La escalera de cristal

¡Usted, su majestad: no tiene derecho a sentarse un esa poltrona!

La vida como la guerra es un juego que se realiza sobre  un tablero de ajedrez.

Una partida donde siempre ganan los que mandan.

¿Y el resto de guerreros que se llevaron: o estos no hicieron nada en el combate?

Sus ancestros lucharon para conquistar España. No sé cuanto fueron; muchos, digo yo, para echar a tantos moros como  había en esta nuestra tierra.

Como de costumbre en estos casos tus tatarabuelos no lucharon se limitaban a estar sentados viendo como otros se peleaban y ellos en la distancia se hacían con el poder de toda esta península.

Quiero decir con esto que en todas las guerras hay: diferentes mandos y de los cuales son los que se llevan el botín  y el resto sirve solamente para allanar el campo y amontonar los huesos para que los mandos se cubra de honores.

Lamentable, pero cierto, si, a si es la vida y creo que lo seguirá siempre a no ser que todo esto de un vuelco y se pueda repartir los beneficios de otra manera. Lo dudo mucho que  lleguemos a tener lo que nos corresponde.

¡Vallamos al grano: en España se gano la guerra, se terminaron las contiendas y llegado el momento de repartir ganancias  y solo estaban dos bandos!

En verdad eran tres, mas los caballos y las mulas de carga pero a estos nunca los contaron y en este caso tampoco los vamos a tener en cuenta.

¡Su majestad: la contienda ha terminado; el enemigo se ha rendido y le entregara las llaves de Granada en las mismas puertas de la ciudad!

¡Te nombro marqué  del el cenete: Te corresponde todas las tierras de ese marquesado y todas sus gentes, propiedades y todo esto es por tu aportación en esta batalla!

Mas o menos a si iba la cosa, iba y sigue hiendo, es una pena que el resto de mulas no tengan su premio correspondiente ya que ellos también pusieron su granito de arena para que se llevara a término y, se ganase la guerra.

Por eso y muchas cosas más y, perdone la redundancia; pero usted no ha hecho nada para estar sentado en esa butaca en la cual le da derecho a hacer y a deshacer todo cuanto le dé la gana.

Tus ancestros: repartieron esta tierra con sus capitanes y gentes que trajo a muchos peones que eran la infantería; la que caminaban descalzos, sin ropa para ponerse que le quitase el frío que hacía en esta tierra.

¿Qué hicieron una vez terminada…  lo de costumbre; se la repartieron entre ellos y, sin recordar que no estaban solos, no, estaban otros, los que nunca han contado para nada y, que una vez terminada la contienda se volvían a sus  pueblos, descalzos, sin ropas, sin piernas o sus brazos cortados de la lucha y para qué?

¿Qué ganaron ellos… palos y más palos ya que los dueños de todos los territorios se lo dieron sus abuelos a estos hijos de putas que vivían y hoy en día siguen viviendo y son los dueños de algo que nunca lo había sido y, todo culpa de ustedes; sus majestades?

Han sido más malos que todos los piratas, los bandoleros, los ladrones que habían y que hoy en día sigue habiéndolos, pero ustedes se lo repartieron con estos señores que lucharon a su lado; su majestad.

Nunca se dieron cuenta que esta pobre gente tenía sus derecho al reparto de bienes y, si hubiese sido así; otro gallo cantaría.

Para subir una cuesta hace falta muchos escalones y en aquellos momentos eran muchos los que se quedaban en el suelo para que ustedes pudiesen subir  pisando estos huesos de cristal y nunca se dieron cuenta de ello; hoy en día para que usted se pueda sentar en su butaca tiene debajo una base de cemento que lo sostiene y, no es cemento, no, es de huesos, los que quedaron sin premio en sus batallas y usted lo sabe muy bien: hoy en día sigue sin darse cuenta que su logros fueron gracias a estos pobres desgraciados que siguen pidiendo lo que les corresponde. Hasta que no les den su parte del botín no estará usted sentado en su gran sillón.

¡Vallase; señor rey, se lo suplico, usted nunca ha hecho nada por esta tierra, nunca ganaron batallas, nunca pensaron que en estos territorios había personas que le ayudaron a conquistar Granada y otras partes de la península!

Usted sabe muy bien que en estos momentos se gratifica el trabajo hecho y por lo cual tienen sus derechos a llevarse parte del botín y no se lo dieron, se lo dieron ustedes a los que mandaban y, al resto; solo les dieron palos y muchos palos. ¡Se follaban a sus mujeres a sus hijas y como era derecho del señorito pues a ustedes le importaba un bledo todo cuanto hicieran! Hoy piden que se les respete, que se les adore como reyes; no digan más tontería; son una manada de elemento que nunca tuvieron que llegar a estas tierras que no les corresponde para nada.

Esta es la historia de sus batallas señor “rey,” perdone que no se lo ponga con letras mayúsculas, no se lo merece. El forjador de sueños. José Rodríguez Gómez.

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