La calle desierta

La calle desierta

El farolero de la noche.

Llegada la madrugada, caminando en mi soledad, miraba hacia un lodo, hacia otro y solo mi sombra era mi compañera. Escuchaba el sonido de mis zapatos golpeando el suelo en la silenciosa noche. Al verme tan sólo, pensé… ¿nadie, no puedo ver a nadie? tan tarde es para que ninguna persona se cruce en mi camino. Sólo me acompañaban las estrellas qué se reflejan en el húmedo suelo de la noche. Tras de mi… un perro que estás tan solo y ☹ como yo. Al verme, movió su rabo y siguió tras mis pasos y él en su silenció también buscaba a alguien que lo tomase como amigo. Es triste la soledad… en aquél momento me preguntaba yo. El destino nos hace pisar calles desiertas, caminos solitarios, cruzar ríos y valles y beber de las fuentes que dijimos tiempo atrás, nunca bebería de ti. ¡Tú me distes las sobras de tu cuerpo y yo las bebí como si no hubiese habido en la tierra otra fuente más pura que tú! ¡Maldita seas una y mil veces! Por qué camino en la soledad de las noches. Nadie lo sabe, nadie, solo yo que no puedo conciliar el sueño, y cuando pienso en todos esos momentos que tú con tu belleza solamente hacías daño a la persona que vivía a tu lado. ¿Qué puedo decir de ti… dímelo? Hoy cuando el día se ha marchado, cuando las nubes cubren el cielo y la oscuridad oculta mi llanto… para qué, y por qué, me pregunto una y mil veces.

Soy el farolero de la noche… él que enciende los corazones, el que ilumina los sueños de las personas que engañan a otros seres que dormitan junto a tú cuerpo.

La vara en una de mis manos, la mecha en la otra, la noche está lluviosa y el candil se quiere apagar, debido al suave viento que hace, pero lo escondo en mi pecho y voy iluminando toda esta gran avenida que está cubierta por la oscuridad de la mentira.

¡Noche oscura y lluviosa, soy el que dará la luz entre las tinieblas! El que sueña cada segundo, el que quita las sombras de vuestros corazones. Soy ese que quiere besar tus labios cuando tú estás escondidas entre las sabanas de sedas, te ocultas, sí, te ocultas para no decir que me quieres tanto como yo te quiero a ti.

Te avergüenzas de mí… soy tu farolero. Ese que no puede dormir contigo por las noches y cuando llego al amanecer del día no puedo tener tu cuerpo y solo me dejas las sobras de otro hombre que te da el calor y el amor que yo no puedo darte. ¡Qué pena haber nacido para esto!

Unos trabajan en lo que nadie quiere, y otros disfrutan de los que otros no pueden hacer.

Te quiero tanto mi amor, que sueño contigo mientras tú caminas descalzo por las calles encendiendo farolas… Tú me crees… me preguntaba ella cuando harto de caminar por las calles encharcadas y al llegar a mi humilde casa me decía con sorna… ¡Si mi amor claro que te quiero, yo soy el que te da las limosnas que recojo, y tú se las das al que te calienta por las noches! ¡Lo que es la vida, y que no hay manera de que aprendamos de una vez por todas! Estando yo caliente los demás que revienten.  A si es. Yo te quiero perrito, pero de pan poquito…

Dame limosnas de amor, que mis ojos están llorando por la cera que me está cayendo en mis manos, y estas están temblando.

El forjador de sueños

José Rodríguez Gómez

El sevillano.

Perdóname

¡Perdóname!

¿Cómo te puedo pedir perdón, dímelo, si no se adonde estas, si tu sobra no puedo verla? Por más que grite tu no oyes mis lamentos, tú ves la obra que hiciste, y nadie lo sabe, solo tú y en tus sueños puedes ver tus pinceladas.

Uno es viejo, lo sé, que lo soy, hay momentos que uno pierde la cabeza, pero no perdemos la vergüenza, y dice tantas cosas que ninguna son verdades. Solo son sueños y mentiras que al llegar a este punto del camino decimos tonterías. Viejos repugnantes que sin saber el daño que hacemos al hablar, y sin tener conocimiento herimos las halas de la verdad. De aquellas aves que vuela en busca de tus raíces. ¿Cuánto daño te hice, hoy no puedo más y llorando te suplico que en la distancia me perdones si es que puedes o quieras hacerlo?

Quiero pedirte perdón, sí, a ti mujer que solo te dije cosas que en verdad ninguna podría haber hecho efectivas, solo eran momentos de locura que al ser lo que en verdad soy y siempre lo fui un… Algo que ni yo mismo sé lo que somos; pero es cierto que tú eres y eras algo inalcanzable para un hombre como yo. Dices que siempre estas escondidas en tus libros, leyendo, estudiando, y engrosando tu sabiduría, bien por ti, lo mereces, pero hay una herida en mi corazón que no para de sangrar.

Letras que se lleva el viento, se pierden en la distancia y cuando pude hacer algo por la humanidad no lo hice… ¿Qué puedo sentir al haber hecho tal comportamiento hacia una sola, sí una sola porque dentro de las raíces de nuestro cuerpo solo hay una que merezca la pena de haberla aceptado como se merecía?

¡Abro las puertas de mi corazón, las tienes abiertas de par en par solo para ti! Para que encuentres lo que tanto has buscado durante toda tu vida.  y yo desde la lejanía te pido que vuelvas que este año ha terminado y comienza uno nuevo año que podría ser para ti el principio del fin.

No camines más ente las sombras, tú mereces estar entre las células de tu sangre y no vueles solamente adonde el viento te quiera llevar.

Deja que mi llanto siga fluyendo y que las gotas de lágrimas rieguen tu alma.

Vuelve no camines por más tiempo descalza, tus pies están heridos y nadie sigue tus pasos. Quiero darte el nido que a toda persona le hace falta…

Soy parte de tu sangre, tal vez sea tarde pero siempre hay una pequeña oportunidad de conceder perdón a la persona equivocada.

Llámame: tú sabes el número de mi llanto, espero ser el viento de nuevo en mi alma.

El forjador de sueños

José Rodríguez Gómez

El sevillano.