La barca.

 

Lluvia, viento, barro, fuego, besos, llanto. ¡Quisiera ser tu dueño y soñar cada noche que en mis brazos yo te tengo! ¿Te acuerdas, cariño mío, cuando descalzos sobre la arena del mar yo te tenía en mis brazos y tú mirabas al mar; mirabas como las olas venían, como las olas se van, me preguntaste llorando? ¿Cuando vuelves, si te vas? ¡No quiero irme, quiero quedarme a tu lado, temo que la distancia sea tan larga, que la lluvia borre mis huellas y que el llanto de tus ojos se cansen de esperar, y yo en tierras lejanas bajo el barro del camino enterrado entre fuegos me vea sin ti, que sería de mi, si no pudiese encontrar el camino de vuelta que nos conduce a la mar! ¿Te acuerdas de aquella barca y del pobre marinero que mientras tejía sus redes lloraba con desconsuelo? ¡Ya le temblaban sus manos, blanquecinos sus cabellos, con las redes entre su aguja, las cosía casi ciego, temblando miraba al suelo sin acordarse de ná! Pobre viejo marinero ya se muere sin soñar; que su tierra está muy lejos y no la puede alcanzar. Encendía un pitillo y en sus labios arrugados, se consumían sus sueños y apagado se le caían, llorando en su silencio. Miraba la lejanía, sin saber por qué; sonreían. ¿Le quedaban sus recuerdos? Miraba lejano al cielo y no lograba ver lo que tanto le costaba saber, por qué se marchó un día de su tierra lejanía para morir sin saber qué de la distancia lo traía a morir en soledad. ¡Qué vieja esta mi barca, que vieja está, que no puedo, ni tan siquiera llevar entre las olas mis besos! Su quilla está podrida, las velas rotas del viento, y los remos de mi barca se lo llevaron los llevaron los sueños. Ola viene, ola va, y yo sentado en la arena esperando si una ola a mi me quiera llevar. Cuantos días he soñado que tú llegabas a mí, diciéndome cariño mío, no tejas más, tienes tus manos cansadas y la vida se te va. ¡Descansa de una vez, déjate de llorar; que han llegado tus sueños hasta el fondo de este mar! No llores yo soy tu sueño. ¿Te acuerdas de aquel día entre tus brazos lloré, tú me besabas diciendo por qué te vas de mi lado; no ves que si tú te vas, que será de mí en esta orilla lejana, si tú me dejas; para qué quiero mi barca si la tengo sin cuidar? ¡Se pudrirán sus maderas, y envarada en la arena ya no puede navegar, le falta una quilla nueva! ¿Para qué la quiero? ¡Ha pasado tanto tiempo, que sólo estoy tejiendo estas malditas redes, qué ya no quieren ni tan siquiera pescar! Entre las olas, tus rizos, son parecido al mar, se remolina con el viento y con la lluvia se van. Mirando al mar, sonreía, sin saber por qué te vas, te fuiste lejos de mi y cuando tú regreses yo ya no te puedo esperar, ya soy viejo y la barca se ha hundido en esta lejana playa que se que do sin sus velas y no pudo navegar; para que soñaría tus besos si tú dejaste mi barca y yo me quede sin tus labios los que recuerdo a sal. ¿Qué sabor tienen tus labios, qué me diste en esta maldita orilla, dímelo que aun recuerdo su sabor, que no se el por qué te esperé tanto, si no me has vuelto a besar? ¡Harto de esperar me muero, sin mi barca y sin tus besos! ¿Por qué me he quedado ciego, tú lo sabes, yo te lo digo? ¡De tanto mirar al cielo y nunca te vi llegar! Se han podrido con el tiempo, que te tuve que esperar. Llantos, barro, viento, fuego. ¡Qué largo mi sufrimiento en esta orilla del mar! ¡Te fuiste, yo también me fui, ya lo sé, yo me fui y tú te marchaste sin tu barca caminado por esta maldita orilla que te tuvo ahí sentado sobre la arenas del mar! El forjador de sueños pintaelsevillano.com

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