He llegado al final del camino

He llegado al final del camino.

He llegado al final del camino y después… que viene, quisiera seguir soñando, pero, no puedo. ¡Déjame soñar, yo quisiera vivir por una vez! Se está pagando mí corazón, ya no veo, y el camino cada vez es más estrecho, no hay árboles para cubrir mi sombra. Ni fuente para saciar mi sed, para qué seguir si ya no veo; mi corazón se muere dentro de mí. Y yo me pregunto. ¿Mereció la pena? Dejar que el viento sople y las hojas serán arrastradas al rincón del olvido. ¡Adónde yo también iré, sí, a ese lugar, donde tiran a los viejos, creo que sí, aun no estoy podrido, pero soy muy viejo! Qué lástima haber vivido sin haber sido feliz. Caminar con mis pies descalzo y tras de mi dejar una huella por el camino; hoy sé que no mereció la pena. ¡Quisiera gritar y decirles a los cuatro vientos que no he sido feliz, que no mereció la pena haber estado en este mundo! hoy me duele mucho el corazón, está sangrando y no encuentro una fuente para saciar mi sed. Cuando la luz se apaga, lentamente y la oscuridad lo cubre todo. Y yo, qué desgraciado he sido. Haberte conocido no mereció la pena, tú eres la culpa de todos mis males, y yo me culpo de todo, para qué vivir si no valió la pena. Todo es mentira y la verdad no vale para nada. No sé cuánto tiempo me queda, el reloj corre en mi contra y los ríos de sangre rompen mis venas. ¡Yo te maldigo una y mil veces; tú tienes toda culpa de los males de mi alma! Para qué nací, me pregunto, el destino de me trajo a este mundo, y no lo comprendo por muchas veces que me lo pregunte, y cada vez corre más el reloj; y todo se queda oculto en la penumbra. Yo quiero volver. Sé que tal vez me ocurra lo mismo, quiero intentarlo de nuevo, quiero vivir sin encontrarte a ti, sí, no quiero volver, y el haberte visto, has sido mi perdición, y tú lo sabes que yo lo sé, pero quiero volver a este mundo. No te buscaré, no seguiré tus pasos nunca más. Cuántas veces he de llorar y yo me he preguntado… cuando podre reír, he llorado tanto que se secaron mis ojos. Maldita mi suerte, maldita sea yo, maldito mis ojos que se posaron en ti para sufrir, para sufrir, cada vez que me acuerdo lloro, no sé lo que es vivir, la culpa fue mía. Hoy soy viejo, ya no ven mis ojos, mis sonrisas se perdieron en el olvido y el llanto me siguen a paso lento. Mi corazón está malo, está triste y no sabe adónde ir. Déjame aquí, no me sirves para nada para que me has tenido, sólo para hacerme sufrir, para verme llorar, o para dañar mi alma, para eso, mejor que no. Ya no puedo, mi corazón se parte a trozos y mi alma ya no me conoce. Y yo quiero vivir de nuevo para volver por el mismo camino, pero no aprendemos. Siempre con la misma piedra no hay una sombra que cubra mi cuerpo, déjame morir. estoy sangrando por mis ojos y mi boca esta seca de tanto llanto. ¿Aprenderé alguna vez… verdad que no? Nacemos en este mundo para sufrir, y tener que pasar día y días con la misma rutina. Mientras tú vive la vida, y que hice yo para merecer tanto castigo. Deja que mi cuerpo lo cubra el silencio, y la lluvia que arrastre mi piel y el viento me lleve al rincón de las hojas muertas. ¡No puedo más, estoy cansado, ya sueño como un viejo, y las hojas secas cubren el camino! El banco está desierto, los pájaros hicieron su canto, y como yo no estaba, se fueron, y no escuché su maravilloso trinar. Las fuentes se secaron, el día se fue, la noche lo cubrió todo. Quien fuera hoja para poder volar, para ver en la distancia tú maldad. Después de tantos años yo soy el culpable de todo cuanto me ha sucedido, sí, lo sé, ya no puedo hacer nada, mi historia está al final del camino. Qué me dice el silencio… Está gritando y no escucho su voz, por qué, yo no he muerto y aun no estoy enterrado, mi cuerpo, sigue caminando, voy dejando mi huella tras de mí. Las miró, lloro y no sé por qué lo hago. ¿Qué hay detrás de mí, dímelo, quiero saberlo? He aquí la pregunta: por qué lo has hecho, contesta, hoy sé que eres muy mala, y me has hecho mucho daño y no sé como pagarte. El tiempo, a ese viejo no lo para nadie, quiere seguir caminando, y después qué me espera. Quise hacer el bien y todo para nada. ¡Dile al día que no quiero seguir, estoy muy cansado, herido, ciego! ¿Qué más quieres, ni mi sangre corre por mis venas, y tú crees que fui feliz? ¡Mientes, te ríes, te burlas de mí y cuando yo esté muerto… ¿Qué harás tú, podrás flores sobre mi tumba, o quizás te rías ante mí sepultura? No lo hagas, deja de hacerme sufrir; ya es bastante, no sé adónde ir, y tampoco tengo sito para yo quedarme. Mi mente está loca, y en mis recuerdos solo hay llanto. Por qué me pregunto yo, por qué, acaso merecí tal castigo. La historia me enseña, que llorar no vale la pena, hay que vivir sin haber llorado. Y después de tanto daño, quien curará mis heridas. En esta tumba, y mirando a la lejanía sin escuchar nada… solo, silencio.

El forjador de sueños

José Rodríguez Gómez

El sevillano.

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