Un monstruo vino a verme

Un monstruo vino a verme

Quiero contaros una historia real.

Uno de Noviembre del 2019.

Un día aciago, nublado, ventoso y en mi silencio… pienso: no ha sido uno de mis mejores momentos. Y este día, a no ser porque es el día de todos los santos, para mi seguramente sin querer recordar esta fecha tan triste que mejor que no hubiese llegado.

Como les comentaba hay momentos de la vida que viviendo en la soledad de este mundo y sin querer hacer nada, he pasado que hoy es como si fuese otra fecha más del calendario, pero no ha sido así.

Después de haber comido estuve sentado un una hamaca reposando los alimentos que había ingerido. La comida fue la de costumbre, un plato de sopas con un trozo de carne no muy grande y un buen picadillo, una fruta y un vaso de leche. Seme había terminado el pan, y para esta noche no tenía, así que me dije: bueno esta noche tendré que comer sin pedirle a nadie que me diese una hogaza de pan; ya que si la pido, seguramente tendría que devolver una barra entera, y si no se hace de esta manera el pan que pides lo has de devolver con creces y para no tener que hacerlo nunca más; mejor cenaré sin este alimento tan necesario para todos o casi  para todas las personas.

Serían las cuatro de la tarde, llevaba un buen rato sentado, me estaba entrando sueño y para no quedarme dormido pensé. Será mejor gastar este tiempo tan preciado por mí, pintando un poco, a si, el tiempo se pasaría mucho más rápido y sería más beneficioso para mis sueños.

Dicho y hecho, subí a la segunda planta de mi casa donde tengo mi estudio de pintura, y en la cual tengo muchos cuadros, y mirando uno de mis viejos cuadros, he pensado, reemprenderlo nuevamente, y con ello mi deseo es de acabarlo de pintar. Este cuadro llevaba sin terminar unos cuantos años, y he creído que ya es hora de acabar este grandioso lienzo.

Desde las cuatro hasta las siete y media he estado con dicha pintura, no es que haya hecho mucho en él, pero sí que en una de las figuras que lo componen le he dado cientos o miles de pinceladas para hacer que quedase  mejor de lo que estaba; y ha quedado mucha faena para mañana, y que seguramente que no la habré terminado; pero eso no me importa; el tiempo que malgaste o que aproveche todo es mío y lo que no haga hoy lo dejo para mañana que será otro día.

Se había terminado la faena de pintor, y antes de bajar las escaleras que separan la planta superior de la planta baja, he tenido que bajar y encender la luz para no terminar cayendo por la misma la cual es muy empinadas; y a mis años ya es un gran problema; el de mis piernas que no están tan agiles como antaño.

Antes de bajar y sabiendo que tendría que volver a subir; cogí las múltiples pastillas que me he de tomar cada noche.

Di la luz del comedor, antes de apagar la de las escaleras, para no pegarme un golpe con alguna esquina o cual cualquiera de las puertas de mi casa. Esta sala me sirve de comedor, de despacho y en el cual tengo mi ordenador y mi mesa de trabajos. Frente a esta mesa tengo mi televisor. Lo he encendido; he ido hasta la cocina y he puesto a calentar una ración de sopas. He mirado en el frigorífico y he sacado un trozo de salchichas que tenía en el mismo, la he calentado y una vez calentada la he levado a la mesa; y con el plato de sopas y este trozo de longaniza he comido; eso sí, sin pan, pero; no lo tenía, y detrás de estos alimentos lo he terminado con unas uvas y una naranja.

Mire mi pagina, viendo que no había nada que me gustase estuve zapeando en los diferentes canales de mi televisor.

Estaba cansado, no es que hubiese hecho algo para tener mi cuerpo dolorido pero a mis años, que no son pocos, ni tan poco que sean muchos; pero sí que ya tengo los suyos y muchas veces me digo: creo tener los que me sobran por haberlos vividos.

Sentado ante la televisión. Los ojos se estaban cerrando y seguramente me quede dormido. ¿Cuánto tiempo estuve en mi silencio, en el descanso del cual ese momento se vive dos veces, y es el haberlo estado vivo y dormido al mismo tiempo? ¡No lo sé, y tampoco lo miré; me daba lo mismo el tiempo que había descansado en el sillón de mi despacho!       

Busqué en algunos de los canales para ver que estaban dando, cosa de las cuales muchas veces ni las miro, porque muchas de ellas son solo basura o alguna de las viejas películas que repiten una y mil veces hasta que nos aprendemos los anuncios que se dan en estas series.

Dormido o con los ojos entre abiertos, una vez cerrados y otras enmarañados sin saber que era lo que veía.

En uno de los descansos, creí ver algo que me llamó la atención. Era un niño que hablaba con un monstruo de ramas; me pareció ver que era una película de la que había visto el tráiler de ella. Esto hizo que me despertarse al ver y poder averiguar que se trataba de la película de Alejandro Amenábar. Un monstruo viene a verme.

¡A mí los cuentos me gustan muchos! Tal vez sea porque me sigo considerando un niño; sí, un niño aunque ya soy muy viejo pero creo ser lo que nunca tuve, a ese niño que había deseado ser, y también ser lo feliz que merecen todos esas criaturas pequeñas que viven en este mundo y que la mayoría de ellas no encuentran la felicidad en toda su maltratada vida; y perdone que a si lo diga de esa forma pero a si se siente mi corazón y en toda su maldita y desgraciada vida. Ese niño que nunca tuve a mi lado y que tampoco me dejo en la soledad de este mundo. Siempre estuvo conmigo pero que había pasado tantas cosas en mi corta infancia que mi piel está más remendada que el telón de un viejo circo.

Unos minutos viendo esta extraordinaria imágenes y pude comprender qué se trataba dicha historia.

Llore como un niño, sí, lo hice. Mis ojos se habían despertado de tal manera que era imposible poder cerrarlos. Eran dos fuentes silenciosas las que derramaban lágrimas de cristal sobre el tablero de mi mesa, hacían ruidos al caer como si fuesen gotas mágicas, y que al estar viendo este cuento había de recordar cuanto yo pasé. Cada segundo que pasaba, yo, me quedaba extrañado y me preguntaba a  mí mismo. ¿De dónde han sacado esta historia?  La estoy viendo, y yo me veo dentro de la misma. ¡Es mi vida y todo cuanto puedo ver me dice que es mi infancia! ¡Sí, que lo es, y el caso, es que a mí, también me pasó lo mismo hace cincuenta y nueve años me ocurrió dicha historia y creo que me la ha robado de mi mente! La han escrito para que yo en este día tan señalado ellos quieran volverme loco al recordar esta parte de mi vida.

¡Anoche estuve viendo una película titulada: Un monstruo viene a verme! Yo la he escrito según me pasó a mí en una vida real y sin ser un cuento; fue la desgracia que en mi niñez paso lo mismos teniendo solo unos diez años cuando comenzó y termino a los doce, y el encabezado de este escrito. Es el de mi propia película.

¡Lloré, sí, lo hice y sé que me hizo mucho bien el haberlo hecho! Después de ver esta historia recordé que yo cuando tenía su misma edad también tuve un amigo que no era como ese monstruo y el final era el mismo y de la misma manera.

Es dura la vida, a veces nos hace recordar que esta vida no merece la pena haberla vivido. Os parecerá duro escuchar estas las palabras de la boca de un niño. Yo fui ese niño que ha salido de ese celuloide; reflejado en mi mente y que me hace escribiros esta historia.

Después de haber pasado tanto, yo creo que mi madre sufrió mucho más que esa madre, la de ese niño, y al haber sufrido tanto dolor, tantos medicamento y tantas operaciones; qué su pobre cuerpo se fue y tras de sí dejó un vacío. Cerró todas las ventanas de mi mente, y cuando quiso salir el sol; ya era demasiado tarde para que yo recobrase la memoria y que pudiese ver a ese niño que un día fue feliz y ya no era nada igual, todo había cambiado en mi mundo.

Ver esta historia me hace recordar tiempos felices.  Verme reflejado en un viejo espejo; yo recuerdo que también fui un día el que jugaba con unas pinzas de la ropa, ese era mi amigo, el juego de unos barcos sobre un lebrillo lleno de agua, sí, así era el que yo creaba en mi mundo, el que yo inventaba para no estar solo a ninguna hora del día ni de la noche. Era el compañero que nunca tuve; pero que tampoco me hizo falta, ya que mi mente era capaz de crear todos los sueños que me hiciesen falta para que nuca estuviese solo ante esas tristes horas de la soledad de una mente que se quedó dañada durante el resto de mi vida.

Menos de ocho años tenía yo. Fue cuando comenzó mi historia.

Su mirada era tan dulce, sus ojos claros, sus cabellos negros como una noche sin estrellas, que solo con cerrar mis ojos la estoy viendo, de noche, de día y a cualquier hora puedo verla y, recordar su cara. Pero yo no tuve la suerte de tener a un amigo que me dijese las cosas que después con los años viviría y recordaría los daños colaterales que dejaría en mi mente, y como no, también sobre mi piel.

Cosida con girones de mi alma dejó mis entrañas.

Era costurera, hoy en día se la llamaría modista. Yo fui durante los años que recuerdo el que le ensartaba sus agujas, ya que después de haber estado cosiendo durante muchos años su vista estaba muy que cansada. No crean que tenia tantos años, no, no era cierto; solo duró a mi lado hasta que cumplió los treinta y nueve años. Si de esos les descontamos los años que paso enferma; solo tendría unos treinta y cinco, más o menos.

¡No sé cómo podía saber por dónde tenía que pasar la aguja de la máquina de coser! Podía ver como daba al pedal a su vieja máquina para que volase y que las costuras hiciesen su trabajo. Salía humo de la tela al pasar por debajo de ese hilo mágico que lo dejaba cosido para que el vestido tomase la forma deseada.

Un día y otro día, pero su cuerpo no había forma que se pudiese poner buena. Y yo criado por otras personas; en la soledad de mi vida, no tenía a nadie que me pudiese dar un beso de buenas noches. Cuantas horas, días y semanas pase recordando su cara, cuantos silencios y cuantas tormentas vendría después a mi deteriorada mente. Cada noche bajo las sabanas de mi vieja cama; yo recordé sus últimos besos, y sus quejas, sus dolores esos que jamás poder olvidar.

¡Daba gritos de dolor sobre una vieja cama de madera! Su colchón eran unas tablas para que sus piernas dejasen de dolerle. Sus nervios estaba engarrotados y sobre todos los de sus piernas: y estos le hacían dar alaridos durante toda la noche y todo el día, y yo durmiendo junto a su cama en una camita igual de pequeña que la de ella, y yo lloraba para que su cuerpo dejase de gritar.

Besos, y sus sonrisas: Era tan bella que la recuerdo como si estuviese cerca de mí.

Su trabajo era además de cuidar la casa de sus labores, era coser para la calle y para que después de haber estado trabajando durante horas y días para ganar solamente unos duros que no llegaba ni para poder comprar un míseros pan.

Idas y venidas a Sevilla, para que la viesen los médicos adecuados. Ingresada desde su tierna juventud. Era yo el que se quedaba solo en mi casa, sin saber que sería lo que dichos doctores le pudieran hacer para intentar sanar su bendito cuerpo.

¡Mi casa no era esa de la peli, no, no lo era! La mía sólo tenía dos habitaciones. Un pequeño comedor, y además dos dormitorios, en ellos había unas camas y el lavabo para poder asearse con una vieja palangana de porcelana y un jarrón con agua para poder lavarse la cara y verte en un espejo colocado sobre la madera del tocador.

Yo nunca rompí los muebles, no los tenía, solo había en mi casa unas camas una cómoda y un baúl para guardar la ropa.

Todo comenzó según recuerdo: con una apendicitis. Después, lo más grave; el cáncer de pecho, este lleno de negro mi pobre vida. Días, semanas y años sin resultados favorables a su enfermedad. Durante todo este tiempo ella estuvo en idas y venidas. Le cortaron uno de sus benditos  pechos y en aquellos tiempos no había los remedios ni conocimientos que hoy en día se poseen.

El cáncer siguió su curso, no pensaba en mí, siendo solo un niño me faltaba mi madre que era la que me había traído a este mundo del cual no tenía ni la menor idea de cómo iba ser para mí en estos años. Cada día y cada vez que ella estaba cerca de mí, yo escuchaba sus lamentos y, si no tenía bastante le entro otra enfermedad. Yo creo hoy en día que era la misma, sí, una de las ramas de ese cáncer y, de este nuevo camino se le engarrotaron sus nervios y no podía moverse de la cama. Segundos, minutos y todas las horas  de su vida, ella daba gritos que desgarraban mi corazón. Noches tras noche y hasta que se la llevaron de mi lado para operarla nuevamente.

 ¿Qué tipo de enfermedad tendría? Le operaron la cabeza; esta operación era cerca de las sienes y además la dejaron sin pelos y con un pañuelo de colores yo la recuerdo cuando estaba a mi lado.

Iba al colegio sólo, sin que ningún niño me acompañase y en mi camino solo hacía que llorar, al ver que la vida no había sido agradable para mí.

Pero cuánto daño tendría que padecer, para que terminase de sufrir en su vida; no era yo el que pasaba el calvario que ella estaba pasando, pero sí que también me paso lo mismo que este niño del cual ha sido el que me ha recordado los años tristes de mi infancia.

Después de pasar esos cuatro años y sin aliento de poder seguir con vida. La trajeron a mi casa nuevamente en una de esas ambulancias de aquellos entonces, la acostaron en su cama yo seguí durmiendo en mi camita que estaba en la habitación anterior a la suya durante los días que su cuerpo resistió.

En una parrilla venía su cuerpo; quiero decir que hoy en día las camillas son mucho más cómodas para los pacientes. Una lona con dos varales y en medio su dolorido cuerpo hecho pedazos ya que había sido operada unos días antes de traerla y al ver que no había remedio para poder curarla; los doctores decidieron hacer lo mejor para ella y para todos. Lo que se hace con los enfermos que no tienen cura. Es traerla a su casa para que pueda morir cerca de sus hijos y familiares. Mi padre sí que estaba informado y no mucho porque él tenía que seguir trabajando para poder alimentarme a mí y a mi hermana algo mayor que yo. ¿Qué tenía su cuerpo que la ropa que la cubría estaba llena de manchas de sangre? El derramen que tenía en su estómago, cosa que yo no tenía ni el menor conocimiento de sus males. Yo quería verla, besarla, abrazarla; que yo era muy chico, era su hijo menor, y sobre todo, era mi madre, y nadie me lo permitía y por mucho que lo desease no me dejaban acercarme a ella. Las gentes de mi calle y los vecinos del patio donde vivíamos se acercaron hasta ella; pero los servicios que llegaron encargado de su traslado, no permitieron que la tocase nadie. Pero el momento de su llegada se agolparon todas las personas que la querían y todos los demás vecinos que en aquellos tiempo eran como de la familia, y nadie quería el mal para ella y al verme me cogieron para que yo no me acercase y a si no la hiciese sufrir que ya tenía bastante con su mal del cual se la llevaría días después.

El niño de la peli; su abuela fue a buscarlo, sí, corrió hasta donde estaba en la casa de su abuela, en la que él rompía los muebles y destrozaba todo cuanto se hallaba en su camino; yo no tenía nada para poder romper, no tenía muebles, ni cómodas ni enseres que destrozar para contener mi rabia, no, de eso no había nada; yo estaba en mi casa y mi madre estaba rodeadas por las personas mayores que yo, y para que yo no sufriese me mandaron a casa de mis abuelos que estaba separada de la mía por dos calles y un callejón de vecinos que se comunicaba con dicha calle. Ya no gritaba, no hacia movimiento alguno; pero a este niño sí que pudo hablar con su madre y poder abrazarla y quedarse dormida en  ante sus ojos y, llorar en sus brazos doloridos. Ese sí que pudo; claro, era una peli y yo no pude hacer nada de eso, y solo cuando después de muchas horas separadas de ella me comunicaron que mi madre había pronunciado mi nombre y quería ver a su pepeillo para verme, ella deseaba darme un beso y fue entonces cuando me llamaron. Fueron a casa de mis abuelos paternos,  estaba yo sentado en una de las sillas de aneas. Llorando como un niño que es lo que yo era, pero nadie me decía como estaba y cuál era su estado. Sabía que la habían traído pero no me dejaron darle eso… un beso.

La puerta de la casa donde yo estaba se abrió de par en par, entro mi tía, ella había estado desde el momento que llego hasta que ella misma fue la que vino a por mí.

Sus ojos estaban rojos como si fueran de sangre, yo sabía que la quería tanto que su corazón estaba tan roto como lo podía estar el mío y con su voz entre cortada al estar delante de mí me dijo. ¡Pepillo tu madre quiere verte, no hace nada más que pronunciar tu nombre! Te quiere abrazar y darte los besos que puedan hasta que  su corazón deje de latir. ¡A sí, que vamos, no hace falta que te laves la cara, ni que te seques tus lagrimas, desea estar atulado y no pronuncia otra cosa que tu nombre! Cogido de su mano volábamos a su encuentro, cruzamos este callejón de vecinos y todas las personas al verme, lloraban, y yo, sin saber por qué hacían esto con mi presencia, pero algo me daba mi corazón al estar tan lejos de ella. Me pregunto si todo este corto trayecto se hizo tan largo que cuando llegue; dejaron pasar a mi pequeña figura y me acercaron hasta su cama donde ya no estaba, sí se había ido y solo puede ver sus ojos desencajado mirando al techo. La bese repetidas veces y pronunciaba su nombre. ¡Aurora, madre, dame un beso por favor; tú sabes que yo te quiero mucho! ¿Y cómo hare para poder besarte durante los años que me queden de vida? ¡Yo no quiero seguir aquí, quiero irme contigo; sé que estaré muy bien a tu lado, por lo que tú más quiera, llévame contigo y no me dejes solo en este maldito mundo!… Por los poquitos años qué he vivido contigo… hazme este favor, que es el último que te voy a pedir… Silencio, se hizo de noche, mi cuerpo sé quedo abrazado al de ella que ya estaba muy frío. Su piel no tenía el calor que yo recordaba, hasta su olor no era el mismo… Todo se hizo silencio, solo el llanto de mi alma se podía escuchar entre todas las personas que se hallaban en esta pequeña habitación… Se fue, y no se presento el monstruo, y el lebrillo se había quedado seco, ya no se llenaría nunca más de agua. Esto que les cuento fue real, mi vida se trunco desde ese mismo instante y ella se marcho dejando la estela de la muerte, y yo viví en los brazos de esta tía mía hasta que marché a donde jamás tuve que haberme ido… Pero esa historia se las contaré algún día… ¡Quiero que sepan que he llorado tanto escribiendo esta historia real que de mis ojos han brotado tantas lágrimas como para llenar un océano! He dejado las lágrimas de mis ojos sobre el tablero de mi mesa para que el tiempo las seque. El forjador de sueños. José Rodríguez Gómez el sevillano…

La mecedora

La mecedora

Sentado ante la puerta del pasado, mirando el recuerdo con nostalgia.

He intentando recordar algunos momentos agradables de mi atormentada vida.

No recuerdo ninguno… ¿Es una pena verdad, llegar y no poder ni tan siquiera tener en mi destierro algo que llevarme a la boca y hacer como hacen algunos animales; rumiarlo y notar el sabor de aquellos alimentos que fueron tan agradables en mi juventud?

¿Tuve juventud? O tal vez no la tuve; y si la tuve puede ser que mejor sería no haber nacido; para lo que lo hice, no merece la pena estar y ser lo que nunca desee ser, y sin tener el algo qué me diese la razón de estar en aquellos malditos momentos de mi juventud.

Escucho una voz que es reconocida por mi vieja mente y, esta me dice en la distancia.

¿Abuelo, te enciendo la luz para que puedas ver bien? Y yo le contesto.

No hace falta hijo, yo puedo ver las cosas del color que me dice mi cerebro y no te preocupes por mí, estoy bien.

Se hará de noche, y tú no puedes caminar con la luz en la penumbra, te puedes caer. Estas son las palabras que me dice uno de mis nietos.

No temas por mí: cuídate tú de caminar siempre a favor de la luz; yo con los ojos cerrados puedo ver cómo la naturaleza cierra las persianas de mi mente y camino en la oscuridad cada día, a cada momento de mi vida, y cuando ella me lo diga yo cerraré los míos porque ya no los necesito para nada. ¿Os dais cuenta a lo que llegamos?

Se hace de noche y la penumbra cierra la puerta de todo cuanto he visto durante tantos y tantos años de mi vida.

La sonrisa de mis labios se ha quedado fija, no sé si estoy riendo o tal vez sea una mueca que se quedo reflejada en la comisura de mi boca.

¿Sonrisa o mueca de ironía, muchas veces, esta sonrisa es diferente a lo que ocurre en los nervios de la boca? Cuando la felicidad hace mover nuestros músculos para que los labios muestren un grado de satisfacción y nos haga reír con el agrado de las palabras que escuchamos, o con el recuerdo de algo que te ha venido a tu mente, y al recordarlo, tú muestras ese feliz momento y la piel de tu boca hace que esa sonrisa muestre algo de felicidad, aun que ya no son muchas, o tal vez si…

Esto hace que muchas veces ellos,  me miran, se sonríen y me creen que soy un viejo feliz…

No me han preguntado el por qué lo hago, no, eso no les preocupa, sino todo lo contrario, lo creen y se dicen entre ellos. El abuelo se siente encantado de su vida y está dichos; solo hay que ver la sonrisa que tiene permanente mente en su placida cara.

¿Podemos ver la profundidad de un océano con solo por la luz que reflejan los rayos del sol sobre sus aguas mansas?

¿Se puede saber qué es lo que piensa una mente cuando estás sentado sobre una mecedora, si la que siempre fue eso, una simple y agradable mecedora en la cual, cada día que nos sentamos vemos pasar los años, y que al paso de los tiempos vividos, llegamos a no poder caminar, a no poder decir lo que sientes, a quedarte callado y, dejar que te den lo que ellos crean conveniente, y que según ellos es lo mejor para ti?

¡Dicen algunos: que llegar aviejo es signo de felicidad, y que tú  puedes contar las cosas vividas! ¿Tú lo crees? ¿Has llegado a tener los mismos años que yo tengo, te has encontrado sentado y viendo pasar los días, las horas, los segundos que se acortan sin que tú puedas decir esta boca era mía? ¿Merece la pena tener los ojos abiertos, sentir como la penumbra te niebla la luz, y entre lágrimas se van ocultando todo el pasado; ya no te queda nada, sí, nada? Los recuerdos se marchitaron, nadie te cuenta lo que tú hiciste. ¿Por qué? Está claro, ellos no lo saben y tú tampoco quieres que lo sepan, estos recuerdos son tuyos y no deseas contárselo para no hacer más daños del que tú mismo tienes, y por eso no deseas hacer leña con el dolor de tus recuerdos. Es mejor dejarlo para que nadie sepa de ti cuanto pasaste en tu vida… si a eso se le puede llamar vida. Hasta donde hemos llegado: a tu alrededor están ellos, te besan en la frente y alguno que otro te limpia las lagrimas cuando las ven como recorren lentamente tus arrugadas mejillas.

Es posible vivir del recuerdo, cuando la felicidad ha sido benévola, agradable, y tú lo sabes que fueron momentos diferente a las demás, a lo mejor tus recuerdos llenan de luz esas oscuras horas de soledad.

Sientes que bajo tu cuerpo se escucha como cruje las viejas maderas; y piensas que es la misma madera la que se sientes, pero no siempre es el material de la cual está hecha, o tras muchas veces son las carcomas que chillan haciendo el ruido que hacen al irse comiendo las vertebras de tú viejo cuerpo.

He intentado mirarme al espejo de mis sueños, he podido comprobar que la luz de mis cansados ojos no me ha dejado ver con claridad el semblante de mi cara, y al verme reflejado, he visto con terror en lo que se ha convertido mi rostro al paso de los años… ¡Me ha dado miedo, sí, he sentido miedo; he rasurado la barba que cubría mi piel, creyendo que era otro y que yo no era ese! Pensaba que la vida me había estado dando algo de felicidad… Todo fue un sueño, lo cual, todo era mentira y nada de lo que durante estos últimos años he pensado que ese maldito recuerdo de mi mente me ha estado engañando, día tras día.

¡No siento miedo en la soledad de las horas muertas! Pero sí, siento, un miedo terrible cuando los recuerdo cubren mi mente. Ese es el momento que tiemblo y recordando los sueños del el paso de los años es cuando mi cuerpo se destroza en la soledad de la noche. Lo que no deseas haber vivido, pero sí que lo hice y que no sé lo que un viejo puede hacer cuando ese río cubre de aguas cenagosas toda tu mente y, no te deja dormir en las largas horas de la noche. Desearía que todo se borrase; pero no es posible, y es cuando quisiera no haber nacido; pero el destino de las personas nos hace vivir las secuencias de lo pasado una y otra muchas veces.

Hoy, tú, aun sigues viviendo: y quieres más de lo que te puede corresponde por ley, es cuando yo no quisiera estar sentado viendo cómo pasan los días y tú te ríes de todo cuanto hiciste conmigo.

Amarrado, en mi cana, sí, estoy amarrado ya que por mucho que quiera levantarme, no puedo, y siento como la brisa del mar humedece mi piel. Quiero secarme; noto que no hay tal brisa, que son mis ojos y en medio de la noche escucho la sonrisa de tu boca y el brillo de tus ojos me buscan en la oscuridad de la noche.

¡Maldita seas!  ¿Deseas hacerme más daños… no tuviste bastante con el que me hiciste, aun quieres hacer más trapos viejos con los jarápos de mi cuerpo?

Eres tú la que no me dejas dormir. Eres las horas del reloj, eres la razón por la que un hombre llora en el silencio de la noche.

¿Has vivido estos recuerdos alguna vez? Tú, sí, tú, la que daña la mente de un hombre que con el tiempo sé está, volviendo loco y él desea hacer lo que le dictan sus recuerdos; en esas horas donde se rompe el miedo, donde  se llena de veneno la mente humana y después se les llama locos, asesinos y muchas cosas más; pero no es verdad. ¡Eres tú el veneno que inundas el recuerdo de mi dolorida mente y pides más! ¿Sabes lo que él quieres hacer de ti, ese loco? ¡Dice mi mente que corte tu maldita vida en mis pedazos! ¡Sí, lo sé qué  estoy loco y deseo hacer con tu desgraciada vida lo mismos que tú me estás haciendo conmigo! No quiero seguir de esta manera, la vida que llevo sentado sin poderme mover; lloro cada vez que me acuesto y cuando despierto te veo reír, te burlas de mi pasado. Eres tú la culpable de todas mis desgracias… ¡Por favor, déjame llorar y no despiertes mi mente!

El sol ha dejado de lucir, la tarde cae lentamente y los rayos solo reflejan la sombra de mi cuerpo sentado, todo está en silencio. Me estoy meciendo, la sonrisa no se ha borrado de mi cara, y cuando creo estar feliz, me hablan con cariño,  esta voz me dicen… ¡Abuelo, vamos que es tarde, tendrás frio, ya se fue el sol, ese amigo tuyo que cada día te hace vivir en tus recuerdo!

Me habla una y otra vez, y al ver que muevo mi cuerpo, me pregunta…

¿Abuelo: que haces? Y yo le contesto… ¡Me estoy meciendo!

Con qué te estás meciendo…

Con mi mecedora.

¿Qué mecedora?

¡Con esta, no ves que suave me hace sentir cuando le doy el va y ven para que yo me sienta dichos al recordar mis sueños!

¡Abuelo, estos no es una mecedora! Tú mecedora se hizo muy vieja y hace mucho tiempo que la tiramos, ya no tienes mecedora para hacer lo que estás haciendo con tu cuerpo… esto es una silla de aneas que es tan vieja como tú… ¿Me estoy meciendo? ¡Sí, abuelo, tu lo haces y cuando sientes que tu cuerpo se hace para atrás y para a delante; sonríes y es cuando tú te crees que el viento te meces y te hace sentir cómo se llevan los recuerdo de tu alma! ¡Quiero seguir a haciéndolo!  Pues hazlo, y si quieres yo te ayudo. El forjador de sueños. José Rodríguez Gómez. El sevillano.

El pianista

El pianista

Decima parte

Tu eres la persona que deseaba tener por hijo, pero tuve una hija y esa es la que te quiere a ti, y si tú eres capaz de tocar cada día de esa forma, estarás a mi lado cuando tú quieras.

¡Señor, le respondió José: antes quiero reparar el piano blanco; y después de hacerlo con él tocare cada segundo de mi vida para usted; pero déjeme que lo arregle!

¿Ese es tu deseo? Hazlo, y cuando lo termines te espero en la mejor sala de este club.

Gracias señor, muchas gracias señor Duque; no le defraudaré en mi cometido, y si no pudiese; se lo diré y entonces usted dirá en que piano puedo estar con usted tocando.

Se levantó el señor y su querida hija; esta se cogió de la cintura de José y estos sonrientes caminaba juntos a su querido padre. Los dos estaban más que contentos ya que el dueño de todo era feliz, y había encontrado un blanquito que tocaba bastante bien el piano.

¡Hoy comeremos los tres juntos! ¿Qué te parece Jennifer?

¡Muy bien padre: como tu digas, los dos estamos a tu disposición, no tenemos otra cosa que hacer que es acompañarte a todos los lados que tú quieras!

¿Adónde nos vas a llevar si es que me lo puedes decir? Le preguntó jennifer.

 Es una sorpresa para ti, no digamos del blanquito.

 Se rieron los tres y José también le hacían gracia ese mote pero bueno si estuviéramos en su tierra tal vez no le agradaría porque allí al saberlo todas las personas que lo conocía le llamarían del mismo modo y esto no le gustaba.

Recorrieron los salones y pasillos y antes de llagar al lugar por donde tenían que salir. Hizo una llamada con su móvil; y terminado de hablar, le estaban esperando en la puerta de salida. Una vez en la puerta donde daba a la calle central de la misma y al ver tantísimos coches correr agra velocidad, este se quedo mirando a su prometida y ella al verlo y ver el resplandor de sus ojos y estando tan maravillado de lo que veía le pregunto. ¿Qué te parece tu pueblo: cariño, es que en tu tierra no hay tantos coches?… Él al ver el día tan magnífico que hacia este le dijo a su querida sonriendo. ¡Gau! qué día tan maravilloso. ¡Estoy vivo y tengo la felicidad dentro de mi cuerpo y todo gracias a ti por ayudarme a encontrar a tu persona y después a tu querido padre! Estas palabras dicha por el joven que acompañaba a su querida hija le hizo pensar en las palabras que él había dicho antes estando haciendo su prueba. Era su hijo, si ya que él lo deseaba haber tenido y si esto era cierto y siempre le daría gracias adiós por haberle dado una hija y de regalo también aún hijo que según le estaba pareciendo en verdad que también deseaba que a si fuera.

No había visto el coche que les estaba esperando y cuando se lo mostro Jennifer; él se quedo parado al ver lo grande y lujoso que era.

El chofer se adelanto ante su señor, abriéndole la puerta de atrás para que su jefe tomase asiento y después de hacerlo, cerró la misma, y como si fuesen su amo y señor, seguidamente les abrió la puerta a ellos dos. Primero entro Jennifer  se sentó al lado de su querido padre y tras ellos entro José. Una vez dentro los tres él tomo su asiento y habiendo dejado el coche en marcha le pregunto a su jefe. ¿Señor: usted dirá?… Solo un segundo le izo esperar para que él le diese sus órdenes y adonde quería que los llevara.

Pocas palabras hicieron falta para el chofer que llevaba tantos años a su lado y este con solo unas indicaciones él sabía el lugar y adonde deseaba ir con su hija y su flamante hijo. Recorrieron unas avenidas y José estaba alucinado al ver los lugares y los enormes y edificios que formaban aquellas calles de Nueva York. Solo unos minutos y estaba delante de una de los mejores restaurantes de la gran ciudad.

Llegados a la puerta les hicieron pasar con el coche a un estacionamiento privado, una vez dentro les abrieron las puertas a todos los ocupantes del mismo.

Señor Duque… esta es vuestra casa… por favor le hiso una reverencia y salió primero el padre de Jennifer, y el pianista que no sabía adónde se hallaba. Cuando del salió del coche, su querida novia esta le cogió del brazo y se lo apretó con todas sus fuerzas a su cuerpo, para que él se sintiese protegido y arropado después de haber realizado la prueba que lo convertía en su querido y soñado compañero. Al haber aprobado su examen, este era ya uno más de la familia; aunque ella sí que sabía que desde el primer momento que entre ellos dos encontraron el amor; desde ese mismo instante lo era, pero, a partir de ahora las cosas cambiaba porque esta vez su padre que era hombre de palabra y le había gustado tanto que no podía demostrarla delante de él, y desde este momento sería un hijo para su padre. José no podía hacer otra cosa que mirar para todos los lados acostumbrado a su pueblo en España; para él todo era maravilloso y jamás había pensado que en esta tierra pudiese haber tantas cosas maravillosas. Estas lo eran y a sí,   ella al verlo se lo miraba y se reía con tal cariño que le daba besos en sus mejillas para despertarlo de su sueños.

Una vez dentro de local de este restaurante y nada más entras le saludó el metre, haciéndole una reverencia como si fuese su señor; esto parecía un poco extraño, pero de esto no tenía ni idea de cuánto pasaba delante de sus ojos. Para él le pareció un poco exagerado pero no le dio más importancia que la que en verdad tenía.

Pero aunque no le diese importancia lo cierto que el lujo y el esplendor sé sobrepasaba por todos los rincones y este era el primer restaurante que esté joven había visto de esta gran ciudad para que este día tan especial para él fuese un regalo de esta vida, y además rodeado por su querida novia y su futuro suegro y, a demás también estaba el señor kunta que se quedo de pies al lado de José…  

¡Blanquito: le llamo la atención al oído mientras el señor Duque entraba al restaurante, este era su gualda espalda y todo lo demás, ya que era su manos derecha en todo cuanto pasaba por la vida de su gran señor! ¡Si te portas bien seré tu amigo para el resto de tu vida… pero; no se te ocurra hacerle mal a mi niña! José al escuchar sus palabras no le contestó, se hiso el desentendido alas cosa que le estaba comentando mientras que su señor no estaba presente… Pero sí que lo había escuchado, y que le gustó este comentario; al saber que aquí todos querían mucho a su querida novia. Este al ver que no le decía nada; volvió a decirle alguna que otra palabra. ¿Te has enterado… mi blanquito? Al ver que no le contestaba; le hizo nueva mente la misma pregunta, a la cual él sí que se había enterado y al saber que también era hija de Kunta; sonrió y mostrándole su agradecimiento por todo cuanto había hecho por él; este sé rió, y le dio su mano para estrechárselas a su protector que era desde que se vieron por primera vez.  Kunta al ver la manos ofrecida por el blanquito se mostros contento al saber que era y seria un maravilloso esposo para su querida niña…

Una vez dentro del restaurante el señor Duque, y su hija acompañados por su prometido, y cerca de él estaba su querido y nuevo guarda espaldas ya que no creo que a nadie se le ocurriese meterse con él desde este momento. Mientras José entraba iba mirando paras todos los rincones de este magnífico local, y como era la primera vez que estaba dentro de tan maravilloso lugar y su vista no alcanzaba ver todos los detalles él y su querido protector le mostraba cuantas cosas deberías de ver.

Jennifer le tenía cogido de la manos como si fuese un niño pequeño, para que no se le fuera de su lado, este al ver que era arrastrado casi tropieza y se cae. Esto hiso reía a cuantas personas le veían su emoción; pero nadie podía saber quién era en verdad.

El señor que caminaba en primer lugar, a este sí que le conocían todas las personas que llenaba este precioso recinto; él era muy conocido pero este joven era la primera vez que era presentado en sociedad.

Le asignaron el mejor palco del club. Una vez sentados Duque le  dijo a su querido yerno… Blanquito mira a donde tienes uno de mis pianos… ¿Te guata? Le pregunto. José se lo quedo mirando, podía ver el brillo de sus maderas con la luz de los focos que lo hacía relucir como si fuesen espejos y era tal la luz que desprendía qué se podían ver el color y el tipo de telas que envolvían los tapizados de los sillones, de las mesas que lo rodeaban…

¡Es magnífico, contesto des pues de haberlo admirado durante unos segundos!  Este al ver que no le contestaba le pregunto…  ¿Si no te gusta lo cambiamos? lo puedo hacer… sí un piano durante una de mis actuaciones se le rompe una de sus cuerdas; se cambia por otro perfectamente afinado y cuando esta reparado si hace falta se vuelve al piano en el acto durante una de mis actuaciones. Escuchándolo, pero pensando y soñando a la vez, él se preguntaba… Cuándo tendré la oportunidad de probarlo en una de sus deseadas actuaciones junto a su querido señor Duque…

¿Este es un de los lugares donde usted toca?… para quien lo hace. Y en especial, este lugar parece ser uno de sus principales sitios para escuchar y deleitarse con sus melodías. Tras escuchar las palabras de el joven; Duque sonrío, y con una sonrisa en sus labios le contesto… Mi querido hijo, este es uno de los lugares menos visitados por mí; este es el menor de mis club, pero este sería un buen comienzo para ti, a si podemos ver cual es tipo de madera ante el respetable… ¿Qué te parece si el primer concierto lo haces en este sitio?… ¿te gusta?

¡Sí, como no; es un lugar adecuado para un principiantes!

Presentaron la carta, este al ver que era lo que mostraban los escritos hiso retirar dichas cartas y solo con hablarle cerca del oído del metre, se retiró todo y les fueron llevando lo especial para el momento preciso.

Jennifer que lo tenía a su lado, ella, le coloco una de las servilletas para que se la pusiese en su cuello, y él al ver que se la quería poner le pregunto… ¿No crees que ya soy mayorcito para no mancharme?  Pero ella se rió, y se la puso en el cuello diciéndole… ¡No quiero que te manches la camisa nueva, esta camisa, entérate mi alma; la he comprado yo con mi dinero y me gusta mucho; así que te la pongo, y después, cuando termines de comer, te la quito!… ¿te has enterado; mocito? ¡Y ella, fue la que le ato dicha servilleta! Su padre que también estaba en el comentario sonrió con mucha fuerza, y se lo quedo mirando y le dijo… bienvenido querido hijo a nuestra familia… ya lo sabes las mujeres siempre tienen toda la razón… ¡ah, y no les lleva nunca la contraria que será lo peor que le hagas!…

Los tres rieron mientras se celebraba su puesta de largo ante este extraordinario lugar… mientras comía; José no dejaba de mirar y requeté mirar el piano. Este  parecía que lo estaba llamando y casi se le caían los trozos sobre el mantel de la mesa, y gracias a ella por haberle atado la servilleta no se estaba manchando la camisa con la comida, al no poner el debido cuidado para no mancharse…. Su padre los miraba, y se alegraba de tenerlos a los dos juntos; esta pareja que tiene mucho que decir y deseaba que todo cuanto sucediese fuese como este comienzo de la vida en familia.

Habían terminado su primer plato, ella no dejaba de reñirle, cosa que ella le tenía como suyo, y este lo deseaba pero le decía cosas como si ella fuese su madre; para que pusiese su atención en lo que estaba haciendo y no era otra cosa, que comer.

Mi blanquito: ¡quieres estar atento a la comida; le dijo ella: mira que si sigues así mi padre no te llevará nunca más a comer a otro lado! Viendo cómo se las gastaba su querida hija, este quiso ayudarlo un poco y salió al quite de su querida hija.

Levanto la mano, y esta señal hiso sonara la música en este lugar… Se encendieron las luces,  y detrás de un lugar de ensueño apareció una de las mejores horquetas que jamás había visto nuestro querido forjador de sueños.

Pero el piano estaba solo, nadie había para que se tocase, y su corazón le gritaba por dentro pidiendo que le permitiesen tocar por primera vez.

Se le caían las cosas de las manos, estaba muy nervioso, y esto sí que le hiso gracias a su querida Jennifer. Cerca de él y sonrientemente le dijo… Vez, anda, vez de una vez y toca algo para mí; corre lo estas pidiendo a gritos… ¿No escuchas como te está llamando? Dichas estas palabras y cuando el vocalista de la orquesta dijo por megafonía… señoras y señores: Hoy tenemos el honor de tener entre todos nosotros a nuestro querido jefe y como no acompañado por su querida hija y a su flamante y deseado novio; qué desde aquí le queremos da la bienvenida a nuestro fantástico mundo de la música… hiso un silencio y dejo que el público se quedara expectante para escuchar lo que les quería comunicar a todos.

Señoras y señores… este joven es uno de los nuevos pianistas que tiene nuestro jefe y querido señor Duque en su nomina. Yo,  personalmente quiero y deseo que si él tiene el gusto de acompañarnos para mí y para mi orquesta sería un honor qué tocase con nosotros.

Dichas estas palabras, Jennifer le empujo para que se levantara… tras haberse puesto de pies se escucho su primera aplauso él muy respetuoso inclino su cabeza en agradecimiento si haber tocado una sola nota…

Miro a su querido suegro. El se encogió sus hombros y sin decirle palabra se lo quedo mirando… ¿Tú sabrás que es lo que has de hacer le dijo? ¿Quieres que te conozcan las personas; pues ahí tienes tu primera actuación si es que te atreves a tocar en público?… Unos segundos en silencio, agacho su cabeza, y solo esos segundos se dijo a sí mismo;  es lo que estabas buscando no, pues demuéstrales lo que eres capazas de hacer; se puso de pies y nuevamente se escucharon los aplausos del respetable. Era su momento de gloria tenía ante sí una oportunidad para demostrar de que estaban hecho su cuerpo y sus sueños.

Antes de ir para el lugar donde estaba el piano, ella se lo cogió de su chaqueta, le arreglo su camisa y le trajo para darle un beso en sus labios; le dio un beso, y le dijo… Haber como te portas y no me dejes en ridículo te has enterado mi blanquito…

El forjador de sueños

José Rodríguez Gómez

El sevillano. �ۆ���94}]. Decima parte.

El pianista… novena parte

El pianista

Novena parte

José se quedo en silencio meditando las palabras del señor Duque, cogiendo las manos de Jennifer y sonriendo entre sus miradas y viendo la cara de su amada le contesto.

Señor duque: nunca le hare daño a su querida hija, la quiero y creo que ella también me quiere con la misma fuerza que yo la quiero por eso no tema señor.

¡Bien, hablemos de otra cosa! ¿Cuándo piensas que puedes demostrarme lo que sabes del piano? Según tus palabras me dijiste que sabías tocar el piano tan bien como lo puedo hacer yo… es a si estas fueron tus palabras. Ha llegado la hora de demostrármelo, no crees.

Cuando usted quiera estoy dispuesto de hacerlo señor.

Duque se lo quedó mirando al escuchar las palabras de afirmación de sus requerimientos de tal cosa y mirando a su hija este les dijo. Cuando quiera… te parece bien ahora.

Si señor es buena hora para salir de dudas.

El señor duque se levantó de su enorme y precioso sillón, y sonriendo le mostros el camino por donde tendrían que ir para hacer la demostración de sus virtudes.

Los tres de pies, una vez levantados este, les mostró el camino para ir al  lugar donde estaba depositado el dicho piano para hacer la prueba de fuego que tanto había deseado el señor duque y su hija que también deseaba que fuese cierto esto que él la había dicho tantas veces que sí, que él era capaz de hacer todo cuanto su padre pudiese hacer sobre las teclas de cualquier piano.

Dentro del grandioso salón donde este estaba situado el despacho del dueño de toda esta sala que él no sabía lo grandiosa que llegaba ser, ya que solamente había visto el dormitorio de Jennifer y nada más.

Tocando un resorte situado en una de las paredes se abrió una pasillo fuertemente iluminado, donde se podía ver las grandes figuras de todos los tiempos de la música, y de los mejores maestros del piano y de todas la especialidades ya que el dueño de todo era un maestro del piano y se comparaba con los mejores de todos los tiempos. Estas figuras estaba echas de mármol, su finura eran de lo más bellos mármoles y de diferentes colores, incluso de mármoles negros, cosa que él no sabía que pudiese haberlos, pero si estaban allí, seguramente sí que lo habría, pero él nunca los había visto. Estas estaban situadas sobre pedestales, y otras de figuras a medidas de tamaño natural naturales y algunas de una estatura grandiosas ya que sus personajes eran y habían sido enormes de cuerpo y su estatura también. En esta  prueba  tendría que hacer todos sus meritos para demostrar cuanto sabía para que este señor no lo echase de su casa, aunque esto era solamente palabras.

Después de recorre varios pasillos y antes de llegar al lugar donde estaba situado el piano de su prueba, pasaron por un lugar debidamente adornado en el cual había un maravilloso piano de color blanco y este estaba rodeado de muchas flores y con la tapa levantada, su silla dispuesto para tocar, pero al ver que pasaban de largo José le preguntó por dicho piano.

¿Señor Duque: me gustaría que hiciésemos la prueba en ese piano blanco? Podíamos hacerla: le preguntó…

Se lo quedó mirando y le dijo. Este piano del que me hablas está totalmente envejecido y sus cuerdas destensadas  no creo que se pudiese arreglar era el mío y con él conseguí los mejores éxitos de mis tiempos de juventud pero ya no vale y lo tengo como un recuerdo ya se ha hecho viejo como todos nos haremos en esta vida, no sirve.

 Yo lo puedo arreglar si usted me lo permite.

¿Usted se atreve a decirme que sería capaz de arreglar ese piano? Sus sonrisas se escucharon a distancia, eran fuertes pero agradecidas por las palabras de este joven.

¡Me dices que tú eres capaz de arreglármelo! ¿Sabes que los mejores técnicos de instrumentistas lo han probados y ninguno ha sido capaz de hacerlo sonar como es debido y tú me dices que lo puedes hacer? Tienes mi permiso, puedes comenzar cuando tú quieras, como si lo comienzas hoy mismo, es todo tuyo pero no lo estropees más de lo que esta. Te doy permiso para que lo hagas, y si lo arreglas te lo regalo para tu cumpleaños.

¡De mi cumple años dice usted!

Según creo estas a dos días de cumplir veintiséis años… no se cierto.

¡Si señor: como lo sabe usted!

Tengo tus papeles y tu documentación luego te los daré para que los tengas tú que son tuyos y me las dieron días después de la paliza que te dieron.

Pero ahora no es este el piano de tu grandiosa prueba, tengo algunos más que es donde tú me lo vas a demostrar tus habilidades. ¿Te parece bien blanquito? Esta palabra de blanquito era común entre todas las personas de este lugar, incluso su querida “mujercita” lo digo porque desde que entro en esta casa; José  y Jennifer ellos se amaban como si lo fuesen; uno enamorado del otro y el otro mucho más enamorado de su pareja; por eso le digo mujercita con el tiempo ya les iré contando cosas de estos dos enamorados. Esta frase o mote que José la tenía entre esta familia; y era natural: él era el único blanco en la casa; por lo tanto a si le conocían, excepto Jennifer que era la mujer de su sueños al final eran tan enamorado los dos que también ella le llamaba muchas veces con ese mote, y a él no le hacía nada feo que se lo llamasen de esa manera ya que en verdad dentro de este laberinto de personas negras o mejor dicho de color él era el único que era blanco por lo tampoco se desmarcaba de entre todos y era cierto que a sí que era la diferencia de color entre ellos.

Siguieron caminado y tras unos metros y en otra grandiosa sala estaba uno de color caoba, reluciente y con una iluminación tan perfecta que cualquiera que desase tocar estaba dispuesto para ser utilizado.

¿Te gusta este? Le preguntó el señor Duque…

¿Es el suyo? Dijo José

No, el mío no lo puedes tocar por lo pronto, y no sé si algún día lo podrás hacerlo y para ello te queda mucho camino por recorrer.

José se acerco a Jennifer y le dio un beso en sus labios para que le diera suerte y esta sonrió y le contestó con una sonrisa.

Todo tuyo: demuéstrame como eres de grande ante este piano; lo qué tú dices tantas veces y deseo que lo seas porque si no mi padre; te pone de patitas en la calle y; ya sabes cómo se las gastan en esta gran ciudad.

El piano era precioso, jamás había visto nada igual, el piano tenía su tapa levantada en ella se veían todas la cuerdas predispuesta para ser acariciadas y el brillo de sus maderas eran tales que se podían ver sus pestañas y el color de sus ojos al mirase del brillos que tenia y  seguramente se podría afeitar en él como si fuese un espejo mágico. ¡Qué preciosidad! Estaba ante él mejor de los mejores según José, este piano sería su sueños y en el demostraría todo cuanto guardaba en su corazón; estaba dispuesto hacerlo, y que este precioso instrumento llorase con sus notas si fuese necesario.

El señor Duque se lo miraba, encontraba en él algo especial y sin saber el qué pero algo escondía en su mirada, porque jamás había presenciado nada igual alguien que mirase con tanto amor y qué lo acariciaba y resbala sus manos por las brillantes maderas que formaban el cuerpo y la estructuras de este especial piano.

Viendo como lo miraba el piano, José estuvo varios minutos mirándoselo y cuan do lo creyó conveniente se sentó en la banqueta. Sentado mirado sus teclas, abrió el libreto que estaba colocado sobre el piano, una vez abierto el libreto espero a que le dijese algo el señor Duque…

¡Puedes empezar cuando quieras, mi hija y yo estamos sentados de tras de ti; esperando escuchar ese piano y ver de qué madera estás echo tú! Ahí tienes para escoger todo cuanto quieras, en ese libreto hay partituras de los mejores pianistas de esta tierra, comienza por donde tú lo desees, yo sé cuáles son, y te puedo decir de quién es esa música sin que me hayas dicho su autor; con solo escucharte, y sin haberme dicho de quien es, ni que partitura quieres tocar. Comienza cuando tú puedas o seas capaz de comenzar; es tu momento de gloria, o tú peor momento de clase para ti.

Unos segundos en silencio, recorrió sus dedos por el teclado, se situó al centro del mismo, y esperando que el mismo piano le dijese cuando comenzar; se quedó mirando el libreto y abriéndolo por la mitad, escogió sin mira ni como se llamaba el autor de la obra, que sería la primera partitura qué había escogido al azar teniendo la partitura, bajo sus ojos y dio comienzo a su examen.

Acariciaba las teclas, y sin mirar el libreto, habiendo vito su autor, ya no necesitaba partitura alguna, él se sabía todas las melodías que pudiesen esconderse dentro de este magnífico piano. El libreto era su camino a recorrer sobre estos grandiosos maestros de la música. Beethoven, Mozart, cualquiera de entre los grandes estaban dentro de este magnífico conjunto de partituras de los mejores pianistas de todos los tiempos.

Se hiso un silencio entre los tres.  José acariciaba sus teclas y, suavemente hundía sus dedos sobre las teclas de nácar qué relucían como si fusen de cristal entre sus delicados dedos.

No le temblaban sus manos, en silencio miro al techo, donde había un foco que le daba la luz para que pudiese ver bien la partitura. Le sonrió al piano… y, este le agradeció tal gesto; Y solo acariciando su cuerpo comenzó el sonido a vibrar de sus entrañas y salir de su encantador cuerpo, la melodía que dictaba la partitura que él había escogido.

Durante unos segundos se escucharon repicar de campanas, corres de caballos y el sonido de los cascabeles, y de otros tipos de instrumentos que no estaban en el escrito de aquel  libreto.

Sí, era la música, estas eran sus notas, pero realizadas con otros instrumentos que los cuales transformados en la obra expuesta.

Era Mozart: y una de sus mejores obras creadas por el mejor de todos los escritores de música de todos los tiempos y él lo interpretaba su manera. De él salían estos sonidos que el señor Duque no podía comprender de done salían estos cambios, si él nunca lo había escuchado de tal manera, pero este joven lo interpretaba a su gusto y estilo.

Duque no hiso movimiento alguno; escuchaba sin hacer nada solo le miraba, y sin comprender como era capaz de sacar esta melodía, porque él no sé podía mover del sillón donde estaba sentado.

Se había quedado petrificado, jamás había escuchado tal cosa y no podía comprender de qué forma este joven estaba tocando su piano y de dónde sacaba aquellos sonido tan maravillosos que salían por el sobre de la tapa del instrumento que acariciaba sin hacer ninguna fuerza sobre el teclado de nácar y caoba.

Una hora, sí, con una hora le bastó para demostrar que era algo mágico, y qué durante este tiempo no abrió ninguna otra página y sin haberlas visto él sabía lo que estaba escrito sobre aquellos pentagramas.

Terminó de tocar, espero el veredicto de su señor Duque como él le llamaba. Este no hacia movimiento alguno, ni de su cuerpo, ni con su boca, ni sus pestañas se movían, y para ver que estaba vivo, y si saber el por qué no podía mover ningún miembro de su cuerpo.

José al ver que no le decía nada; volvió su cabeza al lugar donde estaba sentado él y su querida hija.

Jennifer miraba la cara de su padre que le dijese algo a su querido  Blanquito y al ver qué no decía palabra alguna, le acarició suavemente sus mejillas, y al roce de la mano de su hija se despertó diciendo.

¿De dónde sacas esas cosas, preguntó gritando; cómo te sabes todas las partituras si ese libreto es mío y sé que nada de lo que has tocado estaba escrito en él?

José dio un recorrido por el teclado y, comenzó de nuevo a tocar; esta vez sí tocaba lo que había en la partitura y cuándo le demostró que no le hacía falta ver nada de cuanto estaba en aquel libreto entonces le dijo: quieres que siga o prefiere que le improvise para que sepa de una vez que soy el pianista de los sueños y no tengo la necesidad de leer nada de cuanto esta en ese libreto; yo me lo sé de memoria, y si usted quiere me dice que partitura y yo sin abrir él, libro se la toco de punta a rabo. Quedo mirándoselo en silencio, sus ojos se habían clavado en los de él y esperando su contestación se levanto y se fue para él diciéndole.

 Señor Duque: quiero ser el hombre que toque a su lado cuando usted quiera y a la hora que sea, me da lo mismos, soy la persona que desea aprender de usted; no mire la manera de tocar de mis manos porque son diferentes a las suyas y, cada ser de este mundo tiene una forma de demostrar que clase de duende es, y yo soy el que usted ha escuchado y cada día cuando le toque y siempre será para usted y solamente para usted y estas notas saldrán cada una como yo quiera que salgan de la forma que estén escritas o no.

Dichas palabras que José le dijo al señor Duque se le quedaron grabadas el su mente y este le contesto diciendo: El forjador de sueños –  José Rodríguez Gómez – el sevillano a���O00��0�|���n�uȈC�rKϼ�0 *�H��

El payaso

El payaso

¿Quién es para usted… un payaso… todos, o tal vez sea una persona muy especial que se disfraza para hacer reír a los seres humanos, y en especial a todos los niños de la tierra? Yo pienso que sí, es esa persona extraña que se pinta la cara. Con sus muecas, sonrisas, y con sus palabras nos hace lo que todos deseamos, y es sentir en nuestros corazones alguna vez y, si pudiese ser; siempre, esas sonrisas que tantas faltas no hacen. Cosa difícil verdad…

¡No es fácil hacer el trabajo de un ser que todos lo llaman… payaso! Del que todos se burlan, se ríen de sus payasadas y sobre todos porque nos imitan en la vida misma. Él se mofan de los actos que hacemos todos alguna veces, y casi siempre muchas cosas que se reflejan en nuestra miradas, y cuando las vemos hacer; él se ríe de nosotros mismo, pero esto no hace gracia vernos en este ti pico personaje que del cual nos queda un grato recuerdo al habernos reídos tantas veces que nunca se nos borra de nuestra mente.

Vemos llegar a nuestra ciudad unos camiones muy grandes, cargados con cosas y  con sus rótulos sobre sus partes exteriores de los remolques. Casas flotantes, las cuales no tienen un suelo fijo, son montadas y cuando ter minan sus funciones se vuelven a marchar sin que puedan crear unas raíces en algún lugar de esta tierra.

Aves migratorias las que volando sobre los lugares menos pensados, y allí se detiene; beben de los manantiales que circundan la tierra. Tras de sí dejan un rastro de ilusiones y de sueños que jamás se borran de las mentes humanas y menos de estos niños que para ellos es el trabajo de este actor. Él cual se pinta en la oscuridad de la noche y bajos una simple lámpara se ve reflejado en ese espejo de ese viejo tocador que todos tenemos; y alguna vez y otras muchas ocasiones nos pintamos, queriendo ocultar otras cuentas de nuestra vida y en las cuales también hacemos el payaso sin darnos cuenta que lo hacemos… pero no somos capaces de hacer reír, ni a nosotros mismos.

¿Sé pierden estos hombre?… Cada vez hay menos circos y, por lo tanto también hay menos personas dispuestas  a hacernos dichosos aunque sea por unas horas. Si esto sigue así, dejaremos de llamarlos por su nombre. ¿Usted sabe como se llaman estos seres que  se ocultan tras esa mascara?… Cada personas que toma este trabajo para hacer de ella un oficio, este es muy especial, ya que para hacer reír a las personas es cosa difícil de conseguir. Ya que lleva dentro de sí, un extraño, un ser diferente, cosa curiosa verdad… Llevar a ese hombre que se tiñe la cara de blanco y cubre todas sus arrugas. Por qué no siempre es un hombre joven, no, muchas veces y creo que casi siempre se trata de un hombre de avanzada edad; y del cual nadie sabe por qué se pintan y además oculta su rostro al mismo tiempo… Nada sabemos de ellos, y son muchas veces la estrella principal de este grandioso circo que hoy quiero relatarles todos ustedes.

¡Bien bienvenidos a este gran espectáculo!  Hoy ha llegado a nuestra ciudad un circo, sí, un circo pero este es  muy diferente. Este circo se llama como el título del mismo, del que no sabemos ni tan siquiera su nombre… Cien estrellas, equilibristas, trapecistas, titiriteros, saltimbanquis y de todas las clases de actores, músicos y domadores de leones y de todas las clases de fieras. Todos los artistas se reflejan en los carteles con sus actuaciones y el último de la lista está nuestro personaje, sí, es tan pintoresco que no hace falta ponerlo ya que es él la estrella de esta ciudad flotante que las cuales recorren los caminos sin decir cómo se llama y tampoco en el cartel principal no está el nombre de la estrella.

La cabalgata ha recorrido las principales calles de nuestra ciudad. Elefantes, leones encerrados en sus jaulas, caballos y domadoras montadas sobre sus grupas. Haciendo las delicias de todos los transeúntes que están en las calles para ver pasar esta candad de personajes que harán la alegría de todos y con sus grande actores y música han llenado la ciudad de coloridos y haciendo grato sus cosas que están anunciando su llegada y pidiéndole a todas las personas que acuda que es espectáculo especial para todos y en cierta manera para los más pequeños que son los que siempre se quedan admirando y viendo las cosa que este personajes les cuenta a todos ellos.

En las afuera está emplazado el circo, y entre todos los personajes de esta historia levantan esta enorme masa de hierros y de lonas; las cuales al llevar tantos años surcando la tierra está muy deteriorada y se le pueden ver que está remendada por casi todo su contorno. Pero la vida no da para vestidos nuevos cada día, y este es el de estado del  teatro ambulante de los sueños… Él que se eleva sombre la tierra. Su imponente figura parece un castillo de los cuentos de hadas y de misterios; pero sus grandes mástiles alcanzan al cielo como si fuesen ballestas que quisieran elevar al mismo firmamento; pero está sujeta por ciento de vientos clavados en la misma tierra que le impiden que pueda volar como todos los niños quisieran ver.

Ha terminado él pasa calle por la gran ciudad, y se reúnen en el centro de la pista principal. Una vez reunidos; el jefe del circo les dice a todos los componentes que esta noche se estrenan en este lugar y hay que demostrar que somos los mejores en todas las especialidades. Una vez les ha hecho el resumen de lo que espera de todos; él les anima con una arenga de elogios a cada unos de ellos, una vez se ha dirigido a ellos levanta la voz y les dice… ¡Somos los mejores de la tierra y ustedes son mi familia y hemos de demostrarlo; así, qué en marcha, que nos quedan unas horas para dar la primera función!

Todos dan por terminada la charla. Cada uno de los componentes se dirigen a su casas flotante, aunque en estos momentos están clavadas en esta tierra, como si fuesen veleros que sus velas no se hinchan por que el viento no es el adecuado para hacer que recobren sus vidas…

Repasan sus ropas, las planchan, les repasan todos su botones, miran de recomponer sus bordados y todos los adornos para que cuando el circo tome vida ellos sean el reflejos de los oropeles de sus vestimentas los que brille a la luz de lo grande focos.

Nuestro personaje ha entrado en esa rulot que parase de juguete; es muy chica, pero para él solo tiene bastante. Es una casita de los cuentos de hadas, coqueta, recogida y muy poco lujo hay en ella, en su interior solo tiene una pequeña cama y un viejo tocador.

Al entrar en ella tiene la luz apagada, la enciende, cierra la puerta para que nadie le moleste. Él cada vez que tiene que hacer acto de presencia en la pista central que es el lugar donde hace las delicias a todos los niños de la tierra. Como si fuese un deportista él se concentra de tal forma que cuando está delante de su viejo tocador parece que flota sentado en su pequeña silla de aneas; la que le acompaña en todas sus representaciones en todos los lugares de la tierra. La silla es tan vieja como él, aunque creo que es mucho más mayor; sí, es cierto que lo es, porque esta silla se la dejo su padre como recuerdo y como único regalo, y esto fue lo que le dejo; pero antes de irse al lugar donde descansan esta personas especiales; porque para ser un payaso hay que ser el ser más bueno y brillante que haya sobre la capa de la tierra y él lo era y como no, también lo es su hijo… las últimas palabras que recuerda fueron estas…les dijo que se la cuidase mucho. El día que te vayas en mi busca, tú me has de traer esta vieja compañera mía y que fuese a juntarse con él; no se te olvide de llevarla contigo porque hasta que tú no llegue ese día, yo estaré vagando por las nubes de colores esperando tu llegada.  

A sí que cada vez que se sentaba en ella, él le recordaba con un cariño tan especial como lo es por dentro de todo su ser y a si sus ojos se llenaban de lágrimas blancas que se confundían con la pintura que usa para ocultar sus tristezas.

Lento, mirando a cada uno de los poros de su piel; como si fuese algo tan especial,  sabiendo cómo se portarían sus rasgos le daba más o menos pintura. Ablando con su espejo le contaba cada una de sus actuaciones anteriores y cómo eran cada uno de los niños de los que él había estado haciéndole reír, y también se sabía los nombres de cada uno de ellos… ¿Cómo… no lo sé, pero era cierto, se acordaba y se sonreía cada vez que lo nombraba a uno de ellos? ¡Han sido millones y en su pequeño escondite que era este lugar! Sí delante de este espejo mágico; se acordaba y le nombraba para que este fuese el niño o la niña que le ayudase a pintar su vieja cara…

La luz del tocador se hace más fuerte, brilla cada vez con más fuerzas, como ella sabe que le han de ayudar para que no le costase trabajo hacerlo, ya que a sus años cada día la luz de sus ojos es más deficiente y le cuesta más trabajo hacer esta labor. Y por eso él llama a uno de ellos.  Este se presenta por arte de magia y le ayuda en estos menesteres. Llegado este momento es cuando yo me creo que este mundo está lleno de personas que viven dentro de esa nube de colore que nos llena el cielo con el arco iris y nos refleja las bondades de esta vida… Si es cierto que las hay, y en ella esta nuestro hombre. En cada ciudad y en las representaciones a hay uno de los miles que es diferente a los de más, y ese es el que se queda grabado en su cerebro y, jamás le olvida. Creo que a este niño o niña al ver a nuestro hombre, se lo queda mirando y sin decirle palabra alguna, él lo siente dentro de sí y sus pequeños ojitos se llena de lágrimas, pero estas no son de tristeza, no, son de alegría al haberlo conocido y es entonces cuando dentro de su ser se transforman dentro de sus corazones y se crea un lazo invisible que jamás se romperá entre ellos dos. Todos los pequeños niños y niñas, siempre la diferencia en cada uno de ellos es especialmente bonita. Sus voces, sus sonrisas y su mirada les deja un reflejo de sí mismo, y cuando está delante de su oratorio, sí, eso es un oratorio para que él les de las pinturas que ha de compaginar con el día en el que estará delante de sus personajes y estos siempre son  sus queridos niños…

Sentado ante su verdadero personaje, él se ve reflejado sobre el viejo y querido espejo, agacha su cabeza se siente avergonzado por tener que pedir ayuda cada día y en cada función ante este pequeño niño que le ha venido ayudar porque ha sido él quien lo ha llamado y no puede llorar ya que si lo hace él; se preguntará el por qué me ha llamado si está llorando. Será por mi culpa. Estas palabras las comenta en silencio, y sin decirle nada, el viejo lo escucha, se sonríe, pero no le dice nada para que no se asuste ya que antes de que su cerebro piense cualquier cosa  él sabe lo que está pensando.

Ha dejado de llorar. Le da los pinceles a su acompañante, ya sabemos que en cada función es una persona diferente a la anterior, sea niño o sea niña. Si, digo personas ya que sabemos que los niños siendo pequeños lo son desde que la vida se hizo vida dentro de su ser… Toma los pinceles, le da la cajita donde están los coloretes y tomando uno, a uno se los va depositando sobre su arrugada piel. Sabe que  con los pinceles al llegar a cada curvatura de tu cara él se detiene, y le cuesta trabajo dejar los olores pero con mucho cuidado le va tiñendo su cara, y esta toma la sonrisa del personaje que ante todos se ha de presentar cada día y en diferentes lugares ha de estar presentable y siempre con el mimo dibujo para que su sonrisa sea la más hermosa de todas.

¿Cuánto tiemplo ha tardado en estar listo para presentarse ante su público? No lo sé `pero tampoco es muy importante ya que el tiemplo lo marca él y nadie más que él lo sabe, y siempre es puntual ante su querido y respetable…

Suenan las voces del presentador, las personas que antes hacían colas para poder entrar, ya están sentadas y suena la música  de esta maravillosa orquesta; y comienza el espectáculo…

¡Señoras y señores: muy buenas noches y gracias por haber llenado este gran circo que les llevará hasta los confines del cielo y de esto estoy seguro, que jamás olvidarán esta noche!

Ha comenzado la función, y los actores tras actores reciben el mejor de los aplausos porque su actuaciones han sido una maravilla y el respetable se los paga de la forma que para el artista es el regalo de su vida y, son sus aplausos que es el pan de cada una de esta personas…

Se hace silencio en todo el recinto, se enciende uno de los focos principales, y deja en la penumbra todo el contorno; solo se puede ve la pista central y al ser anunciado este, nuestro personaje sale de unas cortinas de oro puro y al ser llamado por el presentador aparece nuestro querido y viejo amigo… Lleva tras de sí, a su querida silla. La va arrastrando porque él la lleva cogida por el respaldar de la misma, y sus patas traseras se quedan grabadas en le arena de la pista…

¡Señoras y señores; ante ustedes, el más grande, el mejor, el rey de la sonrisa, él inimitable y gran querido por todos nuestros los niños!… Se hace un silencio y con su potente voz deja que su sonido sea como el de una trompeta que se rompe en el silencio de la noche. ¡Él…  payaso!

Sonoro y fuerte aplauso del respetable público al ser nombrado nuestro querido personaje, y del que todas las personas le quieren y le adoran ya que es la estrella de este magistral circo.

Todos ustedes esperan que este payaso sea como los demás y  no es a si y que les diga a todos los niños las palabras que todos su antecesores dicen nada más llegar al centro de la pista.

¿Cómo están ustedes… y los niños acoro responden… bien? Más fuerte… que no les he oído; y esto responden otra vez,  gritando mucho más fuerte que la vez anterior. Y él le dice acercándose la mano a su oreja…Pues yo no, lo he podido escuchar; es que nos habéis gritado lo que yo os pido. Haber como suena esta vez… ¿Cómo estáis ustedes…  esta vez sí que dan el más grande de los gritos y se escucha la palabra… bien?         

Pero este hombre no es de esos que les piden a todos los niños que griten; a él no les agrada dar esos ensordecedores gritos, él quiere silencio y para eso se sienta en el centro de la pista, y solo le podemos ver como su mirada se clava en la arena, no la levanta la vista hasta que el presentador pide a todos los niños y niñas del circo que suban al centro de la pista para estar cerca de él y sentarse a su lado mientras hace sus parodias y les cuenta uno de sus cuentos.

Al reclamo de el presentador a estos niños, muchos, con un poco de miedo y potros más valientes se acercan casi corriendo, no vaya ser que se acaben las sillas que están colocadas formando un circulo y él está sentado en el centro del mismo.

Han pasado unos minutos mientras se ha llenado la cantidad de sillas que cuando se iban entrando las personas que llevaban niños eran contadas para tener a si la misma cantidad de sillas como niños en el interior de este. Se apagan las luces, suena una maravillosa melodía y se levanta del centro una flor de multitud de colores y esta es la pista central que se ha formado una margarita muy grande que parece un carrusel. Esto inquieta a los padres de los niños; pero él mismo presentador les comunica que no tengan miedo alguno, que esto solo es para darle una maravillosa vista del espectáculo.

La flor en forma de esta gran margarita se mueve, y comienza a dar vueltas muy suaves que casi ninguno de los niños se ha levantado de sus silla; y a si empieza este gran momento del payaso. El publico los ve desde las grada del mismo y solo ven que el payaso está haciendo sus comentario y payasadas y se pueden ver como los niños se ríen a más no poder y esto tranquiliza a sus familiares… pero mientas ellos ven lo que él quiere que se vea; los niños están volando desde el centro del circo hasta las nubes que están a mucho kilómetros de distancia y ellos sí que están viendo un paisaje maravilloso, este les cuenta uno de sus maravillosos cuentos de los que él quiere, y que cuando termine esta noche jamás la puedan olvidar…

Cosa muy curiosa esta de haberlos subidos a ese carrusel del cual está haciendo dos funciones al mismo tiempo.

Parece que la visión de los padres y la del resto de personas que han llenado totalmente el circo se pueden ver como sus caras y sus sonrisas es de total alegría de haber venido a esta función; pero los que en verdad lo están pasando bien son ellos. Sí, ellos, los niños y niñas que se subieron  para estar cerca de su payaso. Este que lleva su cara pintada y su sonrisa refleja la felicidad que hay en su interior y dentro de su corazón…

¿Cómo se puede hacer en un pista de un circo que sea puedan ver dos actuaciones al mismos tiempo?

Mientras todos los esperadores ven que este hombre corre por la arena, que se cae y se levanta y dice cosas que a todos nos hacer reír a los niños, y él se han marchado; pero estas imágenes están en las retinas de todos y mientras ellos se ha evaporado y solo queda el brillo de las estrellas que durante miles de años, su luz se siguen viendo desde la tierra. Este es el efecto que sea ha creado en el interior del mismo.

Ha pasado una hora desde que este pobre y simple caricato o mejor dicho cómico; por qué no llamarlo por su nombre verdadero… nuestro personaje… el payaso como lo llaman todos los niños de la tierra.

La flor baja lentamente, sus sonrisas se reflejan en sus maravillosas caras, y el brillo de sus ojos es el de los luceros a media noche, verlos a todos sentados hasta que no se para dicha flor. El respetable al ver la maravillosa vista de todos sus hijos sobre la flor se ponen de pies para aplaudirlo con todas sus fuerzas; ya que el tiempo que ha durado su actuación ha sido magistral y maravilloso.  A grandes y a pequeños esta noche jamás la podrán olvidar.

Nuestro personaje ayuda abajarse de esta flor, les cuida para que cada uno bajen sin a hacerse daño alguno mientras los padres se acercan para recogerlos a todos. La  orquesta interpreta una dulce melodía que les acompaña todos para que su actuación haya terminado feliz mente, y ellos son cogidos de las manos de sus familiares.

Una vez ha terminado la actuación estelar del cierre de esta noche; el payaso se queda en el centro de la pista. Ve como todos los niños se vuelven, les sonríen y con sus manitas le dicen adiós…  Le tiran besos, algunos, llevan su ojos llenos de lágrimas; pero no se crean que son de tristeza, no, no son, todo lo contrario es de una alegría que jamás podrán vivir de nuevo, a no ser que vuelva en la próxima actuación de este circo y esta será algún año que esta flor se vuelva a crear para todos ellos. Otros en cambio sus mejillas están rosadas de haber sido los más felices de esta noche de tanto como se han reído.

Cogidos de las manos de sus padres. Cada niño le cuenta lo que ha vivido, y cosa extraña; ya que cada uno cuenta una historia deferente, y entre los cientos de niño, no hay una que sea igual a la otra. Los padre al ver lo felices que son; pero no dan crédito a los que les están contado cuando ellos han vivido una actuación diferente a los sueños que les están comentando sus hijos; pero lo importante es que todos han sido tan felices que este hombre, él se puede dar por satisfecho de su trabajo. Él sigue en la pista sentado con su vieja silla, y hasta que no queda nadie entre las gradas. Una vez se ha quedado solo, se pagan todas las luces, y él se queda llorando de felicidad; ya que su trabajo en esta tierra es el de hacer felices a todos los niños y niñas de este mundo ya que los mayores son esas personas que entran para olvidar su maldades y al mismo tiempo para tener algo de luz en sus mentes oscuras. Si habéis visto este acto, veréis que es solo para todos esos pequeños, y que ellos sí que tiene el corazón limpio y sus sueños se han hecho realidad por una vez en sus vidas.

¡Otra vez, cuando llegue a tu tierra un circo como este… entra, para que tus malos pensamientos,  vanidades y deja atrás la maldad, el rencor hacia tu prójimo y que todo se olviden de tu mente! Tú vida es para ser vivida y olvidar todos tus problemas; ríe una vez y hazte niño como ellos. Al terminar cuenta lo vivido como si tú fueras uno de ellos y después mírate en el brillo de los ojos de tus hijos y ser por una vez ese niño que todos llevamos dentro de nuestros corazones.

El forjador de sueños

 José Rodríguez Gómez

 El sevillano.

Del rosa al amarillo

Del rosa al amarillo.

¿Cuánto hace de eso?… ¿Te acuerdas de aquellos años donde todo era de color de las rosas? Y desde entonces hasta el día de hoy ha llovido tano, que las huellas se borraron, los caminos encharcados difuminaron mis sueños y casi no me acuerdo de nada de todo lo ocurrido en mi juventud…

¡Bueno eso de que no me acuerdo… a lo mejor es mentira! Cada vez que me miro al espejo de mi alma, siento miedo, sí, miedo de ver las huellas del tiempo sobre la piel de mi cara. Ver los surcos arados,  ver como la tierra sin sembrar se ha secado por falta de ese amor que riega los campos baldíos y los que se quedaron secos de sueños, y que no se mojaron los labios sedientos del pasado.

Veo cómo ha nevado en mis sienes, los cabellos se tiñeron de plata.

Los años y el viento se han llevado mis cabellos, y casi no puedo peinarme a la raya como era mi costumbre de hacerlo.

¡Los años solo son un numero! Esos dicen las muy graciosas. Sí, estas mujeres; las que me dicen tal cosa; eso dicen las cuales el tiempo se para, y no corre se detiene y su bello cuerpo se adorna mucho más con el paso de los años. Su esbelta figura se hace desear cada día más y más, culpa de esos ojos que al mirarla se sienten traicioneros de querer enamorar a esas diosas. En cambio en el  nuestro es al revés y el tiempo corre velozmente hasta llegar adonde yo me encuentro en estos momentos de mi vida.

Muchas mujeres, te llaman bello… ¿y eso que es para un hombre? Que es ser bellos para esos ojos que te traicionan con solo verte, y te llaman en silencio lo que en verdad eres, sin mentiras, sin tapujos y eso quisiera yo que fuese cierto; pero no es así. La vida pasa y los colores se mezclan al mirarlos una y otra vez.

También los ojos se cansan de mirar, y mira, que  una de las cosas que más nos gusta hacer a los hombres ya entrados en muchos años y más a esta edad nuestra. Es qué al ver pasar una mujer muy bella se nos encandilan los ojos. Esos que están cansados de haber llorado tantas veces, que también se les hicieron surcos y al ver que la luz ya no es la misma, que se nos ha hecho tarde en vez de día y cuando estamos en silencio, nos acordamos de cosas bellas esas cosas que nunca se olvidan.

Voy camino despacio, ya no puedo salir corriendo tras de ellas y ver sus sonrisas en aquellos lindos labios color carmín. Ese color natural que tiene los labios si haberse pintado la primera vez. Que bellos eran y cuanto me acuerdo de aquellos primeros besos que se dieron en ese lugar del cual quiero acordarme, pero me cuesta trabajo saber si era de día o era de noche. ¿Tú sabes los días que han pasado de ese preciso momento?

En aquellos tiempos yo, como tú y como él; nos recordamos de esos maravillosos momentos en los cuales paseábamos por esos lugares donde la luz penetraba bajo la sombra de los robles, de los chopos, o de los almendros en flor y como era el aroma que podías respirar, siendo en primavera y el perfume embriagador del azahar de los naranjo y de los limoneros en flor, estos embriagaban mis sentido. Hoy es primavera y es cierto que los árboles están en flor. Los  pajarillos picotean en el suelo y junto a estos árboles. La sombra de uno de ellos me hace recordar cuanto días te esperaba que tú llegases y que mis ojos  te pudiesen ver corriendo y deseosa de estar cerca de mí. Pero, lo cierto es que no me acuerdo de cuál era su nombre y eso nos quiere decir que yo tuviese muchas novias. Será verdad que los años no pasan en balde y que ya estoy mayor. No quiero decir que soy viejo, es una cosa que me dicen todas las mujeres que leen mis sueños. Que soy muy viejo, y ellas me riñen para que no diga esas cosas, y que no soy viejo, que soy un hombre muy bello. ¿Y eso de bello por qué lo dirán; si cada día, cada segundo de este mundo el ser bello es para esas personas que tienen la gracia para andar y hacer mover su cintura y  al caminar bambolearse cada vez que dan un paso?

Recordando mis vivencias y sin poder dar unos pasos ligeros ya que los años digan lo que digan la gente las cosas  van cambiando y yo cómo el destino también tengo arrugas sobre mi piel, pero también tengo algunas que otras nubes en mi mente; y estas me hacen mucho más daños del que yo quisiera. Pero sé que se me olvidan cosas y a veces digo cosas que ya no existen y otras que no son lo que yo quiero recordar… La vida te da unas cosas y te quita otras. Este banco al cual yo quiero llegar, al menos lo quiero intentar aunque me cueste un poco, pero lo he de lograr. Caminando lento y arrastrando mis pies por el suelo quiero recordar que entonces, en aquellos días de mi juventud; era salir de mi casa y comenzar a correr para llegar antes que ella. A si, si yo llegaba antes, era ella la que me tenía que dar un beso en mis labios. Esta era la apuesta que teníamos entre los dos y claro está. El beso me lo daba cuando se oscurecía la tarde y el sol ya declinaba. Era una de las horas más hermosas que por mucho tiempo que pase no la quiero olvidar. El atardecer en aquella orilla del estanque, cuando el sol se quería esconder, ya que él sabía que todos estábamos esperando este preciso momento y por lo tanto. Como él lo sabía, se hacía esperar, y todos mirando al cielo para ver como se oscurecía la tarde y entraba la noche…

¿Por qué esperábamos que ocurriese en aquellos tiempos; si ese tiempo era nuestro, pero sin saber por qué lo hacíamos días tras días? El estanque se volvía mágico, brillaban las aguas, estas se tornaban de un color oro viejo. Se apagaban los rayos del sol, y se encendías lo grillos y cientos de libélulas de colores encendían sus luces y volando entre nosotros parecía que el cielo era el rincón del amor entre todos los jóvenes que nos encontrábamos en este lugar. Era ver este gran espectáculo, donde las estrellas comenzaban a lucir. Algo tan maravilloso nos envolvía todas las tardes y, entre besos, abrazos y caricias aquel lugar de los sueños nos hacia estremecer de felicidad a cada pareja. Con nuestras querida novia y entre todos unido por el lazo del amor. Cada uno de nosotros, los jóvenes que nos juntábamos en estos lugares, y nos quedábamos mirando como el sol se retiraba lentamente, y cuando se había escondido. Cada pareja daba a su querida novia ese beso que amor que nunca se nos olvidaba; era el momento sublime de la tarde. Esta vez, fue ella quien me dio ese bellísimo beso y para más alegría de mi corazón, fue la primera vez que abrazo mi cuerpo. Entrelazado mis labios con los suyos y sellado con un beso, yo  recuerdo que no nos queríamos separarnos ya que este momento jamás se volvería a suceder.

Entre las sobras de la tarde y de las ramas del sauce nos escondíamos los dos para besábamos. Ella temblando de emoción se acercaba lentamente y otras veces, me lo daba a toda prisa, tanto que a muchas de ellas no me daba tiempo de sentir el sabor de su boca. Quiero recordar y recuerdo, qué cuando hicieron, este banco estaba realizado con azulejos de colores y, en su superficie había una pareja de novios que bailaban al son de las olas del estanque. Era muy bonito, pero el tiempo hace estrago con las cosa, y debido a sus años y a las inclemencias del tiempo todo se deteriora. Si nos pasa a las personas, no digamos a las obras que están a la intemperie, a estas mucho más que a nosotros. Qué cosas pensábamos y las hacíamos. Éramos muy jóvenes y seguramente hoy no lo pensaríamos. Nos daríamos los beso que fueran necesarios pero en aquellos tiempos se respetaba mucho más que hoy en día. Hoy se pueden ver a la juventud vivir la vida de diferente manera, sin miedo  a nada. ¿Qué le importa que estén rodeados de gentes a ellos? Se besan, se abrazan y hacen lo que haga falta; ellos solo se  miran entre si y, cuando sus ojos se dicen te quiero, nada ni nadie les molestan. Lo hacen, se quieren, a si de sencillo es la vida de hoy en día. A las sombras de la tarde, o la luz del sol; es para estos jóvenes las luces del cielo las que iluminan sus bellos ojos; se les nublan la mente y se dan miles de besos para que esconderse si entre ellos se aman, se quieren, y sus besos son suyo y a los demás que los parta un rayo.

Recordando mi pasado, sentado en este banco de piedra, con mi mente embelesada, cogía piedras pequeñas del suelo  y las tiraba al agua. Esta me contestaba diciendo por qué, por qué. Era el sonido del silencio el que me hablaba dentro de mi mente, y solamente yo escuchaba mis lamentos al estar en la soledad de la vida. Cada ola del estanque, al caer mis piedras en el lugar donde caían se formaba hondas y hondas que al llegar a la orilla esta exclamaban mi silencio y me preguntaban mientras yo seguía como si nada hubiese pasado.

No era cierto, sí que pasaban cosas dentro de mi cerebro y, algunas mejores y otras no podría contarlas; ya que algunas veces me daban ganas de acabar con mi vida. Pero esto es solo la lucha de mi interior con la vida que yo llevaba en estos malos momentos.

Hablando sólo, sí, yo hablo muchas veces conmigo mismos, y si esto es estar loco, pues lo estoy, pero es la única forma de limpiar mi cerebro y aclarar mis sueños y mis ideas las que tengo de mí… Tengo que hacerlo muy a menudo ya que si no lo hago entonces sí, sí será cuando mi mente se envuelva en la locura y esto no lo puedo querer para mí mismo. 

Sin escuchar el sonido del chapoteo al caer mis sueños sobre el agua, esos sueños que yo estaba tirando en forma de pequeñas piedras a este lugar sagrado para mí.

Comentando mis recuerdos, ensimismado en mí faena. Había llegado alguien hasta el lugar donde yo estaba sentado, mientras yo me hacía el sordo o mejor dicho el distraído, o tal vez no me daba cuenta de lo que estaba haciendo. Llego una señora: ella, al ver que estaba distraído me preguntó…

¿Me permite que me siente a su lado?… al ver que yo no le contestaba volvió a repetir su sugerencia…

¡Señor: me deja sentarme con usted!

 Esta vez sí que la pude sentir ya que había tirado casi las últimas piedras y al ver donde había caído preste atención a sus palabras.

¡Perdón señora, no le había escuchado! Por favor permítanme tener el honor de ser yo el que la desee que se siente usted a mi lado; cómo no; faltaría yo a mis principios de caballerosidad.

¿Cuánto tiempo me ha estado usted mirando? Le pregunté…

Con una sonrisa en sus labios, muy burlona y a la vez muy seductora me dijo sonriendo.

Hace unos minutos que llegue y le he estado mirando; he guardado el silencio por el respeto que usted se merece al estar hablando con las olas de este precioso estanque. Y al ver que se declaraba dolido por su pasado no he querido interrumpirlo para saber más cosas de usted.

Por favor no me llame de usted, a si me hace aun mayor de lo que ya soy por desgracias.

¿Por qué por desgracias, y es usted todavía muy joven?

Me hace gracia: me vuelven a llamar joven, sabiendo que no es cierto; que ya pasé de todos los colores  de m i vida habidos  y por haber y sólo, me queda este…

¿Y cuál es ese color del que me habla?

¡Claro usted aun no ha llegado, y por eso no lo conoce, cuando llegue ya me lo dirá si es que le gustan esos colores que hemos vividos durante nuestras vidas y cuando se hace oscuro no podemos volver atrás y es cuando el ocaso nos invade por completo! ¿De qué me habla; es cierto que tiene años, pero le queda que dar mucho amor en esta vida que nos queda por vivir?

¿Usted lo cree: cree que puede haber alguien que se enamore de un hombre como yo?

¡Sí, y por qué no!

¿Se enamoraría usted de mí? Esta pregunta quedó unos segundos  en el aire y antes que ella contestase a mi ridícula exposición, ya que ella era mucho más joven que yo… al menos quince años o más; y al ver su cara esta vez sí que el sol dejo que pasasen unos minutos, diría yo casi un hora para que se oscureciese.  Ella no dudo en contestar.

El silencio lo dijo todo, la duda recorría su cerebro antes de contestar a mi simple pregunta. En su cara y en sus ojos se dibujaba una sonrisa muy suave en sus labios, y al mismo tiempo un poco burlona; pero ella contesto diciendo.

¿Que desea que te diga… dígame? Si se tiene por viejo, que espera que una mujer como yo le conteste. ¿Desea que le mienta, o quiere que le diga la verdad?

En mis manos aun me quedaban pregunta y respuestas que nunca llegue a tirar al agua, y al ver a esta preciosa mujer a mi lado no supe qué hacer con estas piedrecitas que no había lanzado al estanque, y las deje caer lentamente para que no se diese cuenta que me había vencido. Pero en mi interior estaban sin contestar y creía firmemente que nunca jamás habría una señora como  esta que se enamorase de un señor tan mayor como yo; el que había cogido por camino de ir vestido de amarillo.

Miro al suelo, pudo ver como yo tiraba cada sueño, cada recuerdo; sin tener nada que decir, yo me daba por vencido y me resistía a tomar el camino equivocado.

La oscuridad se aceleraba, y la respuesta de ella se hiso eterna; pero antes de que los rayos del sol que nos alumbraba se rompiesen en mil pedazos sobre la superficie del lago; ella tomo mis manos y sonriendo me dijo…

¿Quieres hacer conmigo el camino que me queda por recorrer? Esta era la pregunta que ella me hiso a mí. Sí, ya lo sé que soy más joven que tú, pero me gustan los hombres mayores, es mi preferencia que tengan algunos años más que yo; esto os da una elegancia, un trato diferente al resto de los hombres… ¿qué me dices me quieres o deseas que me marche y te deje tirando piedras al estanque, preguntándole sí ella se acuerda de ti; y si la última vez que estuvo contigo ella te quería, o solamente fue un sueños de los muchos que tú tienes…

Eres muy joven para mí… le dije…

¿Tú crees que lo soy, que no soy la mujer que desea estar a tu lado el resto de este sueño el que tú has comenzado a vivir y quieres tirar todo tu sueños a la orilla de este lugar de los sueños de tu mente, o no te atreves a de mostrarme que la vida se vive solo una vez y esta es la nuestra? Qué sabes tú de mi, acabas de conocerme y te ofreces para que yo siga tus pasos…

Tú crees que no te conozco.

Solo llevas hablándome una hora mal contada y me dices que me conoces… que sabes de mí, dime.

Durante días, semanas y meses te he seguido,  he estado viendo como destruyes tus sueños y toda tu vida y te resignas a seguir estando solo; cuando tú sabes que nada de lo que pasó volverá a ser igual que antes. Has de vivir de nuevo, el camino que te queda, sé que no es muy largo; pero seguramente será el mejor que hayas vivido en toda tu vida si lo haces a mi lado. ¡Anda: vámonos y comencemos de nuevo, yo seré la muleta de tus piernas, la luz que te ayude a caminar en la oscuridad y cuando salga el sol estaremos muy lejos de aquí! ¡No ves que todo esto te hace sufrir, que nada de lo mucho que te hicieron se puede volver a repetir y todo eso es y será para ti la huella del pasado; la que tú la has de dejar atrás y comenzar de nuevo un camino. Este será más lento sí, es cierto que lo será, pero te puedo asegurar que yo te cuidare y te daré los besos que te faltaron en tu vida, los  abrazos que nadie te dio con el cariño que yo te los di, y cuando tengas mi cuerpo entre tus brazos te darás cuenta que mi piel sigue siendo suave y tersa, cálida y dulce y mis labios, aquellos que te besaban cuando se marchaba el sol; han vuelto para quedarse contigo.

¿Que sabes tú de aquellos besos a los que tú te refieres? Han pasado muchos años desde entonces y quien eres tú para saber de aquellos inolvidables besos que para mí son la única cosa que ha quedado dentro de mi mente y son el fuego que sigue ardiendo dentro de mi corazón…

Cogiéndola pos los brazos le hacía esta pregunta una y otra vez para que ella le contestase…

El sol declinaba, los ojos de ella sé nublaron con unas lagrimas de plata; él al verla llorar se quedo dolido por su comportamiento, pero algo le decía que había cosas muy extrañas en ella y, no lograba ver qué era lo que hacia esta preciosa mujer en este lugar a la que él no recordaba y no sabía el por qué de este empeño de desear que fuese su compañero.

Esta mujer la que estaba hablando con él y que nunca logro adivinar quién era. Ella si qué sabía de él toda su vida y en cambio él no sabía nada de esta extraña mujer que estaba conversando con él a la orilla del estanque…

Se acercó con temor que le despreciase por su comportamiento al dudar de su buena fe y de que sus palabras eran la verdad de todo, su cariño  hacia este pobre hombre que había perdido el camino y se encontraba sólo, en medio de un mar dudas, y sin saber que hacer estaba al borde de la locura y antes que hiciese algo que se arrepentiría toda su vida. Ella salió en su busca y decidió acercarse a él mientras se perdían las luces de la noche entre sollozos y suspirando que se decidiera seguir a su lado el resto de sus vidas…

¿Quién eres… dime, cuéntame cómo me has encontrado si tú no sabías que yo estaba tirando mis sueños al estanque dorado?

Detuvo sus pasos. Los dos cogidos del brazo caminaban si destino.  Este se escribiría desde este momento y era un camino nuevo y se lo quedo mirando, agarros su manos se las acerco a sus mejillas, al ver esos ojos que chispeaban luces de mil colore la recordó… ¿Tú… has vuelto por mí? No daba crédito a lo que veían sus doloridos ojos. Era ella, la que corría cada día para encontrarse nuevamente con él. Habían pasado tantos años que su mente no la reconoció,  al verla de nuevo miró sus ojos, estos seguían siendo los mismos, y su sonrisa sí que había cambiado mucho, pero el brillo de sus ojos y la sonrisa de su boca le recordó el último beso que se dieron aquel precioso día cuando el sol oscureció en el lago y, ese fue el último que se dieron. Al cabo de tantos años nuevamente estaban juntos. No hubo preguntas, deseaba recordarla tal como era. Aquella tarde del sol cuando sus labios se besaron y ahora estaban de nuevo juntos y este sí que sería el último tramo por recorrer de sus vidas.

¿Qué fue de tu vida… te casaste… tuviste hijos? hiso se el silencio.  No le contestó a su preguntas, cogida de su brazo siguió caminando, y al ver que no le hacía más preguntas; detuvo su caminar, le dio un beso en sus labios y le dijo suavemente… Sigue caminando que todo lo que paso se lo llevaron los sueños de tu mente. ¡Desde ahora yo soy tuya para el resto de tu vida mi viejo forjador de sueños… te quiero, te quise y te querré siempre!…

El forjador de sueños

José Rodríguez Gómez

El sevillano.

¿Cual es el color de tus ojos?

¿Cuál es el color de tus ojos?

¿Quién ha mirado el color de los ojos de su amada, de su amado, de la persona que quiere con todo su corazón?

Nadie, si, nadie ha mirado el color y lo que nos dicen esos ojos si lo miramos como hay que hacerlos.

Si vamos a un oculista, este nos dice; siéntese y ponga la barbilla sobre esta hendidura y pegue su frente para poder examinar sus ojos y no se mueva por favor. Esto es lo que nos pasa cuando vamos al médico para que nos cure el daño que podamos tener en nuestros ojos.

¡Pero no es eso lo que yo les quiero mostrar, no, no es así!

¡Yo quiero mirarte a ti, si, a ti; y solamente a ti porque eres la mujer que yo quiero, y quiero saber qué es lo que me dicen tus ojos!

En silencio nos miramos, y sin dejar de mirar esos ojos me dicen tantas cosas que no sé qué puedo decirte si no lo has hecho.

Son tan bellos que no es solo el color lo que puedo ver en verdad, ya que creo que entre todos los humanos nadie se ha fijado en el maravilloso espectáculo que nos muestra esa mirada de amor y esos secretos que nos guardan sin que pudiese saberlo.

Dos lagos de agua clara, sin olas, sin marejadas, sin tempestades, y sí, una calma que me sobre coge, y me deja sin aliento conforme me voy adentrando en tu maravillosa  belleza.

Veo la luz que se refleja de mi ojos, te puedo ver cómo te ríes de mí; son espejos que se multiplican por diez,  por cien, por muchos más, es algo que nunca pensé que me dirían tantas cosa de ti. Puedo ver tu mente, sí, es cierto que te puedo leer tus pensamientos mientras te  busco por todos los rincones y grito tu nombre pero tú no me respondes.

¿Por qué lo haces, no ves que estoy tan enamorado de ti, y tú lo ocultas en estos recovecos que tienes dentro de este mundo de colores y, de destellos que producen cada vez que tú me miras, te sonríes de mi al verme esclavo de tu ser?

Me envuelves y desde este momento soy esclavo de tu amor, de tu cuerpo y sobre todo de tus ojos que son la cárcel de mi condena. ¡Me preguntas por las rejas!

No sabes cuales son mis rejas, las que tú tienes en esos ojos, mis rejas son de acero y encima están rizadas y tiene un color negro, sí, negro como la noche; cuándo tú cierras tus ojos y yo en el e silencio de la noche velo por ti, y cada segundo de mi vida yo solo te pido que me perdones por haberme metido dentro de ti en esta cárcel del sueño. Mis rejas son tus pestañas esas que no me dejan salir y creo yo que tampoco quiero hacerlo.

Reflejos incomprensibles, destellos y toboganes del sueños, caminos por senderos cubiertos de floras, pájaro de colores, cantos de fuentes silenciosas y aguas claras por toda cascadas de tus sueños, nada ni nadie ha visto tus ojos y soy yo el que no quiero salir; me siento tan dichoso, qué esto es el cielo, yo te pido que nunca me saques de este torbellino de amores que me dicen tu mirada y, el color de ellos no me importa el que sea, solo deseo ser para ti esa luz que iluminas con tu mirada el camino hacia ti.

Me dicen tus ojos, que estás enamorada de mí, y por mucho que lo niegues no lo puedo creer. Sé que me amas, sé que me quieres y todo tus secretos están dentro de tu mirada, dentro de estos ojos verdes que son la belleza más hermosa de este mundo y quiero ser para ti, sí, para ti cada segundo de mi vida y no me saques que me haces llorar; quiero estar  dentro de esta cárcel de cristal para el resto de mis días.  

Mírame sin parpadear para poder ver la profundidad de tus bellos ojos.

Me miraste y, sin hacer un movimiento quedé mirando la luz que desprenden tus ojos.

Para todas las personas tengan el color que tengan sus bellísimos ojos.

El forjador de sueños

José Rodríguez Gómez

 El sevillano.

¿Te ha gustado?

¿Te atreves?

¿Te atreves?

¡Sí, te lo digo a ti y a ti también!

¿Cuántas habéis, miles, cientos de miles o tal vez millones?

Ya lo sé que habéis muchas y mejores que yo, también lo sé; pero quisiera veros, escucharos y miraros a los ojos cuando estáis soñando.

¡Quiero encontrarme con vosotras, sí, quisiera saber el por qué no decís lo que pensáis en voz alta, y qué los que escuchemos, también soñemos con teneros cerca de cada uno de nosotros!

¡Quiero llorar contigo, sentir tus lágrimas caer por mis mejillas y sentir el latido de tu corazón al compás del mío!

¿Por qué no, dime, por qué no lo hacemos los dos juntos y a si nadie se quedará en silencio?

Tus labios y mis labios sellados en el silencio de la noche, la luna reflejada en tu cuerpo y el destello de mis ojos cegados por dos luceros negros.

Déjame ser el bálsamo de tu piel. Quiero ser alguien para ti y escuchar tus lamentos, sí, yo sé que los tienes igual que yo,  y sé que son mucho más dulces que los míos. Te callas y, te quedas en silencio mientras yo camino a ciegas por el sendero que me marcan tus pensamientos.

Escucharé de ti el ruido de tu corriente, el caudal de tu sonrisa y el torbellino de tu silencio. Quiero hablar al mismos tiempo que tu, quiero escuchar el ruido de nuestros labios al besarse, sentir el sabor de tu boca y tocar cada escama de tu piel, y ver como se hace de noche entre tus sabanas de sedas.

¿En tu silencio, escribes, bajo la luz de una vela, el pliego sobre tu mesa y la ventana abierta? Dejas correr el viento que acaricia tu silueta desnuda ante la noche despierta, le escribes a tu poeta, a tu flamante enamorado o tal vez a mis recuerdos. Te acuerdas  de  aquella noche cando nos cubrieron las tinieblas, tu temblabas de deseo y mi mente enloquecida acariciaba todo tus encantos; mientras tu boca me besaba y yo no te encontraba, eras tú la que llamabas a mi puerta entre abierta.

¡No estaba yo esa noche, fuiste tú la que me buscabas y en cambio yo perdido entre mis lamentos lloraba desconsoladamente sin estar contigo y en tu boca,  en mis sueños, tú me besabas, y me tenías entre tus labios y los míos mi puerta la que siempre te esperaba entre abierta!

 Subido a la grupa de mi caballo, sin atalajes, sin montura, a pelo y cogido a la crin de  tus cabellos volábamos sin rumbo perdidos en la noche de tus sueños. Tú me llevabas y cogido a tu cintura besabas mis labios de aceros;  navajas de plata blanca como rosas en mi pecho.

Sobre olas de la mar en montañas del invierno, por el monte corren peces y por al mar liebres de aceros.

Paso cada noche por tu puerta, miro a tu ventana y siempre la tienes abierta para que pueda subir trepando por las enredaderas que sembradas de zarzas blancas con púas  como tijeras.

Son las tres de la mañana, mi niña, está despierta, escribe para los duendes que caminan  por su puerta. En Sevilla bajo la luz de la luna se abren cortinas muertas. Los luceros por la noche te vigilan a des horas las cortina de tu ventana se levanta cuando mi cuerpo traspasa el marco de tu ventana, tú sigues soñando, y sabiendo que estoy muy cerca.

Camino descalzo, mis pies heridos de tanto caminar por los senderos oscuros que tú me pones para que yo te busque en caminitos de piedras.

Vestida de seda blanca, coronas hechas de piedras, y de collares de perlas, conchas de la mar tienes puestas en tu cintura como cordel de espuma blanca cosidas con azucenas. Acariciaba tu cuerpo mientras tú escribías sobre papel de raso blanco arrugado por tus penas.

Sabes que estoy contigo, abres tus lindas piernas y deja que yo recorra con mis manos temblorosas estas dulces primaveras.

El forjador de sueños. José Rodríguez Gómez. El sevillano.

el pianista

El pianista

Primera parte

En un aeropuerto de un lugar lejano: Se escucha la voz de la azafata por la megafonía dirigiéndose  a los pasajeros con destino a Nueva york. Señoras y señores: su vuelo está preparado para partir rumbo a la gran ciudad de Nueva york.

Por favor: señores pasajeros vayan se acercando a la sala de espera. En breves momentos se les dará la entrada a su vuelo, su avión está situado en la pista numero uno. Gracias: por favor lleven sus billetes y sus equipajes preparados para tomar dicho vuelo. Dichas estas palabras los pasajeros se dirigen al lugar señalado y entre ellos hay un joven que es la primera vez que se sube a un avión y también es primer vuelo. Los nervios se les pueden ver por todo su cuerpo, suda, se le caen las cosa y no sabe como embarcar y como embarcar su equipaje;  vamos que no se le olvidará este primer salto a lo desconocido. Entre todos los pasajeros hay uno en especial. Es un joven que viaja por primera vez, y este es su vuelo especial del cual nos narrará su historia. Nos contará atreves de sus aventuras que yo les iré contando según transcurra su vida en esta gran ciudad de su intrépida aventura y desventuras que le conllevarán en esta salida de su querido pueblo. Este está situado en un lugar remoto donde nadie sabe por qué se marcha, ni por qué su deseo de huir de su humilde cuidad.

Es un joven apuesto, elegante, un poco tímido si se le puede llamar a sí, ya que él nunca se ha dado de salirse de la vida cotidiana, la cual transcurre  en sus estudios de la universidad y el de música; que es lo que más desea se triunfar en sus estudios de piano. En la clase de piano en el cual se destaca él, de entre todos sus compañeros de conservatorio.

Noches y días estudiando, machacando cada hora de su tiempo libre. No tiene preferencia por nada. Él tiene sus amigos de las escuelas pero es un joven que se queda encerrado para aprovechar el tiempo ya que en su mente solo le ronda una gran idea, salir a ver el mundo y demostrar que tiene que ser el número uno en todo. En  los estudios tiene unja media de nueve a diez en casi en todos menos en la música que sale sobresaliente cada vez que tiene que hacer un examen, su locura es la música y en sus estudios académicos, y su preferido principal;  su viejo piano el de la teclas amarillas, él lo ama tanto que no puede pasar un solo día sin que le dedique todas las horas que le deje sus otra actividades y nada de lo que sale del alma de este viejo piano, ya carcomido por el tiempo y casi destruido por los años pero este piano está en su casa desde tiempos inmemoriales.

Cuando era un niño, su madre le cantaba canciones y con ellas él se quedaba dormido sobre la tapa de estén viejo mueble, bueno llamémosle a sí, pero en verdad es que siendo tan viejo y teniendo tantos años le queda lo principal, su extraordinario sonido y que jamás se ha ten nido que afinar ya que sus cuerdas parece que tienen alma y se mantienen  tersas y tensadas al tiempo y a los años.

Dos o tres años tenía como máximo nuestro joven. Siendo un niño su madre lo subía sobre la tapa de este viejo mueble; como le llamaban cariñosamente a este instrumento musical, su piano. Barnizado de un color caoba, sus patas retorneadas la cual estaban tan pulida y tan limpias que el al principio las miraba y temías de que se rompiesen algún día por temor de los años que ya tenía su cuerpo y su estructura; pero cuando comenzaba a cantarle a su niño como le llamaba su querida madre. El sonido de este viejo piano se transformaba en un armonioso instrumento que parecía que bajasen los ángeles a dormir a este pequeño e inteligente niño, mientras ella le susurraba las canciones a él se le iban cerrando sus ojos hasta quedar dormido sobre su lugar preferido y así, cada noche, su madre le hacía lo mismo para poder acostarlo. Era una costumbre o tal vez era que su mente desde muy pequeño le gustaba tanto que solo de esa manera ella no tenia que cantarle una canción de cuna, ella le interpretaba música clásica de los más grandes compositores de la época.

Han pasado los años, y nuestro joven desea cumplir sus sueños, decide  marcharse sin decirle a nadie adonde va, ni si piensa volver algún día; se marcha, se desase de todas las cosas que tiene en su casa, solo se lleva una poca de ropa y sus  queridas partituras de música.

El mundo le espera, sabe que ha de triunfar y nada de lo que le pueda pasar le diese miedo, y a nada le teme. En su mente está el mayor triunfo de la historia, y él se ve sobre los más grandes escenarios siendo el numero uno.

¡Qué pensamientos tiene este joven en su cerebro, que es lo que le espera cuando cruce el portal de su casa; cree que todo es tan fácil como la vida en su hogar, que todo le será según sus pensamientos!

El recuerdo de los sonidos de su viejo teclado es lo que él lleva mientras circunda el espacio hasta el infinito. Cruzando nubes de colores y viendo salir el sol por el lado opuesto de donde él se hallaba en aquellos años de su eterna y bella juventud.

Ni siquiera ha preguntado la duración del vuelo, se ha subido y ya está. Sentado en su asiento cuando una de las azafatas le pregunta. ¿Desea usted tomar alguna cosa? Los nervios de verse subido al avión le tienen su mente bloqueada, y ni se entera de lo que le ha preguntado la señorita.

Ella al darse cuenta de que es la primera vez que se ha montado en un avión, le dice.

Tómese alguna cosa, le tranquilizará y se encontrará mejor; el viaje es muy largo y tiene tiempo de dormir de leer y de cansarse del mismo, a si que te voy atraer un zum o para que se te refresque la garganta y ya verás que bien te encuentras a partir de ahora.

La joven azafata le mira, y al ver lo guapo y elegante que es se lo ha quedado mirando y en su interior se pregunta. ¿Por qué te va, yo te pago los viajes que tú quieras, pero quédate  a mi lado para yo tener a un hombre tan bello como tú y, encima lo he de tener durante horas y horas y cada vez que pase por su lado me lo he de quedar mirando hasta que lo tenga enamorado por mis huesos? Bien comienza esta historia, la de este caballerete; se ha decidido marchar nada más ni menos que a la gran manzana, nueva york.

Durante muchas horas se ha pasado en vuelo hasta llegar al aeropuerto de la gran ciudad. El avión toma tierra y la azafata le pregunta.

¿Conoces nueva york, sabes Ingles?

Y este le contesta.

 Conocerla no, de Ingles un poco.

 ¿Tú crees que te defenderás en esta macro ciudad?…

 ¡Espero que sí!

Bien: que tengas suerte, y que te vaya todo como tú lo has imaginado.

 Gracias eso; espero.

Sale del avión, y se dirigen por los largos pasillos del aeropuerto hasta llegar a la salida y, al darse de cara con la pura realidad se encuentra desorientado, sin saber adónde ir ni adónde está.

¡Esto es demasiado grande y, yo vengo de un pueblo que conozco a casi todas las personas que viven en ella! ¿Y aquí a quien pregunto y a quién conozco? Estas son las primeras preguntas de su descentradamente y desconcertado sale a la gran calle. Nada más pisar la acera se tropieza con una chica joven, morena por no llamarla negra que en verdad no lo es, ya que su color no es negro, sino un poco tostado pero eso si muy bella por cierto, sus pelos son ensortijados como si fuesen rosquillas entre enlazadas entre sí. Esta joven paseaba subida sobre un patinete y es la primera persona que encuentra al llegar de su intrépida salida de su querido pueblo.

Chocan entre los dos;  él se cae al suelo ella también se ha dado un bue porrazo y, se queda tendida sobre el asfalto; él se ha quedado un poco aturdido, pero al verla se levanta como puede y se dirige a ella que está tendida y he inconsciente.

Da unos pasos tambaleándose mientras otras personas les atienden a ambos.

Unos agentes se le acercan para ver si se han producido daños, pero al verlos que se han levantados y no tienen heridas de ninguna clase se dan la media vuelta y que es espabilen cada uno.

Se acerca a ella, le da la mano y le pide perdón…

Esta al verlo se enfada con él.

Where were you looking … ella le quiere decir en español. …adonde miras.

Él se la queda mirando, y le pregunta… ¿Qué dices, no la ha entendido y él se decía que sabía Ingles?

Ella vuelve a preguntarle, y le hace la misma pregunta. Where were you looking …  adonde miras.

Se rasca sus cabellos, y se dice a él mismo.

Menudo lio me he montado y yo creí que sabía hablar este idioma y esta señorita me está montando un lio que no me aclaro ni media.

Una vez cerca de ella, se la queda mirando, y él le dice: por favor;  hábleme despacio haber si a si nos entendemos Please speak slowly to me if we understand each other. Estas palabras se las dice en él ingles que él sabe y del que ha aprendido en las clases.

El forjador de sueños

José Rodríguez Gómez

El sevillano

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¿Ángeles o demonios?

¿Ángeles o demonios?

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¿Qué eres en verdad… dime? Tú sabes que te amo hasta la saciedad de mi cuerpo, te quiero tanto que mi mente está envuelta en la locura.

Cada segundo de mi vida te he suplicado que estés a mi lado,  que me entregues todos tus encantos, y que yo pueda tenerte siempre conmigo sin que estés un solo segundo lejos de mí.

¿Sabes que en sueños contigo, que grito tu nombre; en mis sueños yo te pido que vuelvas,  quiero que seas la mujer de mi vida; pero que es lo que tengo de ti… no te puedo amar? Nunca estás a mi lado. Te marchas… y cuando estoy dormido apareces para que yo te pueda tener cada noche, cada noche que tú quieres claro está. Entre las sombras de la oscuridad te metes en mi cama. ¡Gracias: te dije anoche! Al estar cerca de mí, y en silencio te reías al ver que en mis requiebros te mencionaba, te besaba, gritaba tu nombre, hacía como te estaba acariciando y  de mi boca salía una saliva especial que se quedaba pegada en mis labios, y con la manos me la quietaba sin poder hacerlo… no atinaba encontrar mis labios resecos de tu boca y tú siempre en la distancia.

¿Cómo fue?… Quiero recordarlo pero me es imposible hacerlo. Te ame, acaricie todo tu cuerpo; estaba lleno de escamas plateadas, y resbalaban mis manos sobre tu piel.

Vi tu cara, mis ojos quedaron cegados al resplandor que producían tus ojos los cuales hipnotizaban los míos. Reías, hacías el amor conmigo y te estabas riendo, tu boca quería hablarme pero en el silencio de la noche solo se podía escuchar el chapoteo de tus encantos cuando dentro de ti estaba todo mí cuerpo.

¡Te amo, te quiero, tú lo sabes; vienes a mi cuando yo te llamo a voces, te grito y cuando llegas solamente deseas que hagamos el amor hasta romper los moldes de mi mente y cada vez que te tengo entre mis brazos me siento como si fuese un niño que camina descalzo y que las piedras del camino rompen la piel de mi cuerpo!

Una y mil veces hacemos el amor, ese amor que tú medas cada vez que lo deseas y… has pensado en mi, piensas que yo tal vez desee mucho más de lo que tú guardas para mí.

En la oscuridad de mi alcoba veo tu figura, eres perfecta, no tienes arugas en tu maravillosa piel;  brillas por sí sola. Cuando estás delante de mí te puedo ver entre la sombra de la noche, puedo sentir tu respiración. Siento el olor del perfume que llevas, y la brisa de la noche levanta las cortinas de la ventana. Entre los cristales pasan los rayos de tus ojos y, en la cual tú ves las estrellas  que cubren el cielo. He recorrido todos los poros de tu cuerpo, he besado con mis labios cada rincón de tu alma. Gracias por lo que me has amado por una vez… ¿Qué puedo darte a cambio de esta noche tan maravillosa?

Se escucho un murmullo en el silencio, sonó una voz metálica, parecía de otro mundo y mirando la luz de sus ojos  me segaba los míos y sin ver, ni sentir el viento que arreciaba en aquellos  maravillosos momentos de mi vida.

Escuche silencio… Nada me dijo. Todo cuanto me has pedido durante toda tu vida te lo he dado esta noche… hoy soy toda tuya, y a partir de ahora tú serás mío.

Enredé mis dedos entre sus cabellos rizados,  los cuales se hacía tirabuzones de lo ensortijados que eran; parecían de acero y cuando quise atraerla hacia mi cuerpo mis manos se hirieron y de ellas salían brotes de sangre ardiendo.

¡No temas… me dijo, tus heridas no son nada comparado a mi amor por ti!

Beso mis manos, bebió mi sangre; era tal el deseo de seguir teniéndola que no hice caso de mis heridas. Abrace nuevamente  su cuerpo, hicimos el amor hasta que los primeros rayos de sol cruzaron los cristales de mi vieja ventana.

¿Dormido después de una noche como esta… no lo sé?

Acaricie la almohada, busque su cuerpo, no encontré nada… todo se había disuelto y solamente encontré sobre las sabanas de sedas… cenizas y huesos.

Revolcado durante horas, enredados entra las sabanas, sin ver nada… nada más que la luz de sus ojos. El brillo era tal que nada veía lejos de su cuerpo, todo eran sombras y ciego me hallaba tumbado sobre mi vieja cama, era todo cuanto podía ver. ¡Era tan bella, tan hermosa, tan perfecta que la ame tanto que fue mi locura y cuando desperté… se fue mi mente y quedé enredado entre el fango y las cenizas de su cuerpo!

¿Qué eras…dímelo? Ángel… o demonio.

El forjador de sueños

José Rodríguez Gómez  El sevillano