El molino de los sueños

El molino de los sueños

La mirada en la lejanía, sin saber por qué busco algo que recuerde mi pasado. Alegrías, penas, llantos, besos, sueños y recuerdos. ¡Qué más te da a ti, tú sigues tu camino y trituras a tu paso, todo, si, todo, no miras nada, solo piensas en ti y no ves que en la distancia se transforman los sueños!

Mi barca varada en la orilla, sus remos podridos, su vela hecha girones, la quilla de mi barca está rota, se estrelló en los arrecifes, y solamente me queda esto. ¡Todo se ha perdido, sentado en la arena de este mar de mis sueños! Se levanta la brisa,  mis labios sonríen sin saber el motivo de esta triste mueca en mi boca. Acaricio un trozo de mi vela, lo agarro entre mis manos, lo beso, y lo acerco a mis ojos al sentir que de ellos caen unas lágrimas de coral que hieren mi rostro a su paso. Busco en mi bolsillo un cigarro, trato de encenderlo, pero el viento no me deja, una y otra vez hasta que una de ellas por fin lo tengo encendido entre mis labio resecos por la sal de mi vida. Mis manos tiemblan, juego con la arena, uno de mis dedos, hace un corazón, lo miro, acaricio su silueta, sonrío, y al mismo tiempo lloro. El molino pasó por mi lado destruyo todo cuanto había creado y querido. ¡Ya ves donde me hayo; en la orilla de un mar que no conozco, no sé donde estoy, solo se´ que estoy mirando en la distancia, buscando a la mujer que medió la vida y encendió en mi corazón una llama que aún perdura, tintinea débilmente, sigue encendida y ayándome en la situación que me encuentro, la sigo queriendo! ¿Te acuerdas de aquella barca, y del pobre marinero, con su mirada perdida lloraba en sus recuerdos? El pitillo entre sus labios, apagado caía al suelo. Le temblaban sus manos, y sus cabellos quemados por el sol eran movidos por el viento. De rodillas, quería levantarlo, una y otra vez lo intentaba, cogía la vela maltrecha y hacía como si la pudiese atar, sollozando empujaba el cascaron de su barca, enderezaba el palo mayor el cual estaba clavado en la arena. Sacaba la arena de la quilla, sin darse cuenta que se hallaba podrida por los años. ¿Hasta dónde llega el ser humano, qué le pasa con el paso de la vida? ¿Qué hay detrás, por qué lloramos, sin saberlo reímos y, nadie se para a tu lado? Al verse en la soledad de la locura, coge un puñado de arena y llena su boca con ella. ¿La mastica, la escupe, no sé que es mejor, morir, seguir buscando, o levantar el barco y hacerse a la mar? Al fin consigue arrimar a la orilla su vieja barca. Las olas levantan el cascaron y lo empujan hacia la orilla nuevamente. Quiere subir a su proa, se cae y las olas le dicen no navegues, se termino el camino, para ti es un sueño que terminó hace mucho, mucho tiempo. ¡No ves la distancia, no hay fin en tu destino, déjalo viejo amigo, el molino destruyo todo, si, todo a su paso! ¿Dónde está tu barca, y los remos, como quieres navegar, no ves que este mar de ilusiones esta muerto? Ya no existe, eres la sombra de un pasado, se fue, ya no viene. ¿Te llevo con ella? ¡Puedo ayudarte, si, te puedo llevar sin que pises esta playa, sin que quede de ti ni él menor de tus recuerdos, sin haber dejado de quererla, ya ves! ¿Te vienes? Se levanta, sacude sus viejas ropas, agarra su gorrilla, coloca en su cabeza la puerta para que no se marche el baúl de sus recuerdos.

Vámonos, sigue mis pasos, ah, apóyate en mi hombro, yo te agarraré por la cintura, a si, cogidos los dos caminaremos más rápido. El marinero lo mira y le dice. ¿Tú tienes prisa? ¡No!  ¿Entonces por qué quieres llegar tan pronto? ¡Verás, en un lugar de este mundo, hay una barca que te está esperando! Una mujer vestida de azul peina sus cabellos con la brisa de las olas, el viento arremolina las perlas junto a sus besos. Ella me dijo que te buscase, que te llevase junto a ella y, que te seguía queriendo, tanto como antaño, y sus labios están resecos de los besos que te daba y, ahora me decía, ya no los tengo. ¡Tráelo conmigo, yo soy la barca, soy sus sueños, y el mástil de mi vida es el lugar de sus misterios! Caminaron lentamente, sus huellas quedaron sobre la playa, y cuando quiso ver por última vez su barca, las gaviotas con sus picos levantaban su velero por los cielos. Sonrío, y secó con sus manos las gotas del rocío que mojaban sus recuerdos. Me gusta el forjador de sueños. Hazlo saber en mi página. José Rodríguez Gómez.

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