El pianista

El pianista

Undécima parte

Este sonriente, se fue acercando al piano, pero con paso firme, casi los pies del miedo le temblaban, y sin saber por qué, pero en realidad tenía un problema que solucionar por ser la primera vez que tocaba ante un público muy exigente ya que la persona que estaba sentado a su vera; era el mejor mientras nadie le mostrase lo contrario.

 Entre palmas se fue acercando, una vez ante el piano inclino nuevamente su cabeza; la orquesta se quedó esperando que él dijese que era lo quería interpretar.

Los aplausos no cesaban, y este levantó sus manos para hacer que fuesen compartidos con ellos y para que estos fuesen para estos músicos tan maravillosos que cada día ya cada noche actuaban en este gran club.

 Una vez se hizo el silencio, José se sentó en la banqueta que le esperaba ante el teclado, y las cuales le estaba diciendo; corre de una vez y haznos sonar para que el mundo sepa de qué está hecho tu corazón.

 Sentado ante el mismo silencio, solo se podía escuchar su respiración y los acordes de los instrumentos para comprobar que estaban afinados para el momento oportuno… Miro a la horqueta: su director le pregunto… ¿Usted dirá que nos va tocar? Le había preguntado… Estaba concentrado, y una vez sentado y sus dedos sobre las teclas de marfil; en estas se reflejaban las yemas de sus dedos; que quiera o no, era una gran oportunidad para él, pero además de serlo; también era un gran compromiso el que él tenía ante todas éstas personas, y además de estar delante de su futuro suegro y de su querida novia.

Sonrió, y le dijo: tauromaquia… Se miraron entre los componentes de la horqueta y sin saber que era esa partitura esperaron que el sonido de este gran y maravilloso piano hiciese sus sonidos para poder acompañarlo… Se puso de pies ante su piano y mirando a su novia, le brindo este concierto… ¡Va por ti…lanzo un beso al viento y desde ese momento se hizo el silencio en la sala!

Acaricio las teclas, resbalo sus dedos por el teclado y sin dejar de resbalarlas se escuchó el clarín de una corrida de toros.

Todos, sí, todos quedaron en silencio la horqueta no sabía por dónde empezar, y comenzaron a escucharse murmullos entre todos los asistentes ya que sobre un instrumento de esta clase no había trompetas o clarines que ellos se supiesen; pero salieron estos sonidos que enamoraron a todas las personas presentes. Tras este toque de clarín comenzó un bello pasodoble y esto hizo que se levantasen y cantasen todos los asistentes y comenzasen a tocar las palmas…

Como si estuviesen en una plaza de toros. El capote, sé podía escuchar el ruido de la tela sobre el viento. Se escuchaba el mugido del toro, y como la horqueta al darse cuenta de que estaban sobre volando España comenzaron con este gran pasodoble que se llama el Mundo.

Hubo quien se levantó, y cogiendo a su pareja, bailaron sobre la gran pista que había en esta sala. Jamás se había escuchado nada igual, erra maravillosos ver como a los grandes músicos solo les hace falta que alguien de él comienzo y ellos se adaptaron rápidamente a lo que se estaba diciendo entre ellos, y sonó como jamás se había hecho en lugar alguno; un piano y una horqueta de jazz enlazados sobre los pentagramas de esta partitura de los sueños…

Cada parte del toreo se hace con el toque de clarín, y cada parte se escuchaba el mugido del toro, el cabio de tercio, y los aplausos era interpretados por los asistentes de esta plaza de toros improvisadas por nuestro forjador…

Cuerpo y alma era los que hacía la mezcla de entre estos inmejorables componentes de esta horqueta y del joven pianista, que al ser su primera interpretación deseaba hacer algo que jamás se hubiese hecho antes nadie, y así fue como esta su primera actuación fuese única y para que a nadie de le pudiese olvidar en toda su vida.

El tiempo… nadie dijo que fuese muy largo, y tampoco muy corto; ya que entre todos se había hecho una mezcla que el ruedo, los toros, el público y la música se fundieron entre si y se creó un ramo de claveles tan hermosos qué para todos fue algo que en sus mentes y dentro de sus recuerdos quedaría para los restos.

Por último: sonó el clarín como al principio, se hizo el silencio, el toro dejo de mugir y, rodando sobre el albero se podía se cuchar sus lamentos. El aplauso del respetable al ver que este torero había matado de una gran estocada este pobre animal…

Silencio, el pasodoble dio fin a esta tragedia española y el viento, los perfumes de los claveles llenaron el cuerpo de este a valiente animal.

Sentado, con su mirada fija sobre este teclado, cerró sus ojos y espero que el respetable dijese su veredicto. No se hizo esperar. Un gran aplauso sé levantaron todos y puestos de pies; este fue el primer regalo de novios para ellos. Ella con lágrimas en sus bellos, salió corriendo hasta donde estaba su querido novio y dándole un beso en sus labios sello su primera actuación en solitario y su querido suegro también se acercó hasta él para felicitarlo.

¡Bueno, bueno, ya tendréis tiempo para seguir besándose; no les parece a los dos! Que estamos delante de todos y no quiero que mañana me digan que es lo que haremos des de ahora en estas y en todas nuestras salas; daros besos o trabajar que es de lo que se trata.

Jennifer al sentir la voz de su padre le abrazo y estando tan contenta le preguntó… ¿te ha gustado mi querido novio, papi?

¿Tu novio… a mí no me gusta, solo con que te guste a ti ya tenemos bastante no te parece?

Por lo demás… me sigues demostrando que tú eres un mago y no un pianista; pero si al público le gustas a mí también… Se abrazaron y así los tres unidos en fuerte abrazo se dieron a conocer entre todos los asistentes…

Blanquito; tu piano será el que quieras escoger de todos cuanto hay en la sala de exposición que hay en casa así que tú mismo. ¡Señor, me gustaría, primero arreglar el piano blanco, y si es que soy capaz de arreglarlo me quedaría con ese, siempre que a usted le parezca bien!

Terminado este día de fiesta para él y para todos se marcharon a otros clubes que él señor Duque y al final del esta jornada tan extensa y agradable se marcharon para su gran mansión.

José solamente pensaba en poder estar delante del piano blanco, era una ilusión poder tener algo tan hermoso y bello, pero primero había que repararlo si es que era capaz de hacerlo.

Sumido en sus sueños y teniendo a su prometida junto a él, este ya se veía con sus herramientas desmontando todo cuanto fuese necesario para repararlo.

Esa noche estuvo muy nerviosos, casi no pudo dormir, aunque Jennifer lo cogió primero y después de haberle dado un buen revolcón y detrás de hacer el amor cuantas veces ella lo deseo este se quedó 😴 agotado y dormido como si fuese un niño. Le beso la frente y se quedó abrazada junto a su cuerpo el resto de la noche.

 Poco tiempo tuvo para poder descansar, viendo que su prometida estaba dormida, él, se levantó sigilosamente y se puso ropa de la cual tenía en su vestuario. Eligió la que le parecieron más sencilla y con unas zapatillas de deporte; se fue derecho hasta el lugar donde estaba su piano. Una vez allí busco algunas herramientas para desmontarlo, buscó, pero… no encontró nada y después de un buen rato se presentó Kunta.

¿Buenos días mi blanquito buscas algo?

¡Si busco herramientas! Le dijo después de haberlas buscado por todos los rincones, y sin hallarlas estaba preocupado por el tiempo perdido.

Ven conmigo muchacho… se acercó a aun precioso mueble. Abriendo sus puertas le mostro todo cuanto le haría falta para intentar arreglar lo. Pero antes él le dijo. Mira blanquito; no creo que tú seas capaz de arreglar este piano. Lo han intentado los mejores técnicos y tú no eres el mejor, pero, si at es tu deseo, hazlo y después ya hablaremos. Le diré a la señorita que estas aquí…

Se puso manos a la obra, ora tras ora y después de haberlo desmontado por completo se miraba las piezas y no comprendía por qué no sonaba dicho instrumento.

Cuando Jennifer se despertó, se encontró sola en la cama, y se levantó corriendo; se puso una bata de cama y desnuda como estaba se presentó en el lugar que ella ya sabía que lo podría encontrar, como así fue…

Hincado de rodillas estaba cuando llego su querida enamorada, le abrazó suavemente y dándole besos en su cabeza le preguntaba. ¿Por qué te has venido y me has dejado abandonada, no te da pena de mí? Sintió su suave cuerpo, acariciando sus entre piernas, le besaba sus labios y el cabello rizado de su amante le cubría su cara y sonriendo le decía. ¡Tengo que ser capaz de arreglarlo; si no que dirá tu padre de mí!

No te ha puesto fecha, ni horas para hacer con él lo que desees, tiempo tienes, pero antes nos vamos a desayunar. Espera… le dijo él… no, esperas tú, pero ahora nos vamos los dos y después te dejare un rato con este bicho…

Dicho y hecho cogidos de la mano se fueron hasta el lugar adonde le esperaba Kúnta con el desayuno preparado en una gran mesa de ceremonias.

¡Anda lávate las manos y después ya veremos lo que te dejo hacer! ¿Cariño no me dejaras que lo intente?

Sí, pero ante todo yo soy la primera y después tú. Está bien tú mandas… Kunta al escuchar sus plegarias se reía a carcajadas… él señorito se ha creído que puede hacer lo que le bien en gana. ¡no hay como tener una buena mujer cerca de uno para que no puedas hacer lo que ella no quiera. ¿No te has bañado verdad? Desayunaron y una vez terminado le cogió de la mano y como si fuese un niño lo arrastro hasta la ducha, una vez dentro lo enjabono y riéndose de él le decía ahora cuando termines te pones con él a ver si eres capaz de arreglarlo y cuando yo vuelva lo quiero terminado porque si no te vendrás conmigo adonde yo tengo que ir.

Se quería ir sin haberse vestido, desnudo, se marchaba cuando ella lo sujetó, y diciéndole. ¿Adónde te crees que estas mi blanquito, con ese cuerpo serrano y desnudo por esos mundos de dios, eso sí que no, y de mi lado cuando yo este contigo no te me escapes antes de haberme preguntado si te permito que me dejes a solas lo has entendido cariño… Está bien, cuando usted me diga me marcharé… eso está mejor. Ella se acercó al vestuario y le saco ropa limpia y deportiva para que pudiese mancharse con su trabajo. ¡Toma ponte esto y cuando yo venga espero que este arreglado y si no; nos iremos de compra!

Después de haber mirado pieza por pieza lo comenzó amontar, viendo que había una pieza rota la comparó con una de otro piano que estaba desmontado. Y sacándole la misma de este otro piano viejo se la quitó y se la puso, aunque fuera de diferente forma; y lo consiguió hacer que sonar. ¡Sí, es cierto que tenía otro sonido, pero a él le gusto la forma de expresar su afinamiento!

Pasaron horas y horas hasta darle la forma y montar todas las piezas que le había sacado, y al haber encontrado el fallo se dispuso a montar todos los elementos que componen el piano.

Fue tensando cuerda por cuerda, y cuando llego Jennifer al preguntarle y este no se dio cuenta que le estaban hablando con él, ella sé que do callada, hasta ver si había sido capaz de hacer que sonase.

Con la propia camisa se limpiaba las manos y una vez terminado se sentó ante el teclado. Fue tocando tecla por tecla hasta que llego a la última, y viendo que sí, que sonaba bien grito con todas sus rabias y se alegró de haberlo conseguido.

¡Si, lo he conseguido, ahora es mío y con él daré mis mejores conciertos de este mundo!

Se disponía a tocar, cuando miro a su entorno y estaba Jennifer, su padre y kunta… se lo miraban los tres y sonrientemente le dijeron. ¿Está terminado, que es lo que tenía?

¡Señor tenía el puente roto, aunque era muy poco, pero los sonidos no eran lo suficiente buenos y le he cambiado una pieza de otro piano y ya está, suena muy bien! Cierto que es otro sonido, ya que la pieza no es la que le corresponde, pero a mí me agrada el sonido que tiene ahora. ¡Veámoslo y escuchemos tú piano! Se sentó y acaricio sus teclas. Estas del tiempo que tenían estaban desgastadas sobre la superficie de las mismas, pero esto le agrado mucho al José. Interpreto una de su repertorio; el señor Duque le agrado escuchando uno de sus repertorios ya que el libreto que había sobre el teclado era de sus partituras la mejor de todas. 

¡Bien, lo dicho es tuyo! Desde hoy podrás tocar a mi lado cada vez que tú quieras.

¡Señor es para mí un verdadero placer poder hacerlo, si por si acaso me equivoco alguna vez no se lo tome a mal!

Rieron los tres y entre sonrisas se marcharon al despacho, pero antes de entrar le dijo… ves y te duchas que tienes grasa hasta en el pelo.

Jennifer lo agarro nuevamente y se lo llevo hasta el cuarto de baño. Lo desnudo y antes de meterlo bajo el agua le hizo hacer el amor; porque le vio tan interesante que no pudo resistirse al ver que estaba bien armado por el trabajo que había realizado. Y no te perdono que me abandones nunca más. Le dijo…

Había pasado todo el día con el arreglo, y cuando vino su prometida fue cuando le vieron alegre y muy contento porque al fin ya tenía piano propio.

El forjador de sueños

José Rodríguez Gómez

El sevillano.

Corazón de tinta

Corazón de tinta

Escribo con la tinta de mi corazón, rayo las hojas de papel y gravo tu nombre en mi piel. Cada vez que lo hago, estoy pensando en ti, y vuelvo a soñar con esa mujer que quise, con esa que nunca tuve. ¡Eras tú la dueña de mi alma, y la que durante tantos años me hiciste felizmente en mi juventud! Soñé encontrarte, y desde entonces lo hago en mi silencio, buscando tus labios los que siempre besé en las horas perdidas de la noche. Besarte solo era un sueño, refregar la piel de tu cuerpo con los surcos sedientos de esa fuente de amor de mis recuerdos. Durante las largas horas del invierno no tuve de ti, nada más que un desamor herido, y en mi pentagrama de olvido. Tus ojos, tus besos eran las notas de mis recuerdos. Tus cabellos ensortijados se quedaron en la noche que desde lejos yo te vi. Te quería, sí, en verdad te quería, y cada vez que mis ojos te veían lloraba, te deseaba, pero mi silencio nunca te decía cuanto te amaba y cuanto te quería. En la locura de mis sueños estuve buscando las letras de mi pluma, y jamás te acercaste a mí.  Rajando la piel de mi cuerpo para sacar la tinta de mi alma, te recuerdo tanto que solo cuando pienso en ti, en verdad, estoy soñando, y pensando en lo mucho que sufrí para tenerte en la distancia. Jirones de mi piel hago con mis entrañas. Es cierto que hoy cuando quiero soñar, recuerdo tu nombre, nada es comparable al perfume de tu piel y el sabor de tus labios me hacen pensar, en que hubieses sido mi vida si tú estuvieras cerca de mí. Un cuento, un sueño, y nada de todo cuanto digo es cierto. Todo son cuentos, y narraciones de mi mente que perdida en la penumbra de la noche escribo cuando estoy durmiendo. Creo ser alguien que soñó con tenerte un día, y yo te creo entre mis besos, entre la jara del río y el romero de tus besos. Jadeando entre las espumas de sedas blancas, y lo incierto, subo sobre tu grupa cabalgando por los desiertos de arena de colores y serafines de mis sueños.   

Escribir para mí es un sueño hecho realidad y cuándo se termina la tinta de mi cuerpo es cuando despierto llorando al ver que nada es cierto. Solo ese letargo de mi vida que se derrama por los senderos infranqueable de tu piel.

Despiértame por favor, no me dejes dormir; que estoy soñando contigo, y nada de todo cuanto escribo es cierto. Todos son relatos que mi mente me dicta y me dice que escriba para ti, y ya

no quiero más sueños.

El forjador de sueños

José Rodríguez Gómez

El sevillano. 

Besos al viento de la amantáis religiosa

Besos al viento de la mantis religiosa.

Se fueron… sí, se marcharon con las claras del día, y las tinieblas ocultaron el sabor de aquellos besos de mi infancia.

Cuán lejos quedaron… tanto que en la piel de mi cuerpo se van olvidando con el paso de los años y cada vez que quiero recordarlos me sangra la piel de mi boca.

Dicen de mí que la locura se ha incrustado dentro de mi mente, y solo queda el recuerdo: la vejez hace que mis ojos lloren, y no de felicidad, sino de pena de no haber vivido esos tiempos como se merece hacer en este mundo.

¡De todo tienen que haber!  felices y desgraciados… recuerdos que hieren, pero que no dejaron el sabor de su piel. Nacemos para que halla en este mundo de todo, pero no podemos volver a vivir lo que antaño hicimos…

Me tildan de pensativo, de loco, de añorar los años vividos sufriendo… Mi piel es solo mía, y sí de otra persona fuese; tal vez sería distinto el haber nacido para vivir lleno de felicidad… Flores tiene el campo y veneno en algunas de ellas, pero se llaman mujeres y que sus derechos son iguales a las otras personas.

Esas mujeres que hicieron tanto daño a según qué persona, hoy viven felizmente, sin recuerdos que no fuesen felices según dicen ellas, y de ellos… ¿Cuándo hablamos… nunca, todo ha prescrito, ya no hay medio de hacer volver al tiempo; y todo se lo fue borrando el cauce de un río revuelto que se lo llevo todo menos los recuerdos de mi mente?

¿Por qué mantis? Cuándo nacemos, unos lo hacen para ser felices, y otros para ser comida de su otra parte, y por lo que dice su nombre, ellas comen y viven de lo que comen; y alguien ha de ser el que cuente la otra parte dela historia. Sé que me puede pesar y doler mucho pero no puedo estar callado de por vida. De ahí radica mi llanto y solo me queda esto el dolor de haber nacido para nada y nada se me puede recuperar dentro de mi mente. ¡Sí nací para ser pienso, comida para ella y no puedo estar callado por más tiempo! Tampoco me importa qué digan de mí. De alguna manera se ha de decir las cosas, duela a quien le duela. ¿Cuántos hombres dicen cuanto ha pasado en sus vidas, pocos, porque la gente se ríe de ellos y así con el silencio se ocultan tantas verdades que si se supiesen; muchas bocas se callarían para siempre?

Preciosas por fuera y malditas por dentro, esa es la parte contraria a mí. Ese animal de formas deliciosas es mortalmente peligroso, se come al macho cada vez que este desea estar haciendo el amor. Ella lo besa, lo emborracha y cuando él se cree que es el hombre más dichoso de la tierra ella se lo come. Esto me paso a mí. se comió mi cabeza o al menos la parte que queda para contar mis desgracias. Quiero que se sepa y que alguien le pueda decir cuánto hizo para que hoy en día sea un ser que desea la muerte… Los derechos han de ser para todos iguales, pero no es cierto que así sea.

Tú puedes coger a cualquier mujer que veas por la calle… ellas si pueden, pero tú no.

Di besos, pero creo que me quede con una simple causa que hiere mi alma y el recuerdo vivido en estos años.

Los besos se los lleva el viento, pero los sueños perduran de por vida, y los años te van encerrando entre unas telas de arañas que te consumen lentamente hasta llegar a la locura.

¡Cuánto pude querer, pero no fue la elegida!

El forjador de sueños

José Rodríguez Gómez. El sevillano

Mi mente

Mi mente

¿Cansado, confundido, asqueado de estar en este mundo? ¿Por qué? Cada vez me lo pregunto más veces.

No lo sé, pero algo hay en mi mente que no desea estar en esta vida y creo haber vivido cuanto necesito. Vivir sin vivir, no lo quiero.

Ver mi cuerpo como se deteriora cada segundo que pasa y nada de lo que ven mis ojos me llena el corazón de deseos, esperanza y de alegría.

Años, muchos más de lo que desearía tener en estos momentos.

Para otras personas dicen, que solo es un número. Qué eres joven, y que te queda mucho por vivir; cuantas mentiras recibe mi mente y cuantas cosas desearía haber vivido, ya es tarde para lamentaciones, el tiempo se borra, no te acuerdas de muchas cosas y todo se vuelve gris.

La luz se apaga, mis ojos solo ven nubes que oscurecen mis sueños. Antes pensaba que la vida es hermosa, que era mucho más joven de lo que hoy me encuentro y pesan las cuestas, todo lo veo cuesta arriba. Que rápido corre el tiempo y que lento se hace mis andares.

Las flores seguirán aromando el viento, y los pájaros seguirán cantando, pero mi alma como mi vida se irán flotando sobre el viento del sur, y quedare enterrado bajo un surco de mi tierra adonde el aroma será esparcido en las llanuras y en las orillas de los ríos.

Detrás de mi… mi sombra, mis sueños y mis desgracias por haber vivido en este mundo.

Pensaba dejar mis 👣, mis sueños, pero todo se apagan lentamente, y las fuentes se han secado… mis labios antes suaves… ahora están resecos desde que no puedo besar los tuyos.

Quisiera hacer un ramo con mis recuerdos, pero no puedo hacerlo…ya no recuerdo cuantas cosas pude hacer y no hice, cuantas hice y me arrepiento de haberlas hecho. Ya me tiemblan las manos, la cuchara se me cae y me tengo que limpiar la boca porque me mancho sin querer. Mis pinceles se han secados, la paleta me tiembla y por más que quiero… no puedo y por ello yo deseo públicamente que no me hagan más sufrir. ¿Detrás den mi vida… hay otra, o todo se acaba en este largo recorrido?

Quisiera volver, sí, para no cometer los errores cometido, los sureños que nunca viví, y los deseos que pude y no hice.

Te buscaré por la tierra, por los mares y enredaré mis dedos entres tus cabellos endrinos. Cuantos días soñé que era cierto, que te tenia para mí y no fue así, todo se perdió en la oscuridad de la noche…

Flores silvestres, rosas de mil colores, labios de carmín y tus ojos que embrujaban mi mente… ya no estoy para soñar contigo todo se lo llevo el viento y cada vez que te recuerdo lloro, sí, lo hago como si fuese un niño que quiere y no puede coger lo que tanto deseabas.

El forjador de sueños

José Rodríguez Gómez

El sevillano.

Déjame dormir

Déjame dormir

¿Cuánto corre el tiempo… cuánto? Eso me pregunto muchas veces, hasta que me quedo dormido como si fuese un niño pequeño que entre sollozos se queda sumidos en los sueños de su alma.

He llegado a la edad donde cada segundo es diferente al anterior. En estos años las cosas son diferentes y corren demasiado para mí.

La sombra de mi cuerpo se ríe de mí, me llaman viejo, loco y no me gusta. Sí, soy muy viejo, lo sé, pero me da miedo serlo y no poder hacer nada para remediar este sentimiento.

No le tengo miedo a la muerte. Veo como las horas pasan, el viento corre tanto que mi cuerpo no es capaz de recorrer el trayecto que me queda en esta vida.

Los días pasan tan veloces que el sonido no lo siento, el trueno, el rayo se adelantan a mi cansado cuerpo.

¡Ya no sé en qué época del año estoy viviendo! Primavera, verano, otoño o tal vez sea invierno, ya que mis huesos tienen frio. ¿después de muerto… sentiré frio?

Hay rosas en los jardines, flores de todas clases y sin embargo veo como se caen las hojas y el viento las arrastra a un lugar que yo quisiera saber adónde se las llevan. ¿Volveré, o tal vez se termine todo?

La rosa se mecía en su tallo, el viento la acariciaba y yo mirando este precioso momento, lloraba al darme cuenta que estas cosas pasas en la vida de la juventud; sin embargo, yo no puedo recordad esos tiempos, ya se borraron de mi mente.

Mn    Esas son las hojas que se caen sin que pueda retenerlas y la cabeza se queda sin cabellos y los que quedan son de un color plateado que desde la distancia se ve el cráneo como se desborona lentamente.

¡Déjame dormir, por favor! No quiero ver el silencio del adiós. No quiero sentir como mi llanto suenan como perlas de cristal al caer desde la distancia de mis ojos hasta el frío suelo de mi alcoba.

No quiero sentir tus sonrisas, suenan como cascabeles en los labios de tu cara, y yo enterrado en vida sin poder ser el hombre que te pudiese querer.

El manantial de mi alma se ha secado, ya no pueden beber de tus labios los cientos de pajarillos que antes te acompañaban. Se marcharon a otra vida, la mía se va quemando lentamente como una mísera hoguera que se apaga con el tiempo al no tener tus ascuas en mi ❤.

El forjador de sueños  

José Rodríguez Gómez

El sevillano.

El señor de los gorriones

El señor de los gorriones

El silencio y la soledad invaden la habitación de muestro personaje.

A sonado su viejo despertador, y a duras penas lo ha conseguido parar. Es la hora de levantarse y la de salir a dar su paseo matutino. Encorvado y con dolores de su espalda se ha levantado y acto seguido se lava su cara, se mira al espejo y este se burla de él, y le dice…    viejo. Vive solo y nadie le puede ayudar. Una pequeña tostada con un chorreón de aceite, este es su desayuno diario, un café bien cargado y una poquita de leche. La mañana esta buena, pero hace frio, aunque el sol quiere iluminar toda la cuidad con sus rayos del final del invierno. Se ha puesto su abrigo, una gorra de paño, y una bufanda en su cuello para evitar que el frio pasa a su cuerpo. Antes de salir de su casa ha cogido su tercera pierna, y es un bastón de madera que le sujeta ya que sus delicadas piernas se le tambalean muy a menudo.

Sierra su puerta, mira hacia un lado y después al otro. Comienza su caminata, si es que a esto se le puede llamar de tal manera. Su recorrido es de unos trescientos metros, pero es poco para una persona joven pero no para nuestro personaje el cual tiene muchos años. Cada día hace el mismo recorrido. Él se va cada día pasito a pasito lento al mismo sitio de siempre. Este es una plaza la cual tiene en el centro de la misma una fuente con peces de colores, y además está rodeada de árboles en los cuales anidan miles de pajarillos de todos los tipos que uno se puede imaginar. Hay muchos bancos en esta bonita plaza, según nos cuenta que este lugar es suyo; dice que él fue uno de los trabajadores que ayudo a que se realizara, y que estos bancos están realizados con piedras de cantera.

Cuando lo ven aparecer por su plaza todos los niños salen corriendo en su busca y llamándoles abuelito, abuelito…

Le gusta que lo llamen a sí. Nos cuenta que él es abuelo, pero que por culpa de las circunstancias de la vida pues no los puede ver y tenerlos cerca de él. ¡Abuelito cuéntanos un cuento… si un cuento! ¡Yo quiero el de los gorriones! ¡Yo, el de los peces! ¡yo, el de los niños! Cada uno prefería que les contase el que más se recordaban, pero todos lo querían que fuese el suyo.

¡Bueno, bueno, no os preocupéis…que yo esta mañana cuando salía de casa os traigo uno nuevo a si todos quedaréis contentos con el nuevo cuento!

Cada uno le preguntaba una cosa, y a todos les sonreía, y les daba las gracias por hacerle estas horas tan feliz como siempre con su queridas compañía.

Abuelo que estás pensando… por qué no nos cuentas ese nuevo cuento. Le pregunto uno de los muchos niños y niñas que lo rodeaban.

No estoy pensando, solo espero que él se muestre ante todos nosotros para que podáis verlo, acariciarlo y darles besos que es lo que le gusta a este nuestro personaje del día.

Unos lo miraban a él, y otros buscaban en el cielo o entre los árboles para que se apareciera entre todos ellos.

¿Qué clase de pájaro sería?

Tenía los ojos cerrados, pero él notó como sus alas le acariciaba su cara, pero hasta que no abriese sus ojos no se haría presente.

Acarició las caras y las cabezas de todos los niños y como si se tratase de un hechizo o un embrujo les mostro su pájaro del sueño.

¡Oh, exclamación ente todos, se quedaron en silencio y maravillados al ver el pájaro más bonito que jamás habían visto!

Era un pájaro de múltiples colores. Pero además tenía seis alas y de cola les salían otras dos.

Comenzó a contarle la vida de estos animales que están escondidos en las selvas tropicales. En un lugar del rio amazona, donde hay muchos árboles gigantes, si nos ponemos abajo; donde comienza su tronco y miramos para arriba creeremos que se juntan con las nubes que cubren el cielo; allí es el lugar de donde sale el oxígeno que respiramos, pero hay también muchas personas malas y la están quemando, y si esto sigue así no podemos ver estas aves tan bellas. Estas preciosas aves son los que vives entre los grandes árboles.

Durante el tiempo que duró el cuento no había ni un niño que fuese capaz de mover la cabeza, y sus miradas estaba puestas en el pájaro de las seis alas…

El ave sabía cómo era el cuento, y cuando se dio por terminado la historia sé hacía mucho más grande cada segundo y como si fuese una cosa de magia fue creciendo y creciendo y cuando estuvo lo más grande que necesitaba se posó sobre el suelo y extendió sus alas para que todos los niños y sobre todo el abuelo se pudiese subir que les daría un paseo por toda la plaza.

Primero fue el abuelo, él se sentó junto al cuello donde tenía un collar de perlas de colores y un tirante de plata a donde él se agarró con todas sus fuerzas para no caerse.

¡Vamos, subiros todos no tengáis miedo, arribas todos mis nietos! Comento el abuelo.

Uno a uno se fueron subiendo y cómo era tan grande tenían un lugar para cada uno de ellos. Sería el viaje mes bello que jamás pudiesen soñar.

El pájaro de colores giró su cabeza y al ver que estaban dodos subidos levanto sus enormes alas y con unos suaves movimientos emprendió el vuelo.

Primero voló sobre la plaza adonde estaban los padres de los niños; pero ellos no podían ver el pájaro ya que este era invisible para las personas mayores y no se dieron cuenta de que sus hijos no estaban en el banco del abuelo y lo que pensaron es que estarías jugando al escondite por entre los arboles de la plaza.

Volaron por las nubes, pudieron ver de cerca al gran amazona y sus afluentes y la gran maza que conforma toda la selva tropical. Mientras volaban otros pájaros como en el cual estaban subidos se acercaros a ellos y se posaron junto a todos los niños y niñas que viajaban sumidos por el sueño.

Los sueños, sueños, son… pero para quien escucha un sueño se le hace realidad, y muchas veces los sueños se convierten en verdaderas cosas que vuelan en nuestra mente y las creemos reales. Pasado unos minutos regresaron a la plaza, y cuando terminaron de bajarse todos se escuchó la algarabía y los aplausos que todos les daban a su querido abuelito… Nadie se había dado cuenta de que no estaban los niños y que solos ellos sabían adonde habían estado durante el tiempo que paso del cuento… todos acariciando al pájaro y cuando el último se bajó, el pájaro desapareció de pronto y ninguno lo vio subir al cielo que es de donde había bajado para estar con los duendes que habitan en los cuentos de todos los abuelos de este mundo.

El forjador de sueños

José Rodríguez Gómez

El sevillano.

El barrendero dos.

El barrendero

¿Quién barre la luz, la esperanza, la honradez, la justicia?

La ceguedad de la noche, las horas muertas de la vida… tú… quizás fuiste tú la que manchabas mis sueños en tu vida real… harto de trabajar, horas y horas, semanas y años seguidos para qué, me preguntaba yo. Soy el barrendero, quisiera deciros lo mucho que he trabajado para qué mientras yo lo hacía tú lo ensuciabas con tus obras y pensamientos actos. Limpiara, limpiar, y limpiar… durante toda mi existencia y de nada me valió el ser bueno y honrado. ¡Que puedo ver detrás de mí! La sombra de un hombre decaído por la vida vivida y hoy cuando sigo en mi puesto veo algo… que me dice…para que te valió el haber sido bueno, y durante estos años que tu buscabas tu descanso, hoy no me queda nada… solo el recuerdo que no hay manera de poder barrerlo para siempre… tú, y siempre tú sales en mis sueños… Sonreír no sé, el por qué, pero no puedo hacerlo. Veo suciedad por todo tu cuerpo, tu piel está manchada y por más que quiero sacarte las manchas… no puedo hacerlo, no puedo olvidarme de todo cuanto hiciste en mis horas de trabajo.

¿Era poco para ti… merecías algo mejor? Tú que naciste en la basura, rodeada de gentuzas que eran como tú…antes de nacer ya eras mala, sucia y solo tenías una cara bonita, pero dentro de tu ser… había maldad, sí, mucha maldad, mientas yo, barre que te barre para llevar el sustento a mi humilde morada.

Eras joven, siempre decías… que tu juventud era duradera, que jamás se marcharía de tu cuerpo… ¿Te lavaste la cara alguna vez o quizás se te podía haber ido la pintura? Quiero contar los pasos que di cuando barría otras casas… pero nunca supe que donde tendría que haber barrido era en mi propia casa; pero no lo hice. Las horas, los años para ver si mereció la pena estar en este maldito mundo… rodeado por un olor a putrefacto, sin una sonrisa limpia, y todo solo por la ignorancia que había e mi mente.

El día que me fui a trabajar, ese mismo día se mancharon las sabanas de sedas que cubrían tu cama… y yo barriendo metro a metro, árboles, jardines y otros lugares donde se siembran las flores de esta vida. Yo barriendo, y tú mirando al techo de mi propia casa. ¿Quién mata…cualquier persona puede llegar a hacer tal abominable pensamiento, o acto de cometer lo que le dice su propia mente?

Hoy cuando estoy en mi puesto de trabajo, sigo barriendo, sé que soy muy viejo, pero no puedo hacer otra cosa. Llevo la cabeza inclinada mirando al suelo; me da vergüenza mirar al frente de mi vida. El camión que recoge la suciedad, las hojas muertas y los sueños vividos hueles estiércol, a zozobra y en mis recuerdos vívidos no tengo nada para seguir este maldito camino que emprendí a tu vera; y ya ves sigo siendo bueno yo quisiera poder barrer mi mente, pero no hay escoba que pueda hacerlo… No hace falta regar la calle… yo soy el que las riega con las lágrimas de mis sueños.

¿Cuántos hay en este mundo que han sido tan desgraciados como yo? Eso decía el sabio mirándose en un pequeño charco de agua que había en los caminos del destierro… habrá otro hombre más pobre, triste y desgraciado que yo; y cuando el rostro volvió hayo la respuesta viendo que otro hombre iba recogiendo las hojas que el despreció.

El forjador de sueños

José Rodríguez Gómez

El sevillano.

El barrendero

El barrendero

Amanecía en la ciudad de los sueños, con los primeros rayos del sol daban comienzo a su trabajo. Un carrillo de hojalata, con sus ruedas de hierro y sin engrasar sus ejes y por eso hacia tal ruido. Una escoba más grande que yo. Estos se lo cuento porque yo soy más bien pequeño, o tal vez sea la ropa y los zapatos de trabajo. Otras de mis herramientas era un recogedor también de hojalata, con estos enseres iba haciendo todo el ruido que podía y un poco más. No es que yo lo diga, sino que es cierto y así daba comienzo mi horario laboral y creo que todas las personas que se tenían que levantar a esas horas yo les hacía de despertador, para unos se alegraban, para otros seguramente se quejaban de mí trabajo y con toda la razón; pero esta es mi vida, la de barrer y hacer todo cuanto me piden. Una escoba de ramas, con ella limpió la suciedad de esta avenida que es la que me dieron el primer día, y ya llevo casi vente años barriendo la misma calle.  Llevo tanto tiempo que sé cuántos adoquines tiene la calle. Nunca pasa nada, y claro si aún no ha salido el sol quien quiere tener amistada con un simple y desgraciado barrendero.

La ropa de color gris y con unas rayas en los pantalones fosforescente para que me puedan ver bien los automovilistas y las personas que transitan por las calles.

Menuda pinta, me parece que estoy haciendo un poco el payaso no creen…

Llueva o truene yo en el tajo; no quiero decir en el rio tajo, no, sino en el curro, y cada día igual, y mañana, y al otro también.

Serían las ocho de la mañana, el carro de hojalata estaba a rebosar y después de mirarme sobre la sombra qué hacia los tímidos rayos de sol, y yo me preguntaba. ¿Qué hago con estas hojas… adonde las meto, ni subiéndome sobre el carro y apretándolas con las botas no me caben? ¡Tendré que ir a descargar y venir nuevamente para terminar de recoger toda esta basura! Y de las hojas caídas y de los cigarrillos tirados por todos los fumadores. Bueno también de las fumadoras. Había hecho un montón tan grande de hojas que estaba harto de haber barrido casi toda la avenida. Esta avenida estaba rodeada de grandes árboles plataneros, y ya saben ustedes que las hojas estos árboles son bastante grandes, así que ya se pueden imaginar la faena que me había dado para crear este gigantesco montón de hojas muertas. El cielo que antes era azul claro estaba volviéndose oscuro y esto no me hacia ninguna gracia.

¡Solo me faltaba que se levante un poco de aire, y después se ponga a llover!

¡Ir por ir noes, lo malo es dejarlas aquí, y que venga un gracioso que los hay y le pegue una patada, y seguramente salen volando y después tendré que barrer de nuevo! Dicho y hecho empujando mi carro, el silencioso, como yo le llamo y no era por el ruido sino porque las ruedas se le salían y estaba sujetas por unas puntillas al final del eje y cuando rodaban parecía que se querían salir y estos era lo que me faltaba para el duro. Empujando mi carro comencé a salir del pensamiento que yo tenía. ¡Claro no soy ingeniero, pero barrendero sí que soy y de verdad que tengo mucha práctica en mi faena, y si no, ya lo verán conforme le valla contando mis penas! No había recorrido unos cien metros, y sonó el primer trueno, yo no me había fijado del rayo, porque el sol estaba a medio cubrir cuando después de unos segundos hizo el ruido más grande que yo había escuchado en toda mi pobre vida. Detrás del trueno, el chaparrón y no había dado tres pasos que ya estaba chorreando, de arriaba abajo, la calle sé lleno de agua y en verdad que sí que yo me había equivocado; ya estaba dentro del tajo, y este era de verdad un verdadero río y cuando mire para ver el gran caudal que llevaba arrastradas los miles de hojas que yo había dejado amontonada en la calle.

¡Qué pena estar barriendo lo que los demás tiran sin miramiento… y no pasa nada, a si queremos cuidar del planeta, pues yo lo tengo claro por eso sí esto sigue así, y creo que no hay nadie que lo pueda cambiar; yo tengo trabajo hasta que no pueda tirar de la escoba! El trabajo es duro, y hay que aguantar sea lo que sea, pero, tendríamos que cuidar lo que no es nuestro sino de todos los seres de este mundo. Seguiré barriendo el tiempo que yo tenga fuerzas para ello.

Quisiera barrer otras cosas. Por ejemplo, los sueños y recuerdos malos que me inundan mi mente y no me dejan dormir. Bueno en las próximas os escribiré los recuerdos que han pasados en mi vida.

El forjador de sueños

José Rodríguez Gómez

El sevillano.

La calle desierta

La calle desierta

El farolero de la noche.

Llegada la madrugada, caminando en mi soledad, miraba hacia un lodo, hacia otro y solo mi sombra era mi compañera. Escuchaba el sonido de mis zapatos golpeando el suelo en la silenciosa noche. Al verme tan sólo, pensé… ¿nadie, no puedo ver a nadie? tan tarde es para que ninguna persona se cruce en mi camino. Sólo me acompañaban las estrellas qué se reflejan en el húmedo suelo de la noche. Tras de mi… un perro que estás tan solo y ☹ como yo. Al verme, movió su rabo y siguió tras mis pasos y él en su silenció también buscaba a alguien que lo tomase como amigo. Es triste la soledad… en aquél momento me preguntaba yo. El destino nos hace pisar calles desiertas, caminos solitarios, cruzar ríos y valles y beber de las fuentes que dijimos tiempo atrás, nunca bebería de ti. ¡Tú me distes las sobras de tu cuerpo y yo las bebí como si no hubiese habido en la tierra otra fuente más pura que tú! ¡Maldita seas una y mil veces! Por qué camino en la soledad de las noches. Nadie lo sabe, nadie, solo yo que no puedo conciliar el sueño, y cuando pienso en todos esos momentos que tú con tu belleza solamente hacías daño a la persona que vivía a tu lado. ¿Qué puedo decir de ti… dímelo? Hoy cuando el día se ha marchado, cuando las nubes cubren el cielo y la oscuridad oculta mi llanto… para qué, y por qué, me pregunto una y mil veces.

Soy el farolero de la noche… él que enciende los corazones, el que ilumina los sueños de las personas que engañan a otros seres que dormitan junto a tú cuerpo.

La vara en una de mis manos, la mecha en la otra, la noche está lluviosa y el candil se quiere apagar, debido al suave viento que hace, pero lo escondo en mi pecho y voy iluminando toda esta gran avenida que está cubierta por la oscuridad de la mentira.

¡Noche oscura y lluviosa, soy el que dará la luz entre las tinieblas! El que sueña cada segundo, el que quita las sombras de vuestros corazones. Soy ese que quiere besar tus labios cuando tú estás escondidas entre las sabanas de sedas, te ocultas, sí, te ocultas para no decir que me quieres tanto como yo te quiero a ti.

Te avergüenzas de mí… soy tu farolero. Ese que no puede dormir contigo por las noches y cuando llego al amanecer del día no puedo tener tu cuerpo y solo me dejas las sobras de otro hombre que te da el calor y el amor que yo no puedo darte. ¡Qué pena haber nacido para esto!

Unos trabajan en lo que nadie quiere, y otros disfrutan de los que otros no pueden hacer.

Te quiero tanto mi amor, que sueño contigo mientras tú caminas descalzo por las calles encendiendo farolas… Tú me crees… me preguntaba ella cuando harto de caminar por las calles encharcadas y al llegar a mi humilde casa me decía con sorna… ¡Si mi amor claro que te quiero, yo soy el que te da las limosnas que recojo, y tú se las das al que te calienta por las noches! ¡Lo que es la vida, y que no hay manera de que aprendamos de una vez por todas! Estando yo caliente los demás que revienten.  A si es. Yo te quiero perrito, pero de pan poquito…

Dame limosnas de amor, que mis ojos están llorando por la cera que me está cayendo en mis manos, y estas están temblando.

El forjador de sueños

José Rodríguez Gómez

El sevillano.

Perdóname

¡Perdóname!

¿Cómo te puedo pedir perdón, dímelo, si no se adonde estas, si tu sobra no puedo verla? Por más que grite tu no oyes mis lamentos, tú ves la obra que hiciste, y nadie lo sabe, solo tú y en tus sueños puedes ver tus pinceladas.

Uno es viejo, lo sé, que lo soy, hay momentos que uno pierde la cabeza, pero no perdemos la vergüenza, y dice tantas cosas que ninguna son verdades. Solo son sueños y mentiras que al llegar a este punto del camino decimos tonterías. Viejos repugnantes que sin saber el daño que hacemos al hablar, y sin tener conocimiento herimos las halas de la verdad. De aquellas aves que vuela en busca de tus raíces. ¿Cuánto daño te hice, hoy no puedo más y llorando te suplico que en la distancia me perdones si es que puedes o quieras hacerlo?

Quiero pedirte perdón, sí, a ti mujer que solo te dije cosas que en verdad ninguna podría haber hecho efectivas, solo eran momentos de locura que al ser lo que en verdad soy y siempre lo fui un… Algo que ni yo mismo sé lo que somos; pero es cierto que tú eres y eras algo inalcanzable para un hombre como yo. Dices que siempre estas escondidas en tus libros, leyendo, estudiando, y engrosando tu sabiduría, bien por ti, lo mereces, pero hay una herida en mi corazón que no para de sangrar.

Letras que se lleva el viento, se pierden en la distancia y cuando pude hacer algo por la humanidad no lo hice… ¿Qué puedo sentir al haber hecho tal comportamiento hacia una sola, sí una sola porque dentro de las raíces de nuestro cuerpo solo hay una que merezca la pena de haberla aceptado como se merecía?

¡Abro las puertas de mi corazón, las tienes abiertas de par en par solo para ti! Para que encuentres lo que tanto has buscado durante toda tu vida.  y yo desde la lejanía te pido que vuelvas que este año ha terminado y comienza uno nuevo año que podría ser para ti el principio del fin.

No camines más ente las sombras, tú mereces estar entre las células de tu sangre y no vueles solamente adonde el viento te quiera llevar.

Deja que mi llanto siga fluyendo y que las gotas de lágrimas rieguen tu alma.

Vuelve no camines por más tiempo descalza, tus pies están heridos y nadie sigue tus pasos. Quiero darte el nido que a toda persona le hace falta…

Soy parte de tu sangre, tal vez sea tarde pero siempre hay una pequeña oportunidad de conceder perdón a la persona equivocada.

Llámame: tú sabes el número de mi llanto, espero ser el viento de nuevo en mi alma.

El forjador de sueños

José Rodríguez Gómez

El sevillano.