a estos niños? Sécalos, ponles ropa limpia y después te cuento, además, dale de desayunar que no han comido desde dios sabe cuándo. La señora rápidamente los metió es su casa. Al entrar se quedaron mirando los tres, y el mediano le dijo a su hermanos pequeño. ¡Ya te dije que no le preguntases, que él sabía adónde nos llevaba! ¡Anda, que casa, esto sí que es grande y bonita, ojalá nos quedásemos a vivir aquí! ¡Vendrá padre, nos pegara y encima nos llevará a casa, allí no hay comida, y hace frio, yo creo que si nos portamos bien esta señora nos hará que nos quedemos en esta casa para vivir! ¿Tú crees que si? ¡Sería lo mejor que nos hubiese pasado después de una noche de hambre y de mucho frío, o, sería el estomago que al tenerlo vacío estaba el frio metido dentro de mi barriga! El señor mientras su señora los bañaba, y al verlos tan sucios, después de un buen desayuno ella los estuvo mirando, al verlo tan guapos y mal vestidos se preguntaba. ¿Como una madre puede dejar a sus hijos que estén de esta manera? Lo que ella no sabía era lo que ellos estaban pasando. Su marido mientras ella los bañaba y les daba de comer él fue directo a la policía, una vez allí les conto cuanto había sucedido. Los agentes le preguntaron qué adonde estaban sus padres. ¡No lo sé, solo les puedo decir lo que pasó anoche, y esta mañana hace menos de una hora los he encontrado a los tres en medio de la calle con la que está cayendo! Bien, vallamos y veamos a los niños, y después buscaremos a los padres. Los agentes llegaron detrás del coche del señor, este paro su coche e hizo entrar a los agentes. ¡Pasen, yo llamare para que mi señora traiga los tres pequeños! Llamo, a su señora y esta se presentó con los tres que ya estaban secos y vestidos, llevaban puestos unos pijamas y una vez que habían comido tenían mejor cara. Ella se quedó mirando a su marido. ¿No se los irán a llevar no? ¡No te preocupes ahora por eso, lo primero es encontrar a sus padres, y luego ya veremos lo que pasa! Los agentes miraron a los niños, al mirar el mayor tenía en todo su cuerpo y en la cara unas marcas de haber le pegado, o que había recibido una paliza. ¿Quién te ha pegado de esta forma, dímelo? El chiquillo se callaba hasta que el más pequeño se lo conto todo a los agentes. ¿Cómo es tu padre, y como, es tu madre que vamos a buscarlos? El mayor llevaba consigo una foto de sus padres cuando estaban juntos, pero desde hacía unos meses la madre ya no estaba con ellos, fue lo que les contó. ¿Pero adonde está tu madre? El mayor se encogió de hombros, y les dijo. ¡No lo sabemos, se fue con otro hombre, y nos dejo con mi padre y desde entonces se emborracha cada día y nos pega! ¿Tú sabes adonde va a emborracharse? ¡Sí, se va al bar que hay en el cruce de las cuatro esquinas; de ese bar Salió anoche! ¡Bien quedaros aquí que ahora venimos! Mientras hablaban los agentes con su hermano mayor él más chico se fue en busca de la señora, y al verla tan guapa el dijo. ¿Usted se quiere quedar conmigo? Estas palabras de un niño tan pequeño la hicieron llorar, esta mujer al verlo tan chiquitín se lo abrazó llorando y le dijo. ¡Si puedo me quedaré con los tres! ¿Qué te parece? ¡Bien eso es lo que yo quería decirle pero he comenzado por mí que soy el más pequeño! Ella al sentir que el pequeño se abrazaba a ella con todas sus fuerzas, lo miro, y cuando pudo ya que el pequeño por nada se quería separa de la señora, está haciendo un pequeño esfuerzo se separo de él, cogiéndolo de la mano se fue a dónde estaban sus dos hermanos. Los tres abrazados y el marido se acercó a la mujer mirando el cuadro, le preguntó al respecto él le dijo. ¿Qué te parece el cuadro? ¡Medan lastima; el pequeño es tan bueno que me ha pedido que me quede con él, y que él se portará muy bien ya lo verá usted; eso ha sido lo que me ha dicho, entonces es cuando no lo he podido soportar y hemos llorados los dos! Yo no he podido aguantar y he llorado en sus brazos me dan pena, pero si podemos quedárnoslo, yo te digo que sí, que nos quedamos con los tres. Si no hemos tenido hijos ya espero que dios nos ha dado la posibilidad de tener a tres de una vez; y a si seremos familia numerosa. ¡Bueno, bueno, ya veremos lo que pasa; al menos los tenemos por ahora, luego cuando se pueda aclarar entonces el juez ya decidirá lo que hay que hacer con ellos! Eran casi las dos y ellos habían desayunado pero la comida la estaba preparando su señora mientras él jugaba con ellos, el pequeño se fue a la cocina, se acerco0 en silencio y tirándole de la bata, le preguntó. ¿Señora si quiere yo le puedo ayudar? Se quedó mirándolo y le dijo. ¿En qué me puedes ayudar, tú sabes cocinar? ¡Yo le puedo ayudar apelar las papas, en casa me encargo yo de hacerlo! ¿Tú eres el que pelas las patatas en tu casa? ¡Si a si es, es mi trabajo, en casa lo hacíamos los tres y cada uno se encargaba de una faena y a si manteníamos limpia la casa! ¿Por qué dices papas, son patatas? ¡No señora, no son patatas, son papas! Pues luego lo miraremos haber cómo se tiene que decir. Al verlo a su lado, ella le dio un rosquillo, el pequeño al verlo se lo cogió y le pidió dos más. ¡Deme dos más uno para muy hermano mayor y otro para mi hermano que es más grande que yo! Ella viendo las ocurrencias del pequeño se sonrió y le dio como él decía dos más, uno para cada hermano. Mientras ellos estaban entretenidos con él juego, los agentes llegaron al lugar adonde la noche anterior le habían visto salir con la borrachera. Entraron en el bar y le preguntaron al camarero, que estaba limpiando la barra para que estuviese limpia para cuando llegase algún cliente. El camarero al verlos entrar, se detuvo de su limpieza y les preguntó a los agentes. ¿Señores que desean? Uno de ellos, el que tenía más galones era un cabo primero, este le contesto. ¡No vamos a tomar nada, sólo deseamos que nos de una aclaración de lo que ocurrió anoche en este bar! ¿Aquí no ocurrió nada que yo sepa, yo era el que estaba en la barra hasta que se cerró, pero no ocurrió nada de que sea para asustarse, no hubo peleas, ni hubo nada que reseñar? ¡Bien! Sacando la foto del matrimonio le pregunto. ¿Me puede decir si anoche estuvo aquí este señor? El camarero tomando, la foto se quedó mirando la foto unos segundos y al cabo de esos segundos, habiendo reconocido al caballero de la foto él contestó a los agentes. ¡Si este era el señor que se emborracho y yo mismo le aconseje que se marchase a su casa que ya había bebido más de la cuenta y estaba completamente borracho, y antes de que armase escándalo, yo le aconseje que se marchase, y eso fue todo cuanto paso! ¿Bien y no ha vuelto? ¡Sí, esta madrugada cuando abrimos para los que entran a trabajar muy temprano ces toman unas copas de aguardiente y se van para su trabajo; y a mí me extrañó al verlo de nuevo en las mismas condiciones que la noche anterior, él ya estaba borracho nuevamente! Yo le serví una botella, le dije que hiciese el favor de marcharse; él tomo la botella y se salió del bar, yo no puedo decirle adonde fue; porque no lo sé en verdad. ¡Esto es todo cuanto le puedo yo decir señores! ¡Bien, si volviese aquí, reténgalo, que lo estamos buscando! Los agentes salieron a la calle y se dijeron. ¡Vamos a dar una vuelta por estas calles para ver si esta en alguna puerta o en el suelo está con la borrachera que ya tenía! Si mediar palabras se montaron en su coche y lentamente recorrieron las calles colindantes al bar. Al llegar a una esquina se quedaron mirándose los dos agentes al verlo recaído sobre una pared de una casa, en sus manos tenía media botella de vino, que la sostenía con una de sus manos; se acercaron a donde se hallaba y bajaron del coche dispuesto a ponerle las esposas en sus manos para que quedase arrestado. Huna vez cerca de él los dos agentes se acercaron la borracho y diciéndole que se quedara quieto que estaba arrestado por un comportamiento de causa, por haberle pegado a su hijo una paliza. Este señor que estaba sentado sobre el suelo tenía los ojos abiertos, miraba al frente sin hacer caso a lo que le estaban diciendo, los agentes, estos, al ver que por más que le decían el no hacía ningún movimiento; cosa que le extraño, entonces fue cuando, uno de ellos le tocaron para que se despertase si estaba dormido; cuando le pusieron las manos encima este hombre se cayó al suelo; quedo con la botella en sus manos pero de esta el poco vino que le quedaba se derramaba sobre la acera, lo intentaron levantar pero él seguía sin hacer movimiento alguno, cosa que le extraño y unos de ellos, entonces le puso sus manos sobre el cuello para ver si tenía pulso, y al sentir que su cuerpo esta helado le dijo a su compañero. ¡Este señor está muerto, por eso no ha contestado! ¡Bien, dijo el cabo, no podemos tocarlo hasta que no llegue el juez, y redacte el atestado! ¡Llama al médico forense, y que sea él el que nos de la orden de transportarlo a la sala de reconocimiento! En pocos minutos estaba allí el médico, la guardia civil y el coche de atestado, el forense lo examino y de ter mí no sin haberle efectuado la autopsia que para él estaba muerto, pero tenía que hacer le las pruebas pertinentes para determinar que había fallecido este señor. ¡Se lo pueden llevar! Los de la ambulancia lo cogieron lo metieron en una bolsa y seguidamente lo montaron en la ambulancia; y se marcharon de allí. Los agentes se fueron a casa de este señor que había denunciado el caso; fueron a comunicarle lo sucedido y para que él se hiciese cargo si es que lo quería de los tres niños hasta que se pudiese aclarar de qué había fallecido el padre de los niños. Cuando llegaron los agentes a su casa el matrimonio salieron los dos a preguntar a dónde estaba el padre de los tres niños. Entonces le comunicaron lo sucedido. ¡Bueno señores él padre de estos niños ha fallecido, no sabemos la causa de su muerte, hasta que le forense nos diga de lo que ha muerto, hasta entonces y cuando el juez decida qué hacer con los chiquillo les ruego que si ustedes lo desean se pueden quedar con ellos, y cuando todo se haya aclarado ya decidirá el juez que se harán con ellos! La señora al escuchar la noticia y sin hacer un drama dé todo lo que había ocurrido se fue junto a los niños sin hacer nada para que ellos no se tuviesen que preocupar por nada, y a si ella estaba habiendo pasado cuanto había ocurrido; por una parte, estaba alegre porque a si ya tenía a los tres niños que ella estaba dispuesta a cuidar; mientras se aclaraba todo el tema del juicio, pero mientras tanto los disfrutaría de su compañía. El marido entro mucho más serio que de costumbre; entonces le contó lo que había pasado la noche anterior a su muerte. ¡Mira, siéntate en esta silla que te voy a contar lo que yo hice a noche cuando encontré a este señor que ya es muerto y as u hijo mayor! La mujer se quedó seria al escuchar que su marido le iba hacer una declaración de cuanto había ocurrido con él padre de los niños, cosa que él no se las había contado, pero que ahorra estaba dispuesto a decírselo todo. ¡Veras, anoche cuando yo regresaba del trabajo, yo presencie como este tipo le pegaba sus hijo una bofetada en toda la cara; en cima de que el pequeño lo estaba curando una herida que tenía en la cabeza de haberse caído; el niño con su pañuelo le curaba la herida, y este tipo por así decirlo le decía a su hijo que se fuese para su casa, y que lo dejase allí, pero el niño lo que quería era que su padre se viniese con él, cosa que no hizo; yo al ver lo que había hecho me acerque y le di una bofetada a él en la cara por haberle pagado al niño después me dieron ganas de matarlo porque seguía diciendo que se fuera, el lloraba que daba pena escucharlo diciéndole a su padre que se fuese con él. Yo pude escuchar que el niño le decía su padre que si se había gastado todo cuanto traía para la casa en vino, y este le dijo que si, y que esta noche no tenían comida ya que no la había comprado y que tenían que acostarse sin comer. Entonces yo le di unos billetes al niño para que mañana comprasen comida. Yo los deje y entonces por lo que se ve el niño se marcho para su casa, y su padre que lo habíamos levantado entre el niño y yo se fue tambaleándose detrás de él. Mientras caminaba le decía que le diera el dinero que yo le había dado, pero el chiquillo le decía vente a casa y mañana te doy el dinero pero que esta noche no se lo daba. ¡Esto fue lo que pasó pero ya no sé más, solo lo que han contado los tres niños! Por un lado me alegro que este sinvergüenza este muerto, pero por otro lado no, ya que se han quedado huérfanos de padre y de su madre no se sabe nada. ¡Siento pena por ellos! Pero para eso estamos nosotros que los cuidaremos para que el día de mañana puedan ser personas con unos estudios y que sepan enfrentarse con la vida y que puedan llevar su cara bien alta para que nada les pueda ocurrir. Si pero hay algo más. ¿Qué puede haber? ¡Yo me creo culpable de casi todo cuanto, pasó pero al verlos no me puede aguatar y se me fue la mano! ¡No te culpes ya que su padre se lo merecía! ¿Tú crees que se lo podía merecer, has estado en su vida, sabemos cómo era antes de pasar lo que según nos han contado cuando ella se marcho de su casa dejando a sus tres hijos pequeños al amparo de su padre? ¿Crees que este hombre era igual antes de separarse de su mujer, era como después se volvió? ¿Quién tiene la culpa, ella, o él; pero la vida da muchas vueltas y es como si te hubieses montado en un carrusel que da vueltas y te marea, esa es la vida y a este hombre le ha pasado lo siguiente, él no era de esa manera, se encontraba triste, abandonado, veía a sus tres hijos que él no podía hacerse cargo de ellos, tenía que trabajar para mantenerlos, y se tenían que quedar solos hasta que regresase de su trabajo, las sombras de su mente se iban enredando solas, él se encontraba en un dilema muy difícil y cada segundo que pasaba para él era una eternidad. Su mente se volvió en la locura. El vino se come a una persona si la metemos dentro de un tanque de vino, la fermentación se come el cuerpo, digamos que él se refugió detrás de una botella de vino, pensando que sería la solución de olvidar a su mujer, según parece tenía que amarla mucho, ya que llegó al extremo de hacer lo que ha hecho con su vida y la de los demás. ¿Pero a quién culpamos? Siempre hay una mujer por medio. ¿Por qué dejo esa madre sus hijos; por qué, si ella como madre los quería mucho, no tenía que haberlos dejado dentro de la soledad, eran niños, si y muy pequeños para que se pudiesen valer por si mismos? ¿Culpamos al padre, y nos preguntamos cómo era ese hombre antes de ser abandonado por su esposa, tenían motivos para llegar a eso, pensaron antes de hacer nada el problema de sus hijos? ¡No podemos ser los jueces al no saber el motivo por el cual se había separado, y sabiéndolo y todo, no somos nadie para culpar a ninguno, cosa que no sabemos; y que no deseamos que nos pase a nosotros y yo pido al cielo que nos dejen tener a estos tres pequeños que ya los cuidaremos e intentaremos que sea hombre el día de mañana y que se puedan acordar de que siempre hay persona que están dispuestas a sufrir hasta que sean hombres! ¡Si tienes razón, pero ellos siempre tendrán en un rincón de su mente el recuerdo vagamente de que en su vida hubo unos momentos que dejaron su secuela y esta no se olvida ni se cura para nunca! Estos niños se quedaron en nuestra casa, lo hemos intentado de todo corazón, hoy ellos son hombres de verdad, hemos hecho todo cuanto ha estado en nuestras manos para que se pueda sentir felices a nuestro lado; lo único que le hemos pedido que sean como hay que ser las personas; y que nunca se refugien en nada, y si tienen algún problema que vengan a casa y lo intentaremos arreglar de la mejor manera que podamos ya que en la vida siempre hay una persona que desea hacer el bien sin mirar a quien. El forjador de sueños. Pintaelsevillano.com
 
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