El espejo de Cupido

El espejo de Cupido

¡Maldito seas mil veces, sí, maldito seas!

Hace un año desde ese día fatídico, en el cual me miré en el espejo de tus ojos. ¡Y tú, me engañaste, sí, lo hiciste! ¿Por qué, al mirar el iris de tu mirada engañas, al que al haber sido aconsejado por ti, haces que se crea todo cuanto tú le dices; y después, qué? ¿Qué dirá después de haber emprendido la marcha hacia lo desconocido, que le queda a esa persona dentro de su corazón? Volando hacia lo incierto, pensando en tus palabras; se atreve a levantar el vuelo. Ese vuelo que nunca se atrevió a hacer antes de ahora, y llegas tú, en este día tan especial, lo engañas, sí, lo haces vilmente y lo dejas a su suerte.

¿Sabes que le ha ocurrido a ese pobre hombre, sí, a ese que le dijiste que era joven, que los años solo son un numero? ¿No te lo han contado: pues yo te lo voy a contar, para que lo sepas y además que se enteren todos? Todos esos desgraciados que te hacen caso cada año, y al llegar este día, sí, el de tu cumple años, o mejor dicho en tu santo. Día de los enamorados. San Valentín. Menuda cara tienes, o mejor dicho; que infelices somos todos los que sin querer hacerlo te hacemos caso, y nos creemos que somos todo cuanto tú nos cuentas.

 ¡Jóvenes, qué más quisiéramos ser, eso; si, con los años que tu siempre aparentas!… Ser otra vez, joven, y qué más quisiéramos; ser, eso… Tener la edad de volvernos a enamorarnos otra vez. ¡Si todos los que lo hemos hecho lo pudiésemos hacer, sabiendo todo cuanto nos ha pasado en esta desgraciada vida; creo que ninguno lo volveríamos a repetir!

Al menos yo que al ver y saber que era lo que me esperaba, jamás lo hubieses realizado… Cuantas lagrimas derrame, cuantas horas sin dormir al ver que solo era una facha, una sombra en la oscuridad, y sin ver la luz por ningún lado, sólo. Sombras que se burlaban de mi persona, y después de las risas… se escuchaba mi llanto. La pobre imagen que ofrecí ante mis propias dudas… ¿Quién me lo iba decir: fracasar por culpa de un pequeño y diminuto angelito, que sin tener piedad de mi fui engañado y probé fortuna?… ¿Adonde fui?… Qué se yo, eso solo lo saben las pocas personas que me vieron cerca de ellas y, cosa que jamás volveré hacer en el resto de mis desgraciados días.

Joven, pequeño, un angelito de juguete, con sus flechas en su espaldas y, enamorando a todo el que se pone ante su mirada. Y el que tú ves más infeliz, a ese, lo engañas, y le dices cosas al oído para que se envalentone y se atreva a hacer cuántas cosas tú le cuentas al oído. ¡Tú puedes hacer cuanto yo te diga! Hazme caso, y veras que bien te va la vida. Y tendrás a la mujer que has soñado en tus brazos soñando en los años de tu juventud.

¡Canalla! ¿Qué te puedo llamar para hacer que te sientas culpable de lo que a mí me ocurrió? Cuántas mentiras que desgraciadamente me creí de ti.

¡Te dije que si me engañabas te iba a clavar todas tus flechas en tu delicado cuerpo! Te estoy esperando a que  te pongas frente a mí, si es que te atreves.

Sabes lo que es hacer las maletas para emprender una nueva vida. Llegar, ver, creerse todo cuanto ha pensado nuestra mente, y enfrentarse a una mujer, si, a una mujer que espera de ti cuantas cosas le decías en la distancia, y cuando estás delante de ella, te das cuenta que todo cuanto ha soñado se le rompen al caerse de sus manos bolas de cristal y que todo ha sido un sueño, que nada de lo que le entraste en su dolorida mente, nada es cierto. Que tú no eres ese hombre que esperaban en la distancia del tiempo perdido, y que solo eres un viejo payaso, que se creía que era todo cuanto no es en realidad. Solo es un viejo, si un viejo que al estar delante de esa mujer. La que le decía que era un hombre joven, que deseaba estar a solas con él y al tenerla delante. ¿Qué te creíste que pasaría? Cuándo se resbaló la gasa que le cubrían sus doloridos ojos, esos ojos que ya no tienen fuerza, ni claridad para ver las cosas con el color que le mostraba su viejo corazón; todo lleno de lagrimas al verse derrotado ante la pura realidad de la vida.  Ese hombre, destartalado, hundido por las tristes horas del engañado. Y lo peor de todo ha sido engañado por un niño, sí, un niño que vuela, y que le sonríe a todo aquel que se ha creído ser… eso, un hombre, joven, y lo que en realidad, no ha sido nunca. Todo el que se cree las mentiras que tú les cuentas, al final, nada… Se ve derrotado y tan destruido dentro de sí, qué jamás volverá a vivir la vida, y menos a ser capaz de mirar a otra mujer.  Ni su sombra es capaz de seguir haciendo cuanto le dijiste… Es un gigante de barro, qué con las primeras gotas de lágrimas que se le caían  de sus heridos ojos… se derrite ante la pura realidad.

Soñar es hermoso, pero cuando se es joven, pero no cuando las heridas solo te permiten comprobar que no eres tal cosa y como se atreve a mostrarte ante una hermosa mujer. ¡Tú: no vistes la sonrisa burlona de esos labios cubiertos de carmín!…

Los girones de la piel de mi corazón salía como la hiel que sale de la boca cuando te das cuenta que no estás vivo, y que estas besando a una hermosa mujer, y es ella es la que tiene vida dentro de su cuerpo y al abrazarla tu estas helado y tiemblas de miedo al pensar que no darás la talla. ¿Y qué harás después, como salir volando, si el pájaro de hierro no ha llegado;  tú te quedas en la soledad de la tristeza?… hay que haberlo pasado para saber que se siente en esos tristes momento de nuestra vida; al haber pensado que todo es posible en esta vida, y no es así, siempre hay un tiempo para cada edad y cuando se cruza el umbral de la vejez: hay que sentirse lo que somos… viejos, y no creerse que todo lo puede el amor. Mi posdata para este triste día de San Valentín.

Antes de salir de tu cascaron… mira si las paredes de tu cascara es lo suficientemente joven para enfrentarte con la realidad de la vida. y si no puedes, quédate adonde estás, qué estarás mucho más bonito; siendo un viejo que querer ser ese don Juan que probo fortuna y encontró solo cenizas para pintarse la cara para que nadie lo pudiera conocer…

El forjador de sueños

José Rodríguez Gómez

 El sevillano.

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