El pianista

El pianista

Undécima parte

Este sonriente, se fue acercando al piano, pero con paso firme, casi los pies del miedo le temblaban, y sin saber por qué, pero en realidad tenía un problema que solucionar por ser la primera vez que tocaba ante un público muy exigente ya que la persona que estaba sentado a su vera; era el mejor mientras nadie le mostrase lo contrario.

 Entre palmas se fue acercando, una vez ante el piano inclino nuevamente su cabeza; la orquesta se quedó esperando que él dijese que era lo quería interpretar.

Los aplausos no cesaban, y este levantó sus manos para hacer que fuesen compartidos con ellos y para que estos fuesen para estos músicos tan maravillosos que cada día ya cada noche actuaban en este gran club.

 Una vez se hizo el silencio, José se sentó en la banqueta que le esperaba ante el teclado, y las cuales le estaba diciendo; corre de una vez y haznos sonar para que el mundo sepa de qué está hecho tu corazón.

 Sentado ante el mismo silencio, solo se podía escuchar su respiración y los acordes de los instrumentos para comprobar que estaban afinados para el momento oportuno… Miro a la horqueta: su director le pregunto… ¿Usted dirá que nos va tocar? Le había preguntado… Estaba concentrado, y una vez sentado y sus dedos sobre las teclas de marfil; en estas se reflejaban las yemas de sus dedos; que quiera o no, era una gran oportunidad para él, pero además de serlo; también era un gran compromiso el que él tenía ante todas éstas personas, y además de estar delante de su futuro suegro y de su querida novia.

Sonrió, y le dijo: tauromaquia… Se miraron entre los componentes de la horqueta y sin saber que era esa partitura esperaron que el sonido de este gran y maravilloso piano hiciese sus sonidos para poder acompañarlo… Se puso de pies ante su piano y mirando a su novia, le brindo este concierto… ¡Va por ti…lanzo un beso al viento y desde ese momento se hizo el silencio en la sala!

Acaricio las teclas, resbalo sus dedos por el teclado y sin dejar de resbalarlas se escuchó el clarín de una corrida de toros.

Todos, sí, todos quedaron en silencio la horqueta no sabía por dónde empezar, y comenzaron a escucharse murmullos entre todos los asistentes ya que sobre un instrumento de esta clase no había trompetas o clarines que ellos se supiesen; pero salieron estos sonidos que enamoraron a todas las personas presentes. Tras este toque de clarín comenzó un bello pasodoble y esto hizo que se levantasen y cantasen todos los asistentes y comenzasen a tocar las palmas…

Como si estuviesen en una plaza de toros. El capote, sé podía escuchar el ruido de la tela sobre el viento. Se escuchaba el mugido del toro, y como la horqueta al darse cuenta de que estaban sobre volando España comenzaron con este gran pasodoble que se llama el Mundo.

Hubo quien se levantó, y cogiendo a su pareja, bailaron sobre la gran pista que había en esta sala. Jamás se había escuchado nada igual, erra maravillosos ver como a los grandes músicos solo les hace falta que alguien de él comienzo y ellos se adaptaron rápidamente a lo que se estaba diciendo entre ellos, y sonó como jamás se había hecho en lugar alguno; un piano y una horqueta de jazz enlazados sobre los pentagramas de esta partitura de los sueños…

Cada parte del toreo se hace con el toque de clarín, y cada parte se escuchaba el mugido del toro, el cabio de tercio, y los aplausos era interpretados por los asistentes de esta plaza de toros improvisadas por nuestro forjador…

Cuerpo y alma era los que hacía la mezcla de entre estos inmejorables componentes de esta horqueta y del joven pianista, que al ser su primera interpretación deseaba hacer algo que jamás se hubiese hecho antes nadie, y así fue como esta su primera actuación fuese única y para que a nadie de le pudiese olvidar en toda su vida.

El tiempo… nadie dijo que fuese muy largo, y tampoco muy corto; ya que entre todos se había hecho una mezcla que el ruedo, los toros, el público y la música se fundieron entre si y se creó un ramo de claveles tan hermosos qué para todos fue algo que en sus mentes y dentro de sus recuerdos quedaría para los restos.

Por último: sonó el clarín como al principio, se hizo el silencio, el toro dejo de mugir y, rodando sobre el albero se podía se cuchar sus lamentos. El aplauso del respetable al ver que este torero había matado de una gran estocada este pobre animal…

Silencio, el pasodoble dio fin a esta tragedia española y el viento, los perfumes de los claveles llenaron el cuerpo de este a valiente animal.

Sentado, con su mirada fija sobre este teclado, cerró sus ojos y espero que el respetable dijese su veredicto. No se hizo esperar. Un gran aplauso sé levantaron todos y puestos de pies; este fue el primer regalo de novios para ellos. Ella con lágrimas en sus bellos, salió corriendo hasta donde estaba su querido novio y dándole un beso en sus labios sello su primera actuación en solitario y su querido suegro también se acercó hasta él para felicitarlo.

¡Bueno, bueno, ya tendréis tiempo para seguir besándose; no les parece a los dos! Que estamos delante de todos y no quiero que mañana me digan que es lo que haremos des de ahora en estas y en todas nuestras salas; daros besos o trabajar que es de lo que se trata.

Jennifer al sentir la voz de su padre le abrazo y estando tan contenta le preguntó… ¿te ha gustado mi querido novio, papi?

¿Tu novio… a mí no me gusta, solo con que te guste a ti ya tenemos bastante no te parece?

Por lo demás… me sigues demostrando que tú eres un mago y no un pianista; pero si al público le gustas a mí también… Se abrazaron y así los tres unidos en fuerte abrazo se dieron a conocer entre todos los asistentes…

Blanquito; tu piano será el que quieras escoger de todos cuanto hay en la sala de exposición que hay en casa así que tú mismo. ¡Señor, me gustaría, primero arreglar el piano blanco, y si es que soy capaz de arreglarlo me quedaría con ese, siempre que a usted le parezca bien!

Terminado este día de fiesta para él y para todos se marcharon a otros clubes que él señor Duque y al final del esta jornada tan extensa y agradable se marcharon para su gran mansión.

José solamente pensaba en poder estar delante del piano blanco, era una ilusión poder tener algo tan hermoso y bello, pero primero había que repararlo si es que era capaz de hacerlo.

Sumido en sus sueños y teniendo a su prometida junto a él, este ya se veía con sus herramientas desmontando todo cuanto fuese necesario para repararlo.

Esa noche estuvo muy nerviosos, casi no pudo dormir, aunque Jennifer lo cogió primero y después de haberle dado un buen revolcón y detrás de hacer el amor cuantas veces ella lo deseo este se quedó 😴 agotado y dormido como si fuese un niño. Le beso la frente y se quedó abrazada junto a su cuerpo el resto de la noche.

 Poco tiempo tuvo para poder descansar, viendo que su prometida estaba dormida, él, se levantó sigilosamente y se puso ropa de la cual tenía en su vestuario. Eligió la que le parecieron más sencilla y con unas zapatillas de deporte; se fue derecho hasta el lugar donde estaba su piano. Una vez allí busco algunas herramientas para desmontarlo, buscó, pero… no encontró nada y después de un buen rato se presentó Kunta.

¿Buenos días mi blanquito buscas algo?

¡Si busco herramientas! Le dijo después de haberlas buscado por todos los rincones, y sin hallarlas estaba preocupado por el tiempo perdido.

Ven conmigo muchacho… se acercó a aun precioso mueble. Abriendo sus puertas le mostro todo cuanto le haría falta para intentar arreglar lo. Pero antes él le dijo. Mira blanquito; no creo que tú seas capaz de arreglar este piano. Lo han intentado los mejores técnicos y tú no eres el mejor, pero, si at es tu deseo, hazlo y después ya hablaremos. Le diré a la señorita que estas aquí…

Se puso manos a la obra, ora tras ora y después de haberlo desmontado por completo se miraba las piezas y no comprendía por qué no sonaba dicho instrumento.

Cuando Jennifer se despertó, se encontró sola en la cama, y se levantó corriendo; se puso una bata de cama y desnuda como estaba se presentó en el lugar que ella ya sabía que lo podría encontrar, como así fue…

Hincado de rodillas estaba cuando llego su querida enamorada, le abrazó suavemente y dándole besos en su cabeza le preguntaba. ¿Por qué te has venido y me has dejado abandonada, no te da pena de mí? Sintió su suave cuerpo, acariciando sus entre piernas, le besaba sus labios y el cabello rizado de su amante le cubría su cara y sonriendo le decía. ¡Tengo que ser capaz de arreglarlo; si no que dirá tu padre de mí!

No te ha puesto fecha, ni horas para hacer con él lo que desees, tiempo tienes, pero antes nos vamos a desayunar. Espera… le dijo él… no, esperas tú, pero ahora nos vamos los dos y después te dejare un rato con este bicho…

Dicho y hecho cogidos de la mano se fueron hasta el lugar adonde le esperaba Kúnta con el desayuno preparado en una gran mesa de ceremonias.

¡Anda lávate las manos y después ya veremos lo que te dejo hacer! ¿Cariño no me dejaras que lo intente?

Sí, pero ante todo yo soy la primera y después tú. Está bien tú mandas… Kunta al escuchar sus plegarias se reía a carcajadas… él señorito se ha creído que puede hacer lo que le bien en gana. ¡no hay como tener una buena mujer cerca de uno para que no puedas hacer lo que ella no quiera. ¿No te has bañado verdad? Desayunaron y una vez terminado le cogió de la mano y como si fuese un niño lo arrastro hasta la ducha, una vez dentro lo enjabono y riéndose de él le decía ahora cuando termines te pones con él a ver si eres capaz de arreglarlo y cuando yo vuelva lo quiero terminado porque si no te vendrás conmigo adonde yo tengo que ir.

Se quería ir sin haberse vestido, desnudo, se marchaba cuando ella lo sujetó, y diciéndole. ¿Adónde te crees que estas mi blanquito, con ese cuerpo serrano y desnudo por esos mundos de dios, eso sí que no, y de mi lado cuando yo este contigo no te me escapes antes de haberme preguntado si te permito que me dejes a solas lo has entendido cariño… Está bien, cuando usted me diga me marcharé… eso está mejor. Ella se acercó al vestuario y le saco ropa limpia y deportiva para que pudiese mancharse con su trabajo. ¡Toma ponte esto y cuando yo venga espero que este arreglado y si no; nos iremos de compra!

Después de haber mirado pieza por pieza lo comenzó amontar, viendo que había una pieza rota la comparó con una de otro piano que estaba desmontado. Y sacándole la misma de este otro piano viejo se la quitó y se la puso, aunque fuera de diferente forma; y lo consiguió hacer que sonar. ¡Sí, es cierto que tenía otro sonido, pero a él le gusto la forma de expresar su afinamiento!

Pasaron horas y horas hasta darle la forma y montar todas las piezas que le había sacado, y al haber encontrado el fallo se dispuso a montar todos los elementos que componen el piano.

Fue tensando cuerda por cuerda, y cuando llego Jennifer al preguntarle y este no se dio cuenta que le estaban hablando con él, ella sé que do callada, hasta ver si había sido capaz de hacer que sonase.

Con la propia camisa se limpiaba las manos y una vez terminado se sentó ante el teclado. Fue tocando tecla por tecla hasta que llego a la última, y viendo que sí, que sonaba bien grito con todas sus rabias y se alegró de haberlo conseguido.

¡Si, lo he conseguido, ahora es mío y con él daré mis mejores conciertos de este mundo!

Se disponía a tocar, cuando miro a su entorno y estaba Jennifer, su padre y kunta… se lo miraban los tres y sonrientemente le dijeron. ¿Está terminado, que es lo que tenía?

¡Señor tenía el puente roto, aunque era muy poco, pero los sonidos no eran lo suficiente buenos y le he cambiado una pieza de otro piano y ya está, suena muy bien! Cierto que es otro sonido, ya que la pieza no es la que le corresponde, pero a mí me agrada el sonido que tiene ahora. ¡Veámoslo y escuchemos tú piano! Se sentó y acaricio sus teclas. Estas del tiempo que tenían estaban desgastadas sobre la superficie de las mismas, pero esto le agrado mucho al José. Interpreto una de su repertorio; el señor Duque le agrado escuchando uno de sus repertorios ya que el libreto que había sobre el teclado era de sus partituras la mejor de todas. 

¡Bien, lo dicho es tuyo! Desde hoy podrás tocar a mi lado cada vez que tú quieras.

¡Señor es para mí un verdadero placer poder hacerlo, si por si acaso me equivoco alguna vez no se lo tome a mal!

Rieron los tres y entre sonrisas se marcharon al despacho, pero antes de entrar le dijo… ves y te duchas que tienes grasa hasta en el pelo.

Jennifer lo agarro nuevamente y se lo llevo hasta el cuarto de baño. Lo desnudo y antes de meterlo bajo el agua le hizo hacer el amor; porque le vio tan interesante que no pudo resistirse al ver que estaba bien armado por el trabajo que había realizado. Y no te perdono que me abandones nunca más. Le dijo…

Había pasado todo el día con el arreglo, y cuando vino su prometida fue cuando le vieron alegre y muy contento porque al fin ya tenía piano propio.

El forjador de sueños

José Rodríguez Gómez

El sevillano.

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