Mi canario: dormido sobre el estiércol del mundo entre rejas de colores

Mi canario: dormido sobre el estiércol del mundo, entre rejas de colores.

Entre las rejas del egoísmo.

Tú eras el preso de mi cárcel… ¡Ya… no lo eres, y noes porque yo no lo desease, yo quisiera que lo fueses y lo hubieses sido mientras yo viva… pero, solo fui tu carcelero! ¡Maldito yo, tenerte por uno de mis caprichos, y tú… cantando porque yo lo deseaba!

Alpiste, agua, y algún trozo de manzana. Cada día, cada semana, cada mes, y cada año. ¿Cuántos años viviste a mi lado… dímelo? Quisiera saberlo, pero la maldad de mi silencio te ha llevado a este trágico momento.

¿Merecía la pena vivir… que se yo? ¡Lo pienso, y me culpo por este desgraciado fallecimiento de tu alma!

En el silencio de la noche dejaste tu último trino. ¡No pude escucharte… perdóname si es que puedes! Creo no merecerlo, he sido demasiado malo contigo, pero tú sabes que yo te quería con toda mi alma… sí, ya lo sé que mi alma era y es, de acero.

Maldito yo… viéndote enfermar y seguía pidiéndote canto y cada vez que fuesen mucho más bellos que los anteriores.      

Escuchar tus trinos, tus lamentos. ¿Cantabas… o talvez, llorabas… nunca lo supe?

¡Ya es tarde verdad, demasiado tarde para la persona que no tiene escrúpulo dentro de su corazón de acero!

Te fuiste en el silencio de la noche, cuando yo quizás dormía y no te busqué.

Eras blanco, o mejor dicho tenías un plumaje del color de un café con mucha leche, casi blanco.

Ese no eras tú, yo te veía bueno. No sabía que dentro de ti crecía un cáncer… un maldito cáncer que nublaba el color de tu plumaje. Cerca de una de tus alas de plata.

¡Maldigo mi sombra! Al tenerte yo entre estas rejas de acero; donde tú veías otras aves volar y, mi corazón remachado con puntas de acero negro! Sin darme cuenta que tú eras el sonido del canto. El silencio dormido en las noches de tormenta. Un rayo de luz en las noches oscuras, donde el brillo de tus ojitos eran el único reflejo que guiaba mis pasos al llegar la noche.  ¡Te buscaba y cuando no te vi, mi corazón paró sus latidos, temblaba al acercarme hasta ti, y verte dormido sobre el estiércol de tus sobras hicieron aflorar lágrimas en mis ojos heridos!

Hubo una época del año en el que tu bello plumaje se perdía, y con el suave viento de la primavera. Llorabas de felicidad, yo te veía sonreír y cantando me dabas las gracias cuando te ponía un pequeño trozo de manzana.

¿Era solo lo que tu deseabas, o era mi egoísmo el que creía ver la felicidad de tu canto?

Al llegar el verano tu plumaje sé tornaba de plata fina. ¡Eras precioso, yo solo quiero recordad el pequeño pico de color rosa!

¡Cáncer, maldita palabra, y canallesca enfermedad qué a todas las personas, animales, y otros seres lo padecen! ¡Era un bulto que tenías sobre una de tus alas, y yo viéndote cantar me preguntaba! ¿te duele, sufres… ¿por qué cantas entonces, dime, si tu cuerpo está herido de muerte, y yo viéndote cantar de tras de los barrotes. Si te suelto me preguntaba… te comerá cualquier gato… es lo que deseas… así, era mejor haberte liberado, y de esta manera volarías por el cielo. El que nunca llegaste a saber de qué color era.

Recuerdo tu bello trinar, tu silencio, esperando que yo te hiciera algún ruido para que yo supiese que tú sabias que yo estaba cerca de ti. Entonces tú comenzabas con uno de tus bellos trinos. Flauta, clarinete, saxo, piano, trompeta, violín, o tal vez era el sonido del viento que dentro de mis recuerdos escuchaba de ti detrás de las rejas malditas.

Te guardaré en una cajita de plata, y dejaré que el viento se lleve tus alas y tu pequeño cuerpo flotará en mis recuerdos. ¡Perdóname, te lo suplico, jamás creí amar tanto aun ser de esta “tierra” nunca pensé que llegaría este triste momento! Llego, y tú volaras a partir de ahora y yo jamás veré tu cuerpo ni tu bello plumaje.  Estés donde estés escuchare tu bello canto, el viento en las noches oscuras en el recuerdo de tus ojos veré unos rayos de colores que iluminarán mi llanto.

El forjador de sueños

José Rodríguez Gómez

El sevillano

Escuelas de pulgas y chinches

Escuelas de pulgas y chinches.

Escuelas de ricos y más ricos. ¿Han de ser diferentes?

Escuelas para pobres, hay muchas, sí, hay muchas escuelas para pobres. Demasiados barracones y lugares infectados por la pobreza; esto pasa con nuestras escuelas.

Escuelas para ricos, y pocilgas para pobres.

Todo aquel que quiera una escuela concertada que se la pague de su bolsillo. La educación ha de ser oficialmente para todo el pueblo por igual de los derechos de nacimiento. Hay muchas señoritas y señoritos que les da vergüenza estar junto en las clases de los pobres. ¡No somos todos iguales a vista de la riqueza y sobre todo de la propia iglesia! Vergüenza ajena sí, es lo que siento. Ver sus manifestaciones para pedir una escuela privada o concertada. Pregunta. ¿tú la quieres? Paga té la, y a si no te jutas con los muchos que tienen pulgas y chinches que somos la mayoría.

Este gobierno paga a las escuelas de la limpieza como a la de las chinches por igual o tal vez les paga mucho más y no lo sabemos. ¡Sí, vergüenza de vivir en un mundo donde para poder vivir ya es un trabajo mortal!

Los nacidos en buena cuna son diferentes al resto de los demás mortales…

El partido es el mismo sea del color que sea, socialistas, republicano, comunistas, de centro o de cualquier otro partido. Y ello siguen viviendo del cuento y de la cara tan dura que tienen todos.

El gobierno y gobierne quien gobierne todos nacemos por el mismo sitio y digan la Madre que los pario que todos somos iguales. Siempre hay una gran diferencia. Parido de la misma forma, pero de diferentes Madres. Las Madres son diferentes como también los Padres sin saber quiénes son porque pueden ser más de uno. Quien dice que Dios existe… tú, adonde está… me lo puedes decir. Nos quejamos por todo. Y esto siempre ha ocurrido lo mismo. Pobres y más pobres y ricos, y mucho más ricos. Quien dice que él rico tienen más derecho que él pobre. Quien… ¿Tú, porque puede ser más guapo, más feo, o tal vez su pene sea más grande que el del pobre? El estudio, y la enseñanza y la cultura ha de ser para todos iguales, el color no hace diferencias entre los seres humanos. ¿Tú quieres separar tus hijos de los demás, si es así hazlo, pero el gobierno no tiene por qué pagar los caprichos de los ricos? El día que las mamás de estos alumnos con diferencia sobre el resto que quieran para sus hijos algo diferente, al de las chinches y pulgas que se lo paguen ellos… Vergüenza, mucha vergüenza; lo tuyo no tiene nombre y toda la culpa la tiene el gobierno que gobierna en nuestra nación. Con Banderas de colores salen a la calle pidiendo que no haya igualdad entre todos los niños, vergüenza porque lo que quieren es que la igualdad nunca sea para todos iguales. Quién diría que todos lo nacemos por la vulva de las Madres y el pene entre blancos y blancos; casi siempre es el mismo, y qué sea más grande o sea más chico qué más da.

Los maestros han de impartir las clases a todos por igual y si alguien quiere una enseñanza superior que se la pague de su propio dinero, pero no con el del pueblo.

En cada parte de la tierra siempre ha habido diferencias entre los seres humanos. ¡Te das cuenta que en las iglesias como en todas las escuelas no ha habido un cuadro con niños negros! Y yo pregunto: ¿por qué… es que son diferentes al resto?

¡Director delas escuelas públicas o privadas! Usted tiene que ser imparcial e impartir la enseñanza tal como están escrito en los manuscritos; para que todas las personas, blancas, o negras, ricas y pobres tengan el mismo derecho a poder estudiar y llegar hasta donde puedan sus conocimientos y sean capaces de aprender cuanto dicen los textos existentes en nuestras cátedras.

Dale un lápiz, una libreta y un libro para todos iguales con las mismas enseñanzas, a si todos deben saber los mismos textos y el que más estudie sabrá mucho más que el otro, sea del color que sea.

Él no tuvo la culpa de haber nacido en una cuna pobre…

El forjador de sueños

José Rodríguez Gómez

 El sevillano.

El árbol llorón

El árbol llorón

Hay muchos árboles que lloran, sí, es cierto que los hay, y son muchos. Son muy bellos, sus ramas finas y con muchas hojas beben de las aguas de los lagos, ríos y estanques más maravillosos de este mundo.

¿Tal vez sea yo uno de esos árboles que en la lejanía de los años se transformó en persona, no lo sé… pero sí desearía saberlo? Cada vez que escribo uno mis sueños, siempre estoy llorando y en verdad… no sé el por qué lo hago.

Hace muchos años: cuando el mundo era muy pequeño, fue cuando nacieron estos árboles. Entonces ni siquiera yo era un pensamiento de mis padres el de poder estar sobre la capa de nuestra tierra.

Una tarde maravillosa de la primavera. El viento era muy agradable, la temperatura de esta parte del mundo también era muy buena. Olía a rosas, jazmines y aun sin fin de olores que se mezclaba entre los suspiros de los sueños.

El sol al atardecer sé reflejaba sobre sus aguas de plata. El color de las profundas aguas era de un color azul claro, y los bosques que circundaban toda esta maza grandiosa se transformaba en un jardín mágico.

Al llegar unas horas antes de atardecer, todas las mujeres jóvenes de hincaban de rodillas al borde del agua para ver el mejor espectáculo del mundo. Mojaban sus preciosas manos y con ella se acariciaban su cara. Humedecían sus ojos para poder ver mejor; lo que en pocas horas y minutos iba a suceder.

La orilla de este lago encantado estaba rodeada de estos árboles maravillosos, y para otros son, llorones, ustedes se preguntarán. ¿Por qué se les llama así, y que hicieron para merecer este mote? ¿lloran de verdad, tienen motivos para hacerlo? Si no es así… porqué lo hacen, digo yo.

Los rayos del sol al atardecer se pintaron de rojo como si se hubiese desramado sangre entre las nubes blancas. El color de las aguas al atardecer sé transformaban en espejos diminutos que brillaban en sus ojos como perlas de coral. Cada mujer, cada jovencita qué había esperado estas horas para poder soñar con su propia imagen sé podían ver en su propio espejo, y este espejo era solo para ella.

He visto llorar a más de una, otras en cambio reían, al verse con el hombre que sería su amor en la distancia, a todas ellas se le enviaban besos que salían de entre los rayos del lago. ¡Chispas de mil colores brotaban de los fondos de este sueño real! Pintaban sus labios de color carmín, o de un color rosado que tienen todas las hermosas mujeres, se los pintaban en unos de color del arco iris. Ellas sin saber por qué lo recibían, y además también notaban el sabor de los labios de estos hombres qué en la distancia les mandaban. Los cuales un día no muy lejano formarían un amor entre los dos en estos sueños de esta vida.

Reían, hundían sus manos queriendo cogerlo, pero no era posible coger peces nadando en estas aguas cristalinas. Sus mentes buscaban la forma de hacerlo posible, y al ver que no había manera de poder coger lo que tanto deseaban. Golpeaban con sus manos sobre la superficie de cristal, con tanta rabia; qué astillaban el agua y herían sus dedos entre las cristalinas aguas del lago.

El cielo que minutos antes era del color de la sangre se iba oscureciendo cada segundo más y más, hasta que la luz de las estrellas sé reflejasen sobre este lugar encantado. Era en ese momento cuando todos los árboles llorones introducían sus finas ramas hasta llegar al fondo de este lago. ¡No sé qué profundidad tiene, pero creo que son kilómetros! Y estas ramas podían hacerlo y lo hacían cada vez que llegaba la tarde noche. A si podían sacar con sus delicadas manos estas caracolas de colores. A cada una de estas enamoradas sé las entregaban. Temblando sus labios, sus ojos lloraban de emoción y cuando las cogían no sabían para que eran estas caracolas. Eran para que siempre que quisiesen hablar con sus parejas o con sus hombres amados lo pudiesen hacerlo y contarles o decirles lo mucho que los querían y a sí serían unidas por el lazo de los sueños. Llega el día, se deforman los sueños, las ramas se posan sobre el fondo del lago en un sueño misterioso. ¡Cuándo es de día se posan sobre las arenas de la orilla y otras veces sobre las hierbas del bosque! ¿Me quieres? Me preguntó… y en silencio le contesté ¡Sí! Sin decir nada, el silencio nos rodeaba, solo se escuchaba la brisa qué suavemente le levantaba sus cabellos ondulados con el viento. Nos besamos… Su voz sonaba como si algo misterioso cubriese nuestras vidas, solo con decir te quiero. Bésame… se unieron nuestros labios y el tiempo se perdió en la lejanía del silencio. ¡Te quise, te quiero y siempre te querré!  

El forjador de sueños

José Rodríguez Gómez

El sevillano

La Calahorra a 2 de diciembre del 2020.

La Calahorra día 2 de Diciembre del 2020.

A/a la atención del sr. Francisco Sánchez López.

Sr. jefe de servicios de bienes culturales.

Muy señor mío: viendo que mis obras no son de su agrado, y crean una obstrucción con su querido castillo de la Calahorra, y estando mis pobres obras por debajo de los cincuenta metros de su base. De los cuales siguen diciendo que obstruyen la visión. ¡Nada de todo lo que dicen es cierto!

Yo, José Rodríguez Gómez le solicito. Qué las obras que están por terminar, se quedan congeladas para siempre, y las que están solicitadas para hacerse se anulan definitivamente. Como son las dos torres de la plaza de España, la fuente del ángel, la fuente de los ocho arcos, y no sé qué otras hay solicitadas; todas se anulan, ya no se harán, y a si ustedes tendrán buena vista de su querido castillo. ¡Ustedes no se merecen mis obras, ni ninguna clase de obras de arte que yo o alguien pudiese crear para hacer algo de cultura en su querida tierra!

Señores míos: perdone mi manera de expresar mi dolor, no haré nada para que quede constancia de mi paso por esta su querida tierra; no les molestare nuca más. Estoy cansado y herido de muerte al ver la manera de tratar a las personas. ¡Este castillo lleva terminado cuatrocientos años, y hasta la fecha he sido yo la única persona que ha realizado algo bello; ustedes me han matado! Nuestra Andalucía nunca llegará a ser nada con personas qué en vez de ayudar criminalizan sin haber hecho nada malo; al revés; queríamos hacer algo que valiese la pena, y ustedes lo destrozan todo.

Jamás hare, ni terminare lo que esta comenzado. A si ustedes se quedaran a gusto, y yo no los molestare con un sueño de los míos.

¡Les quiero decir: que yo también soy andaluz, sea o no de su querida tierra! Pero me parieron en un pueblo de la provincia de Sevilla, Lora del Río. ¡Yo creo tener el mismo derecho a sentirme igual que todos ustedes, andaluz! La diferencia que hay entre todos ustedes y yo; es muy simple, y es que no pensamos iguales, y además sé que ninguno de vosotros sois capaces de hacer nada bueno para esta nuestra tierra, ni en cultura, ni en arte de ninguna clase que pudiese embellecer esta tierra tan bonita.

Se despide de todos ustedes este pobre soñador, que pensó que hacer el bien sería bueno para todos, y es todo lo contrario. ¡Quien es malo se le dan medallas y al bueno se les castiga!  ¿Díganme qué hemos hecho nosotros los que soñamos para merecer dicho castigo?

José Rodríguez Gómez…

El forjador de sueños

El sevillano

He llegado al final del camino

He llegado al final del camino.

He llegado al final del camino y después… que viene, quisiera seguir soñando, pero, no puedo. ¡Déjame soñar, yo quisiera vivir por una vez! Se está pagando mí corazón, ya no veo, y el camino cada vez es más estrecho, no hay árboles para cubrir mi sombra. Ni fuente para saciar mi sed, para qué seguir si ya no veo; mi corazón se muere dentro de mí. Y yo me pregunto. ¿Mereció la pena? Dejar que el viento sople y las hojas serán arrastradas al rincón del olvido. ¡Adónde yo también iré, sí, a ese lugar, donde tiran a los viejos, creo que sí, aun no estoy podrido, pero soy muy viejo! Qué lástima haber vivido sin haber sido feliz. Caminar con mis pies descalzo y tras de mi dejar una huella por el camino; hoy sé que no mereció la pena. ¡Quisiera gritar y decirles a los cuatro vientos que no he sido feliz, que no mereció la pena haber estado en este mundo! hoy me duele mucho el corazón, está sangrando y no encuentro una fuente para saciar mi sed. Cuando la luz se apaga, lentamente y la oscuridad lo cubre todo. Y yo, qué desgraciado he sido. Haberte conocido no mereció la pena, tú eres la culpa de todos mis males, y yo me culpo de todo, para qué vivir si no valió la pena. Todo es mentira y la verdad no vale para nada. No sé cuánto tiempo me queda, el reloj corre en mi contra y los ríos de sangre rompen mis venas. ¡Yo te maldigo una y mil veces; tú tienes toda culpa de los males de mi alma! Para qué nací, me pregunto, el destino de me trajo a este mundo, y no lo comprendo por muchas veces que me lo pregunte, y cada vez corre más el reloj; y todo se queda oculto en la penumbra. Yo quiero volver. Sé que tal vez me ocurra lo mismo, quiero intentarlo de nuevo, quiero vivir sin encontrarte a ti, sí, no quiero volver, y el haberte visto, has sido mi perdición, y tú lo sabes que yo lo sé, pero quiero volver a este mundo. No te buscaré, no seguiré tus pasos nunca más. Cuántas veces he de llorar y yo me he preguntado… cuando podre reír, he llorado tanto que se secaron mis ojos. Maldita mi suerte, maldita sea yo, maldito mis ojos que se posaron en ti para sufrir, para sufrir, cada vez que me acuerdo lloro, no sé lo que es vivir, la culpa fue mía. Hoy soy viejo, ya no ven mis ojos, mis sonrisas se perdieron en el olvido y el llanto me siguen a paso lento. Mi corazón está malo, está triste y no sabe adónde ir. Déjame aquí, no me sirves para nada para que me has tenido, sólo para hacerme sufrir, para verme llorar, o para dañar mi alma, para eso, mejor que no. Ya no puedo, mi corazón se parte a trozos y mi alma ya no me conoce. Y yo quiero vivir de nuevo para volver por el mismo camino, pero no aprendemos. Siempre con la misma piedra no hay una sombra que cubra mi cuerpo, déjame morir. estoy sangrando por mis ojos y mi boca esta seca de tanto llanto. ¿Aprenderé alguna vez… verdad que no? Nacemos en este mundo para sufrir, y tener que pasar día y días con la misma rutina. Mientras tú vive la vida, y que hice yo para merecer tanto castigo. Deja que mi cuerpo lo cubra el silencio, y la lluvia que arrastre mi piel y el viento me lleve al rincón de las hojas muertas. ¡No puedo más, estoy cansado, ya sueño como un viejo, y las hojas secas cubren el camino! El banco está desierto, los pájaros hicieron su canto, y como yo no estaba, se fueron, y no escuché su maravilloso trinar. Las fuentes se secaron, el día se fue, la noche lo cubrió todo. Quien fuera hoja para poder volar, para ver en la distancia tú maldad. Después de tantos años yo soy el culpable de todo cuanto me ha sucedido, sí, lo sé, ya no puedo hacer nada, mi historia está al final del camino. Qué me dice el silencio… Está gritando y no escucho su voz, por qué, yo no he muerto y aun no estoy enterrado, mi cuerpo, sigue caminando, voy dejando mi huella tras de mí. Las miró, lloro y no sé por qué lo hago. ¿Qué hay detrás de mí, dímelo, quiero saberlo? He aquí la pregunta: por qué lo has hecho, contesta, hoy sé que eres muy mala, y me has hecho mucho daño y no sé como pagarte. El tiempo, a ese viejo no lo para nadie, quiere seguir caminando, y después qué me espera. Quise hacer el bien y todo para nada. ¡Dile al día que no quiero seguir, estoy muy cansado, herido, ciego! ¿Qué más quieres, ni mi sangre corre por mis venas, y tú crees que fui feliz? ¡Mientes, te ríes, te burlas de mí y cuando yo esté muerto… ¿Qué harás tú, podrás flores sobre mi tumba, o quizás te rías ante mí sepultura? No lo hagas, deja de hacerme sufrir; ya es bastante, no sé adónde ir, y tampoco tengo sito para yo quedarme. Mi mente está loca, y en mis recuerdos solo hay llanto. Por qué me pregunto yo, por qué, acaso merecí tal castigo. La historia me enseña, que llorar no vale la pena, hay que vivir sin haber llorado. Y después de tanto daño, quien curará mis heridas. En esta tumba, y mirando a la lejanía sin escuchar nada… solo, silencio.

El forjador de sueños

José Rodríguez Gómez

El sevillano.

¿Quién mató al ruiseñor?

¿Quién mató al ruiseñor?

¿Te molestaba su canto? No, ¿Entonces… por qué lo hiciste? Por envidia, odio, deseo criminal, o tal vez, tú no eras más que él y por eso lo mataste.

Hasta donde llega la envidia: Qué sé yo; solo vivo para soñar. ¿ni eso puedo hacer; ya que hay otras personas que les molesta que yo sueñe mientras ellos solo buscan el mal entre nosotros?

Se abuza dela soledad, de su vejez y de todo cuanto que se le pueda hacer para poder matarlo de miedo. Haciendo el mal, con denuncias por ser viejo. Estas personas no pueden vivir. Solo sirven sus sueños y por eso nos molestan estos viejos, los que hacen tanto ruido al caminar y es debido a que arrastran sus viejos zapatos por la tierra baldía.

Ya no canta el ruiseñor, se ha cansado de vivir, y el plumaje de su cuerpo el que antes era tan bello, se le cayeron sus plumas. Solo le queda el pico; lo demás se lo llevaron las hormigas a su nido. Se acerca el invierno, el viento arrastra la música, y en la lejanía de la noche se escuchar el llanto en la soledad del alma.

Después de haber caminado por un estrecho camino que conducía a una gran plaza llena de bellos árboles centenarios. Al mirar para arriba, me costaba trabajo poder saber su altura. Según mi vista se juntaban con las nubes que pasaban cerca de ellos. Sí, esta era mi plaza adonde yo me sentaba cada día para descansar un rato. Es tan bella que jamás se podía soñar con algo tan maravilloso que pudiese existir en nuestra tierra. El día era soleado, el viento era suave, y al ir paseando por entre estos colosos árboles, percibía su aroma a viejos, a ramas podridas, pero su olor no era malo, sí, sería por la humedad que los dejaba en este estado. Ya era finales de noviembre y pocos de ellos, por no decir, ninguno le quedaba hojas entre sus fuertes y débiles ramas. El canto de un ruiseñor me acompañaba en mi soledad. Yo daba unos pasos y él se posaba en una de las ramas más bajas que había en aquel lugar de los sueños. Cómo si me siguiese, se reía con su bello canto, y yo al sentirlo se llenaban de lágrimas mis cansados ojos. Llevaba mi viejo bastón en mi mano derecha. Esta es la que más fuerte tengo, pero en verdad, es que es la que menos me tiembla cuando quiero hacer algo, es la única que sostiene el vaso para que no se me caiga.

¡Qué pena llegar a este estado… ver que los días pasan, y que nadie se arrima a un árbol caído! Será porque sus bellas hojas ya no relucen en sus ramas. Será eso, pero digo yo; también es bella su desnudez… o no. Mirarme a un espejo no me hace ninguna gracia. Veo mi deformado cuerpo, los huesos se pueden contar con los dedos, y los parpados de mis ojos parecen bolsas grisáceas que cubren mis mejillas.

En la soledad de la tarde, sentado en mi viejo y querido banco de piedra, sin darme cuenta que el sonido de su canto era arrastrado por el viento hasta mi descompuesto cuerpo, y viendo el correr del tiempo, sin saber cuánto, sí, cuantos días podría escuchar a mi querido amigo. En verdad, yo no estaba solo en mí plaza. Había un grupo de niños jugando al escondite, los miraba, y solo verlos correr, saltar, el viento me traía el sonido de sus voces y el de sus sonrisas. Parecían de cristal, al recibir su sonido se formaba un arco iris de colores que se reflejaban en mi cansada y vieja sonrisa. Creo que ya tenía bastante para poder seguir con uno de mis sueños; para que quiero más me decía yo mismo. Pero el ruiseñor no se había ido, él me miraba y también se reía, y solo esperaba que yo le prestase atención a su mágico canto.

Llevaba mi gorra puesta, sí, puesta, porque en esta época hace frio, soy viejo y he de cuidarme si quiero llagar a este nuevo año que se aproxima a toda velocidad.

Solo veía el suelo; bueno, el suelo y otras cosas que eran mucho más importantes para mí. También me pregunto… y a mis años que puedo ver. Todo se ha vuelto gris, las hojas tienen un color que no me agradan. Pálidas, secas y otras muchas podridas, y las hojas secas que cubría la tierra hacían ruido al sentir mis pasos que se arrastraban lentamente hasta llegar a mi banco preferido.

Sentado en las tristes y tardes horas del otoño, haciendo círculos con mi bastón, rayando el suelo. y de vez en cuando miraba a los niños como jugaban sin importarle que yo estuviese cerca de todos ellos.

Se detuvieron al verme sentado, se acercaron para saber qué es lo que yo hacía en aquella su plaza. ¿Qué haces viejo, me preguntaron; no sabes que este no es lugar para personas como tú?

Seguí moviendo mi bastón si hacer caso omiso a sus palabras.

¡Oye, te estoy hablando, a ti viejo asqueroso!

Mis manos se quedaron paralizadas al sentir sus voces y sus palabras que herían mí alma, y no tenía valor para levantar mi bastón. Este se quedó parado paralizado. El viento comenzó a soplar con tal fuerza que si saber por qué la gorra salió volando y se quedó mi vieja testa desnuda. Hacía frío pero la sonrisa de todos ellos se hiso más fuerte al ver que en mi cabeza solo quedaban unos pelillos blancos que casi no se veían.

Uno de ellos, creo que era el mayor de todos, corrió hasta alcanzar mi gorra. Después de pisotearla y de darles patadas se ensucio de polvo y de barro que había en el suelo de la lluvia caída el día de ayer.

La refregó en el pequeño charco que había en toda la plaza. Cogiéndola con una de sus jóvenes manos la trajo hasta donde estaban. El resto de niños, todos en silencio, viendo lo que hacía con mi vieja gorra. Solo se escuchaba el viento, y hasta mi jilguero se quedó triste y su canto se perdió en él viento.

Llegó hasta mí, en su camino su sonrisa era de maldad, sus ojos se posaron en los míos que casi los tenía serrado esperando el martirio que hace la envidia y el no saber el por qué se hace daño sin tener que hacerlo a nadie, y menos con una persona vieja.

Todos miraban el heroísmo de su amigo. Uno de ellos me quito mi bastón, el otro me agarraba la cabeza para que este que portaba mi vieja gorra me la pusiese. Mojada llena de barro y las sonrisas de todos ellos llenaron el silencio de mi martirio sin saber el por qué se hacen estas cosas… ¡Toma viejo: esta es tu corona! Me dijo con una sonrisa burlona entre sus labios. Perdona que te la haya ensuciado, pero, es que me chocan las personas como tú, viejas, asquerosas y mal oliente, que no tiene a nadie y se vienen a estos lugares para vernos como nos divertimos. Puso mi gorra en mi cabeza, el barro y el agua corrían por mi cara; y yo, con los ojos cerrados para no ver su maldad.

El jilguero que lo estaba viendo, no se pudo quedar en su sitio, se acercó volando hasta mí, se posó sobre mi cabeza y se los quedó mirando a todos… Ellos al ver lo que estaba pasando y ver aquel bellísimo jilguero todos quisieron atrapar a mi pájaro. Este, les plantó cara a tantos niños. El silencio reinaba en torno a este banco de piedra y a este desgraciado viejo que temblaba fe frio y de miedo. Les miro, levanto sus alas y se puso a cantar de tal forma que ninguno de ellos se atrevía a ponerle sus manos sobre sus bellas plumas. Solo las hojas revoloteaban entorno a este grandioso espectáculo que se había formado a este pequeño y viejo hombre. Pero era verdad, tenía un amigo, no estaba solo, y en esta vida siendo tan dura como es; siempre hay alguien que le tenemos que dar las gracias por darnos su bello canto.

El grade del grupo, se agachó, y cogiendo una pequeña piedra que había en el suelo. Lo miró, sonreía y alzando su mano lanzó la piedra con tal fuerza que no lo mato, no, no tuvo tal puntería, y ella, me dio a mí en la frente.

Sentí que un río de sangre manaba de mi piel, se llenó mi cara de sangre y mis ojos le llenaron con una leve sonrisa, y viendo la rabia que brotaba de sus malvados ojos. El jilguero salto volando hacia el niño, le picaba con todas sus fuerzas en cara, sus halas le daban en sus ojos de tal manera que este salió corriendo y llorando al ver que un pequeño y bello pájaro le daba su merecido. Todos se marcharon y mi cuerpo cayó al suelo, y al quedarme solo, y tirado en la tierra, voló hacia mi después de haberlo echado a todos de la plaza.

Cantaba, o más bien lloraba, quería levantarme con las fuerzas de su pico, pero era imposible que él tuviese fuerzas suficientes para levantar un cuerpo inerte y pesado como nos volvemos todos los viejos de este mundo. Pasaron unas horas, y viendo que nadie se acercaba, miro a su entorno, y volando a toda prisa fue hasta el pequeño charco de agua. Lleno su pico y lo trajo hasta mí. Vació el pequeño buche de agua y lo dejo caer en uno de mis ojos qué permanecían cerrado. Al sentir la humedad se abrió como si un alma nueva se hubiese metido dentro de mi cuerpo. Al ver que se había abierto mis ojos, comenzó su canto, haciendo que las últimas luces de la tarde se hiciesen llenas de luces de colores para darme una despedida de la más dulce y feliz que yo hubiese tenido durante toda mi pesada y triste vida.

Cantó hasta el anochecer, y cuando las estrellas llenaron el firmamento; cerré mis ojos y todo quedo en silencio, ni el canto de mi buen amigo pudo hacer nada por mí. Él se quedó a mi lado hasta que llegaran las primeras luces del alba y uno de los barrenderos que había en el parque me viese tirado en la tierra. Este se acercó corriendo hasta mi fallecido cuerpo. Pero mi gran y pequeño amigo se había quedado sobre mi gorra cantando y cantando sus mejores canciones hasta que me llevaron aun lugar adonde se encuentran las hojas muertas del otoño. Allí se marchó y me dejo su canto que fue lo último que pude escuchar en esta vida.  El silencio dejo el sonido de las campanas en el aire, pero ya no pudieron sentirse dentro de mi mente…

El forjador de sueños

José Rodríguez Gómez

El sevillano.

La sombra del viento

La sombra del viento

¿Qué sombra es esa que no se puede ver?

¡Carlos Ruiz Zafón!

Tú eras la sombra del viento, nosotros no podemos verla igual que tú lo hacías.

Tú guardabas tus recuerdos en ese cementerio oculto en tu cerebro. Mecanismos para abrirlo y otros tantos para cerrar tus sueños. Y yo; ya no puedo, no tengo fuerzas para recordar lo que hice ayer.

Caminaba lento, descalzo, mis pies sangraban sin saber por qué quería hacerlo de esta manera. Es la mente que no se aclara dentro de mí. Eso mismos me dije.

Con la mirada perdida éntrelas hojas del otoño. Los árboles parecían esqueletos muertos, descoloridos y sin la belleza de sus hojas, las que hace muy poco te cubrían todo tu esqueleto perdido en la distancia de los sueños. Ha llegado la hora de buscar ese lugar dentro de ti y sin saber cómo ni adonde estoy.

La mirada perdida en la lejanía, sin encontrar a nadie a la que pedirle que me acompañe en este recorrido. Sé que me queda solo un soplo de tu viento para terminar con estos achaques que me traen loco al ver que ya no es como antes. No puedo seguir así, y tú, te empeñas en que siga haciendo un gran esfuerzo para seguir acumulando años tras años, y mi esqueleto me dice, que lo deje. Que ya no vale la penas hacer este interminable camino que no me lleva a ninguna parte. Despacio, iba muy despacio, es porque la vista no me acompaña, y temo caer de bruces sobre el suelo. Ha llovido, y los caminos están encharcado de lágrimas. ¿Son mías? me pregunté. Puede ser, hace mucho tiempo se secaron los ríos de llanto los que se podían derramar en solo uno de mis sueños. ¡Te has fijado en la distancia que hay desde donde me encuentro hasta la orilla de lago! No es mucha, pero, al pazo que voy creo que se hará de noche y no habré conseguido llegar hasta ti.

Con tres pies estoy más seguro que con solo los míos.

Cuando llegamos a este punto de la vida, mejor dejarlo, sí, deseo de todo corazón que ya es hora de cerrar el libro de mis sueños. No quiero que nadie diga de mí que era un llorón, que todo cuanto escribía eran partes de los despojos de un esqueleto sin sombra. Es verdad, ya no puedo verla como lo hacía antes de ayer. Hoy la veo encorvada, triste y desmejorada. Hay algo dentro de mí que me hace sonreír… y me pregunto. ¿qué puede ser si no quedan recuerdos de los cuales yo pueda desear posarlos en mis labios arrugados y resecos. No hay nada que me haga recuperar la vida perdida. ¡Te suplico clemencia! Dame la muerte, deseo estar cerca de ella y preguntarle, el por qué tanto tiempo en este mundo sino he servido para nada. Era un hombre, y no una preciosa mujer. Ella tenía los cabellos endrinos, los cuales le sobre pasaban los hombros y el viento se los arremolinaba sobre su bella cara y no me dejaba ver el color de sus ojos. Me dice que el viento no tiene sombras. Es verdad, no la tiene; y muchas veces yo me lo he preguntado. Desearías ser como él, así tú no me podrías ver, y yo acariciaría todo tu cuerpo, también te besaría tantas veces como yo quisiera. Hoy tengo esta idea que ronda en mi deteriorada mente. Cuando el tiempo se acaba y la luz de la noche me deja a ciegas, y tú no estás a mi lado para saber si eres tú la que coges mi mano.

Todo se destruye, lo comprendo, pero no acabo de entender para qué demonio estoy en este mundo si estoy muy cansado. Hojas de mil colores cubren los caminos a la nostalgia, a los recuerdos y a nuestra infancia; me parece que yo soy un niño pequeño que sonríe sin saber porque lo hago. Un banco, o, mejor dicho, solo el esqueleto de algo que antiguamente servía para sentarse. No te rías de mí. Tú mejor que yo sabes que en este preciso lugar nos sentábamos los dos y pasábamos horas y horas contemplando el atardecer. Hoy tú no estás, te marchaste y nada es lo mismo. El color las hojas muertas, el olor putrefacto que dejan los recuerdos perdidos en las sobras de estos tristes caminos en los cuales nadie se atreve a caminar por ellos; porque temen que el viento puede llevarte muy lejos de aquí. Tengo la desgracia que a mí no me quiere recoger. Llevo muchos años pidiendo lo mismo. Quiero cerrar los ojos, y verlas sombras de todas las cosas sin que nadie me pueda escuchar, si, escuchar los gritos de mi alma, y decir a los cuatro vientos que nada, ni nadie me quiere quitar la vida para descansar de una vez por todas. El bastón de mis manos tiembla de miedo, piensa que lo voy a dejar tirado por algún camino perdido. Y yo solo me pregunto, si no te tengo en mis manos; como voy a caminar. Tú eres el tercer apoyo que tengo. Eres muy frio, no tienes corazón y eso me da miedo, cada vez que te necesito para ir algún punto de estos oscuros caminos te llevo cogido con mis manos temblorosas. ¡me han preguntado a donde voy con el tiempo que hace. Y yo le he contestado con una leve sonrisa. ¡Y yo que sé, le dije! Camino en busca de algo que no tenga sombra. Se paró frente a mí, miró mis viejos ojos; y sonrió diciendo que estaba loco, se marchó, y después de darme un agradable golpe en mis hombros. Me dijo ¡Qué lo encuentres, pero creo que no tienes mucho tiempo para ello!

¡Esos es lo que busco! Me han dicho que la muerte no tiene sombras, que se trasparenta y la puedes ver como se ríe al llegar junto a ti. ¿Me buscabas… me dijo? Y sin decirle nada quede en silencio esperando que así fuera, que me alejase de este maldito lugar, y por favor, no me vuelvas a traer de nuevo que bastante he sufrido ya…

¿No me temes? Por qué he de temerte… le contesté. Al mirar mis ojos, comprendió que sí, que yo tenía razón para querer marcharme cogido de sus manos y que me llevase muy lejos de aquí. ¡Ven, dame la mano y deja el bastón apoyado sobre esa esquina de tu cuarto; ya no te hace falta y puede que detrás de ti a otro sí que lo pueda necesitar para buscarte en tu nuevo mundo!

Me temblaban mis manos, estaban heladas, pero si las mías estaban frías, las suyas estaban mucho más, porque ella no tenía corazón y no le bombeaba la sangre por dentro de su cuerpo. ¡al fin pude ver las sombras del viento. Era cierto que no tenía nada, era trasparente y bella, su sonrisa era casi un soplo de brisa muy suave. Su mirada se posó sobre mí, y sin hacer ninguna fuerza levantó mi cuerpo y abriendo las ventanas salimos volando por los vientos de mis recuerdos.

El forjador de sueños

José Rodríguez Gómez

El sevillano.

Mentiras o verdades.

¿Mentiras, o verdades??

¡Por favor!  Lean: Los mitos de la guerra civil española.

Esta tan cerca, qué nadie quiere que se vuelva a tener en nuestra tierra otra guerra.

¡No hay manera de evitarla! Sus padres, son: Felipe González, Aznar, y m. Rajoy. ¡Ah y la querida y respetada iglesia… Estos son los verdaderos padres de las criaturas…

89 Años han pasado; pero esto está en nuestro a d n, y no hay manera de extirparlo…

¡No pidamos vacunas para exterminar el virus del covi 19 no: Creo que lo mejor que nos merecemos es que nos exterminen a todos, ya que no tenemos arreglo; ¡somos, la escoria de toda Europa y esto, se ve venir y, vendrá!

Los mismos sinvergüenzas: los comunistas, los separatistas, los socialistas, la falange la que llevaba las cinco flechas, los monárquicos y el asesino de antes; que también está preparado para hacerse con el poder; el nuevo dictador. ¿Si queréis, os digo el nombre de este bicho; pero sé que ya lo sabéis todos quién se lleva el puesto?

Lean esta novela y verán que ha vuelto los que murieron hace ochenta y nueve años y, no están muertos; Ah, están vivos.

De nuevo correrá la sangre por todas las calles. Pasará lo de antes, y serán los más desgraciados, los que pararán las balas con sus cuerpos, mientras tantos, ellos. Comerán cigalas, langostinos y que les importa a estas gentuzas los que derramen su sangre engañados por esta cloaca. Y no crean que solo son unos y los demás son buenos. No, son todos y si no miren la chusma que se escucha. En el senado, en el congreso, y ya se les ve, lo que se ve venir, y nadie pone paro a esta vergüenza. Están para esto y mucho más… Son criados como los que se crían en las pocilgas, y según se les ve la traza son todos de la misma camada. Siento vergüenza, miedo y no sé que más, ya que al ver este comportamiento… que podemos esperar de esta lacra, si, la que nosotros con nuestros votos les hemos dado. No digamos que no somos culpables de todo cuanto nos espera. ¡Qué pena, verdad! Lo peor de toda la tierra lo criamos aquí. Claro, tenemos las aceitunas, el trigo, las patas negras y lo que nos faltaba es… es esta manada de cerdos, porque no se les puede llamar de otra manera. Y viendo sus palabrotas se puede uno fijar adonde se educaron…

Yo creo, qué si tuviésemos los votos en blanco, tal vez podríamos arreglar este estropicio. A si podíamos decir con toda la fuerza de nuestra voz… que se vayan todos a la… porque no dan la talla que hace falta para ocupar uno de estos puestos, mientras el pueblo se hace más pobre por nuestra propia culpa.

Leer nos dirá que el tiempo no ha pasado, que todo sigue dando vueltas alrededor de todos nosotros, y es cierto, pero no hay derecho que otra partida de hijos de… sus madres, nos la vuelvan a liar.

El forjador de sueños

José Rodríguez Gómez

El sevillano.

El romancero de cristal


𝕰𝖑 𝖗𝖔𝖒𝖆𝖓𝖈𝖊𝖗𝖔 𝖉𝖊 𝖈𝖗𝖎𝖘𝖙𝖆𝖑 𝕰𝖓 𝖑𝖆 𝖘𝖔𝖑𝖊𝖉𝖆𝖉 𝖉𝖊𝖑 𝖒𝖚𝖓𝖉𝖔 𝖈𝖆𝖒𝖎𝖓𝖔 𝖘𝖔𝖑𝖎𝖙𝖆𝖗𝖎𝖔. 𝕾𝖔𝖑𝖔 𝖊𝖑 𝖛𝖎𝖊𝖓𝖙𝖔 𝖆𝖈𝖆𝖗𝖎𝖈𝖎𝖆 𝖒𝖎 𝖈𝖚𝖊𝖗𝖕𝖔, 𝖊𝖘 é𝖑 𝖖𝖚𝖎𝖊𝖓 𝖒𝖊 𝖆𝖈𝖔𝖒𝖕𝖆ñ𝖆, 𝖑𝖔𝖘 𝖕á𝖏𝖆𝖗𝖔𝖘, 𝖑𝖆𝖘 𝖋𝖑𝖔𝖗𝖊𝖘 𝖞 𝖑𝖆𝖘 𝖕𝖎𝖊𝖉𝖗𝖆𝖘 𝖉𝖊𝖑 𝖈𝖆𝖒𝖎𝖓𝖔 𝖘𝖔𝖓 𝖑𝖆𝖘 𝖖𝖚𝖊 𝖊𝖘𝖈𝖚𝖈𝖍𝖆𝖓 𝖒𝖎𝖘 𝖑𝖆𝖒𝖊𝖓𝖙𝖔𝖘. ¿𝕻𝖔𝖗 𝖖𝖚é 𝖊𝖑 𝖗𝖚𝖎𝖘𝖊ñ𝖔𝖗 𝖓𝖔 𝖘𝖊 𝖕𝖚𝖊𝖉𝖊 𝖊𝖓𝖏𝖆𝖚𝖑𝖆𝖗? 𝕸𝖚𝖊𝖗𝖊, 𝖘𝖎, 𝖘𝖊 𝖒𝖚𝖊𝖗𝖊. 𝕷𝖆 𝖙𝖗𝖎𝖘𝖙𝖊𝖟𝖆, 𝖑𝖆 𝖘𝖔𝖑𝖊𝖉𝖆𝖉, 𝖊𝖑 𝖑𝖑𝖆𝖓𝖙𝖔, 𝖞 𝖊𝖘𝖈𝖚𝖈𝖍𝖆𝖗 𝖘𝖚 𝖈𝖆𝖓𝖙𝖔 𝖉𝖊𝖙𝖗á𝖘 𝖉𝖊 𝖚𝖓𝖆𝖘 𝖗𝖊𝖏𝖆𝖘 𝖉𝖊 𝖆𝖈𝖊𝖗𝖔. 𝕾𝖊 𝖈𝖔𝖓𝖛𝖎𝖊𝖗𝖙𝖊 𝖊𝖓 𝖊𝖑 𝖕𝖗𝖎𝖘𝖎𝖔𝖓𝖊𝖗𝖔 𝖒á𝖘 𝖍𝖊𝖗𝖒𝖔𝖘𝖔 𝖞 𝖙𝖗𝖎𝖘𝖙𝖊 𝖆𝖑 𝖛𝖊𝖗𝖘𝖊 𝖊𝖓 𝖊𝖘𝖆 𝖘𝖎𝖙𝖚𝖆𝖈𝖎ó𝖓. 𝕰𝖓 𝖈𝖆𝖒𝖇𝖎𝖔, 𝖙ú, 𝖙ú 𝖓𝖔 𝖊𝖗𝖊𝖘 𝖕𝖗𝖎𝖘𝖎𝖔𝖓𝖊𝖗𝖆, 𝖙ú 𝖊𝖗𝖆𝖘 𝖑𝖆 𝖋𝖚𝖊𝖓𝖙𝖊 𝖖𝖚𝖊 𝖗𝖎𝖊𝖌𝖆 𝖒𝖎 𝖑𝖑𝖆𝖓𝖙𝖔. 𝕰𝖑 𝖗í𝖔 𝖖𝖚𝖊 𝖆𝖗𝖗𝖆𝖘𝖙𝖗𝖆 𝖑𝖆𝖘 𝖕𝖎𝖊𝖉𝖗𝖆𝖘 𝖉𝖊𝖑 𝖈𝖆𝖒𝖎𝖓𝖔, 𝖊𝖑 𝖑𝖆𝖌𝖔 𝖉𝖊 𝖊𝖓𝖉𝖚𝖑𝖟𝖆 𝖒𝖎𝖘 𝖑𝖆𝖇𝖎𝖔𝖘 𝖞 𝖗𝖊𝖋𝖗𝖊𝖘𝖈𝖆𝖘 𝖒𝖎𝖘 𝖉𝖊𝖘𝖊𝖔𝖘 𝖞 𝖊𝖑 𝖊𝖘𝖕𝖊𝖏𝖔 𝖉𝖔𝖓𝖉𝖊 𝖞𝖔 𝖒𝖊 𝖒𝖎𝖗𝖔 𝖉𝖊𝖓𝖙𝖗𝖔 𝖉𝖊 𝖒𝖎 𝖒𝖊𝖓𝖙𝖊 𝖆𝖙𝖔𝖗𝖒𝖊𝖓𝖙𝖆𝖉𝖆. 𝕰𝖘𝖈𝖗𝖎𝖇𝖎𝖗 𝖙𝖚 𝖓𝖔𝖒𝖇𝖗𝖊 𝖈𝖔𝖓 𝖑𝖆 𝖕𝖑𝖚𝖒𝖆 𝖉𝖊 𝖑𝖔𝖘 𝖘𝖚𝖊ñ𝖔𝖘, 𝖒𝖔𝖏𝖆𝖗 𝖉𝖊𝖓𝖙𝖗𝖔 𝖉𝖊𝖑 𝖙𝖎𝖓𝖙𝖊𝖗𝖔 𝖉𝖊 𝖒𝖎𝖘 𝖛𝖊𝖓𝖆𝖘. 𝕸𝖎𝖗𝖆𝖗, 𝖛𝖊𝖗, 𝖘𝖊𝖓𝖙𝖎𝖗 𝖈𝖔𝖒𝖔 𝖑𝖆 𝖇𝖗𝖎𝖘𝖆 𝖒𝖔𝖏𝖆 𝖒𝖎𝖘 𝖔𝖏𝖔𝖘, 𝖞 𝖉𝖊𝖑𝖆𝖓𝖙𝖊 𝖉𝖊 𝖒í, 𝖚𝖓 𝖈𝖆𝖒𝖎𝖓𝖔 𝖘𝖔𝖑𝖎𝖙𝖆𝖗𝖎𝖔 𝖖𝖚𝖊 𝖓𝖔 𝖘𝖊 𝖆𝖉𝖔𝖓𝖉𝖊 𝖒𝖊 𝖑𝖑𝖊𝖛𝖆, 𝖞 𝖙𝖆𝖒𝖕𝖔𝖈𝖔 𝖘é, 𝖖𝖚𝖊 𝖘𝖊𝖗á 𝖉𝖊 𝖒í 𝖊𝖓 𝖊𝖘𝖔𝖘 𝖔𝖘𝖈𝖚𝖗𝖔𝖘 𝖒𝖆𝖓𝖆𝖓𝖙𝖎𝖆𝖑𝖊𝖘 𝖖𝖚𝖊 𝖗𝖎𝖊𝖌𝖆𝖓 𝖑𝖔𝖘 𝖘𝖚𝖗𝖈𝖔𝖘 𝖉𝖊 𝖒𝖎 𝖉𝖊𝖘𝖙𝖗𝖔𝖟𝖆𝖉𝖔 𝖈𝖚𝖊𝖗𝖕𝖔. ¡𝕳𝖊𝖈𝖍𝖔𝖘 𝖏𝖎𝖗𝖔𝖓𝖊𝖘, 𝖘𝖎, 𝖏𝖎𝖗𝖔𝖓𝖊𝖘! ¿𝕮ó𝖒𝖔 𝖘𝖚𝖊𝖓𝖆 𝖒𝖎 𝖌𝖚𝖎𝖙𝖆𝖗𝖗𝖆 𝖈𝖔𝖓 𝖑𝖆𝖘 𝖚ñ𝖆𝖘 𝖉𝖊 𝖙𝖚𝖘 𝖒𝖆𝖓𝖔𝖘, 𝖞 𝖊𝖑 𝖗𝖆𝖏𝖆𝖗 𝖉𝖊𝖑 𝖛𝖎𝖊𝖓𝖙𝖔 𝖑𝖊𝖛𝖆𝖓𝖙𝖆 𝖑𝖆𝖘 𝖍𝖔𝖏𝖆𝖘 𝖒𝖚𝖊𝖗𝖙𝖆𝖘 𝖉𝖊𝖑 𝖈𝖆𝖒𝖎𝖓𝖔 𝖕𝖔𝖑𝖛𝖔𝖗𝖎𝖊𝖓𝖙𝖔? ¿𝕿𝖊 𝖍𝖆𝖓 𝖑𝖑𝖆𝖒𝖆𝖉𝖔: 𝖆𝖑𝖌𝖚𝖓𝖆 𝖛𝖊𝖟, 𝖊𝖓 𝖑𝖆 𝖒𝖆𝖉𝖗𝖚𝖌𝖆𝖉𝖆? 𝖘𝖎, 𝖊𝖓 𝖑𝖆 𝖒𝖆𝖉𝖗𝖚𝖌𝖆𝖉𝖆 𝖉𝖊𝖑 𝖎𝖓𝖋𝖎𝖊𝖗𝖓𝖔, 𝖉𝖔𝖓𝖉𝖊 𝖉𝖎𝖈𝖊𝖓 𝖖𝖚𝖊 𝖘𝖊 𝖖𝖚𝖊𝖒𝖆𝖘 𝖑𝖆𝖘 𝖙𝖗𝖎𝖘𝖙𝖊𝖟𝖆𝖘, 𝖉𝖔𝖓𝖉𝖊 𝖆𝖗𝖉𝖊𝖓 𝖑𝖔𝖘 𝖒𝖆𝖓𝖆𝖓𝖙𝖎𝖆𝖑𝖊𝖘 𝖉𝖊 𝖈𝖔𝖑𝖔𝖗𝖊𝖘, 𝖞 𝖉𝖔𝖓𝖉𝖊 𝖓𝖔 𝖖𝖚𝖊𝖉𝖆 𝖓𝖆𝖉𝖆 𝖉𝖊𝖑 𝖕𝖆𝖘𝖆𝖉𝖔, 𝖘𝖔𝖑𝖔, 𝖊𝖑 𝖕𝖗𝖊𝖘𝖊𝖓𝖙𝖊. ¿𝕼𝖚é 𝖍𝖆𝖞 𝖉𝖊𝖙𝖗á𝖘 𝖉𝖊 𝖊𝖘𝖊 𝖕𝖆𝖘𝖆𝖉𝖔… 𝖞 𝖉𝖊𝖑𝖆𝖓𝖙𝖊 𝖉𝖊 𝖊𝖘𝖊 𝖎𝖓𝖈𝖎𝖊𝖗𝖙𝖔 𝖕𝖗𝖊𝖘𝖊𝖓𝖙𝖊? 𝕼𝖚é 𝖍𝖆𝖞, 𝖙ú 𝖑𝖔 𝖘𝖆𝖇𝖊. ¿𝕻𝖔𝖗 𝖊𝖘𝖔 𝖒𝖊 𝖉𝖊𝖘𝖕𝖎𝖊𝖗𝖙𝖆𝖓 𝖑𝖔𝖘 𝖘𝖚𝖊ñ𝖔𝖘 𝖈𝖆𝖉𝖆 𝖓𝖔𝖈𝖍𝖊, 𝖕𝖆𝖗𝖆 𝖍𝖆𝖈𝖊𝖗𝖒𝖊 𝖘𝖚𝖋𝖗𝖎𝖗, 𝖕𝖆𝖗𝖆𝖗 𝖍𝖆𝖈𝖊𝖗𝖒𝖊 𝖑𝖑𝖔𝖗𝖆𝖗, 𝖞 𝖘𝖆𝖓𝖌𝖗𝖆𝖓 𝖒𝖎𝖘 𝖛𝖊𝖓𝖆𝖘 𝖆𝖑 𝖛𝖊𝖗 𝖖𝖚𝖊 𝖓𝖔 𝖍𝖆𝖞 𝖗𝖊𝖒𝖊𝖉𝖎𝖔 𝖓𝖎 𝖒𝖊𝖏𝖚𝖓𝖏𝖊 𝖖𝖚𝖊 𝖑𝖔 𝖈𝖚𝖗𝖊? 𝕾𝖔𝖞 𝖊𝖑 𝖘𝖔𝖓𝖎𝖉𝖔 𝖉𝖊 𝖚𝖓𝖆 𝖈𝖆𝖒𝖕𝖆𝖓𝖆 𝖊𝖓 𝖑𝖆 𝖑𝖊𝖏𝖆𝖓í𝖆, 𝖊𝖑 𝖘𝖔𝖓𝖎𝖉𝖔 𝖉𝖊 𝖚𝖓 𝖆𝖈𝖊𝖗𝖔 𝖖𝖚𝖊 𝖈𝖔𝖗𝖙𝖆𝖗 𝖒𝖎 𝖈𝖚𝖊𝖗𝖕𝖔 𝖊𝖓 𝖒𝖎𝖑 𝖕𝖊𝖉𝖆𝖟𝖔𝖘. 𝕾𝖔𝖞 𝖊𝖑 𝖕𝖔𝖑𝖛𝖔 𝖉𝖊𝖑 𝖈𝖆𝖒𝖎𝖓𝖔 𝖞 𝖉𝖊 𝖒𝖎𝖘 𝖕𝖎𝖊𝖘 𝖉𝖊𝖘𝖈𝖆𝖑𝖟𝖔𝖘… 𝖊𝖘𝖙á𝖓 𝖍𝖊𝖗𝖎𝖉𝖔𝖘 𝖞 𝖑𝖆𝖘 𝖑𝖑𝖆𝖌𝖆𝖘 𝖓𝖔 𝖘𝖊 𝖘𝖎𝖊𝖗𝖗𝖆𝖓 𝖈𝖔𝖓 𝖊𝖑 𝖗𝖊𝖈𝖚𝖊𝖗𝖉𝖔 𝖉𝖊 𝖒𝖎 𝖕𝖆𝖘𝖆𝖉𝖔. 𝕷𝖑𝖆𝖓𝖙𝖔 𝖉𝖊𝖓𝖙𝖗𝖔 𝖉𝖊𝖑 𝖘𝖎𝖑𝖊𝖓𝖈𝖎𝖔. 𝖁𝖆𝖈í𝖔 𝖞 𝖗𝖊𝖛𝖚𝖊𝖑𝖙𝖔 𝖈𝖔𝖓 𝖑𝖆𝖘 𝖍𝖔𝖏𝖆𝖘 𝖘𝖊𝖈𝖆𝖘 𝖉𝖊 𝖚𝖓 á𝖗𝖇𝖔𝖑 𝖒𝖔𝖗𝖎𝖇𝖚𝖓𝖉𝖔. 𝕲𝖚𝖎𝖙𝖆𝖗𝖗𝖆 𝖘𝖎𝖓 𝖈𝖚𝖊𝖗𝖉𝖆𝖘, 𝖖𝖚𝖊 𝖘𝖔𝖓𝖎𝖉𝖔 𝖖𝖚𝖎𝖊𝖗𝖊𝖘 𝖖𝖚𝖊 𝖊𝖒𝖎𝖙𝖆 𝖘𝖎 𝖑𝖊 𝖋𝖆𝖑𝖙𝖆𝖓 𝖑𝖔𝖘 𝖙𝖊𝖓𝖉𝖔𝖓𝖊𝖘 𝖉𝖊 𝖒𝖎𝖘 𝖒𝖆𝖓𝖔𝖘… 𝖊𝖘𝖙á 𝖗𝖔𝖙𝖆, 𝖞 𝖊𝖓𝖙𝖗𝖊 𝖘𝖚 𝖆𝖌𝖗𝖎𝖊𝖙𝖆𝖉𝖆 𝖒𝖆𝖉𝖊𝖗𝖆 𝖊𝖓𝖙𝖗𝖆 𝖊𝖑 𝖛𝖎𝖊𝖓𝖙𝖔 𝖋𝖗𝖎𝖔 𝖉𝖊𝖑 𝖎𝖓𝖛𝖎𝖊𝖗𝖓𝖔. 𝕼𝖚𝖎𝖘𝖎𝖊𝖗𝖆 𝖍𝖆𝖈𝖊𝖗𝖙𝖊 𝖗𝖊í𝖗… 𝖈𝖚𝖆𝖓𝖉𝖔 𝖊𝖘𝖈𝖚𝖈𝖍𝖊 𝖊𝖑 𝖙𝖆ñ𝖎𝖉𝖔 𝖉𝖊𝖑 𝖇𝖗𝖔𝖓𝖈𝖊 𝖊𝖓 𝖑𝖆 𝖑𝖊𝖏𝖆𝖓í𝖆, 𝖞𝖔, 𝖍𝖆𝖇𝖗é 𝖒𝖚𝖊𝖗𝖙𝖔. ¿𝕼𝖚é 𝖘𝖊𝖗á𝖓 𝖉𝖊 𝖒𝖎𝖘 𝖍𝖚𝖊𝖑𝖑𝖆𝖘 𝖞 𝖉𝖊𝖑 𝖘𝖔𝖓𝖎𝖉𝖔 𝖉𝖊 𝖒𝖎 𝖛𝖔𝖟? 𝕼𝖚é 𝖘𝖊 𝖞𝖔, 𝖘𝖊 𝖒𝖊𝖟𝖈𝖑𝖆𝖗á𝖓 𝖈𝖔𝖓 𝖑𝖆 𝖇𝖗𝖎𝖘𝖆 𝖉𝖊 𝖑𝖔𝖘 𝖙𝖎𝖊𝖒𝖕𝖔𝖘… ¡𝕯𝖎𝖈𝖊𝖓 𝖖𝖚𝖊 𝖑𝖆𝖘 𝖕𝖊𝖗𝖘𝖔𝖓𝖆𝖘 𝖖𝖚𝖊 𝖆𝖗𝖉𝖊𝖓 𝖊𝖓 𝖊𝖑 𝖎𝖓𝖋𝖎𝖊𝖗𝖓𝖔, 𝖌𝖗𝖎𝖙𝖆𝖓, 𝖘𝖚𝖋𝖗𝖊𝖓, 𝖘𝖎𝖊𝖓𝖙𝖊 𝖈𝖔𝖒𝖔 𝖘𝖚𝖘 𝖈𝖆𝖗𝖓𝖊𝖘 𝖘é 𝖉𝖊𝖘𝖌𝖆𝖏𝖆𝖓, 𝖈𝖔𝖒𝖔 𝖘𝖚𝖘 𝖍𝖚𝖊𝖘𝖔𝖘 𝖘𝖊 𝖉𝖊𝖘 𝖋𝖔𝖗𝖒𝖆𝖓 𝖞 𝖓𝖔 𝖕𝖚𝖊𝖉𝖊𝖓 𝖈𝖆𝖒𝖎𝖓𝖆𝖗! 𝕸𝖎𝖗𝖆𝖓 𝖆 𝖙𝖗𝖆𝖛é𝖘 𝖉𝖊𝖑 𝖈𝖗𝖎𝖘𝖙𝖆𝖑 𝖉𝖊 𝖘𝖚𝖘 𝖉𝖊𝖗𝖗𝖊𝖙𝖎𝖉𝖔𝖘 𝖔𝖏𝖔𝖘, 𝖛𝖎𝖊𝖓𝖉𝖔 𝖈ó𝖒𝖔 𝖊𝖑 á𝖗𝖇𝖔𝖑 𝖈𝖆í𝖉𝖔 𝖘𝖊 𝖑𝖔 𝖈𝖔𝖒𝖊𝖓 𝖑𝖔𝖘 𝖌𝖚𝖘𝖆𝖓𝖔𝖘, 𝖕𝖊𝖗𝖔, 𝖘𝖚𝖘 𝖗𝖆í𝖈𝖊𝖘 𝖛𝖚𝖊𝖑𝖛𝖊𝖓 𝖆 𝖇𝖗𝖔𝖙𝖆𝖗 𝖈𝖔𝖓 𝖚𝖓𝖆 𝖓𝖚𝖊𝖛𝖆 𝖘𝖆𝖇𝖎𝖆 𝖞 𝖈𝖔𝖓 𝖊𝖑 𝖙𝖎𝖊𝖒𝖕𝖔, 𝖈𝖗𝖊𝖈𝖊𝖓 𝖑𝖆𝖘 𝖓𝖚𝖊𝖛𝖆𝖘 𝖍𝖔𝖏𝖆𝖘 𝖉𝖊 𝖑𝖔𝖘 𝖘𝖚𝖊ñ𝖔𝖘. 𝕿𝖚𝖘 𝖕𝖊𝖘𝖙𝖆ñ𝖆𝖘 𝖘𝖔𝖓 𝖑𝖆𝖘 𝖙𝖊𝖈𝖑𝖆𝖘 𝖉𝖊𝖑 𝖕𝖎𝖆𝖓𝖔 𝖉𝖊 𝖒𝖎 𝖆𝖑𝖒𝖆, 𝖈𝖔𝖒𝖔 𝖚𝖓𝖆 𝖈𝖆𝖘𝖈𝖆𝖉𝖆 𝖉𝖊 𝖘𝖔𝖓𝖎𝖉𝖔𝖘 𝖈𝖊𝖑𝖊𝖘𝖙𝖎𝖆𝖑𝖊𝖘. ¿𝕯ó𝖓𝖉𝖊 𝖊𝖘𝖙á 𝖙𝖚 𝖆𝖑𝖒𝖆, 𝖙𝖚 𝖍𝖎𝖘𝖙𝖔𝖗𝖎𝖆, 𝖖𝖚é 𝖞𝖔 𝖖𝖚𝖎𝖊𝖗𝖔 𝖊𝖘𝖈𝖗𝖎𝖇𝖎𝖗 𝖉𝖊 𝖙𝖎? 𝕹𝖔 𝖘é 𝖓𝖆𝖉𝖆 𝖉𝖊 𝖙𝖚 𝖛𝖎𝖉𝖆, 𝖓𝖎 𝖉𝖊 𝖙𝖚 𝖕𝖆𝖘𝖆𝖉𝖔. ¿𝕮𝖔𝖓 𝖖𝖚𝖎é𝖓 𝖊𝖘𝖙𝖚𝖛𝖎𝖘𝖙𝖊, 𝖖𝖚𝖎é𝖓 𝖇𝖊𝖘𝖔 𝖙𝖚𝖘 𝖑𝖆𝖇𝖎𝖔𝖘, 𝖖𝖚𝖎é𝖓 𝖆𝖈𝖆𝖗𝖎𝖈𝖎𝖔 𝖙𝖚𝖘 𝖕𝖊𝖈𝖍𝖔𝖘 𝖉𝖊 𝖓á𝖈𝖆𝖗, 𝖞 𝖙𝖚 𝖇𝖔𝖈𝖆 𝖉𝖊 𝖈𝖆𝖗𝖒í𝖓 𝖊𝖓𝖙𝖗𝖊 𝖖𝖚𝖊 𝖑𝖆𝖇𝖎𝖔𝖘 𝖘𝖊 𝖗𝖊𝖋𝖗𝖊𝖌𝖆𝖗𝖔𝖓… 𝖓𝖔 𝖑𝖔 𝖘é, 𝖙𝖊 𝖑𝖔 𝖌𝖚𝖆𝖗𝖉𝖆𝖘 𝖛𝖊𝖗𝖉𝖆𝖉? 𝕰𝖓𝖙𝖔𝖓𝖈𝖊𝖘 𝖖𝖚é 𝖖𝖚𝖎𝖊𝖗𝖊𝖘 𝖖𝖚𝖊 𝖊𝖘𝖈𝖗𝖎𝖇𝖆 𝖉𝖊 𝖙𝖎; 𝖘𝖎 𝖙ú 𝖈𝖎𝖊𝖗𝖗𝖆𝖘 𝖙𝖚 𝖕𝖆𝖘𝖆𝖉𝖔 𝖞 𝖘𝖔𝖑𝖔 𝖉𝖊𝖏𝖆𝖘 𝖛𝖊𝖗 𝖙𝖚 𝖇𝖊𝖑𝖑𝖊𝖟𝖆, 𝖕𝖊𝖗𝖔 𝖙𝖚 𝖎𝖓𝖙𝖊𝖗𝖎𝖔𝖗 𝖘𝖊 𝖖𝖚𝖊𝖉𝖆 𝖔𝖈𝖚𝖑𝖙𝖔 𝖇𝖆𝖏𝖔 𝖑𝖆 𝖘𝖔𝖒𝖇𝖗𝖆 𝖉𝖊 𝖚𝖓 𝖕𝖆𝖘𝖆𝖉𝖔 𝖒𝖎𝖘𝖙𝖊𝖗𝖎𝖔𝖘𝖔. 𝖄𝖔 𝖘𝖔𝖞 𝖉𝖊 𝖈𝖗𝖎𝖘𝖙𝖆𝖑, 𝖞 𝖙ú 𝖉𝖊 𝖍𝖎𝖊𝖗𝖗𝖔, 𝖕𝖊𝖗𝖔 𝖉𝖊 𝖚𝖓 𝖍𝖎𝖊𝖗𝖗𝖔 𝖔𝖝𝖎𝖉𝖆𝖉𝖔 𝖞 𝖕𝖔𝖉𝖗𝖎𝖉𝖔 𝖖𝖚𝖊 𝖊𝖓 𝖑𝖆 𝖉𝖎𝖘𝖙𝖆𝖓𝖈𝖎𝖆 𝖍𝖚𝖊𝖑𝖊𝖘 𝖆 𝖊𝖘𝖙𝖎é𝖗𝖈𝖔𝖑. 𝕸𝖊 𝖕𝖗𝖊𝖌𝖚𝖓𝖙𝖆𝖘 𝖕𝖔𝖗 𝖖𝖚é 𝖉𝖎𝖌𝖔 𝖊𝖘𝖔 𝖉𝖊 𝖙𝖎. 𝕿ú 𝖒𝖊𝖏𝖔𝖗 𝖖𝖚𝖊 𝖓𝖆𝖉𝖎𝖊 𝖑𝖔 𝖘𝖆𝖇𝖊𝖘, 𝖘𝖔𝖑𝖔 𝖊𝖓 𝖑𝖆 𝖘𝖔𝖒𝖇𝖗𝖆 𝖉𝖊 𝖙𝖚 𝖈𝖚𝖊𝖗𝖕𝖔 𝖉𝖊 𝖕𝖚𝖊𝖉𝖊 𝖛𝖊𝖗 𝖈𝖔𝖒𝖔 𝖛𝖊𝖓𝖉𝖊𝖘 𝖙𝖚 𝖆𝖑𝖒𝖆 𝖆𝖑 𝖕𝖗𝖎𝖒𝖊𝖗 𝖕𝖔𝖘𝖙𝖔𝖗 𝖖𝖚𝖊 𝖘𝖊 𝖆𝖈𝖊𝖗𝖖𝖚𝖊 𝖆 𝖙ú 𝖇𝖊𝖑𝖑𝖊𝖟𝖆, 𝖑𝖆 𝖛𝖊𝖓𝖉𝖊𝖘 𝖕𝖔𝖗 𝖉𝖎𝖓𝖊𝖗𝖔, 𝖕𝖔𝖗 𝖉𝖊𝖘𝖊𝖔, 𝖕𝖔𝖗𝖖𝖚𝖊 𝖆 𝖘𝖎 𝖙𝖊 𝖑𝖔 𝖕𝖎𝖉𝖊 𝖊𝖑 𝖎𝖓𝖋𝖎𝖊𝖗𝖓𝖔 𝖉𝖊 𝖙𝖚𝖘 𝖊𝖓𝖙𝖗𝖆ñ𝖆𝖘. 𝕮𝖆𝖓𝖈𝖎𝖔𝖓𝖊𝖘 𝖊𝖓 𝖊𝖑 𝖘𝖊𝖓𝖉𝖊𝖗𝖔 𝖘𝖔𝖑𝖎𝖙𝖆𝖗𝖎𝖔, 𝖘𝖊 𝖊𝖘𝖈𝖚𝖈𝖍𝖆𝖓 𝖊𝖓𝖙𝖗𝖊 𝖑𝖆𝖘 𝖍𝖎𝖊𝖗𝖛𝖆𝖘 𝖉𝖊𝖑 𝖈𝖆𝖒𝖎𝖓𝖔, 𝖘𝖔𝖑𝖔 𝖕𝖚𝖊𝖉𝖔 𝖛𝖊𝖗 𝖊𝖓 𝖑𝖆 𝖉𝖎𝖘𝖙𝖆𝖓𝖈𝖎𝖆 𝖑𝖆𝖘 𝖔𝖑𝖆𝖘 𝖉𝖊𝖑 𝖒𝖆𝖗, 𝖈𝖔𝖒𝖔 𝖛𝖎𝖊𝖓𝖊 𝖞 𝖘𝖊 𝖛𝖆𝖓, 𝖆𝖘í, 𝖘𝖚𝖈𝖊𝖘𝖎𝖛𝖆𝖒𝖊𝖓𝖙𝖊 𝖉𝖚𝖗𝖆𝖓𝖙𝖊 𝖙𝖔𝖉𝖆 𝖙𝖚 𝖛𝖎𝖉𝖆 𝖉𝖊 𝖒𝖎𝖘𝖊𝖗𝖎𝖆𝖘. 𝕰𝖓 𝖈𝖆𝖒𝖇𝖎𝖔, 𝖊𝖓 𝖒í, 𝖘𝖊 𝖕𝖚𝖊𝖉𝖊𝖓 𝖛𝖊𝖗 𝖊𝖑 𝖈𝖎𝖊𝖑𝖔, 𝖑𝖆𝖘 𝖓𝖚𝖇𝖊𝖘 𝖖𝖚𝖊 𝖙𝖆𝖕𝖆𝖓 𝖒𝖎𝖘 𝖕𝖆𝖘𝖔𝖘 𝖕𝖔𝖗 𝖊𝖑 𝖙𝖎𝖊𝖒𝖕𝖔 𝖉𝖊 𝖊𝖘𝖙𝖊 𝖒𝖚𝖓𝖉𝖔. ¡𝕻𝖗𝖊𝖌𝖚𝖓𝖙𝖆𝖓 𝖑𝖆𝖘 𝖌𝖊𝖓𝖙𝖊𝖘, 𝖕𝖔𝖗 𝖖𝖚é 𝖘𝖎𝖊𝖒𝖕𝖗𝖊 𝖊𝖘𝖈𝖗𝖎𝖇𝖔 𝖑𝖑𝖔𝖗𝖆𝖓𝖉𝖔, 𝖕𝖔𝖗 𝖖𝖚é 𝖘𝖔𝖞 𝖉𝖊 𝖊𝖘𝖆 𝖒𝖆𝖓𝖊𝖗𝖆 𝖞 𝖓𝖔 𝖉𝖊 𝖔𝖙𝖗𝖆! 𝕼𝖚é 𝖘𝖊 𝖞𝖔, 𝖘𝖎, 𝖆 𝖘𝖎 𝖒𝖊 𝖕𝖆𝖗𝖎𝖊𝖗𝖔𝖓 𝖞 𝖈𝖗𝖊𝖔 𝖖𝖚𝖊 𝖘𝖊𝖌𝖚𝖎𝖗é 𝖘𝖎𝖊𝖓𝖉𝖔 𝖉𝖊 𝖑𝖆 𝖒𝖎𝖘𝖒𝖆 𝖋𝖔𝖗𝖒𝖆 𝖖𝖚𝖊 𝖘𝖊 𝖈𝖔𝖒𝖕𝖔𝖓𝖊 𝖊𝖑 𝖇𝖆𝖗𝖔 𝖙𝖗𝖆𝖘 𝖚𝖓𝖆 𝖌𝖗𝖆𝖓 𝖙𝖔𝖗𝖒𝖊𝖓𝖙𝖆. 𝕸𝖚𝖈𝖍𝖆𝖘 𝖛𝖊𝖈𝖊𝖘 𝖓𝖔 𝖘𝖊 𝖈𝖔𝖒𝖕𝖗𝖊𝖓𝖉𝖊 𝖆𝖑 𝕽𝖔𝖒𝖆𝖓𝖈𝖊𝖗𝖔, 𝖘𝖎, 𝖈𝖔𝖘𝖆 𝖖𝖚𝖊 𝖓𝖆𝖉𝖎𝖊 𝖘𝖆𝖇𝖊, 𝖘𝖔𝖑𝖔 𝖑𝖔 𝖘𝖆𝖇𝖊 𝖊𝖑 𝖕𝖗𝖔𝖕𝖎𝖔 𝖈𝖆𝖓𝖙𝖆𝖚𝖙𝖔𝖗, 𝖞 𝖈𝖗𝖊𝖔 𝖖𝖚𝖊 𝖓𝖎 é𝖑 𝖒𝖎𝖘𝖒𝖔 𝖑𝖔 𝖙𝖆𝖑 𝖛𝖊𝖟 𝖑𝖔 𝖘𝖊𝖕𝖆. 𝕾𝖚 𝖒𝖊𝖓𝖙𝖊 𝖊𝖘𝖙á 𝖍𝖊𝖗𝖎𝖉𝖆, 𝖑𝖊 𝖍𝖆𝖓 𝖈𝖑𝖆𝖛𝖆𝖉𝖔 𝖚𝖓 𝖕𝖗𝖎𝖒𝖊𝖗 𝖗𝖊𝖏ó𝖓 𝖉𝖊 𝖒𝖚𝖊𝖗𝖙𝖊, 𝖊𝖘𝖙á 𝖍𝖊𝖗𝖎𝖉𝖔, 𝖘𝖚 𝖛𝖎𝖉𝖆 𝖘𝖊 𝖍𝖆 𝖙𝖊𝖗𝖒𝖎𝖓𝖆𝖉𝖔 𝖈𝖔𝖓 𝖊𝖘𝖊 𝖒𝖆𝖑𝖉𝖎𝖙𝖔 𝖗𝖊𝖏ó𝖓, 𝖕𝖊𝖗𝖔 𝖗𝖊𝖘𝖎𝖘𝖙𝖊 𝖞 𝖘𝖊 𝖇𝖆𝖒𝖇𝖆𝖑𝖊𝖆, 𝖕𝖊𝖗𝖔 𝖍𝖆𝖘𝖙𝖆 𝖖𝖚𝖊 𝖓𝖔 𝖑𝖑𝖊𝖌𝖚𝖊 𝖚𝖓 𝖋𝖚𝖊𝖗𝖙𝖊 𝖛𝖎𝖊𝖓𝖙𝖔 𝖓𝖔 𝖉𝖊𝖏𝖆𝖗𝖆 𝖈𝖆𝖊𝖗 𝖘𝖚 𝖕𝖊𝖘𝖆𝖉𝖔 𝖈𝖚𝖊𝖗𝖕𝖔 𝖆𝖑 𝖗𝖔𝖏𝖔 𝖆𝖑𝖇𝖊𝖗𝖔. É𝖑 𝖈𝖆𝖇𝖆𝖑𝖑𝖊𝖗𝖔 𝖒𝖔𝖓𝖙𝖆𝖉𝖔 𝖊𝖓 𝖘𝖚 𝖌𝖗𝖚𝖕𝖆, 𝖆𝖑𝖟𝖆 𝖘𝖚𝖘 𝖒𝖆𝖓𝖔𝖘 𝖆𝖑 𝖛𝖎𝖊𝖓𝖙𝖔 𝖕𝖎𝖉𝖎𝖊𝖓𝖉𝖔 𝖊𝖑 𝖙𝖗𝖔𝖋𝖊𝖔 𝖌𝖆𝖓𝖆𝖉𝖔, 𝖒𝖎𝖗𝖆 𝖆𝖑 𝖙𝖊𝖓𝖉𝖎𝖉𝖔 𝖞, 𝖗𝖊𝖈𝖎𝖇𝖊 𝖊𝖑 𝖆𝖕𝖑𝖆𝖚𝖘𝖔 𝖉𝖊 𝖗𝖊𝖘𝖕𝖊𝖙𝖆𝖇𝖑𝖊. ¿𝕰𝖘𝖙𝖔𝖞 𝖒𝖚𝖊𝖗𝖙𝖔, 𝖘𝖎, 𝖑𝖔 𝖘𝖎𝖊𝖓𝖙𝖔 𝖉𝖊𝖓𝖙𝖗𝖔 𝖉𝖊 𝖒𝖎 𝖈𝖚𝖊𝖗𝖕𝖔, 𝖓𝖔𝖙𝖔 𝖈ó𝖒𝖔 𝖘𝖊 𝖈𝖔𝖗𝖙𝖆𝖓 𝖒𝖎𝖘 𝖍𝖊𝖇𝖗𝖆𝖘, 𝖞 𝖒𝖎 𝖎𝖓𝖙𝖊𝖗𝖎𝖔𝖗 𝖘𝖊 𝖕𝖆𝖗𝖙𝖊 𝖊𝖓 𝖒𝖎𝖑 𝖕𝖊𝖉𝖆𝖟𝖔𝖘, 𝖒𝖚𝖊𝖗𝖔, 𝖑𝖔 𝖘é, 𝖕𝖊𝖗𝖔 𝖖𝖚𝖎𝖊𝖗𝖔 𝖘𝖊𝖌𝖚𝖎𝖗 𝖛𝖎𝖛𝖎𝖊𝖓𝖉𝖔 𝖚𝖓𝖆 𝖓𝖚𝖊𝖛𝖆 𝖛𝖎𝖉𝖆? ¿𝕻𝖚𝖊𝖉𝖊 𝖘𝖊𝖗 𝖔 𝖊𝖘 𝖒𝖊𝖓𝖙𝖎𝖗𝖆? 𝕾𝖊𝖆 𝖑𝖔 𝖖𝖚𝖊 𝖘𝖊𝖆, 𝖒𝖊 𝖉𝖆 𝖑𝖔 𝖒𝖎𝖘𝖒𝖔, 𝖞𝖆 𝖊𝖘𝖙𝖔𝖞 𝖒á𝖘 𝖕𝖆𝖗𝖆 𝖆𝖑𝖑á 𝖖𝖚𝖊 𝖊𝖓 𝖊𝖘𝖙𝖊 𝖒𝖚𝖓𝖉𝖔. ¡𝕸𝖊 𝖍𝖆𝖓 𝖕𝖚𝖊𝖘𝖙𝖔 𝖙𝖆𝖓𝖙𝖔𝖘 𝖗𝖊𝖏𝖔𝖓𝖊𝖘, 𝖖𝖚é 𝖘𝖎 𝖒𝖊 𝖘𝖆𝖑𝖎𝖊𝖘𝖊𝖓 𝖈𝖚𝖊𝖗𝖓𝖔𝖘 𝖊𝖓 𝖒𝖎 𝖈𝖆𝖇𝖊𝖟𝖆, 𝖈𝖗𝖊𝖔 𝖖𝖚𝖊 𝖓𝖔 𝖙𝖊𝖓𝖉𝖗í𝖆 𝖕𝖊𝖑𝖔𝖘 𝖕𝖆𝖗𝖆 𝖕𝖔𝖓𝖊𝖗𝖑𝖔𝖘 𝖈𝖔𝖒𝖔 𝖙𝖗𝖔𝖋𝖊𝖔𝖘 𝖕𝖆𝖗𝖆 𝖊𝖑𝖑𝖆! 𝕾𝖎, 𝖕𝖆𝖗𝖆 𝖊𝖘𝖆 𝖒𝖚𝖏𝖊𝖗 𝖖𝖚𝖊 𝖉𝖎𝖏𝖔 𝖘𝖎 𝖆𝖓𝖙𝖊 𝖚𝖓 𝖆𝖑𝖙𝖆𝖗 𝖞 𝖒𝖎𝖓𝖙𝖎ó 𝖚𝖓𝖆 𝖞 𝖒𝖎𝖑 𝖛𝖊𝖈𝖊𝖘 𝖆𝖑 𝖉𝖊𝖈𝖎𝖗 𝖘𝖎 𝖖𝖚𝖎𝖊𝖗𝖔. ¿𝕼𝖚𝖎é𝖓 𝖋𝖚𝖊 𝖊𝖑𝖑𝖆? 𝕼𝖚é 𝖒á𝖘 𝖉𝖆, 𝖖𝖚𝖎𝖊𝖓 𝖋𝖚𝖊𝖘𝖊, 𝖊𝖘𝖔 𝖞𝖆 𝖓𝖔 𝖎𝖒𝖕𝖔𝖗𝖙𝖆. 𝕷𝖆 𝖛𝖎𝖉𝖆 𝖙𝖊 𝖊𝖓𝖘𝖊ñ𝖆 𝖆 𝖘𝖚𝖋𝖗𝖎𝖗 𝖘𝖎𝖓 𝖘𝖆𝖇𝖊𝖗 𝖕𝖗𝖊𝖌𝖚𝖓𝖙𝖆𝖗𝖙𝖊 𝖕𝖔𝖗 𝖖𝖚é. ¡𝕮𝖚á𝖓𝖙𝖆𝖘 𝖈𝖔𝖘𝖆𝖘 𝖙𝖎𝖊𝖓𝖊 𝖑𝖆 𝖍𝖎𝖘𝖙𝖔𝖗𝖎𝖆 𝖉𝖊 𝖚𝖓𝖆 𝖛𝖎𝖉𝖆, 𝖈𝖚á𝖓𝖙𝖆𝖘, 𝖒𝖚𝖈𝖍𝖆𝖘, 𝖕𝖊𝖗𝖔 𝖉𝖊𝖏𝖊𝖒𝖔𝖘 𝖉𝖊 𝖑𝖑𝖔𝖗𝖆𝖗 𝖞 𝖗𝖎𝖆𝖒𝖔𝖘 𝖆𝖇𝖎𝖊𝖗𝖙𝖆𝖒𝖊𝖓𝖙𝖊 𝖆 𝖑𝖆 𝖛𝖎𝖉𝖆 𝖖𝖚𝖊 𝖕𝖔𝖘𝖎𝖇𝖑𝖊𝖒𝖊𝖓𝖙𝖊 𝖍𝖆𝖞𝖆 𝖔𝖙𝖗𝖆 𝖒𝖚𝖏𝖊𝖗 𝖖𝖚é 𝖊𝖘𝖙é 𝖊𝖘𝖕𝖊𝖗𝖆𝖓𝖉𝖔 𝖈𝖔𝖓 𝖑𝖔𝖘 𝖇𝖗𝖆𝖟𝖔𝖘 𝖆𝖇𝖎𝖊𝖗𝖙𝖔𝖘 𝖞 𝖈𝖔𝖓 𝖘𝖚𝖘 𝖑𝖆𝖇𝖎𝖔𝖘 𝖕𝖎𝖓𝖙𝖆𝖉𝖔𝖘 𝖉𝖊 𝖈𝖆𝖗𝖒í𝖓, 𝖞 𝖖𝖚𝖎𝖊𝖗𝖆 𝖘𝖆𝖇𝖔𝖗𝖊𝖆𝖗 𝖊𝖑 𝖒𝖆𝖓𝖏𝖆𝖗 𝖉𝖊 𝖙𝖚 𝖇𝖔𝖈𝖆! 𝕰𝖑 𝖋𝖔𝖗𝖏𝖆𝖉𝖔𝖗 𝖉𝖊 𝖘𝖚𝖊ñ𝖔𝖘 𝕵𝖔𝖘é 𝕽𝖔𝖉𝖗í𝖌𝖚𝖊𝖟 𝕲ó𝖒𝖊𝖟 𝕰𝖑 𝖘𝖊𝖛𝖎𝖑𝖑𝖆𝖓𝖔.

Tus ojos: son tan bellos

 Fraktur¡𝕿𝖚𝖘 𝖔𝖏𝖔𝖘: 𝖘𝖔𝖓 𝖙𝖆𝖓 𝖇𝖊𝖑𝖑𝖔𝖘! 𝕼𝖚𝖎𝖊𝖗𝖔 𝖒𝖎𝖗𝖆𝖗𝖙𝖊, 𝖘í, 𝖑𝖔 𝖖𝖚𝖎𝖊𝖗𝖔, 𝖙𝖊 𝖉𝖊𝖘𝖊𝖔, 𝖙𝖊 𝖑𝖔 𝖘𝖚𝖕𝖑𝖎𝖈𝖔, 𝖞 𝖘𝖎 𝖙𝖊 𝖉𝖎𝖌𝖔 𝖑𝖆 𝖛𝖊𝖗𝖉𝖆𝖉, 𝖙𝖊 𝖓𝖊𝖈𝖊𝖘𝖎𝖙𝖔. 𝕰𝖗𝖊𝖘 𝖊𝖑 𝖛𝖎𝖊𝖓𝖙𝖔 𝖖𝖚𝖊 𝖗𝖊𝖘𝖕𝖎𝖗𝖔, 𝖊𝖑 𝖆𝖎𝖗𝖊 𝖖𝖚𝖊 𝖆𝖈𝖆𝖗𝖎𝖈𝖎𝖆 𝖒𝖎 𝖕𝖎𝖊𝖑, 𝖊𝖑 𝖖𝖚𝖊 𝖒𝖊 𝖍𝖆𝖈𝖊 𝖘𝖊𝖓𝖙𝖎𝖗, 𝖙𝖊𝖒𝖇𝖑𝖆𝖗, 𝖑𝖑𝖔𝖗𝖆𝖗, 𝖞 𝖘𝖎 𝖓𝖔 𝖙𝖊 𝖛𝖊𝖔, 𝖒𝖚𝖊𝖗𝖔. ¡𝕾é 𝖖𝖚𝖊 𝖊𝖘𝖙𝖔𝖞 𝖛𝖎𝖛𝖔 𝖘𝖔𝖑𝖔 𝖕𝖔𝖗 𝖙𝖎! ¿𝕾𝖔𝖓 𝖚𝖓 𝖊𝖘𝖕𝖊𝖏𝖎𝖘𝖒𝖔, 𝖔 𝖊𝖗𝖊𝖘 𝖗𝖊𝖆𝖑? 𝕾𝖊𝖆𝖘 𝖑𝖔 𝖖𝖚𝖊 𝖘𝖊𝖆𝖘, 𝖕𝖔𝖗 𝖑𝖔 𝖖𝖚𝖊 𝖒á𝖘 𝖖𝖚𝖎𝖊𝖗𝖆𝖘, 𝖉é𝖏𝖆𝖒𝖊 𝖆𝖈𝖆𝖗𝖎𝖈𝖎𝖆𝖗 𝖙𝖚 𝖈𝖚𝖊𝖗𝖕𝖔, 𝖇𝖊𝖘𝖆𝖗 𝖙𝖚𝖘 𝖑𝖆𝖇𝖎𝖔𝖘, 𝖆𝖈𝖆𝖗𝖎𝖈𝖎𝖆𝖗 𝖙𝖚𝖘 𝖕𝖊𝖈𝖍𝖔𝖘, 𝖘𝖊𝖓𝖙𝖎𝖗 𝖊𝖑 𝖑𝖆𝖙𝖎𝖉𝖔 𝖉𝖊 𝖙𝖚 𝖈𝖔𝖗𝖆𝖟ó𝖓 𝖞 𝖈𝖔𝖓 𝖙𝖔𝖉𝖔 𝖊𝖑𝖑𝖔, 𝖙ú 𝖒𝖊 𝖊𝖓𝖛𝖚𝖊𝖑𝖛𝖊𝖘 𝖊𝖓 𝖑𝖆 𝖑𝖔𝖈𝖚𝖗𝖆 𝖆𝖑 𝖘𝖊𝖓𝖙𝖎𝖗 𝖊𝖑 𝖒𝖆𝖓𝖏𝖆𝖗 𝖉𝖊 𝖑𝖔𝖘 𝖘𝖚𝖊ñ𝖔𝖘. 𝕿𝖔𝖉𝖔 𝖈𝖚𝖆𝖓𝖙𝖔 𝖙𝖊 𝖉𝖎𝖌𝖔, 𝖒𝖊 𝖕𝖆𝖘𝖆 𝖈𝖆𝖉𝖆 𝖛𝖊𝖟 𝖖𝖚𝖊 𝖈𝖗𝖊𝖔 𝖊𝖘𝖙𝖆𝖗 𝖉𝖔𝖗𝖒𝖎𝖉𝖔. ¿𝕰𝖘 𝖗𝖊𝖆𝖑, 𝖔 𝖙𝖔𝖉𝖔 𝖊𝖘 𝖚𝖓 𝖘𝖚𝖊ñ𝖔, 𝖞 𝖈𝖚𝖆𝖓𝖉𝖔 𝖖𝖚𝖎𝖊𝖗𝖔 𝖇𝖊𝖘𝖆𝖗 𝖙𝖚𝖘 𝖑𝖆𝖇𝖎𝖔𝖘; 𝖙ú 𝖓𝖔 𝖊𝖘𝖙á𝖘? 𝕱𝖚𝖊𝖓𝖙𝖊𝖘 𝖉𝖊 𝖈𝖗𝖎𝖘𝖙𝖆𝖑, 𝖇𝖊𝖘𝖔𝖘 𝖉𝖊 𝖒𝖎𝖊𝖑, 𝖑𝖆𝖌𝖗𝖎𝖒𝖆𝖘 𝖖𝖚𝖊 𝖘𝖊 𝖏𝖚𝖓𝖙𝖆𝖓 𝖈𝖔𝖓 𝖑𝖆𝖘 𝖒í𝖆𝖘 𝖞 𝖘𝖊 𝖈𝖔𝖓𝖛𝖎𝖊𝖗𝖙𝖊𝖓 𝖊𝖓 𝖗í𝖔𝖘 𝖈𝖆𝖚𝖉𝖆𝖑𝖔𝖘𝖔𝖘. ¡𝕹𝖔 𝖒𝖊 𝖍𝖆𝖌𝖆𝖘 𝖘𝖚𝖋𝖗𝖎𝖗, 𝖖𝖚𝖎é𝖗𝖊𝖒𝖊 𝖈𝖔𝖒𝖔 𝖞𝖔 𝖙𝖊 𝖖𝖚𝖎𝖊𝖗𝖔 𝖆 𝖙𝖎! ¡𝖄𝖔 𝖘𝖔𝖞 𝖒𝖚𝖞 𝖛𝖎𝖊𝖏𝖔, 𝖞 𝖙ú 𝖒𝖚𝖞 𝖏𝖔𝖛𝖊𝖓 𝖕𝖆𝖗𝖆 𝖒í! 𝖁𝖊𝖗𝖉𝖆𝖉. 𝕸𝖊 𝖊𝖘𝖙𝖔𝖞 𝖒𝖎𝖗𝖆𝖓𝖉𝖔 𝖊𝖓 𝖊𝖑 𝖊𝖘𝖕𝖊𝖏𝖔 𝖉𝖊 𝖙𝖚𝖘 𝖑𝖎𝖓𝖉𝖔𝖘 𝖔𝖏𝖔𝖘, 𝖊𝖓 𝖑𝖔𝖘 𝖑𝖆𝖌𝖔𝖘 𝖉𝖊 𝖈𝖔𝖑𝖔𝖗𝖊𝖘 𝖉𝖊 𝖙𝖚 𝖏𝖚𝖛𝖊𝖓𝖙𝖚𝖉, 𝖞 𝖘𝖔𝖓𝖗í𝖔. 𝕼𝖚é 𝖕𝖊𝖓𝖆 𝖛𝖊𝖗𝖙𝖊 𝖆 𝖊𝖘𝖙𝖆𝖘 𝖍𝖔𝖗𝖆𝖘 𝖉𝖊 𝖑𝖆 𝖛𝖎𝖉𝖆. 𝕾𝖔𝖑𝖔 𝖈𝖔𝖓 𝖒𝖎𝖗𝖆𝖗𝖙𝖊 𝖘𝖊 𝖒𝖊 𝖈𝖆𝖊 𝖑𝖆 𝖇𝖆𝖇𝖆, 𝖞 𝖙ú 𝖈𝖔𝖓 𝖙𝖚 𝖇𝖊𝖑𝖑𝖊𝖟𝖆, 𝖘𝖔𝖓𝖗í𝖊𝖘 𝖞 𝖒𝖊 𝖑𝖎𝖒𝖕𝖎𝖆𝖘 𝖑𝖆 𝖘𝖆𝖑𝖎𝖛𝖆 𝖉𝖊 𝖒𝖎𝖘 𝖉𝖊𝖘𝖊𝖔𝖘. ¿𝕼𝖚é 𝖕𝖚𝖊𝖉𝖔 𝖍𝖆𝖈𝖊𝖗 𝖆 𝖊𝖘𝖙𝖆𝖘 𝖍𝖔𝖗𝖆𝖘 𝖉𝖊 𝖑𝖆 𝖒𝖆𝖉𝖗𝖚𝖌𝖆𝖉𝖆, 𝖈𝖚𝖆𝖓𝖉𝖔 𝖒𝖊 𝖉𝖊𝖘𝖕𝖎𝖊𝖗𝖙𝖔, 𝖞𝖔 𝖙𝖊 𝖇𝖚𝖘𝖈𝖔, 𝖞 𝖆𝖑 𝖛𝖊𝖗 𝖖𝖚𝖊 𝖘𝖔𝖑𝖔 𝖊𝖘 𝖚𝖓 𝖘𝖚𝖊ñ𝖔? ¡𝕼𝖚𝖎𝖊𝖗𝖔 𝖛𝖔𝖑𝖛𝖊𝖗𝖒𝖊 𝖆 𝖉𝖔𝖗𝖒𝖎𝖗, 𝖞 𝖕𝖔𝖗 𝖒á𝖘 𝖖𝖚𝖊 𝖑𝖔 𝖎𝖓𝖙𝖊𝖓𝖙𝖊 𝖓𝖔 𝖑𝖔 𝖈𝖔𝖓𝖘𝖎𝖌𝖔! 𝕷𝖑𝖔𝖗𝖔 𝖞, 𝖙𝖊𝖒𝖇𝖑𝖆𝖓𝖉𝖔 𝖒𝖊 𝖖𝖚𝖊𝖉𝖔 𝖈ó𝖒𝖔 𝖘𝖎 𝖋𝖚𝖊𝖘𝖊 𝖚𝖓 𝖓𝖎ñ𝖔 𝖕𝖊𝖖𝖚𝖊ñ𝖔, 𝖊𝖓𝖈𝖔𝖌𝖎𝖉𝖔 𝖊𝖓𝖙𝖗𝖊 𝖑𝖆𝖘 𝖘𝖆𝖇𝖆𝖓𝖆𝖘 𝖉𝖊 𝖑𝖆 𝖒𝖚𝖊𝖗𝖙𝖊, 𝖑𝖆𝖘 𝖖𝖚𝖊 𝖈𝖚𝖇𝖗𝖊𝖓 𝖒𝖎𝖘 𝖛𝖎𝖊𝖏𝖔 𝖗𝖊𝖘𝖙𝖔𝖘, 𝖑𝖔𝖘 𝖖𝖚𝖊 𝖞𝖆 𝖓𝖔 𝖙𝖎𝖊𝖓𝖊𝖓 𝖉𝖊𝖗𝖊𝖈𝖍𝖔 𝖆 𝖛𝖎𝖛𝖎𝖗, 𝖓𝖎 𝖆 𝖘𝖔ñ𝖆𝖗, é𝖑 𝖖𝖚𝖊 𝖉𝖊𝖘𝖊𝖆𝖗í𝖆 𝖘𝖊𝖌𝖚𝖎𝖗 𝖛𝖎𝖛𝖎𝖊𝖓𝖉𝖔, 𝖞 𝖘𝖔𝖇𝖗𝖊 𝖙𝖔𝖉𝖔 𝖈𝖊𝖗𝖈𝖆 𝖉𝖊 𝖙𝖎. 𝕳𝖆𝖓 𝖕𝖆𝖘𝖆𝖉𝖔 𝖑𝖆𝖘 𝖑𝖆𝖗𝖌𝖆𝖘 𝖍𝖔𝖗𝖆𝖘 𝖉𝖊 𝖑𝖆 𝖓𝖔𝖈𝖍𝖊, 𝖞 𝖘𝖎𝖓 𝖙𝖊𝖓𝖊𝖗 𝖋𝖚𝖊𝖗𝖟𝖆𝖘 𝖊𝖓 𝖒𝖎 𝖆𝖑𝖒𝖆, 𝖞 𝖈𝖔𝖒𝖔 𝖕𝖚𝖊𝖉𝖔 𝖑𝖊𝖛𝖆𝖓𝖙𝖔 𝖊𝖘𝖙𝖊 𝖉𝖊𝖘𝖙𝖆𝖗𝖙𝖆𝖑𝖆𝖉𝖔 𝖆𝖒𝖆𝖘𝖎𝖏𝖔 𝖉𝖊 𝖍𝖔𝖏𝖆𝖘 𝖒𝖚𝖊𝖗𝖙𝖆𝖘. 𝕸𝖊 𝖛𝖎𝖘𝖙𝖔, 𝖇𝖚𝖘𝖈𝖔 𝖊𝖑 𝖊𝖘𝖕𝖊𝖏𝖔 𝖉𝖊 𝖙𝖚 𝖒𝖎𝖗𝖆𝖉𝖆 𝖞 𝖓𝖔 𝖙𝖊 𝖊𝖓𝖈𝖚𝖊𝖓𝖙𝖗𝖔 𝖞, 𝖊𝖘 𝖈𝖚𝖆𝖓𝖉𝖔 𝖛𝖊𝖔 𝖑𝖆 𝖗𝖊𝖆𝖑𝖎𝖉𝖆𝖉 𝖉𝖊 𝖑𝖆 𝖛𝖎𝖉𝖆. ¡𝕾𝖔𝖞 𝖒𝖚𝖞 𝖛𝖎𝖊𝖏𝖔 𝖕𝖆𝖗𝖆 𝖙𝖊𝖓𝖊𝖗 𝖉𝖊𝖗𝖊𝖈𝖍𝖔 𝖆 𝖛𝖎𝖛𝖎𝖗 𝖈𝖔𝖓𝖙𝖎𝖌𝖔! 𝕷𝖔 𝖘é, 𝖞 𝖘𝖎 𝖙ú 𝖘𝖚𝖕𝖎𝖊𝖘𝖊𝖘 𝖑𝖔 𝖖𝖚𝖊 𝖘𝖊 𝖘𝖎𝖊𝖓𝖙𝖊, 𝖙𝖊 𝖕𝖆𝖘𝖆𝖗í𝖆 𝖑𝖔 𝖒𝖎𝖘𝖒𝖔 𝖖𝖚𝖊 𝖕𝖆𝖘𝖆 𝖕𝖔𝖗 𝖒𝖎 𝖒𝖊𝖓𝖙𝖊. 𝕾𝖊 𝖒𝖊𝖈𝖊 𝖙𝖚 𝖈𝖚𝖊𝖗𝖕𝖔 𝖈𝖔𝖓 𝖑𝖆 𝖇𝖗𝖎𝖘𝖆 𝖉𝖊 𝖑𝖆𝖘 𝖔𝖑𝖆𝖘. 𝕰𝖓 𝖑𝖆 𝖉𝖎𝖘𝖙𝖆𝖓𝖈𝖎𝖆, 𝖙𝖊 𝖒𝖎𝖗𝖔 𝖞 𝖘é 𝖖𝖚𝖊 𝖙ú 𝖑𝖔 𝖘𝖆𝖇𝖊𝖘, 𝖕𝖊𝖗𝖔 𝖙𝖊 𝖉𝖊𝖏𝖆𝖘 𝖆𝖈𝖆𝖗𝖎𝖈𝖎𝖆𝖗 𝖈𝖔𝖓 𝖑𝖔𝖘 𝖘𝖚𝖘𝖕𝖎𝖗𝖔𝖘 𝖉𝖊 𝖒𝖎 𝖆𝖑𝖒𝖆. 𝕰𝖘𝖙𝖔𝖞 𝖈𝖊𝖑𝖔𝖘𝖔 𝖉𝖊𝖑 𝖛𝖎𝖊𝖓𝖙𝖔, 𝖊𝖘𝖊 𝖖𝖚𝖊 𝖆𝖈𝖆𝖗𝖎𝖈𝖎𝖆 𝖙𝖚 𝖕𝖎𝖊𝖑, 𝖊𝖑 𝖖𝖚𝖊 𝖊𝖓 𝖘𝖎𝖑𝖊𝖓𝖈𝖎𝖔 𝖘𝖆𝖇𝖊 𝖖𝖚𝖊 𝖘𝖔𝖑𝖔 𝖘𝖔𝖞 𝖚𝖓 𝖛𝖎𝖊𝖏𝖔, 𝖞 é𝖑 𝖘𝖎𝖓 𝖖𝖚𝖊 𝖙ú 𝖑𝖊 𝖉𝖎𝖌𝖆𝖘 𝖓𝖆𝖉𝖆, 𝖙𝖊 𝖇𝖊𝖘𝖆, 𝖗𝖊𝖈𝖔𝖗𝖗𝖊 𝖈𝖔𝖓 𝖘𝖚𝖘 𝖒𝖆𝖓𝖔𝖘 𝖘𝖎𝖑𝖊𝖓𝖈𝖎𝖔𝖘𝖆𝖘 𝖙𝖔𝖉𝖆 𝖑𝖆 𝖕𝖎𝖊𝖑 𝖉𝖊 𝖙𝖚 𝖇𝖊𝖑𝖑𝖔 𝖈𝖚𝖊𝖗𝖕𝖔. 𝕷𝖑𝖊𝖛𝖔 𝖚𝖓 𝖇𝖆𝖘𝖙ó𝖓 𝖍𝖊𝖈𝖍𝖔 𝖈𝖔𝖓 𝖑𝖆𝖘 𝖗𝖆í𝖈𝖊𝖘 𝖉𝖊 𝖑𝖆 𝖓𝖔𝖘𝖙𝖆𝖑𝖌𝖎𝖆. 𝕸𝖊 𝖙𝖎𝖊𝖒𝖇𝖑𝖆𝖓 𝖑𝖆𝖘 𝖒𝖆𝖓𝖔𝖘 𝖈𝖆𝖉𝖆 𝖛𝖊𝖟 𝖖𝖚𝖊 𝖙𝖊 𝖛𝖊𝖔. 𝕾𝖎, 𝖘𝖔𝖑𝖔 𝖘𝖔𝖓 𝖘𝖚𝖊ñ𝖔𝖘, 𝖑𝖔𝖘 𝖖𝖚𝖊 𝖕𝖔𝖗 𝖒á𝖘 𝖖𝖚𝖊 𝖑𝖔 𝖎𝖓𝖙𝖊𝖓𝖙𝖊 𝖞𝖔 𝖘𝖊𝖌𝖚𝖎𝖗é 𝖘𝖚𝖋𝖗𝖎𝖊𝖓𝖉𝖔 𝖕𝖔𝖗 𝖙𝖎. 𝕷𝖆 𝖛𝖎𝖉𝖆 𝖊𝖘 𝖚𝖓 𝖑𝖎𝖇𝖗𝖔 𝖖𝖚𝖊 𝖘é 𝖊𝖘𝖈𝖗𝖎𝖇𝖊 𝖈𝖔𝖓 𝖑𝖆 𝖘𝖆𝖓𝖌𝖗𝖊 𝖉𝖊𝖑 𝖘𝖎𝖑𝖊𝖓𝖈𝖎𝖔, 𝖈𝖔𝖓 𝖊𝖑 𝖘𝖚𝖊ñ𝖔 𝖉𝖊 𝖑𝖆 𝖓𝖔𝖘𝖙𝖆𝖑𝖌𝖎𝖆, 𝖞 𝖘𝖊 𝖑𝖑𝖔𝖗𝖆 𝖈𝖔𝖓 𝖑𝖆 𝖔𝖘𝖈𝖚𝖗𝖎𝖉𝖆𝖉 𝖉𝖊 𝖚𝖓𝖔𝖘 𝖔𝖏𝖔𝖘 𝖖𝖚𝖊 𝖓𝖔 𝖛𝖎𝖛𝖎𝖊𝖗𝖔𝖓 𝖔 𝖖𝖚𝖊 𝖍𝖚𝖇𝖎𝖊𝖘𝖊 𝖉𝖊𝖘𝖊𝖆𝖉𝖔. 𝕰𝖑 𝖋𝖔𝖗𝖏𝖆𝖉𝖔𝖗 𝖉𝖊 𝖘𝖚𝖊ñ𝖔𝖘 𝕵𝖔𝖘é 𝕽𝖔𝖉𝖗í𝖌𝖚𝖊𝖟 𝕲ó𝖒𝖊𝖟 𝕰𝖑 𝖘𝖊𝖛𝖎𝖑𝖑𝖆𝖓𝖔