Del rosa al amarillo

Del rosa al amarillo.

¿Cuánto hace de eso?… ¿Te acuerdas de aquellos años donde todo era de color de las rosas? Y desde entonces hasta el día de hoy ha llovido tano, que las huellas se borraron, los caminos encharcados difuminaron mis sueños y casi no me acuerdo de nada de todo lo ocurrido en mi juventud…

¡Bueno eso de que no me acuerdo… a lo mejor es mentira! Cada vez que me miro al espejo de mi alma, siento miedo, sí, miedo de ver las huellas del tiempo sobre la piel de mi cara. Ver los surcos arados,  ver como la tierra sin sembrar se ha secado por falta de ese amor que riega los campos baldíos y los que se quedaron secos de sueños, y que no se mojaron los labios sedientos del pasado.

Veo cómo ha nevado en mis sienes, los cabellos se tiñeron de plata.

Los años y el viento se han llevado mis cabellos, y casi no puedo peinarme a la raya como era mi costumbre de hacerlo.

¡Los años solo son un numero! Esos dicen las muy graciosas. Sí, estas mujeres; las que me dicen tal cosa; eso dicen las cuales el tiempo se para, y no corre se detiene y su bello cuerpo se adorna mucho más con el paso de los años. Su esbelta figura se hace desear cada día más y más, culpa de esos ojos que al mirarla se sienten traicioneros de querer enamorar a esas diosas. En cambio en el  nuestro es al revés y el tiempo corre velozmente hasta llegar adonde yo me encuentro en estos momentos de mi vida.

Muchas mujeres, te llaman bello… ¿y eso que es para un hombre? Que es ser bellos para esos ojos que te traicionan con solo verte, y te llaman en silencio lo que en verdad eres, sin mentiras, sin tapujos y eso quisiera yo que fuese cierto; pero no es así. La vida pasa y los colores se mezclan al mirarlos una y otra vez.

También los ojos se cansan de mirar, y mira, que  una de las cosas que más nos gusta hacer a los hombres ya entrados en muchos años y más a esta edad nuestra. Es qué al ver pasar una mujer muy bella se nos encandilan los ojos. Esos que están cansados de haber llorado tantas veces, que también se les hicieron surcos y al ver que la luz ya no es la misma, que se nos ha hecho tarde en vez de día y cuando estamos en silencio, nos acordamos de cosas bellas esas cosas que nunca se olvidan.

Voy camino despacio, ya no puedo salir corriendo tras de ellas y ver sus sonrisas en aquellos lindos labios color carmín. Ese color natural que tiene los labios si haberse pintado la primera vez. Que bellos eran y cuanto me acuerdo de aquellos primeros besos que se dieron en ese lugar del cual quiero acordarme, pero me cuesta trabajo saber si era de día o era de noche. ¿Tú sabes los días que han pasado de ese preciso momento?

En aquellos tiempos yo, como tú y como él; nos recordamos de esos maravillosos momentos en los cuales paseábamos por esos lugares donde la luz penetraba bajo la sombra de los robles, de los chopos, o de los almendros en flor y como era el aroma que podías respirar, siendo en primavera y el perfume embriagador del azahar de los naranjo y de los limoneros en flor, estos embriagaban mis sentido. Hoy es primavera y es cierto que los árboles están en flor. Los  pajarillos picotean en el suelo y junto a estos árboles. La sombra de uno de ellos me hace recordar cuanto días te esperaba que tú llegases y que mis ojos  te pudiesen ver corriendo y deseosa de estar cerca de mí. Pero, lo cierto es que no me acuerdo de cuál era su nombre y eso nos quiere decir que yo tuviese muchas novias. Será verdad que los años no pasan en balde y que ya estoy mayor. No quiero decir que soy viejo, es una cosa que me dicen todas las mujeres que leen mis sueños. Que soy muy viejo, y ellas me riñen para que no diga esas cosas, y que no soy viejo, que soy un hombre muy bello. ¿Y eso de bello por qué lo dirán; si cada día, cada segundo de este mundo el ser bello es para esas personas que tienen la gracia para andar y hacer mover su cintura y  al caminar bambolearse cada vez que dan un paso?

Recordando mis vivencias y sin poder dar unos pasos ligeros ya que los años digan lo que digan la gente las cosas  van cambiando y yo cómo el destino también tengo arrugas sobre mi piel, pero también tengo algunas que otras nubes en mi mente; y estas me hacen mucho más daños del que yo quisiera. Pero sé que se me olvidan cosas y a veces digo cosas que ya no existen y otras que no son lo que yo quiero recordar… La vida te da unas cosas y te quita otras. Este banco al cual yo quiero llegar, al menos lo quiero intentar aunque me cueste un poco, pero lo he de lograr. Caminando lento y arrastrando mis pies por el suelo quiero recordar que entonces, en aquellos días de mi juventud; era salir de mi casa y comenzar a correr para llegar antes que ella. A si, si yo llegaba antes, era ella la que me tenía que dar un beso en mis labios. Esta era la apuesta que teníamos entre los dos y claro está. El beso me lo daba cuando se oscurecía la tarde y el sol ya declinaba. Era una de las horas más hermosas que por mucho tiempo que pase no la quiero olvidar. El atardecer en aquella orilla del estanque, cuando el sol se quería esconder, ya que él sabía que todos estábamos esperando este preciso momento y por lo tanto. Como él lo sabía, se hacía esperar, y todos mirando al cielo para ver como se oscurecía la tarde y entraba la noche…

¿Por qué esperábamos que ocurriese en aquellos tiempos; si ese tiempo era nuestro, pero sin saber por qué lo hacíamos días tras días? El estanque se volvía mágico, brillaban las aguas, estas se tornaban de un color oro viejo. Se apagaban los rayos del sol, y se encendías lo grillos y cientos de libélulas de colores encendían sus luces y volando entre nosotros parecía que el cielo era el rincón del amor entre todos los jóvenes que nos encontrábamos en este lugar. Era ver este gran espectáculo, donde las estrellas comenzaban a lucir. Algo tan maravilloso nos envolvía todas las tardes y, entre besos, abrazos y caricias aquel lugar de los sueños nos hacia estremecer de felicidad a cada pareja. Con nuestras querida novia y entre todos unido por el lazo del amor. Cada uno de nosotros, los jóvenes que nos juntábamos en estos lugares, y nos quedábamos mirando como el sol se retiraba lentamente, y cuando se había escondido. Cada pareja daba a su querida novia ese beso que amor que nunca se nos olvidaba; era el momento sublime de la tarde. Esta vez, fue ella quien me dio ese bellísimo beso y para más alegría de mi corazón, fue la primera vez que abrazo mi cuerpo. Entrelazado mis labios con los suyos y sellado con un beso, yo  recuerdo que no nos queríamos separarnos ya que este momento jamás se volvería a suceder.

Entre las sobras de la tarde y de las ramas del sauce nos escondíamos los dos para besábamos. Ella temblando de emoción se acercaba lentamente y otras veces, me lo daba a toda prisa, tanto que a muchas de ellas no me daba tiempo de sentir el sabor de su boca. Quiero recordar y recuerdo, qué cuando hicieron, este banco estaba realizado con azulejos de colores y, en su superficie había una pareja de novios que bailaban al son de las olas del estanque. Era muy bonito, pero el tiempo hace estrago con las cosa, y debido a sus años y a las inclemencias del tiempo todo se deteriora. Si nos pasa a las personas, no digamos a las obras que están a la intemperie, a estas mucho más que a nosotros. Qué cosas pensábamos y las hacíamos. Éramos muy jóvenes y seguramente hoy no lo pensaríamos. Nos daríamos los beso que fueran necesarios pero en aquellos tiempos se respetaba mucho más que hoy en día. Hoy se pueden ver a la juventud vivir la vida de diferente manera, sin miedo  a nada. ¿Qué le importa que estén rodeados de gentes a ellos? Se besan, se abrazan y hacen lo que haga falta; ellos solo se  miran entre si y, cuando sus ojos se dicen te quiero, nada ni nadie les molestan. Lo hacen, se quieren, a si de sencillo es la vida de hoy en día. A las sombras de la tarde, o la luz del sol; es para estos jóvenes las luces del cielo las que iluminan sus bellos ojos; se les nublan la mente y se dan miles de besos para que esconderse si entre ellos se aman, se quieren, y sus besos son suyo y a los demás que los parta un rayo.

Recordando mi pasado, sentado en este banco de piedra, con mi mente embelesada, cogía piedras pequeñas del suelo  y las tiraba al agua. Esta me contestaba diciendo por qué, por qué. Era el sonido del silencio el que me hablaba dentro de mi mente, y solamente yo escuchaba mis lamentos al estar en la soledad de la vida. Cada ola del estanque, al caer mis piedras en el lugar donde caían se formaba hondas y hondas que al llegar a la orilla esta exclamaban mi silencio y me preguntaban mientras yo seguía como si nada hubiese pasado.

No era cierto, sí que pasaban cosas dentro de mi cerebro y, algunas mejores y otras no podría contarlas; ya que algunas veces me daban ganas de acabar con mi vida. Pero esto es solo la lucha de mi interior con la vida que yo llevaba en estos malos momentos.

Hablando sólo, sí, yo hablo muchas veces conmigo mismos, y si esto es estar loco, pues lo estoy, pero es la única forma de limpiar mi cerebro y aclarar mis sueños y mis ideas las que tengo de mí… Tengo que hacerlo muy a menudo ya que si no lo hago entonces sí, sí será cuando mi mente se envuelva en la locura y esto no lo puedo querer para mí mismo. 

Sin escuchar el sonido del chapoteo al caer mis sueños sobre el agua, esos sueños que yo estaba tirando en forma de pequeñas piedras a este lugar sagrado para mí.

Comentando mis recuerdos, ensimismado en mí faena. Había llegado alguien hasta el lugar donde yo estaba sentado, mientras yo me hacía el sordo o mejor dicho el distraído, o tal vez no me daba cuenta de lo que estaba haciendo. Llego una señora: ella, al ver que estaba distraído me preguntó…

¿Me permite que me siente a su lado?… al ver que yo no le contestaba volvió a repetir su sugerencia…

¡Señor: me deja sentarme con usted!

 Esta vez sí que la pude sentir ya que había tirado casi las últimas piedras y al ver donde había caído preste atención a sus palabras.

¡Perdón señora, no le había escuchado! Por favor permítanme tener el honor de ser yo el que la desee que se siente usted a mi lado; cómo no; faltaría yo a mis principios de caballerosidad.

¿Cuánto tiempo me ha estado usted mirando? Le pregunté…

Con una sonrisa en sus labios, muy burlona y a la vez muy seductora me dijo sonriendo.

Hace unos minutos que llegue y le he estado mirando; he guardado el silencio por el respeto que usted se merece al estar hablando con las olas de este precioso estanque. Y al ver que se declaraba dolido por su pasado no he querido interrumpirlo para saber más cosas de usted.

Por favor no me llame de usted, a si me hace aun mayor de lo que ya soy por desgracias.

¿Por qué por desgracias, y es usted todavía muy joven?

Me hace gracia: me vuelven a llamar joven, sabiendo que no es cierto; que ya pasé de todos los colores  de m i vida habidos  y por haber y sólo, me queda este…

¿Y cuál es ese color del que me habla?

¡Claro usted aun no ha llegado, y por eso no lo conoce, cuando llegue ya me lo dirá si es que le gustan esos colores que hemos vividos durante nuestras vidas y cuando se hace oscuro no podemos volver atrás y es cuando el ocaso nos invade por completo! ¿De qué me habla; es cierto que tiene años, pero le queda que dar mucho amor en esta vida que nos queda por vivir?

¿Usted lo cree: cree que puede haber alguien que se enamore de un hombre como yo?

¡Sí, y por qué no!

¿Se enamoraría usted de mí? Esta pregunta quedó unos segundos  en el aire y antes que ella contestase a mi ridícula exposición, ya que ella era mucho más joven que yo… al menos quince años o más; y al ver su cara esta vez sí que el sol dejo que pasasen unos minutos, diría yo casi un hora para que se oscureciese.  Ella no dudo en contestar.

El silencio lo dijo todo, la duda recorría su cerebro antes de contestar a mi simple pregunta. En su cara y en sus ojos se dibujaba una sonrisa muy suave en sus labios, y al mismo tiempo un poco burlona; pero ella contesto diciendo.

¿Que desea que te diga… dígame? Si se tiene por viejo, que espera que una mujer como yo le conteste. ¿Desea que le mienta, o quiere que le diga la verdad?

En mis manos aun me quedaban pregunta y respuestas que nunca llegue a tirar al agua, y al ver a esta preciosa mujer a mi lado no supe qué hacer con estas piedrecitas que no había lanzado al estanque, y las deje caer lentamente para que no se diese cuenta que me había vencido. Pero en mi interior estaban sin contestar y creía firmemente que nunca jamás habría una señora como  esta que se enamorase de un señor tan mayor como yo; el que había cogido por camino de ir vestido de amarillo.

Miro al suelo, pudo ver como yo tiraba cada sueño, cada recuerdo; sin tener nada que decir, yo me daba por vencido y me resistía a tomar el camino equivocado.

La oscuridad se aceleraba, y la respuesta de ella se hiso eterna; pero antes de que los rayos del sol que nos alumbraba se rompiesen en mil pedazos sobre la superficie del lago; ella tomo mis manos y sonriendo me dijo…

¿Quieres hacer conmigo el camino que me queda por recorrer? Esta era la pregunta que ella me hiso a mí. Sí, ya lo sé que soy más joven que tú, pero me gustan los hombres mayores, es mi preferencia que tengan algunos años más que yo; esto os da una elegancia, un trato diferente al resto de los hombres… ¿qué me dices me quieres o deseas que me marche y te deje tirando piedras al estanque, preguntándole sí ella se acuerda de ti; y si la última vez que estuvo contigo ella te quería, o solamente fue un sueños de los muchos que tú tienes…

Eres muy joven para mí… le dije…

¿Tú crees que lo soy, que no soy la mujer que desea estar a tu lado el resto de este sueño el que tú has comenzado a vivir y quieres tirar todo tu sueños a la orilla de este lugar de los sueños de tu mente, o no te atreves a de mostrarme que la vida se vive solo una vez y esta es la nuestra? Qué sabes tú de mi, acabas de conocerme y te ofreces para que yo siga tus pasos…

Tú crees que no te conozco.

Solo llevas hablándome una hora mal contada y me dices que me conoces… que sabes de mí, dime.

Durante días, semanas y meses te he seguido,  he estado viendo como destruyes tus sueños y toda tu vida y te resignas a seguir estando solo; cuando tú sabes que nada de lo que pasó volverá a ser igual que antes. Has de vivir de nuevo, el camino que te queda, sé que no es muy largo; pero seguramente será el mejor que hayas vivido en toda tu vida si lo haces a mi lado. ¡Anda: vámonos y comencemos de nuevo, yo seré la muleta de tus piernas, la luz que te ayude a caminar en la oscuridad y cuando salga el sol estaremos muy lejos de aquí! ¡No ves que todo esto te hace sufrir, que nada de lo mucho que te hicieron se puede volver a repetir y todo eso es y será para ti la huella del pasado; la que tú la has de dejar atrás y comenzar de nuevo un camino. Este será más lento sí, es cierto que lo será, pero te puedo asegurar que yo te cuidare y te daré los besos que te faltaron en tu vida, los  abrazos que nadie te dio con el cariño que yo te los di, y cuando tengas mi cuerpo entre tus brazos te darás cuenta que mi piel sigue siendo suave y tersa, cálida y dulce y mis labios, aquellos que te besaban cuando se marchaba el sol; han vuelto para quedarse contigo.

¿Que sabes tú de aquellos besos a los que tú te refieres? Han pasado muchos años desde entonces y quien eres tú para saber de aquellos inolvidables besos que para mí son la única cosa que ha quedado dentro de mi mente y son el fuego que sigue ardiendo dentro de mi corazón…

Cogiéndola pos los brazos le hacía esta pregunta una y otra vez para que ella le contestase…

El sol declinaba, los ojos de ella sé nublaron con unas lagrimas de plata; él al verla llorar se quedo dolido por su comportamiento, pero algo le decía que había cosas muy extrañas en ella y, no lograba ver qué era lo que hacia esta preciosa mujer en este lugar a la que él no recordaba y no sabía el por qué de este empeño de desear que fuese su compañero.

Esta mujer la que estaba hablando con él y que nunca logro adivinar quién era. Ella si qué sabía de él toda su vida y en cambio él no sabía nada de esta extraña mujer que estaba conversando con él a la orilla del estanque…

Se acercó con temor que le despreciase por su comportamiento al dudar de su buena fe y de que sus palabras eran la verdad de todo, su cariño  hacia este pobre hombre que había perdido el camino y se encontraba sólo, en medio de un mar dudas, y sin saber que hacer estaba al borde de la locura y antes que hiciese algo que se arrepentiría toda su vida. Ella salió en su busca y decidió acercarse a él mientras se perdían las luces de la noche entre sollozos y suspirando que se decidiera seguir a su lado el resto de sus vidas…

¿Quién eres… dime, cuéntame cómo me has encontrado si tú no sabías que yo estaba tirando mis sueños al estanque dorado?

Detuvo sus pasos. Los dos cogidos del brazo caminaban si destino.  Este se escribiría desde este momento y era un camino nuevo y se lo quedo mirando, agarros su manos se las acerco a sus mejillas, al ver esos ojos que chispeaban luces de mil colore la recordó… ¿Tú… has vuelto por mí? No daba crédito a lo que veían sus doloridos ojos. Era ella, la que corría cada día para encontrarse nuevamente con él. Habían pasado tantos años que su mente no la reconoció,  al verla de nuevo miró sus ojos, estos seguían siendo los mismos, y su sonrisa sí que había cambiado mucho, pero el brillo de sus ojos y la sonrisa de su boca le recordó el último beso que se dieron aquel precioso día cuando el sol oscureció en el lago y, ese fue el último que se dieron. Al cabo de tantos años nuevamente estaban juntos. No hubo preguntas, deseaba recordarla tal como era. Aquella tarde del sol cuando sus labios se besaron y ahora estaban de nuevo juntos y este sí que sería el último tramo por recorrer de sus vidas.

¿Qué fue de tu vida… te casaste… tuviste hijos? hiso se el silencio.  No le contestó a su preguntas, cogida de su brazo siguió caminando, y al ver que no le hacía más preguntas; detuvo su caminar, le dio un beso en sus labios y le dijo suavemente… Sigue caminando que todo lo que paso se lo llevaron los sueños de tu mente. ¡Desde ahora yo soy tuya para el resto de tu vida mi viejo forjador de sueños… te quiero, te quise y te querré siempre!…

El forjador de sueños

José Rodríguez Gómez

El sevillano.

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