Don Juan

Mirando hacia la ventana del castillo veo en el mirador de la princesa y veo que está asomada la bella doña Inés. He de acercarme con mucho cuidado de no hacer ruido para no despertar a la guardia, ya que la guardia de la señorita Inés, esta durante toda la noche rondando cerca de su ventana que está situada en la torre del castillo para que ella no se pueda ir de fiesta. Las fiestas son el lugar donde ella se desmelena, y es donde se lo pasa bomba. Pero su padre, no la deja salir porque ya la conoce de más y sabe que es una mujer que no le hace asco a nada. Por lo tanto yo con mucho sigilo me acerco, y con el máximo cuidado intentare subir hasta la ventana por la enredadera que hay, la cual sube hasta su ventana. ¡Miro para un lado, para el otro, y cuando vea que la guardia se da la vuelta para hacer su vigilancia; yo me subiré por la enredadera, como les he contado ante! ¡Ya, ahora es el momento de poder subir, pinchándome las manos, y menos mal que traigo guantes de cuero que a si y todo me sigo pinchando, pero con ellos casi no me pueden herir los pinchos que tienen estas ramas; voy a gateando para poder llegar hasta la dichosa ventana, me cuesta trabajo pero lentamente voy subiendo con mucho trabajo pero ya casi estoy en todo lo alto! Su ventana tiene la luz encendida, por lo que veo ella esta despierta, espero que cuando me vea no de un grito porque si no lo tengo claro. Ya estoy en el borde de la ventana, mis manos están agarradas al marco de madera que tiene dicha ventana, ella aun no se ha dado cuenta; yo he tenido el cuidado de no hacer mucho ruido. Ya la veo, está leyendo y antiguo libro, la luz que yo veía cuando estaba subiendo era una lámpara de aceite que ella tiene en su dormitorio y creo que no le queda mucho aceite; ya que parece que se quiere apagar, pero he de darme prisa antes de que se apague, porque yo deseo poder estar con ella esta noche. -¡Hola, doña Inés! Te estoy llamando con una voz muy bajito y despacio para no alarmar a los guardias que la custodian; ya que como ellos saben cómo es la señorita doña Inés pues no esperan que yo, ni nadie puedan subir y darse el lote con la bella señorita. -¡Doña Inés soy don Juna! -¡Doña Inés soy tu amante perdido! -¿Puedo entrar? -Me parece que además de estar muy buena, también está un poco sorda. -Doña Inés, -coño, -escúchame. -Por dios que me lanzo sin decirle nada, ya que esta tan cegada con el dichoso libro que no atiende a nadie, sabiendo que me estoy jugando el tipo por estar con ella toda la noche de faena. Que ya es decir, yo estoy dispuesto a estar con ella sobre su bello cuerpo toda la noche, por esos yo soy quien soy; y nada menos que don Juan Tenorio. -¡Por todos los santos de la iglesia, escucha me, -nada, no hay forma de que se pueda enterar! ¡Entro, pase lo que pase, estoy tan cerca de ella y, no hay manera de que se entere! ¿Qué será lo que le pasa, a lo mejor es que está dormida y por eso no se entera de nada; mira que llevo botas de cuero y, en los tacones llevo herraduras de hierro para hacer ruido, así para que se enteren cuando yo camino en busca de una mujer? -¡Doña Inés soy yo! ¿Por todos los santos del infierno por qué no me escucha? -¡Anda, ya me podía quedar ronco de gritar, cómo me iba a escuchar, si lleva los cascos puestos, estará escuchando tele cinco, -claro con la Velen Esteban dando voces, cómo coño se iba a enterar! Le quite los cascos, y cuando dejo de escuchar las tonterías de las que estaba escuchando es cuando se dio cuenta de que yo estaba su lado, yo al mismo tiempo le había tapado la boca para que no diese un grito de terror. Ella quiso dar un pequeño gritito, pero yo se lo prohibí como pude. Doña Inés se puso de pies para estar a mi altura, ya que ella también tiene su altura, ella será casi más grande que yo que ya es decir. -¡Don Juan, que susto me habéis dado! -¡Sip, silencio, que la guardia puede escucharnos! -No temas don Juan, ni dando gritos ellos se asustan de nada y saben cómo me las gasto yo cuando estoy dormida y cuando muchas noches que yo sueños con alguien pego cada grito que dios arde. Mis manos se lanzaron en busca del bello cuerpo de Inés, sin tardanza y ella al sentir mis manos sobre sus lindos pechos, quiso gritar pero se estuvo; en silencio y deseosa de que yo no dejase de tocarle los pezones ya que se los estaba poniendo más tieso que los cuernos de un unicornio. -¡Don Juan, que soy doncella! -Nadie me ha tocado de esta forma, y de ninguna otra ya que nunca he estado con ningún hombre; tú ere el primero que me estás tocando de esa forma. -¿Qué nadie te ha tocado, pues ya era hora de que alguien lo hiciese? Doña Inés se puso junto a mí y cuando sintió que yo tenía mi miembro tieso como un palo, ella se aparto de mí dando un salto de miedo. -¡Por dios don Juan que soy doncella, y jamás ningún hombre ha estado conmigo, debes darte cuenta de que yo soy virgen; y qué dirán mis amigas cuando yo se lo cuente! -¡Tú se lo vas a contar, pues no se lo cuentes, y esto queda entre tú y yo, que es lo que tienes que hacer! -¿Pero que me pasará cuando me la tengas metida? Yo gritaré. -Y yo, te tapare la boca, para que el grito se quede en nuestra almohada. -¿Me das miedo, eso que tienes en medio de las piernas, no sé si me hará daño? Es la primera vez, ten un poco de corazón y, no me la metas muy de prisa que yo deseo sentirla lentamente como me la metes. -No tema yo se que tú eres virgen. -Eso yo ya lo sabía, para eso soy quien soy y, para mí nadie seme escapa; porque yo cuando tengo ganas de meterla me busco a las mujeres que son vírgenes cómo tú y, yo sabiéndolo de ante manos, a sí, yo soy el primero que se la clava. -¿Entonces vas a tener mucho cuidado conmigo? -¡Sí mi amor; no ves que en aquella apartada orilla está haciendo el amor una chiquilla que hasta aquí llegan sus gritos del placer que está sintiendo! -¡Si que la siento, es verdad mi don Juan, estoy dispuesta a ser la primera vez que me la clavan, y serás tú el que me hagas mujer que ya era hora de que yo también supiese lo que es la tela marinera! Mis manos se adentraron bajo sus vestidos y cuando llegue al lugar donde se guardan todos los deseos, yo al notar el mogollón de pelos que tenía doña Inés; me quede asombrado de la cantidad de ramajes que le cubrían sus parte donde ella dice que guarda su virginidad. ¡Pues ya lo veremos cómo es esa ratonera! Rápida mente la tumbe sobre su cama de seda, y de una patada destape las sabanas que cubre su colchón, y cuando levante el vestido y pude ver el montón de pelos que tenia me dije. -¡Por dios; quiero que te pongas a mear para saber por dónde está tu coño! -¿Qué es lo que te pasa mi querido don Juan? – ¡Nada que tengo que orientarme para saber a dónde tienes tu virginidad! -¿Es que no la ves?- Pero si tengo tantos pelos de no haber hecho nada con ningún hombre. -¡Ya veremos cómo me las apaño para metértela doña Inés! -¿Qué es lo que esperas para metérmela, ya tengo ganas de haberlo hecho la primera vez? Le mire su coño y cuando saque mi vergajo se lo puse a medio camino de su entrada, y como tenía tanos bellos por que estos son de regadíos, y mira que los de secanos están bien abonados, pero estos son demasiado grande; pero mi miembro no puede quedarse quieto y sin tener que apartar ni un solo cabello, su pelvis se abrió de par en par, le metí de una forma salvaje hasta que sentí el interior de su cavidad donde se guardan los mejores momentos de la vida. Entró de un golpe y al sentir que ella lo tenía tan suave y grande, que yo para mis adentros me dije. -¡La primera vez, anda que no es mentirosa, esta doña Inés, dice que es la primera vez que esta con un hombre, eso se lo dirá a todos, pero a mí me lo vas a decir tú, venga ya. Estuvimos toda la noche haciendo el amor, como ella le decía a esto de follar, y sus ojos se le salían cada vez que le metía con la fuerza de un toro cuando arremete contra el burladero de una plaza, y para ella el sentir que siendo doncella; es lo que hace presumiendo con sus queridas amigas. Ya te lo diré cuando me tenga que largar. Aquello fue una lucha constante entre ella y yo. ¡Yo quería ir a mear y ella no, le, parecía bien que yo dejase de clavársela en ningún momento y yo, me estaba meando, y le dije! -¡Querida doña Inés me estoy meando, y tengo que sacártela de una vez, porque si no me tendré que mear dentro de ti, y luego pondremos la cama chorreando de todo lo que te salga de tu escondite! -¡Vos me decís que lo que yo tengo es un escondite! -¿Qué es lo que vos deseabais que tuviese en lugar de un coño, y es el más noble y virgen de toda esta comarca? -¡Por dios, doña Inés, no me digas a mí que eres una virgen tú, venga ya, que eso se lo dices a los guardias, y creo que a ninguno se lo puede creer, ya que yo sé que no te queda ninguno por estar contigo en la cama, porque esto que tú lo llamas virgen, es una cueva de ratone, pero de los grandes! -¡Don Juan, estáis insultándome con vuestras palabras; os suplico que las retiréis de inmediato! -¡Eso, y mientras me voy a mear! -¡No, no es para que la saquéis, sino para que retiréis las palabras que acabáis de decirme a mí; de que yo no era virgen, vos lo habéis comprobado! -¡Si es cierto de que lo comprobé, claro que lo había comprobado, pero cuando se la metí al tenerla dentro su coño hizo un chas que ella me pregunto! -¿Don Juan que ha sido eso? -¿Esos es lo que tú llamas tu virginidad? -¡Ves como yo te dije que era virgen! -¡Tú virgen, venga ya, mujer, si esto ha sido de las ganas que tenias de hacer el amor que cuando estaba dentro tenias todo lleno de leche y, sabe dios de quién eran ya que almeno habías estado con unos cuantos antes de que yo subiese por las enredaderas; y por eso, los guardias, se dieron la vuelta para que yo subiese a estar contigo y a si ellos se lavan las manos, y si tú, dices que estas preñada, me dirás que es mío y claro que no lo puedo creer, ya que tenias mas leche a dentro de ti que se han puestos la sabanas que estamos resbalando por toda la cama. -¡A sí, que ya no puedo aguantar más y me voy a mear! Entro en el wáter y al entrar hay un agujero que es donde la Doña Inés se caga y se mea, porque esta todo lleno de excrementos y por lo que puedo ver, es que no acierta a meterlo por el aguajero que hay en el suelo y yo quiero mear y no la encuentro. Vamos que no vamos a seguir follando; que lo que yo quiero es mear. -Hasta mi miembro se ha negado a seguir mintiendo, y ya no puede más el pobre, y fíjate si no tiene ganas que no tengo la forma de encontrármela ya que está escondida y no quiere salir ni para mear. El forjador de sueños. Pintaelsevillano.com
 
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