El reo: te pregunta

¿Tú querías ser madre?

¿Sí o no: en qué quedamos?

¡Entonces eres femenina, te gustan los niños, querías vivir con tu feminismo dentro de una casa dónde tú eras la dueña, la ama de la casa, la esposa de un hombre o más bien ser la que manda, la que hace que te obedezcan y tú ser esa mujer que solamente te vistes por fuera para aparentar lo que no eres en verdad!

No pude ser padre de una niña: pero si he vivido con una niña, esa que quería jugar conmigo, ser ella, la madre, tener en sus brazos a su hijo, esa que era el sol que iluminaba todos los rincones de mi alma; era todo cuanto se podía ver en un pequeño cuerpo que llenaba todo mi ser.

Abuelito: yo soy la mama y tú serás el papa.

¿Qué ha cambiado para que esa mujer, la que nadie conoce se haya vestido de gris, esa que antes vestía de falda con vuelos y ahora lleva pantalones vaqueros y clavos en sus rodillas?

¡A donde está: se ha marchado con una amiga que dice ella que es su pareja!

No lo entiendo: ¿Por qué? Era una hembra… ahora que es…  El macho, el hombre…  ¿Qué ha sido de esa femenina silueta que le decías un piropo y le encantaba saberse admirada por todos los hombres?

¡Y tú eres esa la que querías ser madre!

¿Qué ha pasado… donde están los hombres… no lo sé, solo  te puedo decir que esos que llamamos hombres tampoco están contento con serlos?

Claro: todo cambia y con razón. Si ellas no quieren ser lo que su cuerpo dice ellas;  tan pocos lo desean se saben dominados por ellas y se cambian y buscan a otro hombre que les de la tranquilidad que les diera la mujer dominante; a si cada uno se refugia en la sombra del otro.

¿Hasta aquí  hemos llegado?

¡Detenemos la cadena humana, ya no se nace, yo lo digo en mi lápida; a mí me parieron! No sé si darle las gracias a mi pobre madre o condenarla por haberme traído a este mundo; donde nadie es lo aparenta ser.

Estoy ante el juez que dictará mi sentencia. Sólo ante la plebe que grita y grita sin cesar, cada vez mucho más fuerte que antes. La sala está llena de feministas esas que se dice ser lo que no aparenta su cuerpo. Ya no se puede ver si son ellas o son ellos

¿Entonces para que me quieren condenar si ella ya no son ellos? Menudo lio me estoy haciendo. Yo lo que tengo muy claro: me condenaran por haber cometido un crimen, y era ella la que era buena y, no el hombre que empuña el arma con la cual le quietó la vida a esta buena mujer. Era la mejor de todas, no tenia mancha inmaculada, era toda una mujer y estaba punto de separarse de un hombre; para juntarse con una mujer.

Esta otra mujer le dará mejor vida, la que le daba su hombre; por eso la ha matado; a si nadie pierde nada todo se queda en familia y su cuerpo se refriega con el otro cuerpo del mismo sexo; ya no hay problemas de que se quede embarazada. Viva la Pepa de puerto real.

Para eso me has traído, para qué madre, dime tú eras de esas que también te hubieses gustado ser lo que no eres.

Te pregunto a ti: mujer en la cadena de la vida estamos solos, si, solos y, cada uno ha de estar donde le corresponde: Sí, tú o yo lo cambiamos que tendremos cuándo pase unos años.

No tendrá nietas, nadie te dirá abuela o yaya como más te guste pero no lo tendrás, nadie se dirá que esta o este es mi marido o mi mujer. Es lo mejor, a si, tú por tú camino y yo por el mío y que dios reparta suerte.

Antes de condenarme has de entrar dentro de mi corazón. Te pones por vestido la piel de mi cuerpo. Te metes en mi cerebro buscas un rincón y, vives dentro de mí y cuando hallas vivido lo bastante en mi cuerpo después me dirás si puedes condenarme como lo estás haciendo hoy.

¡Yo soy parte de ti, y no tu parte de mí, es a mí el que deseas condenar y no has mirado que yo he estado dentro de ti durante nueve meses; he vivido de tu sangre, de tu respiración y he hablado contigo cuando tú me decías tantas cosas bonitas y, hoy ya no me reconoces!

¿Tú eres esa hembra, la que yo miraba y requeté miraba sin tener el valor de decirte nada, por miedo a que tú me rechazases… tú?

Creo que la mente de las personas la tendrían que mirar los médicos para ver que nos está pasando, estamos locos, cuerdos, o chiflados.  Algo nos ocurre no puede ser que el mundo lo queramos volver de al revés para que nadie pueda tener un hijo que te diga papá o mejor dicho mamá.

No condenes a nadie si no eres capaz de entrar en su loca cabeza, sin haber bebido de su sangre y si tú eres una de esas madres que tuviste su cuerpo dentro del tuyo, no grites para que lo condenen si no sabes de la misa la mitad

El forjador de sueños

José Rodríguez Gómez

El sevillano.

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