Rescoldo

Han pasado unos años y ya no hay fuego en la colina, está oscureciendo y nada brilla en la montaña. El fuego se ha apagado, nadie le echa ramas para que vuelva a brillar. ¿Por qué, no hace tanto brillaba, era una luz que se podía ver desde la ventana de mi cuarto, y desde cualquier punto de la ciudad yo, era su creador, me sentía feliz al comprobar que estando incluso lloviendo, no se apagaba el fuego, era algo mágico, no sé el por qué. Quien de los dos la ha dejado que se apagase, yo no, eras tú la que te marchaste. ¿Ya no te acuerdas de él día que entre tú y yo la encendimos? Pasaron unos años, no muchos, ya que a un la recuerdo que era nuestra brújula, desde nuestra casa la podíamos ver como resplandecían sus llamas. Ha pasado el tiempo, nada queda entre nosotros, que fue de todo aquello que pensábamos hacer, todo se lo llevo el viento, nada queda entre tú y yo, se termino y cada cual a su nido. Éramos felices. ¿Qué fue, lo que nos pasó, tú te lo has preguntado alguna vez, yo en cambio cada noche lo pienso y cuando los recuerdos llegan a mi mente todo se vuelve confuso y nada puedo ver en realidad solo fue un sueños y ya nada queda de aquel pasado? Cada día cuando, me voy acostar lo primero que hago, es abrir la ventana, de mi cuarto y mirar a la montaña, todo está oscuro, no se puede ver la hoguera, todo ha terminado entre tú y yo. ¡Quisiera que volvieses, no me importa que hayas estado con otro, te sigo queriendo, que fue lo que me dijiste cuando te ibas a marchar! Miraste desde la puerta, y silenciosamente te marchabas, no pensaste en mí, acaso no era tu amante, que querías que hiciese, yo también tenía mujer, la deje por ti, que era lo que tú querías de mí, no estabas de acuerdo de que viviésemos juntos por qué, tú estabas enamorada de tu marido, pero para mí tú era mi mujer, para eso estábamos en la casa de la montaña. Tu sabes muy bien que la compre para que tú vivieras conmigo; pero el tiempo te hizo cambiar tu manera de pensar, te encontrabas solitaria, eso no te gustaba ya que tú eras una mujer de las que todo el día se lo pasan en la calle viendo vestidos y joyas, eras la verdadera mujer que esta todo el tiempo buscando algo para lucirse; y cada vez que algún hombre te miraba tú le son reías, y yo callado, si, cada vez que alguien te miraba, tú también le dabas la mirada y te hacía gracias devolverle la misma mirada y yo no podía seguir de esa manera de estar, había dejado a mi mujer, estaba contigo y tú no tenías bastante que buscabas a otros hombres para tener un segundo pretendiente que se pudiese acostar contigo. Esa eras tú y bien lo sabes, ¿Pensabas que no lo sabía, sí; sí que lo supe cuando te trajiste a un hombre y te acostaste con él en mi propia cama, para eso nos juntamos? La noche es demasiado larga para mi, estoy solo y cada segundo que marca el reloj es una eternidad para conciliar el sueño y que me haga dormir, no puedo, mis recuerdos están tan claros que sigo queriéndote, aunque las llamas estén apagadas yo siento su calor por todo mi cuerpo. Éramos dos jóvenes enamorados uno del otro, yo era tan joven que no podía comprender como se abandona a un hombre de esta forma, si tú sabías que yo te quería con locura. Pero que fue lo que te paso para dejarme a sí. ¡Nada, sólo que yo no te podía soportar, eras demasiado celoso y nadie podía fijar su mirada en mí! ¡En ti, dime si tú eras la que los buscabas para poder tener siempre a otro en tu reserva, por qué me mientes de esa forma! El frio de la noche era tan grande que nadie podía salir a buscar leña para encender un fuego, el viento arreció con fuerzas y los árboles se doblaban no resistían el fuerte viento pero aun a si aguantaban como podían para no partirse. La tormenta se creó encima de nuestra casa, yo miraba a través de la ventana y veía que las llamas estaban apagadas. Un frío recorrió mi cuerpo, mis labios se cortaron y mis lágrimas mojaron las mejillas de mi cara, puse la frente en los cristales y sentí el frío de la noche, las últimas hojas que quedaban sobre las ramas se fueron cayendo una tras otras, ninguna resistió el fuerte viento, parecía que se iba a terminar el mundo, cuando un tremendo trueno hizo temblar toda la casa, se fue la luz en aquel momento, yo quede en la máxima oscuridad, no podía ver nada solo pude ver que detrás de los cristales estaba diluviando, era tremendo el estado de las calles, un río de fuertes aguas recorrían las avenidas, las hojas eran arrastradas de una forma brutal; sus gritos se podía escucha, y sus lamentos fueron recorriéndolas calles y en un rincón donde había una vieja alcantarilla se juntaron todas porque estaba rebosando y se había atascado la entrada de las aguas y cuando fue creciendo parecía un lago lleno de fango y barro. Ese soy yo de barro y fango, pero aun tengo algo de humano, siento todo cuanto paso nada ha quedado de ese amor, todo se fue cuando ella cerró la puerta tras de sí, el silencio cubrió de telas las sombras de la casa, y su presencia era cada vez más grande; yo al echaba de menos, para mí era las sombras de cualquier cosa que se moviese en el silencio de aquella soledad. ¡Caigan rayo y centellas, que truenen cuanto quieran, yo voy a salir y encender la candela que hace mucho que se apagó entre nosotros! Sé qué no va volver, ya lo sé, pero por si acaso viniese yo tendría el fuego encendido para que ella tenga una luz que la guie a encontrar nuevamente nuestro hogar. Me pregunto, por qué en el amor habremos personas que no entendemos el por qué cambian las mentes de parecer, todo se vuelve turbio, el color ha cambiado de forma, las sombras que antes eran luces ya no lo son, han tomado vida, y encada rincón de la casa hay persona escondidas. Puede ser que se crea la mente que dentro de la casa haya personas escondidas, que es lo que ocurre dentro de la mentalidad humana, cuando se esté sola, si, solo cuando hay más personas no se llegan a ver, la mente está ocupada, en cambio cuando la soledad se apodera de la persona siempre parece que hay duendes escondidos por todas partes, es curioso pensar en esas cosas, si el miedo te hace ver cosas que no existen, y tú cuando te fuiste, en mi soledad no podía ver lo que tanto te echaba de menos, hasta que al no estar a mi lado fue cuando pude comprobar que eras la pieza que faltaba para estar completa mi casa. La tormenta fue arreciando, el viento era tan fuerte que los árboles que estaban resistiendo se partían, y como si fuesen hojas volaban por los aires. Sentí miedo en mi cuerpo al ver lo que estaba pasando en el exterior. Mirando a través de los cristales sentí que algo tenía que hacer para que las llamas de la candela estuviese encendida, porque si ella quería volver que pudiese hacerlo; que fue lo que sintió mi cuerpo, fuego, llanto, furia, o fue el pensamiento que no dejaba de decirme que la olvidase, pero yo no podía hacer caso a mi mente ya que en la soledad todo te parece oscuro, incluso de día; en un momento de valor me fui a la puerta quede unos segundos ante ella sin atreverme a salir. Un nuevo trueno rompió mi pensamiento, fue entonces cuando sin pensarlo abrí la puerta, sin taparme para que la lluvia no me mojase salí sin ponerme nada encima de mi solo estaba con la camisa puesta, no tuve tiempo de pensar en nada más, salí corriendo camino de la colina, fue salir y mi cuerpo en segundos estaba chorreando, porque la lluvia estaba cayendo de una forma torrencial en aquellos momentos, se había roto el cielo de la forma que caía la torrencial lluvia, el suelo al ser de tierra estaba embarrado mis pies se hundían a cada paso que daba, mis huella se estaba quedando marcadas pero no durarían mucho ya que la lluvia las borraría pronto, mi cuerpo no era un árbol pero el fuerte viento me hacía retroceder porque no tenía la suficiente fuerza para seguir corriendo hasta el lugar donde había estado encendida la hoguera, pero era más fuerte el deseo de llegar, que mis fuerzas en si, como pude haciendo un esfuerzo terrible pude alcanzar mi meta, la cual era llegar al lugar donde había estado la hoguera. Cogiendo unas ramas busque por entre los de carbones apagado para ver si aún quedaba algunas ascuas que pudiesen estar encendida; en un rincón de lo que había sido la candela, encontré una pequeña ascua que aun tenía algo de llama. Estaba casi apagada le arrimé las ramas y al instante al sentir que le estaba acercando una ramitas, ella se dio cuenta de que el amor era más fuerte que el propio fuego; lentamente fue encendiéndose y cuando comenzó arder, le fui arrimando leña hasta que tomó el color del fuego que ya comenzaba a relucir en plena noche. Una vez las llamas tomaron fuerza se encendió con toda virulencia, la cual su resplandor se extendía por toda la colina. El viento ayudo a que fuese más fácil de lo que yo había pensado antes de comenzar aprender fuego a una candela que estaba casi apagada. Una vez estuvo encendida y con leña suficiente para que estuviese toda la noche encendida, tome el camino de vuelta, mi cuerpo había sido bamboleado por el viento, mi ropa estaba totalmente rota, pero yo estaba tan entusiasmado que no le di importancia alguna de cómo a estaban mis ropas en esos momentos, me encontraba suficientemente alegre por el hecho de haber comenzado de nuevo con la esperanza de volver a tener a mi amada entre mis brazos. Ella estaba en su dormitorio y tenia consigo a un nuevo pretendiente, de pies hacia la ventana de su dormitorio estaba en aquellos momentos; mirando a la colina y mientras miraba, se fumaba un cigarrillo. A lo primero no se había dado cuenta, su mente no estaba pensando en mí, el humo del cigarro hacia sus piruetas en el viento que la distrajo para no pensar en nada. Había estado haciendo el amor con otro hombre, este estaba tumbado sobre la cama, mientras ella se fumaba su pitillo. Al mirar a la ventana nuevamente, esta vez se dio cuenta de que en lo más alto de la colina había una llama encendida. Se extraño al ver la. ¡No, no puede ser, que alguien haya hecho lo mismo que hicimos nosotros, encender una hoguera para crear una luz adónde mirar para recordar nuestro amor! Tiro el cigarro al suelo, se puso su abrigo sobre el camisón que en esos momentos llevaba puesto, se puso sus zapatos y salió de la habitación corriendo. Su pretendiente al verla correr se pensó que algo malo estaba pasando por su cabeza; lo que él no había pensado es que ella sin decirle nada había tomado su coche y emprendió la marcha hasta la colina a toda velocidad. No llevaba nada de bajo de su camisón solo el abrigo la protegía el frio reinante, ella cuando llego al lugar adonde se terminaba la carretera, bajo del coche, se puso acorrer por el camino que conducía hasta la cima. La lluvia en esos momentos había aflojado un poco pero no lo suficiente para que ella no se mojase su ropa y su cuerpo, lo que en pocos segundo estaba chorreando por todas partes. El abrigo le estorbaba para su carrera; se lo quitó y siguió su camino corriendo, estaba solamente con la única ropa que la tapaba cuando estaba en su habitación. Su cuerpo al estar mojado se marcaba toda su desnudez, tenía el pelo negro como la noche, caían sus rizos sobre su cara, y al estar mojado sus cabellos se le pegaban algunos rizos en su bello cuerpo. Era una diosa, por eso ella no podía ser para un solo hombre, tenía que estar cada día con uno y otro día con otro, no se cansaba de hacer el amor necesitaba que constantemente hubiese un hombre a su lado. Durante el tiempo que estuvimos juntos era cada noche lo mismo, había que hacerlo diariamente, si no, no se encontraba satisfecha de sí misma, era una diosa en la cama, su cuerpo se estremecía sobre las sabanas, que a veces se escurría como si fuese un pez al tener la piel tan fina que parecía que llevase escamas como los peces. Su bello cuerpo hacía el amor de tal manera que yo estaba loco por estar a su lado. Una mujer de estas características no podía estar sin hacer lo que para ella era lo más importante de esta vida, sentir que su cuerpo era abrazado por las manos de un hombre que la hiciese el amor cada noche y sentir que el placer recorría todo su cuerpo. Ella corriendo camino arriba y yo bajando lentamente por temor a resbalar y caerme, cuando mis ojos la vieron corre hacia arriba, no daba crédito a lo que estaba viendo. ¡Ella está aquí, no puede ser, no, pero si era cierto lo que veía yo, entonces corrí ha su encuentro nos encontramos en medio del camino y nuestro cuerpos se juntaron al sentir que ella estaba desnuda no pensé que había estado con otro, eso para mí no tenía importancia ya la conocía lo suficiente como para saber de qué forma era ella, pero había vuelto a mí, que era lo más importante de mi vida! El forjador de sueños pintaelsevillano.com
 
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