El costalero Andaluz

El costalero andaluz.

¡Silencio, si, silencio! Las calles están guardando silencio, pasa una procesión. Las miradas puestas en los pasos. Silencio, si, silencio, nadie habla, de los ojos que miran caen lágrimas que rompen el silencio. Un tambor redobla. El parche donde pican los palillos se rompe se parte el silencio. El paso está pasando; las miradas que lo miran están llorando. Silencio, está pasando un Cristo que va llorando. Esta mirando a los que a él lo mira, y está llorando. Si, al ver que son tan pobres; él lo está pensando. ¿Quién es el Cristo se pregunta entre sollozos, soy yo o son ellos, que se yo? Suena un tambor en el silencio. Una corneta rompe el quejido de la noche. Una garganta llora; una saeta suena en la noche un llanto de guitarra se rompen las cuerdas y se quiebra el llanto de la saeta. Silencio, guardar silencio, que la virgen va detrás de un Cristo que va llorando sin saber adónde va. Silencio, un costalero llora, porque va debajo de su cuerpo y no sabe por qué lo lleva al calvario a Cristo que va llorando y al ver que somos pobres, él también lo va notando. Guarda silencio costalero, se que tu cuerpo está sangrando del peso del nazareno; tú lo llevas al calvario y descalzo va tu cuerpo. Silencio, una mujer lo Mira des de un balcón de invierno, la lluvia está cayendo sobre sus espinas negras; la sangre le va saliendo. Silencio por dios silencio, que van los nazarenos con los sirios apagados por culpa de este maldito viento, la lluvia moja su capirucho y la cera esta hirviendo. Los cirios van apagados, las luces de sus velas van alumbrando el camino y gotas de cera van cayendo entre los adoquines y perlas van pareciendo. ¿Quién te dijo a ti Andaluz que sacaras a la calle a este nazareno? ¡No ves que está lloviendo, sus cabellos están mojados y su cara es un misterio! ¿A dónde lo llevas, dime que voy detrás de tu paso y también lo voy siguiendo, detrás de tu silencio yo siento tus pies descalzo y le arrastras de su cuerpo? La corneta suena, una saeta le canta al subir por la escalera para mirar a su pueblo. Quien me presta una escaleras yo quiero ayudar a este pobre nazareno que me dijo al pasar; no llores tú paisano, se que tú también tienes penas al no tener quien te quiera como me pasa  a mí en este pueblo. ¡Sí, se que guardan silencio, pero en sus ojos veo la tristeza de su cuerpo, y las heridas de sus manos al trabajar los campos que no son ellos sus dueños! La cera va dejando un rastro de gotas blancas, y de llanto que  parecen gotas del cielo. Silencio, quiero silencio, ya me marcho al calvario; y cuando yo esté muerto ya no quedara ni rastro de mi maltrecho cuerpo. Silencio ya no te quedan más lágrimas que brotasen de un ciego porque sus ojos no ven lo que le pasa a mi cuerpo. Silencio. ¡Costalero, costalero, ayúdame con la cruz, voy descalzo como tú y pesa mucho el madero! ¿Por qué caminas descalzo, por qué condenas mi pueblo, dime por qué, no ves como van ellos, si, te van mirando y llorando ellos van en silencio, como tú nos has condenando sin culpa, tú; lo vas diciendo, ellos qué culpa tienen de que tú caminases con la cruz y descalzo valla tu cuerpo. ¡Escucha como te canta, como te canta mi pueblo, esa saeta que lora, esa seta en silencio; se escucha por todas partes y las lágrimas de sus ojos de sangre se van volviendo! ¿Por qué, dime, por qué, si este pueblo mío camina detrás de ti, con harapos en sus cuerpos no tienen para taparse, llevan desnudos sus huesos, no ves como te miran, no los ves, dime por qué no los miras, si detrás de ti va entero mi pueblo; camina a tu vera para ayudar te con tu pesado madero, ellos caminan detrás aunque tú estuvieras  muerto, si te llevamos a cuesta subiendo para el calvario, caminamos en silencio? Se oye al capataz, que llama a los costaleros, les dice a plena voz, gritando con desconsuelo. ¡Costaleros! ¡Qué! ¡Costaleros, al escuchar mi voz arriba con él! ¡A es te todos por igual valientes! ¡Ahora, arriba con él; mecerlo por dios mecerlo, que no le sangren más las heridas de su cuerpo! ¡Mecerlo con suavidad que está llorando él nazareno, va caminando descalzo como lo hace nuestro pueblo pero a él no le pegan como lo hacen los dueños! ¡Cuando salgas a la calle, no digas, no te queremos; ya ves cómo caminan descalzos todo mi pueblo! El forjador de sueños.

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s