El beso

Quiero poder besarte. ¿Cómo puedo hacerlo dímelo por favor? Quiero ser tu esclavo, quiero ser tu alma, quiero ser tu vida y la sombra que reflejas al llegar la madrugada. La luna se mira, se ríe, te baila, levanta sus manos al son de una guitarra, los duendes la ven que ella está bailando al son de una fragua que derrite él acero de mi alma, al son de un martinete que rompe el silencio dela cuadra; ella se acerca, el viejo herrero la mira, sé para, al ver una diosa mirando su fragua. Desnuda te ve el herrero rompe el martillo sobre el yunque de plata, quiere cogerte pero ella se escapa subiendo paredes, bajando al agua que tiene guardado entre las tinajas. El corre a su encuentro, y de las llamas que arden en medio la fragua, sale el duende que ella esperaba; él la mira, le baila, sonríe y ella al verlo se para, en medio del muro que la separaba. ¡Sale del fuego, y quiere abrazarla; el viejo herrero al ver que se marcha; llora en silencio, al saber que ella se burla de él, al ser tan viejo, lo mira, se acerca a su lado, le da un beso en sus mejillas, y ella se va dejando la fragua entre las tinieblas de la madrugada! Sonríe y sus cabellos de oro reflejos de lata; rizos de terciopelo se caen por su cara; coge al duende que ella buscaba. Se miran sobre las ascuas de la vieja fragua; él, la abraza en medio de las sombras de la noche. El brillo del agua que guardan las viejas tinajas, espejos parecen ella se mira, alisa sus cabello con peines de plata, rizos de porcelana con pinchos de lata, se quiere peinar, pero él la abraza. Un beso en silencio de su alma se escapa, el duende la tiene cogida de su bella bata, qué rizos tan bellos, en los faldones de su bella bata, parece una gitana que tiene la cara de perla y plata, su negros cabellos se levanta al son de la melodía que sale del duende que toca la vieja guitarra. La luna le coge, se acerca y dándole un beso él la arrebata y, dentro de ella se mete en su alma. Suena la guitarra, sus cuerdas se rompen, al tocar el martinete al compas del golpe que el herrero le marca, ella lo mira se quita la bata; su cuerpo desnudo le brilla su alma. ¿Qué quiere la luna esta noche embrujada? ¡Quiere enamorar al duende, llevárselo con ella a los barandales del cielo que brilla su cara! Las estrellas la miran y al ver su cuerpo al desnudo se quitan las faldas y dejan desnudo sus partes más bajas. Caracolas de espuma parecen que bailan sobre el fuego que sale de la vieja fragua, el duende la mira, entremete sus dedos, en sus cabellos de oro y de plata y, peina sus rizos en medio del agua. ¡Tus ojos azules luceros del alba, se queda mirando se ríe y baila, se ve en las sombras de ella desnuda en las viejas paredes de la vieja fragua! Azules; cómo el agua de un lago, escarchado en la fría noche donde ella se baña, el que está sobre una colina, donde se ve reflejada la cara de la luna, y es el reflejo de su alma. Eres para mi tú cuerpo de nácar, tu vida y la mía se van en mi barca. Desde loa barandales del cielo baja una carreta con ruedas de flores y yantas de lata; los bueyes can sino muy lento avanzan, el carretero que los lleva con el látigo claman. ¡Arre bueyes, arre! ¿Qué pasa esta noche, que lentos me bajan, no ves a la luna que quiere que llegue para ella montarla? Con flores y rosas le viten su cara y pétalos de rosas le cubren su alma. El duende la mira, se viste de gala, con botas de acero y espuelas de lata, se sienten tacones sobre los carbones que apena se apagan, la guitarra está llorando sus cuerdas se rompen al tocar el martinete una voz le canta. Llanto en las sombras, de la noche blanca, paredes es conchadas y remiendo de faldas; trozos de hierro se clavan en su herida espalda. Los rizos del duende le caen por su espalda y mira a la luna que desnuda lo clama. ¡Ven a mi lado, yo quiero tu alma y quiero llevarte a los barandales donde el agua mana! Ríos de agua corren en mi casa y tú bailaras conmigo descalzo en la fragua. Un camino de estrellas le sirven al carretero de campo, para que los bueyes le valgan, para llegar hasta donde está la luna esperando en brazos del duende; esta noche de estrellas ella quiere llevarlo a su vieja morada. Una voz que rompe el silencio en la noche, una canción de flamenco se rompe su alma, un quegío de llanto se escucha en el silencio de la madrugada. Una garganta rota el gitano la canta, al compás de un martinete, se besan y bailan. Llorando la luna, le mira la cara, le dice te quiero, te llevo clavada en mi corazón de acero que tú me forjaras. Se miran en silencio, se agarran las manos, el herrero los mira, de envidia se aparta, coge en silencio unas grandes tenazas y, quiere cogerlos y meterlos a dentro de lo carbones encendidos de su vieja fragua. El duende lo ve se aparta de ella lo coge, le dice en su cara. ¿Qué quieres hacernos, responde y habla, si tú me forjaste; hoy quieres matarla, si quieres matarla; has de hacerlo conmigo y, yo no te dejo que toque su cara? ¡Mira tu cuerpo, de esta noche, no escapas! Él herrero lo mira, se calla, le dice; si yo te forjé, por qué he de temerte, si de mis manos saliste, y yo te forjara y de un trozo de acero tu alma sacara. ¿Me dices que no puedo, hacer de ti lo que yo deseara? ¿Qué quieres hacerme dime? ¡Soy tu dueño, y tengo tu alma encerrada en las brazas de esta mañana, sabía que llegaba la luna a la fragua! ¡A ella la quiero que conmigo, quiero que se quede en esta vieja casa! El duende lo coge por su vieja garganta lo sube, lo engancha y, saca el duende una viaja daga; él mira la daga, teme por su vida que le llora y reclamara. ¡No mates al dueño, yo soy tu alma, si matas mi cuerpo te digo que no llegaras a la cama estarás muerto esta noche cuando la luna sé valla! Sonríe el duende, lo mira, le clava la daga, al herrero le sale la daga por su curvada espaldas, llora en silencio, la sangre que mana su cuerpo se muere mirando a la dama; sus ojos la ven sin poderla tocarla, le dice te quiero, pero él te casa. ¿Adónde lo llevas, yo no sé tu casa, dime el camino para ver como él te baila? Conchas de plata sandalias de flores, sus piernas cubiertas de flores del alba, jaramagos y romero le adorna su cara el herrero cierra sus ojos al sentir que se marcha. ¿Dime bella luna, si yo pudiera llevarte a mi casa, te daría los rayos de mi vieja fragua, y en las noches oscuras te diera mi cama, dime luna, que quieres de mí, que ya no te veo, ya muere mi alma? El duende lo mira le coge sus pelos y baja su cara, para que él no vea ni muerto a la luna que quiere llevarla. Silencio, ya no suena el canto, se ha muerto el gitano que cantaba el martinete, la luna ha dejado su capa sobre el yunque herido de sangre humana. Mira al duende, le dice, prepara, nos vamos en mi carreta de flores, el cielo reclama, mis bailes contigo se duermen sobre mi cama, hechas de flores para que tú y yo descanses bailando al alba, ella está esperando quiere ver cómo tú le bailas sobre los carbones que siempre descansan; ha muerto el herrero que forjo tu cara. ¡Dile al cielo que el que me forjara quería llevarte a su vieja casa! ¡Zoo bueyes, zoo, detente, que la luna no se caiga, que esta descalza, esta desnuda, su alma me llama! ¿Duende dime, que quieres de mí? ¡Yo, de ti, todo, quiero ser para ti el resto de mi vida, estaré bailando mientras los bueyes te llevan en la carreta de flores; y yo bailaré sobre los barandales con mis botas de cuero y mis tacones de acero, forjare sobre los barandales una forja de oro, con perlas del mar, ya que tu mereces que yo sea para ti el resto de mi vida, estaré bailando a tu lado cada vez que suene una guitarra, con cuerdas o si cuerdas, qué más da, ya que el sonido lo siento nada más que el gitano la coge, ya sé lo que él va a tocar, él tiene sus manos heridas, de golpear el yunque que roto ha quedado al matar su cuerpo y derramar su sangre sobre la tierra que él llenara para hacer mi molde que jamás lo quise; porque él decía que yo sería tu esclavo, tu ciervo, tu dueño, y seré lo que tu desees, bailaré contigo hasta que salga el sol en la madrugada; sudaré mi sangre, mis cabellos se mojaran de agua, y saldrá de mis cabellos los rayos del alba. ¡Él herrero me llama, mi alma reclama, cuando forjó mi cuerpo, él sabía que yo lo matara! Suena los tacones del silencio, una guitarra llora en el silencio de la noche, un sonido se escucha bajo la luz de tu cara; mira mi luna querida, mi cuerpo esta para que tu le mandaras, y cuando mi vida se valla tú bailaras al lado de mi vieja fragua. El forjador de sueños. Pintaelsevillano.com.
 
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