Te han amado alguna vez?

Te pregunto: a ti, si a ti, ya que esto de ser amado nunca lo he sentido. Te parecerá raro, si, lo es, pero eso de sentirse amado en cualquier lugar del mundo; el que te den besos por doquier no lo sé, pero siento envidia de no haber sido amado.

Sentir tus labios juntos a los míos es algo que solamente en sueños lo he sentido y cuando he despertado. ¿Qué crees que siente mi alma? ¡Muero, si muero al ver que todo ha sido un sueño y, lloro como si fuese un  niño que no tiene ese juguete que soñaba en sus manos y cuando ha despertado no lo encuentra por ninguna parte y es cuando un hombre siente que su cuerpo de cristal se trasparenta en los labios de una mujer!

Tu, si a ti, quisiera ser algo de ti, ya lo sé; tú no me conoces por eso te llamo a ti.

Cuando tengas mi llanto y, sientas la humedad de mis lágrimas veras en tus manos el temblar de mi cuerpo, el latir de mi corazón y, esperando está mi boca el sabor de tus besos.

Sentirte junto a mí, tú, una mujer de verdad; esa que me besas todos los poros de mi alma y coses sin hacer daño alguno a mis entrañas heridas por falta de amor. ¿Quieres ser tú esa mujer que con el bálsamo de tus besos cure las heridas de mis sueños?

Déjame sentir la profundidad de tus lagos, el sabor de tu miel, recorrer la piel de tu cuerpo con mis manos a ciegas en la penumbra de la noche.

Sentir una dulce melodía, escuchar al canto de un pájaro que pía en busca de su nido y que se ve perdido entre las sombras de lo místico.

Ver en la luz de tus ojos, el resplandor de un cielo que te dice te quiero y, tener entre tus manos el cuerpo que deseas y sentir como adentro de tus entrañas sientes el arado que labra tus campos y siembra la semilla del amor eterno.

Déjame labrar tu campo, quiero ser ese campesino que llorando suplica ser por una vez el dueño de tus tierras, esas dehesas que están baldías yo quiero labrarlas con mis manos y, sembrar todo tu cuerpo. Quiero que veas con crecen las semillas de mi alma en tus tierras de mis deseos.

Si, ya  lo sé, antes que yo tuviste otros amores. Siento pena por mí, quiero ser el último, ese que cambie tu vida, ese que llore contigo cuando tú esta herida y nadie te besa, nadie está a tu lado; quiero ser ese hombre que solamente desea ser; tu sombra.

¿Has visto tu sombra alguna vez, si, esa que está detrás de ti? ¿Te gustaría que alguien como yo estuviese a tu espalda y que sintieras sus labios recorre todo tu cuerpo y sentir como resbala sus manos en la sombra de tu alma sin que nadie, ni tú misma lo puedas ver?

Déjame estar contigo, quiero por una vez ser, si, ser algo para ti; tener un cuerpo que me ame, que me quiera y ser tu dueño, aunque en verdad sería yo tu esclavo.

¡Ponme grilletes en mis manos, ata mis pies para que no pueda buscarte, ciega mis ojos, quema mi alma y, a si te juro que seguiré buscándote cada día,  cada noche y cada segundo de mi vida para verte y aunque estuvieras besando a otro hombre; yo estaría detrás  siendo tu sombra sabiendo que te sigo queriendo!

¿No me quieres, que he de hacer para que tú puedas quererme, aunque sea de mentira? Me da lo mismos; lo que yo quiero es sentir tus labios, sentir tus ojos como me miran aunque no sea cierto todo tu cariño.

Cada vez que veo una mujer besara a su hombre, en su boca y, en medio de la calle, ciento dolores en mi alma que herida está de los sueños que tiene mi mente.

Dormir sobre las semillas de tu campo, sobre el trigo antes de ser cortado y, mirar el cielo como relucen las estrellas de tus ojos y ver como son las dunas de tu piel, ver el viento como mece tus cabellos.

¿Esto que siento por ti, qué es?

Locura, pasión, dímelo, por favor, que muriendo estoy por tu amor sin haber nacido para esto, me siento triste al no haber vivido estos momentos de amor; siendo tu esclavo y estando a tus espaldas sin que nadie, ni tú misma te hubieses dado cuenta que la persona que vive de tras de ti, es, y serás siempre el hombre que más te quiere, te quiso y, te querrá siempre.

El forjador de sueños

José Rodríguez Gómez

El sevillano

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Cuarta parte

El barrendero

El perfume de las rosas

¿Qué hacemos con el gato?

¡Usted sabrá que hacer yo no lo quiero en mi casa y menos muerto!

Bueno, eso de muerto habrá que preguntárselo a él; más bien digamos asesinado.

¡LLéveselo de una vez! Gritando para que no ver lo que ella ha realizado.

Cogiendo el gato por el rabo para no llenarse las manos de sangre, lo mete en una bolsa que él llevaba en sus bolsillo y sin haberlo recogido ve qué el suelo están los casquillos de la balas y estas también las recoges y le pide a la señora algo para limpiar la sangre del pobre animal.

¿Puede darme un trapo para limpiar el suelo, o prefiere de se lo deje manchado?

La señora va por una toalla y se la da sin mirar al pobre gato.

¡Tenga usted!

Gracias.

Una vez ha recogido la sangre de este pobre animal y limpiado la mancha del suelo se dispone a marcharse.

¿Qué piensa hacer con mi gatito?

¿Usted dirá que es lo que prefiere que hagamos?

Lo puedo quemar, enterrar, triturar o dejarlo para que se lo disequen.

¡Qué horror!

También le puedo hacer una tumba en su jardín, a si, cada día le puede poner unas flores.

No: mejor se lo lleva, ya compraré otro.

¿Qué le debo?

Lo que quiere darme, a mí esto lo único que me ha hecho es perder tiempo en mi trabajo.

Sacando unos billetes de cien euros se los da en su mano  para que le dé una buena sepultura de su pobre animalito.

Cuando él ve la cantidad de dinero que le ha dado le dice a la señora.

¡Cuando usted me necesite, estoy aquí noche y día a su lado para que no tema de nada; yo la cuidaré; pero no ha de coger la pistola por  si a caso no valla ser que se equivoque por casualidad!

Sonríe y dándole la mano se despide de ella.

Si alguna vez me necesita ya sabe dónde encontrarme. Cuando se va marchar saca de su bolsillo una tarjeta y se la entrega.

¡Limpieza en general: el barrendero!

Se lleva la bolsa, coge su escoba y se marcha cabizbajo pensando en la cantidad de dinero que le ha proporcionado este pobre gato.

¡Sería mejor trabajar para ella a si no tendría que estará en la calle pasando frío o calor!

Antes de llegar a la reja de la entrada ve que la cancela está cerrada, mira para atrás  buscando a la dueña para que le abra la puerta de salida; antes de poner sus pies cerca de esta se abre y por un pequeño altavoz que tiene en uno de los pilares se escucha la dulce voz de ella.

¡Gracias por todo, buenos día tenga usted!

La bolsa en su mano, la escoba en la otra y en esto llega un policía y le dice.

¡Levante las manos, no haga ningún movimiento en falso!

Suelte la bolsa.

El hace lo que le han pedido él se extraña sin saber que mal ha hecho para que le estén apuntando con una pistola sin haber hecho nada malo.

A fuerza de empujones lo arriman a su carro, antes de que le diera tiempo de meterlo adentro.

La puerta de entrada se abre y en ella aparece la señora.

¡Regístrenle; me ha robado mucho dinero y en sima ha matado a mi pobre gato, aquí le entrego el arma con la cual le ha disparado hasta diez tiros y lo ha dejado frito!

Quiere hablar pero no le dejan; lo amordazan y encima queda apresado de algo que no puede  entender.

¡Yo no he matado a nadie, es ella la que lo hizo y, ella es la que me ha dado este dinero que tengo en mi bolsillo de mi chaqueta!

Le registran y, encuentran casi quinientos euros en el bolsillo que le  ha dicho, ven que es mucho dinero y esto hace que los agentes duden de las palabras de este hombre.

¡Me ha robado! Exclama la señora. Saca de una pequeña bolsa la pistola con la cual han matado a su pequeño gato; se la da a los agentes para que puedan verificar que sus huellas están sobre el arma suicida.

Esta señora enguantada sus manos para que sus huellas no estén sobre esta pistola.

¡Exclama, gritando todo cuanto puede, pero estos agentes creen en las palabras de esta caudalosa mujer y a él se lo llevan arrestado por robo y asesinato de un pobre animal!

En esta vida se cuidan más aun animal que a las personas. El dinero abre puertas y cierra ventanas para que nadie pueda saber la pura verdad de todo cuanto pasa en este mundo donde a vemos muchos más pobres que ricos.

Registran el carro, miran su interior, ven que hay solamente hojas. Los agentes precintan el carro, este se queda sin que se pueda mover, acto seguido se llevan a nuestro pobre barrendero.

¿Qué pasará?

Dicen que la justicia es ciega, que las leyes están para cumplir los escritos y, siempre es a favor con las palabras del poder; contra el infeliz que vive de un sueldo y muchas veces no llega para poder sobrevivir con este.

Cuantas personas están encerradas por una voz que al ser tan dulce nadie puede contra ella y, siempre sufren los que tenemos la voz agrietada sin que nadie se cuide de curar estas heridas que nos hacen sangrar la garganta de tantos gritos que damos en el silencio de la noche.

¡Cuesta menos hacer un crimen que matar a un ruiseñor!

¿Cómo saldrá nuestro personaje de este lío?

Lo podremos leer seguidamente.

El forjador de sueños. José Rodríguez Gómez. El sevillano.

Tercera parte

El barrendero

El perfume de las rosas

Por favor pase usted:

Nuestro hombre pasa al interior de la casa, una vez dentro separa y, es nuevamente la señora la que le pide que pase y tome asiento.

Puede sentarse: le contaré lo que me ocurrió esta pasada noche. Como usted sabe anoche hubo una fuerte tormenta, estaba sola en la casa, vi que una de las ventanas estaba abierta, las cortinas se las Llevaba el viento y una de las Hojas golpeaban en las paredes de mi casa. Sentí miedo, no sabía quien había entrado y viéndome aterrorizada busqué una pistola que guardo para estas ocasiones.

¡Tenía mucho miedo!

Nuestro querido amigo escuchaba el relato de esta mujer, lo que no sabía qué era lo que quería que él hiciese.

Vera usted: usted me ha dicho que puede hacer todo cuanto yo le pida.

Sí: Cuénteme todo lo ocurrido y después veremos qué podemos hacer.

Serían las doce, estaba sentada leyendo un libro de terror, su lectura me daba miedo, y antes de dejarlo, escuché el sonido de la ventana como golpeaba en las paredes de mi casa. Tenía miedo, deje el libro sobre el brazo del sillón y con mucho cuidado y, sin hacer ruido me dirigí hasta la cómoda donde guardo la pistola.

¡Tengo permiso de armas, por ese motivo la tengo en casa!

¿Le vio usted la cara al intruso?

No; yo no le vi; solo sentí el ruido y la sobra de que alguien había entrado en la casa.

¿Fue usted a buscar su arma, la cogió y después cuando la tuvo en sus manos que hiso?

Mire donde estaba la ventana abierta, era de noche y no quería dar la luz para que no me pudiera ver.

Podía ver la cortina que se levantaba con el viento, la hoja de la misma sonaba una y otra vez en la pared, y yo mirando y por más que lo intentaba no veía a nadie. De pronto vi una sombra que se movía lentamente hacia mí y, en ese momento no supe que hacer sino disparar al lugar de donde salía dicha sombra.

Una vez tras los disparo miro usted para ver de quien se trataba.

¡No: medaba mucho miedo!

Usted me ha dicho que se encarga de limpiar todo cuanto le pida.

¡Si, a si es, primero tenemos que ver de quien se trata y, quien es la persona que usted ha matado!

¡Era en defensa propia!

Muy bien pero eso no quita de que tenemos que ver y mira por si usted le conocía o no, a lo mejor en verdad es un ladrón que ha entrado en su casa y viéndose acorralada por el terror usted le disparo.

¿Cuántas veces le disparó?

¡No lo sé, solo sé que mientras tuvo balas fui apretando el gatillo hasta que dejo de disparar!

Bueno: Tenemos que avisar a la policía para que se aclare este asunto.

No quisiera tener que hacer tal cosa, yo pensaba que usted lo dejaba barrido y nadie se enteraría de este atraco.

¿Qué atraco, usted me ha dicho que le disparó, pero no sabemos de quien se trata? Por lo tanto miremos primero y después ya veremos que aremos.

¡A mi meda miedo! Véalo usted mismo.

El barrendero comenzó a buscar entre los sillones que estaban situados cerca de la ventana.

Encontró al muerto:

Señora: puede usted venir para que me diga si es este el muerto que entró por su ventana y si por casualidad le conocía.

¡Yo no quiero verlo, entró en mi casa y en defensa propia le disparé!

De acuerdo: entonces que hacemos con esta fiambre.

¿En estos casos que es lo que usted hace con ellos?

Me los llevo, los quemo o los entierro para que nadie sepa que es lo que ha ocurrido.

¿Y para que yo no esté implicada en este sucio embrollo que hará esta vez?

Lo que usted quiera. Lo podemos quemar como le he contado, enterrarlo sería lo mejor, a no ser que usted me diga otra cosa.

¡No, a mí me da lo mismos, lo que quiero que se lo lleve y haga con él lo que quiera! Le pagare cuanto me pida, si lo quiere en dinero negro o le hago un cheque por el valor que usted me diga, tengo mucho dinero y no hay problema de cantidad.

Se agachó hasta el lugar donde se hallaba el muerto; mirando su cuerpo le fue contando los aguajeros de las balas que le habían dado en todo su corazón, esto le hiso preguntarle a la señora.

¿Había bastante luz en la sala?

¡No me acuerdo! ¿Por qué lo dice?

Mire, mi querida señora, el cuerpo de este tiene diez disparos y todos ellos le han dado en su corazón;  por lo tanto, tiene que haberlo visto muy bien antes de dispararle; a no ser que…

Quedó en silencio, mirando a esta bella mujer la cual estaba bastante tranquila, ya que los nervios los dejo después de no haber visto a la persona que le había disparado y nada menos que los diez disparos en todo su cuerpo.

Venga usted a mi lado y, mire a lo que le ha disparado.

Era la manera de hacer ver a esta mujer que por nada del mundo quería saber a quien había matado.

¿Después de los disparos escuchó algún ruido más, o todo quedó en calma?

¿Pudo usted dormir o Tuvo miedo?

¡No dejo de haber sombras, cerré la ventana y todo quedó en el más absoluto silencio!

Se acerco hasta esta buena mujer que estaba temblando de miedo y, cogiéndola por sus manos la fue acercando hasta el cadáver de la noche.

¡Por favor; no me obligue a verlo!

Venga, no tenga miedo, esto es porque para usted es la primera vez que mata a alguien; cuándo le haya pasado muchas veces como a mí, ya verá cómo entonces no le teme a nada y menos a reconocerlo.

Temblando y, casi llorando se negaba a ver de quien se trataba, nuestro barrendero la trajo hasta el lugar donde se hallaba el muerto y obligándola a que mirase. Ella había cerrado los ojos, no deseaba ver lo que había hecho y cuando la voz del barrendero le dijo casi gritando:

Mire de una vez señora y verá a quién ha matado.

Agarrándole la cabeza obligo a que mirase y cuando vio en el suelo lo que había hecho comenzó a llorar desconsoladamente.

¡Mi querido gatito!

El forjador de sueños

José Rodríguez Gómez

El sevillano.

Segunda parte El barrendero. El perfume de las rosas. Las grandes urbes están muy masificadas y nuestro querido amigo no vive donde nadie se conoce, él como otros muchos habitantes están emplazados en la periferias de esta grandes masas de habitantes. Se levanta a las seis de la mañana para dar comienzo a su trabajo a las ocho que es su hora de comenzar con sus labores de limpieza. A él no le hemos puesto nombre, le dejamos con que se le pueda conocer como el “barrendero”. A mí me gusta ese nombre, a si queda un poco oscurecido su personaje y con el tiempo lo podremos ver en otras de sus facetas. Una vez se la lavado su cara, intentado peinarse ya que su pelo es muy especial, lo tiene muy rizado y le cuesta trabajo entrar el peine por su cabellera ya que además de ser difícil es muy tupido por eso se lo lava y el mismos con sus dedos lo desenreda como puede y a si se encuentra muy bien. Sale de su casa, esta, está situada en la última fila de la barriada donde él vive. Es una casa muy grande tiene un jardín y unas naves ya que él es un hombre que hace todo cuanto se le pide y, además se apaña en todos los trabajos que se le encargan. Coge su carro, mira su interior para ver que está limpio de toda impureza y, al ver que está todo preparado lo empuja para salir a la calle. Es de noche aun no ha amanecido y sin importarle la oscuridad se encamina hasta el lugar a donde dejó su trabajo y para continuar con el mismo. La distancia que tiene por recorrer es casi de cuatro kilómetros y este, al paso de su carro tarda casi dos horas en llegar. La mañana se presenta clara, no se ven ningunas nubes pero estamos en el tiempo que estamos; no te puedes fiar de nada ya que en esta ciudad es muy cambiante y además de esta cerca de la costa mucho más. Le vemos con su paso pausado, el chirriar de las ruedas, él lo va empujando sin correr, sabe que a su hora estará en su puesto de trabajo para eso le pagan. ¿Quién le paga, cómo se gana la vida? En la puerta de su casa hay un letrero que dice: El barrendero S. L. Por lo que hemos leído en el cartel se trata de una persona que es empresario. ¿Barriendo las calles… a si parece? El tiempo nos lo irá diciendo como es y cómo se puede ganar la vida con la escoba y su carro de hojalata. Hoy en día no se puede decir que no a nada y menos en los tiempos que estamos. Dejémoslo hacer su camino y no digamos nada de su forma de ganarse su vida. Parece que las cosas que hace y de su forma de caminar fuese de un sueño, hace el trayecto sin importarles los coches que a su caminar se cruzan con él y este no se acelera por nada, los deja que ellos corran; ya que en esta vida no se trata de correr más o menos sino de saber cuánto tardas en hacer el recorrido y llegar a su hora. Efectivamente a las ocho en punto ha llegado al lugar donde dejo su recogida el día de ayer; acerca todo cuanto puede su carrao a las aceras para no molestar a los coches que circulan a gran velocidad y, para que nada ni nadie resulte molesto ver como hace su labor. Esta barriendo como lo hacía el día anterior. Se abre la puerta de una de las grandes casas que hay en esta zona de la ciudad; sale de ella una señora muy elegante y bien vestida. Es una mujer bellísima, tiene el cabello rizado de un color tan negro como una noche sin estrellas. Su caminar es cómo si esta mujer estuviese andando sobre unas nubes de colores; mese su cuerpo como el viento que mece aun velero en alta mar, De sus labios sale una suave sonrisa y son la mirada puesta en él. Mientras camina va mirando como él está por su labor y no se ha dado cuenta de que ella lo está viendo y desea hacerle algún comentario mientras él recoges las hojas muertas de la calle. Buenos días. Cómo si no fuese con él, este sigue su trabajo, sin darle importancia a las palabras que le ha parecido escuchar. Buenos días señor: Ella al; ver que no se da cuenta le toca la mano y, detiene el movimiento de su escoba, al notar el tacto se queda quieto y mira para ver de quien se trata; ya que no es normal que nadie de esta gran calle se moleste con una persona tan humilde como él. ¿Dígame: que desea de mí? ¿Usted hace toda clase de limpiezas? Sí, de que se trata su petición, le puedo limpiar todo cuanto le este molestando. ¿De todo? Si, puedo limpiar cuanto desee. ¿Puede acompañarme a mi casa; es esta la de las ventanas azules? Ha cerrado la tapadera de su carro, deja el recogedor y se lleva la escoba, cómo si fuse su herramienta de trabajo y es la que al dar los escobazos va dejando el perfume de las rosas. Ella se encamina a la puerta de su casa. Está muy cerca pero antes de entrar en el recinto hay una puerta de forja muy bella, en la misma hay unas figuras de hierros cómo su fuese la entrada al infierno y esto le da mala espina y se queda un poco parado; `pero como e l le ha dicho a esta bella mujer que es capaz de hacer todo cuanto se le encarga, puyes no se para y le sigue unos pasos detrás de ella. La va mirando, está encantado de caminar detrás de esta bella mujer. ¡Jamás en mi vida he visto unos andares tan bellos como los de esta señora y no digamos nada de su magnífico cuerpo. La encantadora mujer se ha dado cuenta de que el está mirando todo su bello contorno, se da cuenta ya que la mirada de este humilde hombre le esta clavando como si fuesen pequeños alfileres y encantada de que su mirada está posada sobre sus encantos. ¿Qué nos trama, el perfume no le afecta, ella sigue su caminar hasta la entrada de su bella casa; sabe que este pobre y pequeño hombre ha caído en la enredadera que le ha tendido? Abre la puerta, le sonríe y espera que él entre en su morada. ¡Por favor: pase no se quede en la entrada ha de pasar y dentro le contaré que es lo que deseo de usted! Seguiremos otro día. El forjador de sueños José Rodríguez Gómez

El barrendero. El perfume de las rosas Un lugar: en cualquier parte de un simple rincón del mundo. Una calle se mi desierta, bajo una fina lluvia qué moja el asfalto, las aceras parecen brillas. Sin que nadie ponga atención a nuestro barrendero. Él sigue ajeno a las pocas miradas de los transeúntes que caminan en silencio sin hacer caso omiso a nuestro personaje. Él ruido de un coche lejano, el silbar del viento que arrecia y, sin distraer su atención sigue su trabajo paulatinamente empujando su carro de hojalata y el chirriar de sus ruedas emiten un sonido estridente; esta es la música que le acompaña cada día y, a cada hora por los rincones del mundo. Nuestro barrendero: Es un hombre de mediana edad, mal vestido, desaliñados sus cabellos color cobrizo y algunas canas se les pueden ver al brillan a la luz del sol que tímidamente sale de vez en cuando; a través de las nubes que no dejan de llorar débilmente sobre su cuerpo. Empuja un carrillo de tres ruedas; este al caminar va dejan do su melodía tras él. Él, en sus pensamientos lo acerca a un lado de la calle. Levanta la tapadera, saca de su interior una escoba de ramas secas, un pequeño recogedor y una espuerta de goma. Barrer es su trabajo: Este lo hace lentamente; escobazos tras escobazos va dejando el suelo limpio de hojas muertas y resecas del tiempo que ha pasado desde que se cayeron de un árbol muy lejano; el cual, seguramente ya no tiene ni una sola hoja porque el viento del otoño hizo su trabajo; para que este soñado las vaya recogiendo. Mirada hacia el suelo, la cabeza inclinada, sus cabellos cubre casi toda su cara, pero se le puede ver sus ojos que miran fijamente el remolino de hojas que gritan en silencio mientras él las recoge con su espuerta de goma y, al meterlas a su interior se escuchan los gritos de estas. ¿Qué nos dicen estas hojas muertas, por qué gritan si ya no tienen vida que las pueda sostener en sus ramas? Se cayeron y van dado vueltas y más vueltas por el suelo, se arremolinan en un rincón de una calle desierta y solitaria que les deja la poca vida que aun tienen sus venas. Conforme va haciendo su trabajo, el suelo queda rallado y con unas estrías que sin haberlas hecho a cosa hecha, al paso de la escoba quedan perfumadas de un olor a rosas muertas. La calle va quedando barrida sin que nadie le haga caso a este viejo barrendero. Las horas muertas en estas calles donde nadie sabe quién es cada cual, sólo interesa seguir viviendo y, nada de lo que ocurre a nuestro alrededor nos preocupe lo más mínimo. En este lugar alguien se muere queda enterrado bajo estas hojas; en un desierto de nada donde todo se pierde, donde todo se termina. Una vez limpio, recoge su espuerta, abre la tapa y, hecha a su interior del carro con su espuerta de goma, sube su escoba, la espuerta y empuja nuevamente hacia otro lugar. Cambia un lugar por otro no muy lejano, está un poco más arriba donde se pueden ver otro montón de hojas donde él tiene que acudir a recoger esta basura que está deteriorando la belleza del lugar en el que estamos. ¿Belleza de un lugar: en este rincón de la tierra, donde nadie se preocupa de nadie y, me llaman el barrendero, el que nadie conoce y al que nadie le da los buenos días? Le llamamos belleza. Qué dicen de este lugar, soy yo al acabar mi trabajos he dejado mis huellas por donde va barriendo mi escoba encantada y tras ellas queda una música que encanta las hojas que recojo y cuando tengo el carro lleno me las levo en una lugar de esta tierra; las entierro y nadie sabe el por qué ni para qué las oculto bajo un manto de tierra que las protege den frío intenso de este otoño infernal. Un jardín escondido, un río que riega las raíces de mis sosales y un sueños de mis nostalgia que se queda en cada barrida que doy con mi vieja escoba a la cual la quiero tanto que el día que ella se muera yo me iré tras ella para que podamos seguir limpiando esta tierra de cosas que ya no tengan valor alguno y, si es un cuerpo que nadie quiera encontrar, también lo limpiamos y tras la recogida queda el perfume de las rosas muertas El forjador de sueños José Roríguez Gómez El sevillano.

Silencio

¡Silencio, solo el viento se puede escuchar, la música ha interrumpido el pasodoble que estaba interpretando, la arena está de luto! Las mantillas lloran de pena al ver el trágico suceso ocurrido en la maestranza. Una persona ha muerto, un torero de prestigio, un joven que prometía ser una de las grandes figuras del toreo. Nadie, nadie se atreve a tocar el cuerpo del torero; está muerto. Los cuernos de un toro han matado al joven y grandioso torero, de sus cuernos chorrea la sangre de este muchacho, era joven, tenía solamente dieciséis años de vida. ¿Cuánta vida le quedaba, ya no puede vivir para decir con alegría he matado a ese toro? Silencio, que ha pasado el viento y se ha llevado la vida de un muchacho que soñaba con ser el mejor de los grandes; ha dejado sobre la arena la sangre de un valiente que venía con el sueño de salir por la puerta de los príncipes vestido de luces y con las orejas de ese toro. Todo es un sueño y los toreros también las tienen y más que otros que lo poseen todo; este muchacho era la primera vez que pisaba este ruedo, sus zapatillas manchadas de sangre son las únicas prendas que sobre la arena están llorando; nadie, nadie se atreve a recogerlas porque que son de un hombre que ha dado la vida para que ellas también fuesen testigo de su gran hazaña y todo ha quedado en una negra tarde de toros que ha manchado el cartel de la puerta. ¿Quién llora ésta perdida, tú, joven enamorada, tú la puedes llorar, eras tal vez la persona que soñabas con ser la esposa de este joven; tú que lo querías a escondidas para que nadie supiese que lo amabas con locuras, tú que te daba miedo verlo ante un toro, tú que nadie sabía que eras su novias? Hoy lo lloras, lo has perdido, se que tú, le digites muchas veces que ese no era su trabajo; y que si no tenias techo te daba lo mismo, y que si no podías ser de otra manera te ibas con él bajo un puente a vivir. El destino no lo ha pensado como tú lo hacías por él. ¿Dime que te queda ahora, llorar, y tu cara, esa cara de virgen preciosa que eres la mujer más bonita que pisaba el ruedo, tu mantilla de terciopelo negro esta manchada de la sangre de tu torero; que piensa de él ahora que ya no lo tienes, dímelo, que puedes decir la mujer tanto lo quería, que era tú la única que en secreto lo amaba, y soñaba con ser la esposa de un joven sin que tuviese que poner su vida ante un toro de esa envergadura, pero fue su destino. ¡No lo crees que fuese su destino, ese fue el camino que él tomo, su destino! ¿Por qué, dime por qué piensas que no era su camino, son tus labios los que no le dijeron; no te vayas de mi lado; que tengo miedo de ese toro, me ha mirado con una mirada que miedo he sentido dentro de mi corazón; me ha dicho que serás viuda antes de haberte casado con él? ¡Ya puedo llorar, ya puedo vestirme de luto, que nadie me diga que no me lo ponga; que era muy joven, que no era mi marido! ¿Que sabrán las gentes de lo que era para mí ese hombre; que sabrán ellos, dicen que se ha quitado la vida para darme lujos; que yo le había pedido, que palabras son esas que yo solamente lo quería a él y no tengo que pedir lujos a nadie y menos a él que lo quería con toda mi alma, que se ha quitado la vida por un sueño que pensaba darme lo que yo tanto necesitaba un casa un bienestar y una vida que me lo había prometido sin que yo le hubiese pedido nada, que solamente lo quería a él y nada más; y ahora que voy hacer si no tengo a quien querer. Vestida de luto he de morir, nada en este mundo me dará los besos que nos dimos los dos a escondidas para que nadie supieses que nos amábamos, y cuentan las malas lenguas que yo lo quería porque quería ser torero y que si un día conseguía ser lo que tanto él deseaba yo sería feliz ya que no me faltaría nada su lado. ¿Y ahora que me dicen de él que ya no está a mi lado? Qué esperan, que me eche otro novio. Eso espera de mí, están muy equivocadas, el luto me ha de enterrar y el tiempo dirá si era verdad que yo lo quería tanto. Él será para mí mientras yo viva, y en su lapida he de escribir con las uñas de mis manos las palabras que me dijo antes de esa maldita corrida. ¡No temas, no has de temer yo no le tengo miedo a ese toro que me ha tocado matar, yo lo he de vencer y le cortaré las dos orejas, saldré por la puerta de los príncipes en hombros de multitud de personas, ya lo veras, y cuando termine la corrida nos casaremos y te he de hacer la mujer más dichosa de esta tierra! ¡Malditas palabras las tuyas, donde estas ahora, dímelo a donde estas que no puedo verte, que te dije, que ese toro me había mirado con la vista de la muerte; y que no lo toreases, te lo decía en la barrera y tu no me hiciste caso, yo, te lo pedí llorando antes de enfrentarte a él, dicen que tu destino estaba junto a ese maldito toro, no es verdad, tu destino era a mi lado, y ahora estaríamos casándonos sí, era lo que tú tanto querías y me dijiste que sería virgen hasta que tú fueses mi esposo; y ahora que he de ser virgen hasta que me entierren y este a tu lado, eso era lo que tú tanto querías; ser mi esposo y porque no lo fuiste antes de esa corrida al menos yo tendría tu sangre dentro de mis venas y recorrerían dejándome al menos un hijo tuyo, que fuses tu retrato. Me miraría cada día de mi vida en sus ojos. No tengas miedo de lo que puedan decir de mí, no me importan las palabras sin sentido, ya que ellos no sabían cuanto yo te amaba. Para mi eras toda mi vida y ya no soy para nadie en este mundo solo te tenía a ti y ya no te puedo tener, que quieres que haga ahora, que llore, ya lo hago, si, lo hago; lloro por ti maldito seas, porque no me hiciste caso de mis palabras antes de matar ese toro que te dio la muerte. Palabras que el viento se ha de llevar pero el tiempo pasó y todo quedo en el olvido pero una persona que dio su vida por él está llorando noche y día, vestida de luto, que pena, vestida de luto camina como una sombra que no sale el sol para ella y nadie le dice nada ya que ella le contesta que está de luto porque la persona que ella quería está muerta, y no la puede tener. Nadie sabe lo que yo te quería, nadie lo puede saber. Ya estoy como tú me pediste, que sería virgen para ti, eso era lo que tanto querías, ya lo tienes, y en tu lápida he escrito con las uñas de mis manos, te quiero hasta la muerte; y si ese toro viniese, yo prefiero, que él me dice la muerte como te la dio a ti, mi amor. Un clavel sobre la arena vida de un sueños. El forjador de sueños…quedó en silencio, llorando por la muerte de ese joven y su novia que tanto lo amaba llorando esta noche y día esperando que un día pueda estar con su torrero de sueños que tanto la quería para que fuese su compañera durante el resto de su vida. Un sueño que no pudo realizarse, por que el asta de un toro segó la

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Borracho Si estoy borracho, ya ves, como

Borracho
Si estoy borracho, ya ves, como me encuentro bebiendo vino, y cada vez me siento mejor, si te lo debo a ti, gracias por ayudar me a ser lo que nunca fui, ahora ya lo soy, si vieras cómo me miran todas las personas cuando salgo de un bar, si, me rio, me rio solo y cuando intento caminar me caigo al suelo todo lo largo que soy, pero es gracioso verme en el estado que salgo, las cosa me dan vueltas y me parece que mi casa está por llegar, no te lo puedes figurar lo divertido que es estar de esta forma, si estar de la manera que yo salgo es muy gracioso, pero lo mejor es cuando me estoy bebiendo un vaso de vino, se me revuelve el estomago al mirar el fondo del vaso, que gracioso te veo, si yo te veo a ti y te vas riendo de mi; al ver la cara de sentimientos que tengo porque de mis ojos me salen lágrimas y muchas veces me pongo a llorar sobre el mostrador, ahora de este bar, pero me da lo mismo que sea en cualquier parte. Cuando estoy arto de beber vino, ya se nota en los ojos, y la mirada es la de una persona que ha perdido el juicio, si creo que he llegado a la locura, nadie se pone a mi lado, todos temen de qué pueda liar un altercado, y al dejarme solo yo me encuentro más a gusto porque a si tengo más sitio donde ponerme, te lo tomas abromas, pues no lo es, si tengo toda la barra para mí solo, si es gracioso ver como las personas me dan de lado, y cuando se juntan unos cuantos me llaman loco, si loco, por qué no lo sé, por qué será, que sepa yo no estoy loco, pero por algo se ríen de mi. ¡Loco, si, loco y tú tienes la culpa de que me llamen loco! Tú eres mi perdición, eres el licor que emborracha mis sentidos, y cuando te estoy bebiendo el cerebro me dice que es por tu culpa, ya que si no te hubiese marchado de mi lado yo no estaría loco. Cada vez que levanto mi vaso el mundo me da vueltas, mi cuerpo se va emborrachando de veneno. ¡Eres tú ese veneno, que al entrar por mi boca se hace amargo como si yo me bebiera un licor que al pasar por mi cuerpo estuviese bebiendo fuego que va quemando mi garganta hasta hacer de ella una herida que arrasa con mi persona y hasta que no me tira por los suelos, no dejo de beber ya que siento que tú eres la culpable de todas mis desgracias! El día que no esté borracho, que lo dudo, pero puede ser que un día no lo esté, y ese día voy a escribir lo que entre tú y yo ha pasado, contaré los malos momentos que he sufrido y cuantas cosa tu hacías con otros mientras yo desgraciado de mi trabajaba para que tú te comprase cosa y mientras te acostabas con otros, y yo sin saber nada. ¡Sera por eso por que cuando llego a un bar, los hombres se burlan de mí, yo pensaba que era por las borracheras que pillaba, claro era porque ya sabían lo que tú estabas haciendo con otros, se reían por los cuernos que me ponías! ¡Nadie se apiada de mi, ni porque soy un hombre desgraciado por haberte tenido por esposa! ¡Cuando te vea pasar del brazo de tu nuevo hombre, te voy a saludar, y también le daré la mano a tu novio, y le daré la en hora buena por tenerte de mujer a ti, seguro que será feliz, cómo yo lo fui durante el tiempo en que no sabía nada y cuando lo supe ya ves lo bien que me encuentro! Solo si solo, es como me encuentro, bien vestido, sin manchas, con la ropa recién planchada, con las camisas recién lavadas; no era cómo tú querías que yo fuese siempre, con la ropa que pareciera que era nueva, ya lo ves como voy, de la mejor manara que puedo caminar; de lo de mas, que me importa a mí. Que estoy sucio, bueno, que llevo la ropa rota, bueno, que estoy sin peinar, pues que no me miren, a si estoy de lo mejor que nunca he podido estar, ya ves como cambian las personas, quién me ha visto y quién me ve. ¡Tú dirías que estoy loco, mira que ir por las calles donde me ven las personas! ¿Qué dirían de mí? ¡Que digan lo que les de la gana, ahora estoy soltero, como tú estás con otro, yo he de estar soltero, si estoy solo he de estar lo mejor que puedo! Y lo mejor es estar todo el día borracho, si es muy…

La barca.

 

Lluvia, viento, barro, fuego, besos, llanto. ¡Quisiera ser tu dueño y soñar cada noche que en mis brazos yo te tengo! ¿Te acuerdas, cariño mío, cuando descalzos sobre la arena del mar yo te tenía en mis brazos y tú mirabas al mar; mirabas como las olas venían, como las olas se van, me preguntaste llorando? ¿Cuando vuelves, si te vas? ¡No quiero irme, quiero quedarme a tu lado, temo que la distancia sea tan larga, que la lluvia borre mis huellas y que el llanto de tus ojos se cansen de esperar, y yo en tierras lejanas bajo el barro del camino enterrado entre fuegos me vea sin ti, que sería de mi, si no pudiese encontrar el camino de vuelta que nos conduce a la mar! ¿Te acuerdas de aquella barca y del pobre marinero que mientras tejía sus redes lloraba con desconsuelo? ¡Ya le temblaban sus manos, blanquecinos sus cabellos, con las redes entre su aguja, las cosía casi ciego, temblando miraba al suelo sin acordarse de ná! Pobre viejo marinero ya se muere sin soñar; que su tierra está muy lejos y no la puede alcanzar. Encendía un pitillo y en sus labios arrugados, se consumían sus sueños y apagado se le caían, llorando en su silencio. Miraba la lejanía, sin saber por qué; sonreían. ¿Le quedaban sus recuerdos? Miraba lejano al cielo y no lograba ver lo que tanto le costaba saber, por qué se marchó un día de su tierra lejanía para morir sin saber qué de la distancia lo traía a morir en soledad. ¡Qué vieja esta mi barca, que vieja está, que no puedo, ni tan siquiera llevar entre las olas mis besos Sigue leyendo

Lento caminar

 

Lento caminar quiero, no me hagas correr, que no puedo, vete tú si lo deseas, ya te alcanzaré si puedo, y si no; no temas que el tiempo me llevará a tu lado; y entonces me dirás, no corras que yo te espero y no te dejaré jamás. Caminos que hace el hombre detrás de una mujer, por amor, sin saber el por qué, está detrás de ella cuando la llega a querer, que camino tan estrechos que no me deja correr; y si me salgo de él hasta me puedo caer. Eres joven ya lo ves. ¿Y tú cuántos años tienes? ¡Qué sé yo, ni lo sé, soy tu dueño, tu caminas ligera y yo a paso lento, los dos llegaremos al sitio sin correr al mismo tiempo! ¡Qué extraña es la vida, cuantos camino se hicieron, cuantas huellas se quedaron en mitad de los senderos, y tú me dices a mí, que corra, para qué quiero correr si el tiempo lo marco yo, yo soy el reloj del sueños, y en tu vida soy tu dueño, a si, que si quieres correr por mí que me esperes cuando llegues, yo estere sentado esperando tu regreso! Tú has de mirar que yo tarde, a si vivirás más tiempo, el camino que recorras, recuérdalo para el tiempo, por si vuelves a vivir y no encuentras el sendero té puede morir sin mí, mira que yo te quiero pero no puedo vivir sin esta maldito reloj que he de marcar el tiempo que nos queda a los dos. A paso lento quiero llegar, y cuando quieras parar, te paras, que yo no tengo prisas por nada, la distancia no es muy larga, y sí caminamos despacio más tiempo te puedo amar. ¿Qué tiempo nos quedará para que vivamos juntos sin importarnos de andar? Huellas tiene el camino. ¿Cuántas personas lo hicieron antes que nosotros; qué se yo, a ti te importa cuántas fueron, porque a mí ni lo quiero saber; ya que yo si soy quien muero, para que quiero saber, si otros vinieron luego; para hacer el camino y en ellos se perdieron por ver quién de los dos, llegaba, a ser primero. ¡Anda siéntate y descansa, no tengas prisa en llegar, tiempo hay en este mundo para saber lo que nos espera cuando seamos el polvo de este camino que nos llevará hasta el cielo Sigue leyendo