dicen algunas personas que llegar a ser viejo es bueno

Dicen algunas personas que llegar a ser viejo es bueno.

¿Para qué, si, para que es bueno llegar? Bueno es ser joven tener un amor que te quiera, poder darle tantos besos como pelos tenga en su cabeza, eso sería bueno pero llegar a ser viejo. Anda ya, que se mueran los feos como se decía en aquella copla. ¡Yo, ya soy viejo, si, lo soy, y lo sé, pero  que pena tengo en mi corazón cuando me miro a un espejo para secar mi llanto y con la toalla que seco mi cara quisiera arrancarme la vejez de una sola pasada! No lo puedo conseguir; y esto sí que es una pena. ¿Saben lo que pienso cada vez que pasa por mi lado una mujer bella, con un bamboleo en su cintura y va derramando su arte, su aroma, el polen que se quiere germinar en mis entrañas y no puedo tener la tierra que haría falta para que su polen germinase en mi vida, sé que soy viejo? ¡Para que me ha servido llegar si no puedo vivir! ¡Qué viva todo aquél que lo desee, no quiero morir siendo la sombra de lo que fui! ¿Ahora qué, por donde he de caminar para no encontrarme con ella, contigo, con la mujer que tanto desearía amar? ¿Para qué, ya no valgo, soy viejo? Solamente la lucidez te puede mantener vivo, sí vivo, pero viejo. ¡Quién quiere a un viejo, tú, o tal vez tú, no serás tú! Cuando levanto mi destartalado cuerpo del camastro que me sostiene, todo son ruidos de unos huesos que cada vez que me muevo ellos suenan diciendo, déjame descansar de una vez por todas. No te das cuenta que mis años no son como tú los desearía que fuesen, anda, levanta tu alma y deja el esqueleto para que pueda morir en paz de una puta vez. ¡Lloro, sí, cada vez que veo una mujer con esa belleza lloran mis ojos! Cada vez que lavo mi cara, me miro al espejo de la vida, contemplo mis arrugas, y de mis ojos salen unas perlas de cristal, si, de cristal de muchos colores, y cuando se derraman por mi piel, ellas, se detiene en cada arruga, y forman unas pequeñas heridas que solamente se sienten cuando somos viejos; es cuando las sientes y te hacen llora del dolor. ¿Para eso quieres que lleguemos a ser unas macetas podridas las que solamente apestan a viejas, pensáis que a la vejez le sale el perfume por los poros; piensas que eses aroma que tenía la rosa cuando era rosa, aun lo conserva? No, ya murió aquella rosa, si aquella que me hacía llorar, cuando me daba sus labios rosas y, los míos se refregaban con los suyos, que me queda de todo aquello, nada, si nada y no quiero seguir viviendo de esta manera. Mirar tus ojos, ver de qué color son tus pupilas, besar tus labios, sentir que se siente cuando tus labios con los míos se despegan, que sabor te dejan tus besos en la mente que te rodea, sientes la piel de su boca, que sale una suave saliva  te hacen en tus entrañas. El lago es muy profundo, tus aguas son tan claras que ganas medan de desnudarme ante ti y, cogerte de la mano adentrarnos en las profundas aguas de tu mirada. ¿Soy joven, anda, deja seguir mi camino y, cuando despiertes no veas mis sombras, aquellas que durante unos míseros años te dieron la alegría de vivir? ¿No ves, tú no lo ves; acaso tus ojos han dejado de ver mi cara, no te importa que sea tan viejo para seguirte amando? ¡Quise ser para ti, y lo fui, pero el destino ha acordado en que yo no exista y, cada vez que tú dese recordar mis besos, solo serán eso, un sueño! ¡Loco, si loco, para qué dejamos que haya tantos locos por este maldito mundo, me pregunto por qué! Tú, si, tú, mujer tu, que tienes sobre tu cuerpo el poder dar lo que tanto te sobra, el placer, el veneno que sale de tu mente, cada vez que quieres hacer, lo haces y nada te impide matar, hacer el daño que tanto deseas y nada ni nadie te  dice que eres vieja, en cambio yo; qué soy para ti, si ya no tengo fuerza en mis venas para seguir viviendo, no puedo, me muero cada vez que en mi deteriorada mente quisiera hacer contigo el amor. ¿Ya no me quieres, te comprendo, tú, te das cuenta de que si me diste tu cuerpo con la dulzura de mi mente, quizás pudiese hacer lo que me dice mi corazón? Esconder mi vieja mente entre tus sabanas de sedas, acariciar tus pechos con mis manos temblorosas, besar tus labios, acariciar las es camas de tus ojos, enredar mis dedos entre la crin de tus cabellos endrinos, mojar mis dedos al sentir entre tus piernas el secreto de la vida, beber de tu senos, escurrir mi llanto en tu almohada, tal vez entonces si no puedo ya sea viejo. ¡Pero mientras tanto, no me digas viejo! ¡Deja demostrarte lo poco que tengo deja que me destroce tu cuerpo, deja que me mate el veneno de tu boca y, cuando mi piel esté destrozada, entonces dime lo que tú quieras! ¡No soy un viejo, pero lo parezco! ¿No será que tal vez lo sea, si tú no me dejas demostrarte lo poquito que me queda, para qué me dices viejo?

De una vez por todas, di que te gusta mi página, a si yo sabré que tú lees mis locuras y mis deseos; pero recuerda que no soy un viejo. El forjador de sueños. José Rodríguez Gómez.

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