“Pepi y Pepe”

Cuento

¿Cómo comenzar un cuento?

Antes de escribir un cuento he de poner el titulo del mismo, es mi manera de dar comienzo a una historia y tras haberlo titulado comienzo a desarrollarlo según lo he llamado y en este caso se trata de dos niños que se conocen en la escuela, o mejor dicho, en  una guardería.

Pepe es un niño de clase pobre. Su madre lo lleva a esta guardería desde muy pequeñito. Ella ha de trabajar para ayudar en la casa y, para eso necesita que alguien lo cuide mientras ella trabaja. Su trabajo es limpiando casas y alguna escuela. Mientras él se queda al cuidado de las señoritas que cuidan de estos niños que como a él lo llevan a estos sitios. Para que ella pueda ganarse la vida lo levanta muy temprano, envuelto en su abrigo y en una pequeña manta lo envuelve para que no coja frío y a si de tapadito lo lleva caminando desde su casa hasta esta guardería.

Pepe es un niño un poco solitario, no es que no sea amigo de los demás niños que acuden a esto sitios; no, no es así, pero sí que es algo especial. Mientras los demás juegan él se queda retraído en su pupitre, hace garabatos en la libreta, juega con una rueda de un pequeño coche y solamente con eso él se monta su mundo y de esa manera tan peculiar y, a si se pasa las horas de clase mientras llega su querida madre para que se lo lleve a su casa y, las señoritas que lo cuidan ya le conocen y no temen por nada que pueda hacer.

Uno de esos días de comienzo de clases, se presenta una señora que trae a su hija para que comience el curso de párvulos  y de ese modo se valla familiarizando con otros niños de sus edad.

La niña en la puerta de la escuela, llora, no quiere entrar, se niega a que su querida madre la deje sola y teme que este mundo no sea de su agrado; se tira al suelo pataleando y llorando a lágrimas vivas para que de ninguna manera la deje en este sitio tan terrible.

¡Vamos Pepi: ya verás cómo te gusta la escuela, ya tiene edad para comenzar a aprender; aquí hay muchos niños y niñas de tu misma edad y te llevarás muy bien con ellos!

Nada; Pepi no quiere entrar, la señorita que está en la puerta se da cuenta que necesita su ayuda y se acerca a esta señora.

Hola cómo te llamas, le pregunta a la niña; la quiere levantar del suelo pero ella llora y no le quiere hablar.  Te daré una muñeca que tengo de trapo para que sea tu amiga, ya verás lo mucho que te quiere.

Estas palabras la ha dejado pensativa y se la queda mirando.

¿Cómo se llama la muñeca?

¿Tú cómo quiere que se llame, puedes ponerle el nombre que quieras?

Yo quiero que se llame como yo.

¿Y tú cómo te llamas?

Me llamo Pepi.

Pues vamos: A sí se llama, Pepi. Yo le puse ese nombre, porque sabía que tú ibas a venir y para eso te la guardo para que sea tu amiga. Verás que tiene el pelo cómo tú, rizado y también es rubia de cabellos muy largo para que la puedas peinar como tú quieras. Estas palabras hicieron lo que la niña dejase de llorar y que desease entra en la escuela. La señorita le dio la mano, se levantó del suelo y sonriente entro en la escuela, a si su madre se sintió más feliz al ver que ella se quedaba más contenta gracias a esta profesora que con sus palabras de cariño hizo que se quedase con ella y deseosa a entrar con todas las niñas y niños.

Era su primer día de escuela, dentro de la clase había muchos niños y muchas niñas. Al entrar se quedo un poco parada, no se daba cuenta a donde se había metido, pero, al mirar para atrás vio que su mama se había marchado y al verse sola comenzó a hacer pucheros; la señorita la llevo a una mesa donde estaba  nuestro personaje; este es el señor pepe, que es un veterano de estas guisas y  él será compañero de esta preciosa niña.

Pepi: este niño se llama pepe, y será tu mejor amigo.

La niña se lo queda mirando y dice a la señorita.

¡No me gusta, es muy feo, yo quiero a una niña como yo y no a un niño!

Pepe se ha quedado mirando a la niña que le han puesto de compañera: le gusta, es tan bonita que le perece un ángel, le mira su cara, sus ojos de color azul y sus cabellos le parecen de oro de lo que brillan; los pelos los tiene rizados, le hacen tirabuzones.

La señorita al ver que pepe no es de su agrado le dice.

Bueno: ya veremos, te buscaré otro lugar para que sea tu mesa. Pero que sepas que pepe es el mejor niño de toda la escuela.

¿Y la muñeca: donde la tienes; le pregunta la niña?

Ahora te la traigo, la tengo que buscar en el armario donde están todos los juguetes.

La niña se queda un poco más tranquila; pero se da la vuelta para que pepe no la mire.

¿No quieres ser mi amiga, le pregunta pepe; yo si quiero ser amigo tuyo?

¡No me hables!

Bueno, como tú quieras, yo estoy jugando con mi coche y si no quieres ser mi amiga, yo no te necesito para nada.

¿Qué coche: lo que tiene es una sola rueda?

Este es mi coche y, si no te gusta no lo mires a sí que ya sabes lo que has de hacer; darte la vuelta y, a si, no lo ves cómo corre por las calles.

Pepi se ríe, piensa que este niño es muy bruto y además es muy feo, ella está acostumbrada a que todo se lo den hecho y ahora se encuentra en que todos los demás niños no son tan listos como se cree ella. El tiempo le dirá cómo se han de tratara las personas, aunque sean pequeños y de  corta edad y, de la noche a la mañana se hacen hombres y mujeres; pero mientras tanto hay que pasar los años de la infancia y, hay tantas cosas que ver en esta vida; que el tiempo nos dice que cada día se aprenden cosas nuevas.

Cuando ve que la señorita tarda mucho en traerle la muñeca le pregunta a pepe.

¡Oye tú, adonde esta la señorita!

Yo no te hablo. Tú no quieres ser amiga mía y ahora me preguntas.

Se da cuenta que ha dado con un elemento de cuidado, pepe está acostumbrado a estar solo durante unos años, ya que desde que tenía solo un añito está en la escuela y aunque los demás niños no se metan con él, él tampoco quiere cuentas con los demás, él es el mayor de toda la clase y esto tiene su rango.

Pepi saca de su cartera una libreta, saca un lápiz de color azul y se pone a hacer letras. Mientras pepe recorre toda la mesa con su rueda y hace el ruido del motor del coche.

Pepi se ríe y eso no le gusta a pepe.

¿De qué te ríes, dime; yo tengo mi coche y tú tienes tu libreta así que no me hagas enfadar si no quieres que se lo diga a la señorita que te estás riendo de mí?

Parece ser que esto comienza muy bien, si, a si es, cuando pasen unos días ya veremos cómo están nuestros personajes.

El forjador de sueños

José Rodríguez Gómez

El sevillano.

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