Besos al viento de la amantáis religiosa

Besos al viento de la mantis religiosa.

Se fueron… sí, se marcharon con las claras del día, y las tinieblas ocultaron el sabor de aquellos besos de mi infancia.

Cuán lejos quedaron… tanto que en la piel de mi cuerpo se van olvidando con el paso de los años y cada vez que quiero recordarlos me sangra la piel de mi boca.

Dicen de mí que la locura se ha incrustado dentro de mi mente, y solo queda el recuerdo: la vejez hace que mis ojos lloren, y no de felicidad, sino de pena de no haber vivido esos tiempos como se merece hacer en este mundo.

¡De todo tienen que haber!  felices y desgraciados… recuerdos que hieren, pero que no dejaron el sabor de su piel. Nacemos para que halla en este mundo de todo, pero no podemos volver a vivir lo que antaño hicimos…

Me tildan de pensativo, de loco, de añorar los años vividos sufriendo… Mi piel es solo mía, y sí de otra persona fuese; tal vez sería distinto el haber nacido para vivir lleno de felicidad… Flores tiene el campo y veneno en algunas de ellas, pero se llaman mujeres y que sus derechos son iguales a las otras personas.

Esas mujeres que hicieron tanto daño a según qué persona, hoy viven felizmente, sin recuerdos que no fuesen felices según dicen ellas, y de ellos… ¿Cuándo hablamos… nunca, todo ha prescrito, ya no hay medio de hacer volver al tiempo; y todo se lo fue borrando el cauce de un río revuelto que se lo llevo todo menos los recuerdos de mi mente?

¿Por qué mantis? Cuándo nacemos, unos lo hacen para ser felices, y otros para ser comida de su otra parte, y por lo que dice su nombre, ellas comen y viven de lo que comen; y alguien ha de ser el que cuente la otra parte dela historia. Sé que me puede pesar y doler mucho pero no puedo estar callado de por vida. De ahí radica mi llanto y solo me queda esto el dolor de haber nacido para nada y nada se me puede recuperar dentro de mi mente. ¡Sí nací para ser pienso, comida para ella y no puedo estar callado por más tiempo! Tampoco me importa qué digan de mí. De alguna manera se ha de decir las cosas, duela a quien le duela. ¿Cuántos hombres dicen cuanto ha pasado en sus vidas, pocos, porque la gente se ríe de ellos y así con el silencio se ocultan tantas verdades que si se supiesen; muchas bocas se callarían para siempre?

Preciosas por fuera y malditas por dentro, esa es la parte contraria a mí. Ese animal de formas deliciosas es mortalmente peligroso, se come al macho cada vez que este desea estar haciendo el amor. Ella lo besa, lo emborracha y cuando él se cree que es el hombre más dichoso de la tierra ella se lo come. Esto me paso a mí. se comió mi cabeza o al menos la parte que queda para contar mis desgracias. Quiero que se sepa y que alguien le pueda decir cuánto hizo para que hoy en día sea un ser que desea la muerte… Los derechos han de ser para todos iguales, pero no es cierto que así sea.

Tú puedes coger a cualquier mujer que veas por la calle… ellas si pueden, pero tú no.

Di besos, pero creo que me quede con una simple causa que hiere mi alma y el recuerdo vivido en estos años.

Los besos se los lleva el viento, pero los sueños perduran de por vida, y los años te van encerrando entre unas telas de arañas que te consumen lentamente hasta llegar a la locura.

¡Cuánto pude querer, pero no fue la elegida!

El forjador de sueños

José Rodríguez Gómez. El sevillano

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