Hojas muertas

¿Sabré llorar el día que tú me dejes, cómo podre olvidar las noches que pasamos, los besos que nos dimos, la veces que hicimos el amor en aquella habitación tan humilde y fuimos tan felices los dos, que parece que fue ayer cuando nos casamos, recuerdo que era un día entre semanas, ya que no teníamos nada más que aquel humilde cuarto donde dormíamos y vestirnos ya que la pobreza nos hacia estar en aquellas condiciones? ¡No fue ayer cuando tú viniste a mí pidiéndome que fuésemos marido y mujer! ¿Entonces cuando fue que ya no me acuerdo? ¡Tanto, tanto tiempo hace que nos casamos! Yo creí que hacía menos, ya que lo tengo tan en mente que pensé que hacía pocos años. ¡Cómo pasa el tiempo, si cómo pasa, parece que fue ayer cuando éramos unos jóvenes, que cogidos de las manos paseábamos por el parque, las miradas de la gentes al pasar por nuestro lado nos eran indiferentes, ya que para nosotros nada más existía el amor y lo que realmente necesitábamos para ser lo feliz que nos daba la vida! Tus labios eran para mí el tesoro más preciado de aquellos momentos, en el silencio del parque tu voz era la melodía para mi corazón y tus miradas eran el bálsamo de mi vida, eras en verdad el tesoro que más podría querer si te tenía a ti a mi lado, el canto de los pájaros se escuchaban entre las ramas de los árboles que cubrían de sombra el parque que nos vio crecer como hombre y mujer. Pasó el tiempo, si, ya sé que pasó, pero ha corrido tanto que no he podido retener mis pensamientos un momento de mi vida. Y ya no me queda el recuerdo de los años vividos. Ya es tarde, el sol se ha metido y las sombras se apoderan de la luz del día, la noche se avecina y la noche me dan miedo y, no se adonde meterme ya que la soledad en la cual tú mi amor me has dejado; es para que yo sienta miedo al no saber adónde estas. Por más que deseo saberlo mi mente no me da la razón de haber sabido que el tiempo que pasó y que tú siendo más joven que yo, te has marchado de mi lado. ¿Por qué, dime por qué, sabías que yo había deseado ser lo que tanto tú me habías pedido que yo fuese para ti, y lo fui no es cierto? Ha pasado el verano, tú te has ido, y a mí me has dejado en la más tenebrosa oscuridad. ¿Qué piensas que puedo hacer ahora, dime, tú que tanto me querías, que puedo hacer, lo sabes y no me lo dices, por qué, es que ya no me quieres, o es que ya no te importo, acaso no soy el mismo que el primer día que nos vimos? ¿No te acuerdas, era un día de invierno, bajo la lluvia nos tropezamos, yo, casi me caigo, tú me pediste perdón y yo sin poder articular palabras me quede mirándote como si me hubiese embrujado con tu mirada? Que fue lo que paso después, no lo recuerdo, pero sé que fue algo que nos hizo sonreír y cuando yo vi tu bella sonrisa, quise corre y no pude, quise reír y de mis ojos salieron dos lagrimas de alegría que sentí al conocerte, eras para mi, fue lo primero que pensé, y a si fue, es cierto, pero el destino nos deparó que fuésemos las dos personas que al mismo tiempo se habían enamorado con solo una simple mirada. Fue tan bello que durante casi una semana tardamos en vernos de nuevo. Esta vez fui yo el que sin tropezar contigo te vi; salí corriendo y al llegar junto ti te pregunte si te acordabas de mí. Tú me miraste, bajaste la cabeza y me pediste perdón por haber tropezado conmigo ya que si por poco me caigo. Lo primero que te dije fue. ¡Yo no tengo nada que perdonarte, al contrario, yo te doy las gracias por el tropezón que nos dimos, porque gracias a él nos habíamos conocido aunque fuese de una forma poco habitual! Te pregunte. ¿Me permites que te pueda acompañar, para mí sería un deseo de ser tu compañero de camino, a si podemos hablar de las cosas que a veces pasan en esta vida? Tú sonreíste, y yo también lo hice pero aquella sonrisa tuya me dejo con las ganas de ser para ti el resto de nuestros días. ¿Cuántos años han pasado, y cuantas cosas tenemos para contarnos? Son las siete de la tarde, es casi de noche. El viento ha comenzado a soplar, los cristales de las ventanas hacen ruido y parece que se romperán si no afloja el viento. Es final del Verano ya está aquí el Otoño, con sus vientos y sus lluvias, este verano ha sido poco lluvioso pero ahora llega el tiempo de que las tormentas se hagan sentir. ¡No me gustan las tormentas, no es que yo les tenga miedo, sino que sus lluvias son demasiado fuertes y si me coge en la calle seguro que cuando llegue a casa es tare chorreando por completo! ¿Quién me secará la ropa, quien tendrá el brasero encendido, ya no queda nadie, nuestros hijos se marcharon cada uno con su pareja y salieron volando por que a ellos les pasaba como a ti y a mí nos paso? Se fueron a sus nidos volando, parecía que ya los habíamos echado de nuestro lado, cosa que no era cierto ya que éramos felices al tenerlos a nuestro lado, pero ellos querían estar solos, para hacer lo que se les antojase y cada uno con su pareja hace lo mejor que desean. Esta noche cuando me acueste te contaré lo que nos pasó aquel día que nos fuimos a bautizar a nuestro primer hijo, te acuerdas. Sentado en la mesa donde los dos comíamos, está vacía, yo no sé adónde mirar, estoy sólo, tengo miedo, sí, te lo digo de todo corazón, tengo miedo de ti, a no ser que tú me digas lo contrario, porque la soledad siempre me ha dado miedo y ahora que estoy sólo me siento intranquilo de estar de esta forma. La casa está vacía, los muebles me hablan de ti, que les digo yo. En esta soledad la cual me abruma y me acongoja, sé que soy mayor para tener miedo, pero es que los truenos de las tormentas que ya han comenzado, es para que yo no estuviese de la forma en la cual estoy en estos momentos. Después de este largo otoño viene el invierno, que será de mí. Prefiero que me ayudes a irme a tu lado, no ves que no sé hacer de nada, tú eras mis manos, mis pies y todo mi corazón, yo no tenía que estar aquí, no, yo me tenía que haber marchado contigo, a si estaríamos los dos juntos, que era lo mejor que nos podía haber pasado ya que siempre estuvimos juntos. ¡Cariño ha dado un trueno que se ha apagado la luz, antes del trueno, dio y rayo que iluminó toda la casa! ¿Eras tú verdad la que dio ese rayo, tú deseabas que yo te viera? ¡Estás tan guapa como siempre estuviste, ahora sé que no estoy sólo, ya que tú me has dado la muestra de que estas a mi lado! Cuando mañana salga a la calle a por algunas cosa para poder comer, te contare lo que me pasa cuando camino sólo por las calles, creo que vamos los dos como siempre fuimos a comprar, pero no es cierto, lo sé no es cierto ya que cuando miro a mi lado no puedo verte y entonces me doy cuenta de que la soledad se ha apoderado de mi. Son casi las nueve, hace rato que me levante, no podía estar en la cama ya que no estaban las sabanas calientes, y el frio se había metido en mi cuerpo, y pensé, mejor será que me levante ya que esta forma de estar sin poder dormir es mejor levantarme y a si puedo arreglar un poco la casa. He salido a la calle, el frío es intenso, y el viento esta arreciando por momentos, los árboles les vuelan las hojas casi sin querer pero ya están casi en las ramas peladas. Me gustaría que me dijeses adonde se van las hojas. ¿Tú que te has ido de mí, las puedes ver, son nuestras hojas las que tú desde donde estas la puede reconocer si son las de nuestros árboles? Si es a si dímelo porque no sé adónde se pueden ir, ya que estaban casi secas y su color era amarillo; y cuando eran la sombra para nuestro amores eran verdes, tú me decías mira estas hojas son las que nos ocultan cuando tú me quiere dar un beso, estas son nuestras hojas, las que sin darles importancias están de acuerdo contigo y conmigo, ya que sirven para taparnos de las miradas de las personas que están a nuestro alrededor. He pisado unas hojas y han crujido de una forma que me ha dado hasta miedo, perecen muertas, crujen al pisarlas y se rompen en mil pedazos. ¿Por qué, si hace poco eran verdes y su color ha desaparecido, a hora ya no tienen color y su color ha cambiado de su cuerpo, su brillo es de otra forma de ser, es casi marrón y el verde se ha marchado de todas, incluso las pocas que quedan en las ramas están amarillas y huelen a podrida? ¿A ti, no te ha pasado lo mismo que a las hojas? ¿Verdad que no, porque yo te he visto y tu cara tiene el mismo color que cuando te fuiste, tienes hasta mejor aspecto? O yo creo que sí, claro yo te vi cuando el rayo iluminó toda la casa. Estabas muy guapa, que ganas tengo de verte mi amor. Sigo caminado, las hojas se arremolinan a mis pies, cómo si quisiesen decirme algo que yo no sepa. Pero su olor cada vez es peor no se puede soportar, están podridas y huelen mal. ¿Qué les ha pasado desde hace unos días, daba gusto pasear bajo de los árboles, era fresco el aroma de sus hojas y ahora están recorriendo, toda las calle y no saben adónde quedarse para estar menos frías, en un rincón de nuestra calle se ha hecho un gran remolino de ellas que parece que me gritan y me piden ayuda para que yo pueda recoger sus cuerpo, pero es que huelen tan mal, que nadie quiere recoger a una sola y las echan a patada de sus aceras? ¿Por qué dímelo tu que lo sabes seguro, es que cuando uno se muere también se pudre su cuerpo y huelen tan mal como las pobre hojas? ¡Si tú no quieres decirme lo que pasa se lo preguntaré a las hojas! He comprado un poco de pan, no tenía hace unos días que compre el último y estaba muy duro para mis pobre dientes, ya no puedo masticar el pan tan duro. Me estoy haciendo viejo y los dientes se están cayendo los pocos que me quedaban. Si me vieras la boca como la tengo, perezco un viejo de verdad, ya no se qué hacer para poder comer. Los trozos que tenía en casa cundo los meto en mi boca, les doy tantas vueltas que ellos mismos cuando ya se hartan de estar dando vueltas que se cuelan y me hacen hasta daño al pasar por mi garganta, pero es que tienen razón, ya que yo para poder masticarlos los tengo en remojo un tiempo y a si los puedo tragar. ¿Bueno me quieres decir por qué las hojas huelen tan mal, es que a ti tu cuerpo al estar muerta también te huele; por qué yo deseo saberlo, ayer cuando estuve en el cementerio, tu cuerpo no olía mal, pero yo me pregunto, y tú no quieres decirme lo que pasa cuando una hoja se muere a donde se va? Hoy se lo he preguntado a unas cuantas y todas me han dicho lo mismo, que su cuerpo huele mal porque ya están muertas y que cuando una persona se muere le pasa lo mismo. ¡Me da miedo de ir al cementerio porque si también tú hueles mal, a mí me da miedo e so quiere decir de qué tú estás muerta como las hojas! Ya soy demasiado viejo como para preocuparme de que si las hojas están podridas huelen sí o no, qué más da, sea lo que sea que me llegue pronto a mí y que si huelo que me entierren que para eso está la tierra y si cuando ya esté muerto ellos sabrán lo que ha de hacer con mi cuerpo. El forjador de sueños. Pintaelsevillano.com
 
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