El hombre que no sabía reír

El hombre que no sabía reír

Erase una vez, un hombre que no sabía reír.

Hace mucho tiempo, cuando en la tierra aun no se sabía el por qué las personas sonríen. Sí, cuando alguien les cuenta algo que le es gracioso, simpático, agradable, los músculos de la cara se contraen y forman una muesca en nuestra piel y el sonido de su garganta les hace emitir una carcajada que se puede escuchar a distancia de esas personas.

¿Serán felices… me pregunto yo? Cuando en esos momentos, sus ojos ven algo, sus oídos escuchan palabras, cosas, imágenes, que en nuestro interior nos refleja un hecho; no hace falta que esa la propia voz la que nos hace hacer tal cosa.

En mi soledad, con solo ver un hecho real, o tal vez solo sea una vieja película; en la cual, ocurren cosas, que se convierten en sueños, los cuales en nuestro interior nos recuerda momentos vividos. Yo, lloro, sí, de mis ojos caen ríos cristalinos que resbalan por la piel de mi cara, y no soy capaz de detener tal hecho; sea o no sea real. Sólo las imágenes que entro en el interior de mi mente. En vez de sonreír: dos ríos de agua cristalinas brotan de mi mente.

Habremos personas que también nos sentimos felices cuando escuchamos la voz de alguien que nos hace con  el timbre de su voz, y que solamente al escucharla sabemos que es la parte que nos hace falta para tener dicha felicidad con ella.

Cuando en la soledad de las personas, las que nos sentimos viejos. Si viejos…. ¿Te has pensado llegara tener esos años? Cuando se llega, nadie sabe qué es lo que te guarda ese silencio. Mirar en la oscuridad de la noche, sentir el miedo dentro de tu mente, recorre las sombras de tu alcoba, y ver las cosas. Sí, esas cosas, las que  tú crees ver, sin que en verdad; sean ciertas o no. Sin que  sean ciertas. Solo son sombras que nos acompañan en esas horas de la noche o, más bien en cualquier momento de tu vida.

¿Tú te ríes? Es cierto que en tu mente lo que tú crees ver, escuchar, o sentir; eso es algo que te hace ver tu propia mente, y la mayoría de las veces son mentiras. Sí, son solo mentiras que nosotros mismos creamos para hacernos ver que somos felices entre las sombras de lo incierto.

En la vida, en el propio cielo, en las aguas de un río, en los caños de una preciosa fuente, en la flores, en cualquier diminuta florecilla, en el perfume de las rosas, en cualquier cosa por muy pequeña que sea; esta nos hace sentir dichosos de poder tenerlas entre nuestras manos temblorosas.

¡Quien sonríe, es una persona joven! Pero cuando los años ya son parte de tu sombra; sí, cuando el cuerpo se siente erguido, y vemos en las paredes la sombra de nuestro esbelto cuerpo pasar; no pensamos que sea algo que nos importe en esos momentos de la vida.

¡No es mentira, es la pura realidad de las cosas! Esas que conforme pasan los días, los años, y nuestro cuerpo ya no camina esbelto, sino que nos vamos curvando, y vemos como colocamos los pies sobre el suelo para no caernos; es cuando comenzamos a pensar que no todo es color de las rosas. No, no lo es, y comienza un trecho, si, el que nos queda por recorrer.

Siempre digo que las personas que hablan solas por las calles, no están locas. Aunque para muchas sí que lo están. Es porque ellas no han vivido esos tristes momentos de la soledad.

¿A lo mejor son los años los que hacen que nuestra mente y la entereza de nuestros actos, no nos hacen lo fuerte que tendríamos que ser?

Para poder hablar hay que llegar a esos tristes días, a esos momentos de nostalgia, cuando nadie te dice… buenas noches viejo. Para muchos es una burla, decirles viejo, pero no lo es. Es la verdad la que se ha disfrazado de máscara y llegado estas fechas: cuando los carnavales comienzan, la sátira envuelve la verdad y las mentiras dentro del mismo papel… ¿Tú sabes lo que es verdad y lo que es mentira? ¡Yo no lo sé, por eso lloro cuando creo que es el momento de hacerlo y como nadie me ve, limpio mi cara y enjuago mi piel, y la envuelvo en una sonrisa; la que nadie sabe el por qué lo hago. Lo hago porque yo no sé reír… O tal vez porque he llegado al rincón donde las hojas muertas de  se reúnen, y se cuenta las cosas que antaño vivieron. ¡Muchas de las cosas que nos contamos, son… mentira, pero las contamos para hacernos el fuerte, el macho, o tal vez escondemos la puara realidad de lo vivido en nuestra juventud!

¿Soy muy duro, o mejor dicho… muy tierno? En verdad solo tengo que decirle a mi mente, algo que recuerde, o que me pregunto yo mismo, es verdad lo que estoy viendo… entonces lloro sin saber el por qué lo hago.

Vivo desde hace mucho tiempo en ese rincón, sí, en el rincón en el cual están mis mejores amigos. Los que nos reunimos cada vez que la mente de los que hablamos solo en las calles, en los rincones de nuestras sombras nos hacen ver, en los sillones de los parque, y cuando un niño se nos queda mirando, y al verlos sonreímos, ellos salen corriendo al ver que un viejo, se ríe solo, y llora al mismo tiempo, u que tú lo busca con la mirada para poder ver el brillo de sus lindos ojos.

El forjador de sueños

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