Mujer

Mujer: parte que al hombre le hace falta para ser todo cuanto ha pensado en esta vida. Felicidad completa y sueños realizados por un solo motivo, el de poder amarte cuanto deseo en este mundo. Ser lo que eres sí, solamente haber nacido para mí ya me hace ser el hombre que te ha visto nacer, cuando tú eras una niña muy pequeña yo te quería, terminabas de nacer y comprendía en que un día serias para mí; eras un sueño que yo al verte me enamore de ti sin saber el por qué, pero nadie supo el sueño que penetro en mi mente, cuando marche de tu lado tus lindos ojos se quedaron grabados en mi cerebro, que fue lo que yo había sentido con solo verte, que podría pasar si llegase el día en que yo pudiese ser para ti; lo que yo deseo de ti para que seas mi mujer amada. ¿Piensas que es un sueño, no lo puedes creer, si, te creo pero como podemos estar en la distancia sin vernos, sin sentir el viento a que nos da en nuestro cuerpo, soñamos cosas tan distintas que parece mentira que yo siendo un hombre joven pueda espera hasta que tú seas toda una mujer? ¡Te vi, sentí que mi corazón estaba enamorado de una pequeña niña de acababa de nacer, el tiempo pasa volando, tus labios se hacen bellos, tus ojos esos que una vez que te había visto no podía olvidarlos por más que yo quisiera, tú te habías quedado grabada en mi corazón! ¿Tú qué piensas de mi, crees que yo estoy loco, si te creo, sé que no puedo estar bien y cuando te veo corre por las calles y jugar con tus amigas, pienso que el tiempo corre lentamente, no pasa como yo desearía, tal vez no pueda llegar a ti? Somos dos gotas del rocío que sobre una hoja de una rosa se resbala y se cae sobre otra hoja que se va mojando con el llanto de mis ojos. El sonido que hace al caerse me da miedo sentirlo ya que siento no poder ser esa gota que humedece tus labios. Eres una niña que va creciendo, tus cabello se hacen largos y se te rizan por las puntas y es muy bello, el color de tus lindos cabello es de un color que nadie lo tiene, no es ni negro, ni azul, es brillante como las alas de un cuervo. Tú estás creciendo, yo sigo siendo un hombre joven para ti, pasará el tiempo, seré algo mayor que tú. Guardo silencio al verte, sigo enamorándome cada vez más de ti, lo siento pero es lo cierto, no puedo hacer otra cosa que esperar que el tiempo me de tus ojos y todo tu ser para que yo sea tu dueño y un día cuando pase ese tiempo seré para ti, el que desde que las nubes pasaron sobre tu bella cuna ha llovido mucho, pero cuando se quiere de corazón no importa que haya pasado una eternidad. Suena un piano, su melodía es la que a ti te gusta, tus manos acarician las teclas de ese imaginado piano, tú, haces sonar el sonido de unas notas que se esparcen por el viento, lo0s sueños de esa melodía es para mí el correr de la sangre que riega mi corazón, que siento cuando se escucha las teclas bajo tus finos dedos y hacen que yo no pueda dejar de llorar al saber que eres tú la dueña del viento que acaricia mi llanto; se crea entre los dos un alazo invisible que nos une en un lugar donde la luz y las estrellas están a nuestro alrededor, en el cual nadie lo puede tener. ¡Luceros en la noche, estrellas fugases que me traen noticia de tu corazón que lentamente va creciendo, y yo en las sombra de tu pensamiento voy creando un entramado que al final yo mismo quedaré enredado en él! ¿Qué grande es el amor que yo siento por ti, no te lo puedes imaginar, tú tan siquiera el saber quién soy, vivo en lo más oscuro de ti? El amor que ciento, hace que a mí me gusta, no puedo descifrar entre las notas de tu viejo piano, es la locura de una mente que está destrozada y no sabe adónde recurrir, para que yo pueda cantarte la letra que hace que esa canción se la lleve el viento y se mezcle entre las ramas que enredan mis sentidos. Han pasado los años, si, te recuerdo cuando eras tan pequeña que si se lo contase a alguien me diría que mi locura está al borde del abismo. Puede ser que yo haya pensado solamente en mí; y tus propios pensamiento no he contado con ellos. ¿Qué dirán de mi cuando sepan lo que he tramado en hacer de ti una mujer que sin saber que yo en la distancia de tu vida haya esperado cuanto ha pasado desde que te vi por primera vez? ¿Cuando tú fueses mayor te gustaría que yo fuese tu marido? Es una pregunta al viento, son unas notas que salen de tus manos, son loa acaricia que haces sobre las teclas blanca que contienen el secreto de la melodía que corta los sueños de mi vida. ¿Qué dirán de mi, que será de mi alma, el silencio está entre tú y yo, hace que mis pensamientos se desborden por los altos lugares que he recorrido mientras tú crecías en las luces de tu bella juventud? Eres ya una bella mujer. ¿Tengo derecho de ti, no puedo saber que dice tu corazón el que tiene dentro de tu cuerpo, es algo que veo y temo acercarme un poco, las sombras de mi cuerpo están tan cerca de ti que noto tus latidos como retumban en mi sueños y parece que los pensamientos de tu corazón son tan dulces, que mi llanto se hace tan débil que no tengo el valor suficiente para ser lo que tanto he soñado? El viento acaricia tu cuerpo, el puede ser tu amigo, lo dejas que sea él el que pueda rozar tu cara, besar tus labios, y acariciar todo tu bello cuerpo, sin que le puedas decir no lo hagas, no soy tuya. Yo entre los rayos de la luna me escondo, entre las sombras de tu vestido, entre los pliegues de tus enaguas, siento que tu respirar, es el mismo aire que yo percibo en mi corazón herido, caigo sobre ti sintiendo que muero por los días que he pasado esperando que tú te hiciese mayor, ya lo eres. ¿Ahora es cuando tengo miedo de acercarme a ti? La belleza que desprende es algo que siempre supe de ti, si, lo sabía y cuando en mis pensamientos se iba creando la mujer de mis sueños, yo en las madrugadas de mi silencio creaba tu figura y tu belleza sobre un molde de cristal. Eras la mujer que siempre soñé, es el momento de hacer de mi mente el lugar donde te tuve encerrada y te he dejado que fueses lo que ahora eres, toda una belleza, pero mis años ya no son los que tenía cuando te vi por primera vez, has cambiado tanto que no se si tengo la suficiente fuerza como para tener el valor de presentarme a tu lado. ¡Estás sola, miras a los pájaros que vuelan a tú alrededor, notas que alguien te está mirando desde muy lejos, pero tus sentidos lo saben! Es el momento que tanto esperé, he de acercarme, camino lentamente, mis pasos están tan cerca, que ya puedes sentir que la persona que te estaba mirando sea atrevido a presentarse ante ti.-¡Hola soy el dueño de tus sueños! -¿Cómo que usted es el dueño de mis sueños, no puedo comprenderle señor, acaso está usted loco? -¡No, soy parte de tu vida, he sido la persona que te ha visto crecer, cada día que ha pasado desde que tú naciste, yo te he estado esperando a que llegase este momento; hoy lo es, se que usted dirá que mi locura es tan grande que me salgo del infinito, si, puede ser, pero yo le puedo contar como ha crecido en mi mente cada segundo de su bella vida! -¿No le conozco de nada, cómo puede decir que me ha visto crecer y yo no lo he podido saber, esto es una locura, me lo tendría que contar para que yo pueda saber a qué atenerme de usted?- ¡Si, para eso he tenido el valor de acercarme, es usted tan bella que no se si yo puedo ser la persona que usted merece! -¡Puede intentarlo si lo desea!- Si tus palabras me dan ánimo para intentar explicarte toda tu vida. -¿Nos sentamos? -¡Si sería lo mejor! Sentados bajo la sombra de un árbol, es la que nos protege; la mira y ella esta mirándome extrañada por las palabras que yo le había dicho. -¡Tengo algo de miedo, si lo siento en mis propias manos que me tiemblan! Unos segundos de tiempo perdido que si había esperado tantos años para llegar a este preciso momento, es la hora de hacer lo que yo había creado dentro de mis propios pensamientos, ella está sentada a mi lado, esperando que yo le explique todo cuanto he soñado. Sentados uno al lado del otro, nos quedamos mirándonos sin decir esta boca es mía, hasta que yo el que era y que tenía la obligación de comenzar a contarle todo lo sucedido. Ella me miraba impresionada de lo que yo le acababa de decir, esperaba una explicación detallada de todo cuanto había sucedido entre ella y yo. -¿Isabel cuando era muy pequeña, yo estuve en tu casa una vez habías nacido, estabas acostada en tu cuna, tus manos en tu pequeño pecho apoyadas sobre las sabanas de encajes que tu madre te había puesto; yo entre porque tu padre y yo, éramos amigos, hace mucho que no voy por tu casa, pero aquella vez sí que estuve; y fue porque tu padre nada más me decía que había tenido una niña que era la niña más preciosa de este mundo, y tanto me lo dijo que fui. -¿Por qué fue a mi casa? -¡Para verte! ¿Y qué le parecí, le gusto lo que vio? – ¡Mucho, fíjate si me gusto que nada más verte me dije; esta niña ha de ser para mí! – ¿Pero qué edad tenía usted? -¡Yo tenía diez y siete años! –¡Y me dice usted que le guste para que fuese su mujer! –¡Sí, eso fue lo que paso! -¿Y por qué no ha vuelto a mi casa desde entonces, han pasado muchos años, he crecido y he terminado mi carrera? -¡Si es cierto, se que has estudiado medicina, y que has tenido muy buenas notas! -¿Sigues tocando el piano? -¿Si, cómo lo sabes que yo tacaba el piano, si no ha estado en mi casa desde que era muy pequeña, cómo puede saber lo que yo hacía? -Yo pasaba por tu puerta, no podía entrar ya que tu padre y yo dejamos de vernos, yo, me marche al otro lado de la ciudad y ustedes os quedasteis en la misma casa, pero yo seguía pasando cada día, para verte como ibas creciendo. -¡Es extraño que yo no lo hubiese visto alguna vez! -¡Me acuerdo, un día que tú estabas jugando con tus amigas y cuando yo pase en eses mismo momento tú que jugabas a la comba tropezaste y te caíste, pero pos suerte no te hiciste mucho daño, pero sí que te rozaste las rodillas, por lo cual tú una vez te levantaste fuiste corriendo a tu casa y tu madre salió para ver que te había pasado! -¿Por qué venias a verme? — ¡Tenía la obligación de verte, para saber cómo ibas creciendo! -¡Si pasabas para verme! -¿Me puedes decir de qué color era mi, vestido? -¡Sí, era de color celeste, tenia cuadros azules y el cuello blanco! -¿Cómo tenía el pelo? -¡Tenias un pelo precioso! -Si lo sé pero no le he preguntado si era bonito o feo, le he preguntado como tenía el pelo. -¡Tenía el pelo de color de las alas de un cuervo, tus cabellos era de un color azulado, largo y brillante, te llegaba hasta la cintura, en una de los lados, llevabas una trenza que te hacía que fueses la chica más guapa de todas las que estabais jugando! -¿Y cómo tienen los cuervos las alas? -Los cuervos tienen sus alas de color negro, pero, tirando azul, son preciosas es lo más bonito que tiene ese animal. -¿Me compara usted con un cuervo? -¡No por dios, yo no la puedo compara con un pájaro, y menos a usted!- ¿Dígame, cómo se le ocurrió tal cosa de mi, y por qué le guste tanto para hacer esa promesa con migo, si yo estaba en la cuna, había pensado que yo sería para usted, como podía ser una promesa de esa índole; si yo estaba en mi cuna, siendo tan pequeña usted llega y se promete con mi persona; para que al cabo de unos años, que se dicen pronto unos años que ya han pasado, viene y me dice tal cosa, lo cual creo que es una locura hacer tal promesa? -¡Lo sé, era una locura, pero, cuando le vi sus ojos, fueron los que me dijeron que mi corazón estuviese alegre y que tú serías mi mujer al cabo de unos ven ti y seis años! -¿Sabes cuantos años tengo, sabes que tengo novio, que me dices ahora, si ya estoy prometida, que espera que yo haga, que rompa con él, para casarme con usted? Las palabras de ella se calvaron en mi corazón, yo me sentía herido y estas palabras, se fuero aprovechando de mi cerebro, las cuales imposibilitaron todas mis preguntas, no sabía de decir, sin tener aliento me quise levantar del asiento que yo esta junto a ella al sentir tales a afirmaciones, las que yo no tenía ni la menor idea de que ella tuviese novio, pero cuando se lo había echado, si yo estaba al corriente de todo, no podía ser tal cosa, me tenía que estar engañando porque yo habría tenido la precaución de saber que ella salía con algún chico de la universidad donde estudiaba. Mi cara se transformo en mármol, al enterarme de tal cosa; y ella se dio cuenta y siguió dándome lata con las palabras de que estaba prometida, que se iba a casar pronto, y que ya tenía casa para vivir cuando se casara. Yo no sabía por dónde salir corriendo, estaba avergonzado de mi promesa, por primera vez en mi vida me daba cuenta de la locura que yo había cometido con esta mujer, la que yo quería tanto y que desde que era pequeña ya era yo su prometido, pero en qué estaba yo pensando que un día me haría feliz. Sin decir nada más incline mi cabeza mirando al suelo, no sabía que decirle, en pocas palabras, yo estaba totalmente confundido conmigo mismo. Escuchadas estas frases de ella, y al no saber que ella tenía novio me quise levantar, ella se sonreía al ver que me había quedado de piedra, mi cara era un poema y la tristeza inundo mi corazón de tal manera que de mis ojos salieron dos lágrimas que brotaron y recorrieron mis mejillas, ella con sumo cuidado me las limpio de mi cara, se extraño al ver que estaba llorando como si fuese un niño de su misma edad cuando yo estaba totalmente seguro que sería para mi, que burla y qué tontería había cometido durante ven ti y cinco años, esperando para nada. Al ver que de mis ojos seguían cayendo lágrimas ella me dio el pañuelo para que me las secase yo mismo. -¡Jamás he visto a un hombre llorar por tan poca cosa! -¿Tan poca cosa dice, le parece poco lo que me ha dicho? -¿Cuántos años tenía usted cuando se hizo esa promesa? -¡Yo, tenía, diez y siete años, eras joven y pensaba que si nos casábamos cuando usted tuviese ven ti y cinco, yo tendría cuarenta y dos! -¡No es viejo, me parece una buena edad para mi, si creo que sí que tiene una buena edad y también tiene un cuerpo muy agradable para que sea mi marido, pero ya sabe lo que hay! -¡Qué levamos hacer, si ha llegado tarde! Nunca, hasta entonces mis manos siempre había sido firmes, pero al escuchar tales afirmaciones me temblaban mis manos como si fuese adarme un ataque de ira, esperaba que ella no se diera cuenta de eso. Una vez levantado, y mi sombrero en mis manos y quise despedirme de ella, que menos podía hacer si como ella me decía yo había llegado tarde después de haber esperado tantos años de mi vida, me parecía que había cometido el error más grande de toda mi vida, y ahora, con los años que ya tenía a quien buscaba para que se casase conmigo. Le alargue mi mano para despedirme de ella, ella se quedo mirándome y me dijo. -¡Lo siento mucho por usted, es una preciosa historia que jamás pensé que a nadie se le habría ocurrido hacer tal promesa con una niña! -¡Yo también lo siento el haberla molestado con mi historia, pero no podía dejar de contársela, ya que para mí era tan importante, que los sueños de las personas a veces se hacen realidad! Medio su mano y al sentir que su piel estaba sudando de frio; le apreté su mano contra la mía para que entrase en calor, ya que ella tenía su piel helada, no podía comprender el por qué. Miro mis ojos, se dio cuenta que yo había dejado de llorar, ya me encontraba mejor de los nervios que había pasado, al contarle mi historia, esto le dio alegría a ella. Al saber que por fin estaba en mi sitio, y que los sueños los había dejado marchar de una vez. Cogida de mi mano ella se encontraba muy a gusto y al ver que yo no la soltaba me dijo. -¿Quiere quedarse con mi mano, si le gusta se la doy, que le parece mi oferta? -¿Cómo dice, que si me gusta me la das? -¡Sí , me parece una historia muy bonita, me ha gustado mucho ya que no sé cómo es usted, pero su cara me suena y sus ojos también, yo creo recordarlo, quiero hacer memoria y pensar en todo cuanto me ha dicho, antes de casarme con nadie! -¡Entonces le parece que tengo algún pequeño deseo por su parte para que yo pueda ser lo que tanto he deseado en esta vida!- Sin soltarse de mi mano, se levantó, y siguió con mi mano cogida a la suya; una vez puesta de pies ella se acerco a mí y me dijo al oído. -¡No llores nunca más que jamás había visto a un hombre llorar, y mira por donde tú has venido a mí para explicarme tu vida, y yo sin haber sentido nada; y no tener la menor idea de que un hombre se le podía haber ocurrido pensar, ni por loco que estuviese de hacer tal promesa con una niña en su cuna! Sus palabras no me las podía creer ya que me había contado tanto de su novio, que yo la creí, y ahora ella misma me daba la posibilidad de ser lo que tanto había deseado. Sin soltar mí mano se agarro a mi brazo y me preguntó. ¿Adónde vamos, señor? -Usted dirá, ya que usted fue el que se prometió a mí siendo una niña recién nacida, le doy el derecho a llevarme adonde le guste al, señor. El cielo se puso de color de rosas, mis ojos se llenaron de lágrimas de alegría, mi sonrisa al saber que ella me había aceptado, yo estaba radiante de emoción y cogiéndola por su brazo nos fuimos caminando bajo las hoja de aquellos árboles los que tanto había visto cada vez que iba a verla, y ver como estaba creciendo, yo nunca perdí la esperanza de ser lo que le había prometido, jamás perdí ninguna esperanza de tener entre mis brazos su cuerpo y decirle te quiero vida mía. Sin darme cuenta sonreí y ella que me estaba mirando se alegro de que por fin me saliese una sonrisa de mis labios, extrañada me pregunto. -¿Me puedes decir de que te ríes? -¡Si te lo puedo contar si tu quieres! -¡Cuéntamelo por favor que nunca había escuchado tu voz pero me gusta tanto que deseo seguir escuchándote para el resto de mi vida!- ¡Anda, cuéntame por qué te sonríes! -¡Si, te lo voy a contar ya que lo deseas! -Cuando tú estabas en la cuna, al verte me habías gustado tanto como para hacer esta promesa, pues me dije para dentro, ajo mi niña, que linda cara tienes, un día te daré de besos que me desquitare de los que hoy no te puedo dar, a si que hasta cuando seamos novios y estemos a punto de casarnos, hasta entonces mi niña, ajo; -¡Y me está sonriendo, que cosa tan bonita tengo por novia! El forjador de sueños, pintaelsevillano.com
 
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