¿Cómo sera el Camino de Ida?

Traduccion Inglesfrancia cataluña

¿Te lo has preguntado alguna vez? Yo puedo decirte cómo es. Si aunque no te lo creas, un día estaba yo subido a un tejado y mira por donde al no ver lo suficiente caí desde una altura de unos seis o siete metros al suelo. Di con la cabeza y aun estoy vivo. Por qué no lo sé lo que sí puedo contaros es que bajando yo estaba muerto en verdad, si, muerto, nada del tiempo que paso desde la altura hasta el pavimento de cemento que fue lo que amortiguo el golpe. Si el cemento más duro que yo había visto en mi vida, no lo toméis abromas que si que era cemento. Y si no que se lo pregunten a mi cabeza, que quedó como si fuese una granada, en el lugar donde me golpee contra el suelo. ¿Muerto o vivo? Sigue leyendo

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La sombra de ti

Sentir como suena tu voz, tener junto ami el sudor de tu piel y resbalar mis manos por las escamas blancas de tu cuerpo. Ver en la profundidad de tus ojos el fondo de mi alma, y tenerte cerca; no poder tocarte. ¿Estoy muerto… o tal vez sea que el viento me aleja de ti? Quiero ser una hoja que le arrastra el viento; me levas a ese rincón donde se pudre mi alma, no ves que ya no tengo la vida sobre mis entrañas y dejo cerrado mis ojos para que no pueda verte. Llévame contigo, quiero vivir sobre el silencio de tu voz. Ser una parte de tu alma, déjame soñar contigo, soy para ti la sombra de tu pasado, el presente no me importa; deja que cure tus heridas y después de mi… que más da quien este entre tus brazos,. cada poso que das; detrás de ti camino, en silencio, te sigo a todas parte, y tú, ni me mieras para ver si te voy siguiendo… que te importan mis sentimientos si tú sabes que me estoy muriendo por ti y, te ríes al verme llorar como si yo fuera un perro.

El forjador de sueños

José Rodríguez Gómez

El sevillano

Vanesa

Vanesa

¡Déjame ser tu amante!

Quiero ser tu amante, sí, no temas yo no quiero hacerte daño, solamente quiero amarte en las sombras de tu vida. Seré la funda de tu almohada, la estera de tus pies, él que escucha tus deseos cuando tu mente está soñando y sin que tú lo sepas, yo seré el que te seque las lágrimas de tus ojos.

Seré parte de ti, ese hombre que te escribe poesías y sin que nadie se entere yo estaré tras de ti y cuando estés haciendo el amor; yo te mirare lo dichosas que eres, secaré el sudor de tus senos, acariciaré tu piel poro a poro, y cuando ya hayas dejado de jadear; esteré sobre ti sin que nadie lo sepa.

Tu marido dormirá y en ese momento, yo sobre una estrella errante te llevaré a los confines del cielo, y allí te daré una casa llena de besos; y si que tú digas nada yo estaré escondido entre las sombras de tus pestañas mirando como duermes después de hacer el amor.

Te amaré en la distancia, la lejanía no impedirá que yo te pueda amar; entonces te diré con un suave murmullo lo que te llego a querer, y cuando mis labios se abran con caricias en tus oídos sentirás las palabras que nadie te dice. Ese será nuestro secreto, sin que tu marido se entere yo te llevare flores en primavera y cuando nadie nos vea te besaré en tu labios. En silencio lloraré mis penas de un amor, sé que se evapora con el viento y me hallarás en la orilla de un riachuelo, y sentado a la sombra de un árbol desojando una margarita pétalo a pétalo y en mi silencio  iré diciendo; me quiere, no me quieres, sin que tú lo sepas yo soñaré contigo, y en la oscuridad de la noche te amare tanto que nadie en este mundo lo pueda hacer igual que yo.

Déjame ser tu amante, no me importa que tú no me quieras; yo, con estar cerca de ti y escuchar el cascabel de tus sonrisas ya tengo bastante. Soy muy viejo y solamente me quedan mis sueños por eso te pido que me dejes soñar por última vez.

Sí, ya  lo sé que es muy triste, lo sé llegar aviejo pero solamente al escuchar tus sonrisas; me he enamorado de ti, que le puedo hacer si ya mi mente está chocheando, y ni la verdad me parece mentira; qué quieres que yo le haga, pero si te veo pasar por mi lado mi mente se me disloca y se vuelve joven aunque solamente sean en mis sueños.

Deja que te acaricie, que roce mis manos sobre todo tu cuerpo cuando te cubre el silencio. Tú sabes, que todo cuanto te digo… es un sueño, y que nadie podrá escucharlo. Cada vez que tú estés sobre tus sabanas has de mirar a tu alrededor; sentirá mis suspiros y mis labios te estarán besando entre tú, tu marido y en medio de los dos estere yo. No temas que no molestaré, pero que lo sepas que no me importa, ya que sabiendo yo que tú no le dirá a nadie que somos amantes; solamente el viento y la brisa de tu boca sabrá lo mucho que te estoy queriendo. Déjame ser tu amante que me muero por tus besos.

El forjador de sueños

José Rodríguez Gómez

El sevillano.

“Pepi y Pepe”

Cuento

¿Cómo comenzar un cuento?

Antes de escribir un cuento he de poner el titulo del mismo, es mi manera de dar comienzo a una historia y tras haberlo titulado comienzo a desarrollarlo según lo he llamado y en este caso se trata de dos niños que se conocen en la escuela, o mejor dicho, en  una guardería.

Pepe es un niño de clase pobre. Su madre lo lleva a esta guardería desde muy pequeñito. Ella ha de trabajar para ayudar en la casa y, para eso necesita que alguien lo cuide mientras ella trabaja. Su trabajo es limpiando casas y alguna escuela. Mientras él se queda al cuidado de las señoritas que cuidan de estos niños que como a él lo llevan a estos sitios. Para que ella pueda ganarse la vida lo levanta muy temprano, envuelto en su abrigo y en una pequeña manta lo envuelve para que no coja frío y a si de tapadito lo lleva caminando desde su casa hasta esta guardería.

Pepe es un niño un poco solitario, no es que no sea amigo de los demás niños que acuden a esto sitios; no, no es así, pero sí que es algo especial. Mientras los demás juegan él se queda retraído en su pupitre, hace garabatos en la libreta, juega con una rueda de un pequeño coche y solamente con eso él se monta su mundo y de esa manera tan peculiar y, a si se pasa las horas de clase mientras llega su querida madre para que se lo lleve a su casa y, las señoritas que lo cuidan ya le conocen y no temen por nada que pueda hacer.

Uno de esos días de comienzo de clases, se presenta una señora que trae a su hija para que comience el curso de párvulos  y de ese modo se valla familiarizando con otros niños de sus edad.

La niña en la puerta de la escuela, llora, no quiere entrar, se niega a que su querida madre la deje sola y teme que este mundo no sea de su agrado; se tira al suelo pataleando y llorando a lágrimas vivas para que de ninguna manera la deje en este sitio tan terrible.

¡Vamos Pepi: ya verás cómo te gusta la escuela, ya tiene edad para comenzar a aprender; aquí hay muchos niños y niñas de tu misma edad y te llevarás muy bien con ellos!

Nada; Pepi no quiere entrar, la señorita que está en la puerta se da cuenta que necesita su ayuda y se acerca a esta señora.

Hola cómo te llamas, le pregunta a la niña; la quiere levantar del suelo pero ella llora y no le quiere hablar.  Te daré una muñeca que tengo de trapo para que sea tu amiga, ya verás lo mucho que te quiere.

Estas palabras la ha dejado pensativa y se la queda mirando.

¿Cómo se llama la muñeca?

¿Tú cómo quiere que se llame, puedes ponerle el nombre que quieras?

Yo quiero que se llame como yo.

¿Y tú cómo te llamas?

Me llamo Pepi.

Pues vamos: A sí se llama, Pepi. Yo le puse ese nombre, porque sabía que tú ibas a venir y para eso te la guardo para que sea tu amiga. Verás que tiene el pelo cómo tú, rizado y también es rubia de cabellos muy largo para que la puedas peinar como tú quieras. Estas palabras hicieron lo que la niña dejase de llorar y que desease entra en la escuela. La señorita le dio la mano, se levantó del suelo y sonriente entro en la escuela, a si su madre se sintió más feliz al ver que ella se quedaba más contenta gracias a esta profesora que con sus palabras de cariño hizo que se quedase con ella y deseosa a entrar con todas las niñas y niños.

Era su primer día de escuela, dentro de la clase había muchos niños y muchas niñas. Al entrar se quedo un poco parada, no se daba cuenta a donde se había metido, pero, al mirar para atrás vio que su mama se había marchado y al verse sola comenzó a hacer pucheros; la señorita la llevo a una mesa donde estaba  nuestro personaje; este es el señor pepe, que es un veterano de estas guisas y  él será compañero de esta preciosa niña.

Pepi: este niño se llama pepe, y será tu mejor amigo.

La niña se lo queda mirando y dice a la señorita.

¡No me gusta, es muy feo, yo quiero a una niña como yo y no a un niño!

Pepe se ha quedado mirando a la niña que le han puesto de compañera: le gusta, es tan bonita que le perece un ángel, le mira su cara, sus ojos de color azul y sus cabellos le parecen de oro de lo que brillan; los pelos los tiene rizados, le hacen tirabuzones.

La señorita al ver que pepe no es de su agrado le dice.

Bueno: ya veremos, te buscaré otro lugar para que sea tu mesa. Pero que sepas que pepe es el mejor niño de toda la escuela.

¿Y la muñeca: donde la tienes; le pregunta la niña?

Ahora te la traigo, la tengo que buscar en el armario donde están todos los juguetes.

La niña se queda un poco más tranquila; pero se da la vuelta para que pepe no la mire.

¿No quieres ser mi amiga, le pregunta pepe; yo si quiero ser amigo tuyo?

¡No me hables!

Bueno, como tú quieras, yo estoy jugando con mi coche y si no quieres ser mi amiga, yo no te necesito para nada.

¿Qué coche: lo que tiene es una sola rueda?

Este es mi coche y, si no te gusta no lo mires a sí que ya sabes lo que has de hacer; darte la vuelta y, a si, no lo ves cómo corre por las calles.

Pepi se ríe, piensa que este niño es muy bruto y además es muy feo, ella está acostumbrada a que todo se lo den hecho y ahora se encuentra en que todos los demás niños no son tan listos como se cree ella. El tiempo le dirá cómo se han de tratara las personas, aunque sean pequeños y de  corta edad y, de la noche a la mañana se hacen hombres y mujeres; pero mientras tanto hay que pasar los años de la infancia y, hay tantas cosas que ver en esta vida; que el tiempo nos dice que cada día se aprenden cosas nuevas.

Cuando ve que la señorita tarda mucho en traerle la muñeca le pregunta a pepe.

¡Oye tú, adonde esta la señorita!

Yo no te hablo. Tú no quieres ser amiga mía y ahora me preguntas.

Se da cuenta que ha dado con un elemento de cuidado, pepe está acostumbrado a estar solo durante unos años, ya que desde que tenía solo un añito está en la escuela y aunque los demás niños no se metan con él, él tampoco quiere cuentas con los demás, él es el mayor de toda la clase y esto tiene su rango.

Pepi saca de su cartera una libreta, saca un lápiz de color azul y se pone a hacer letras. Mientras pepe recorre toda la mesa con su rueda y hace el ruido del motor del coche.

Pepi se ríe y eso no le gusta a pepe.

¿De qué te ríes, dime; yo tengo mi coche y tú tienes tu libreta así que no me hagas enfadar si no quieres que se lo diga a la señorita que te estás riendo de mí?

Parece ser que esto comienza muy bien, si, a si es, cuando pasen unos días ya veremos cómo están nuestros personajes.

El forjador de sueños

José Rodríguez Gómez

El sevillano.

 

En el nombre del padre, del hijo, y del espiritusanto.

Reza tres aves Marías, un padre nuestro y tus pecado serán perdonados.

¡A si cualquiera comete lo que le te la gana y encima te perdonan!

¿Te das cuenta de lo que hacen estos señores vestidos de negro para poder vivir?

Expolio, sí, durante la guerra se expoliaron muchas cosas de nuestra tierra. Cuadros, obras de arte, joyas, dinero y muchas cosas más.

Que yo sepa no estábamos en guerra con nadie. ¿Estos señores que dieron el golpe de estado; contra quien luchaban, o eran ellos los que se pusieron de acuerdo y arrasaron con todo y nos llevaron a una guerra sin cuartel?

Ochenta y dos años después: Se oponen a dejar qué la historia se pueda poner en el lugar que le corresponde.

Siempre apoyados por esos señores de negro, que para mí; en todos los países donde campan a sus anchas son los países más pobres de la tierra. Entre ellos nosotros, Portugal, y Hispanoamérica; ellos no, el pueblo que los cobija.

¿Se les tiene que dar la razón a su familia?

¿Estos señores limpiaron las acaras y debido a ello se hicieron inmensamente ricos?

Hoy en día: Hijos del dictador se le otorga el titulo como heredera de su madre; cosa que son la familia del criminal más grande que ha dado la historia de nuestro pueblo.  ¿Han de vivir con lo amasado durante tantos años porque su padre, su abuelo, su marido era el que hacía y des hacia todo cuanto quería: claro era el caudillo?

¿Algún país del mundo la familia de los dictadores viven de las fortunas que consiguieron cuando estos mandaban? O solamente pasa en España.

Se dice: no hay mejor defensa que un gran ataque, y todo queda arreglado teniendo en su defensa a todo el clero de ésta tierra, bien vividos, bien alimentados y sin pagar ni un euro.

¡Claro, ya me decía yo, los pecados de los ganadores no eran pecados! Los de los rojos y republicanos sí.

Que no puede ser vamos; yo robo y, antes que me pueda comer un pedazo de pan ya estoy entre rejas.

Estos señores y toda su familia; no sé cuánto han extraído de las visitas a todas las ciudades que acompañaba a su querido dictador, mientras él era homenajeado por los alcaldes de las ciudades y del clero; ella se paseaba por todas las joyerías y la que le gustaba era para el patrimonio familiar.  A si cualquiera se hace rico y encima los apoyan para que nadie les quite lo que bien se habían ganado en el campo de batalla. Y digo yo: Que viva España que es una de las naciones más ricas de toda la tierra. ¿Dirán ustedes por qué? Mira que hay ladrones en este país, pero nunca llegamos a la ruina; será porque tenemos de todo como en botica.

¿Cuántas veces se confesó… muchas o pocas? Que se yo, seguramente el cura que lo confesaba ya le conocía y siempre le decía lo mismos. Lo tuyo no son pecado capitales; son cosas que pasan en todas las guerras: son daños colaterales y eso no es pecar; lo que si te quiero decir, es que a nosotros no nos falte la olla para que podamos seguirte perdonando en todo cuánto su Ilustrísima haga.

Le llamo ilustrísima porque era el grado que se le tenía que dar antes de abrir la boca y cuando entraba en las iglesias él tenía el derecho adquirido para ir bajo palio y esto es un grado para la santa madre iglesia.

¡Y que Dios nos perdone! Amén.

¿En Alemania: los herederos del dictador también viven con estos placeres como estos señores? ¿Hay algún lugar de la tierra que se pueda vivir con tan poca vigilancia sobre estas fortunas?

¿Son de ellos, les corresponde por ser quienes son o seguimos siendo parte de este juego que se traen todos los políticos de nuestro país ya que ellos son los que permiten que pasen cosas tan fragrantes ante nuestra narices?

¡SI Dios viviera: otro gallo cantaría!

El forjador de sueños

José Rodríguez Gómez

El sevillano.

 

Ochenta y dos años 1936

Y no hay manera.

¿Quiénes somos?

Un golpe de estado: hace ya muchos años y el rescoldo sigue vivo; y no se termina de apagar. Les pasa lo mismo que ocurre en los campos españoles. Se queman y hay que mandar un montón de bomberos para intentar apagar dichos fuegos y casi todos son intencionados.

¡Basta ya: hace mucho tiempo que terminó dicha guerra y no hay manera de que podamos ser como todos los estados europeos, no, nosotros no, tenemos que dar la nota!

Si a esas personas que siguen queriendo levantar a ese dictador; seguramente comenzaríamos otra guerra, en el mismo lugar y con  las mismas personas.

¿No os da vergüenza querer hacer un nuevo río que fluya por las calles de nuestra tierra?

No hubo bastante, o tal vez no se hizo bastante sangre para querer levantar y crear otra.

No hay nación en el mundo que tenga un mausoleo que se le ofrezcan flores al dictador. Donde se ha visto tal cosa. Que no; que no hay manera de ser ni de saber cuántas clase de personas vivimos bajo el mimo techo.

Si a cada uno de esos que se levantan y alzan el brazo cantando la cara al sol. Le diésemos una pistola; esos tipos harían una masacre sin que el resto podamos hacer algo para detenerlos.

¡No, no hay manera de exterminar esa lacra, son asesinos a sueldo y siguen siéndolo y estos nunca se terminara en esta nuestra tierra ya que estamos muy mezclados con otra sangre que dejaron los que eran dueño de nuestro territorio!

¿Moros?  Puede ser: porque no hay manera de comprender a esas personas. No se crean que es solamente le pueblo, no, son los mismos que están en el gobierno;  ellos son los que alientan a estas personas que de conocimiento creo que tienen poco y, a si se les puede hacer como hacen con los jugaditas.

Levantar nuevas ascuas de un rescoldo que nunca se ha terminado de apagar. ¿Es que no hay agua suficiente para exterminar este fuego que arde dentro de esos corazones que nunca dejaron de sentirse dominantes y hoy no están en ese bando y quieren volver de nuevo a encender el fuego de la guerra?

¿Cómo os tengo que llamar, díganmelo ustedes mismos? Soy tan viejo como muchos de ustedes y, que no estuvimos en esa maldita guerra; ustedes seguramente tampoco; pero no, hay  que darles de comer a tantos sin sinvergüenzas que no se conforman con estar en segundo plano. Quieren estar delante y, si no, hay que encender el fuego por culpa de un muerto… que lastima que no murió en la guerra, no, este estuvo mandando y haciendo lo que él le daba la gana y ahora hay que despertar el esqueleto que a tantos os dio de comer.

Por lo tanto: ¿Somos casi moros, o somos egipcios?

Esos que tienen sus pirámides y veneran el esqueleto de sus faraones, los que les daban palos para crear sus monumentos y encima les adoran y siguen adorándoles estamos en su tierra o esta es nuestra. Somos muy diferentes, creo yo, todos esos que siguen en pie de guerra para fomentar el problema de estos que se esconden tras sus siglas y solamente buscan el conflicto entre hermanos.

¿Más sangre por las calles, más, aun queréis otra desgracia para nuestro pueblo, no penáis que ya hubo bastante para que lo recordemos durante toda nuestra vida; aun más?

Miles de esqueletos refugian al dictador, él como si fuese un faraón esta tumbado en el centro de ese lugar.

Le falta los abalorios que le daban a los faraones y estaríamos pensando que se ha cambiado el lugar; pero no las gentes que le siguen adorando.

Mejor sería que terminara esta nueva película. ¿O es real, que nunca se terminó y estamos en una nueva batalla en medio de los campos sembrados de trigo y sin necesidad de que nadie pase hambre?

¡Faltan hombres: si, creo que faltan muchos hombres que tenga la mente limpia, que no quieran ser esos faraones que nunca dejaron el poder y ser una parte de ese pueblo que pide libertad; y que la vida se pueda vivir sin amenazas de otra guerra!

Ustedes no levantan las manos para cantar, quieren tener las pistolas engrasadas y dispuestas para abrir fuego contra tu propio pueblo.

¿Es lo que  queréis? Casi no queda ni uno de aquellos que empuñaron esas armas de fuego; el sonido de las balas se perdió con el viento. Los campos se sembraron de nuevo y los cuerpos que están enterrados sirvieron de abono para las nuevas cosechas.

¡Por favor: ya está bien, dejemos que corra el tiempo y que seamos más creativo y menos dictadores que en su tiempo hubo muchos pero ya están bajo tierra y hay que dejarlos en paz!

No me refiero a este dictador, no, este ha de estar donde le corresponde; bajo tierra pero no venerado y si alguien le quiere dar un beso cada día que vaya, pero que no esté rodeado de tantos y tantos cuerpos que él mismos hizo que los asesinaran.

No sois los únicos que vivís en esta tierra, no, estamos muchos más que no queremos otra guerra, queremos estar con todos ustedes pero siempre que se estrechen nuestra manos para siempre y dejemos de hacer lo que unos quieren  en contra de otros pensamientos más modernos que es lo que hacen otras naciones y ellos sí que son europeos y no ustedes que desean hacer de este país una nueva lucha entre hermanos.

El forjador de sueños

José Rodríguez Gómez

El sevillano

La escalera de cristal

¡Usted, su majestad: no tiene derecho a sentarse un esa poltrona!

La vida como la guerra es un juego que se realiza sobre  un tablero de ajedrez.

Una partida donde siempre ganan los que mandan.

¿Y el resto de guerreros que se llevaron: o estos no hicieron nada en el combate?

Sus ancestros lucharon para conquistar España. No sé cuanto fueron; muchos, digo yo, para echar a tantos moros como  había en esta nuestra tierra.

Como de costumbre en estos casos tus tatarabuelos no lucharon se limitaban a estar sentados viendo como otros se peleaban y ellos en la distancia se hacían con el poder de toda esta península.

Quiero decir con esto que en todas las guerras hay: diferentes mandos y de los cuales son los que se llevan el botín  y el resto sirve solamente para allanar el campo y amontonar los huesos para que los mandos se cubra de honores.

Lamentable, pero cierto, si, a si es la vida y creo que lo seguirá siempre a no ser que todo esto de un vuelco y se pueda repartir los beneficios de otra manera. Lo dudo mucho que  lleguemos a tener lo que nos corresponde.

¡Vallamos al grano: en España se gano la guerra, se terminaron las contiendas y llegado el momento de repartir ganancias  y solo estaban dos bandos!

En verdad eran tres, mas los caballos y las mulas de carga pero a estos nunca los contaron y en este caso tampoco los vamos a tener en cuenta.

¡Su majestad: la contienda ha terminado; el enemigo se ha rendido y le entregara las llaves de Granada en las mismas puertas de la ciudad!

¡Te nombro marqué  del el cenete: Te corresponde todas las tierras de ese marquesado y todas sus gentes, propiedades y todo esto es por tu aportación en esta batalla!

Mas o menos a si iba la cosa, iba y sigue hiendo, es una pena que el resto de mulas no tengan su premio correspondiente ya que ellos también pusieron su granito de arena para que se llevara a término y, se ganase la guerra.

Por eso y muchas cosas más y, perdone la redundancia; pero usted no ha hecho nada para estar sentado en esa butaca en la cual le da derecho a hacer y a deshacer todo cuanto le dé la gana.

Tus ancestros: repartieron esta tierra con sus capitanes y gentes que trajo a muchos peones que eran la infantería; la que caminaban descalzos, sin ropa para ponerse que le quitase el frío que hacía en esta tierra.

¿Qué hicieron una vez terminada…  lo de costumbre; se la repartieron entre ellos y, sin recordar que no estaban solos, no, estaban otros, los que nunca han contado para nada y, que una vez terminada la contienda se volvían a sus  pueblos, descalzos, sin ropas, sin piernas o sus brazos cortados de la lucha y para qué?

¿Qué ganaron ellos… palos y más palos ya que los dueños de todos los territorios se lo dieron sus abuelos a estos hijos de putas que vivían y hoy en día siguen viviendo y son los dueños de algo que nunca lo había sido y, todo culpa de ustedes; sus majestades?

Han sido más malos que todos los piratas, los bandoleros, los ladrones que habían y que hoy en día sigue habiéndolos, pero ustedes se lo repartieron con estos señores que lucharon a su lado; su majestad.

Nunca se dieron cuenta que esta pobre gente tenía sus derecho al reparto de bienes y, si hubiese sido así; otro gallo cantaría.

Para subir una cuesta hace falta muchos escalones y en aquellos momentos eran muchos los que se quedaban en el suelo para que ustedes pudiesen subir  pisando estos huesos de cristal y nunca se dieron cuenta de ello; hoy en día para que usted se pueda sentar en su butaca tiene debajo una base de cemento que lo sostiene y, no es cemento, no, es de huesos, los que quedaron sin premio en sus batallas y usted lo sabe muy bien: hoy en día sigue sin darse cuenta que su logros fueron gracias a estos pobres desgraciados que siguen pidiendo lo que les corresponde. Hasta que no les den su parte del botín no estará usted sentado en su gran sillón.

¡Vallase; señor rey, se lo suplico, usted nunca ha hecho nada por esta tierra, nunca ganaron batallas, nunca pensaron que en estos territorios había personas que le ayudaron a conquistar Granada y otras partes de la península!

Usted sabe muy bien que en estos momentos se gratifica el trabajo hecho y por lo cual tienen sus derechos a llevarse parte del botín y no se lo dieron, se lo dieron ustedes a los que mandaban y, al resto; solo les dieron palos y muchos palos. ¡Se follaban a sus mujeres a sus hijas y como era derecho del señorito pues a ustedes le importaba un bledo todo cuanto hicieran! Hoy piden que se les respete, que se les adore como reyes; no digan más tontería; son una manada de elemento que nunca tuvieron que llegar a estas tierras que no les corresponde para nada.

Esta es la historia de sus batallas señor “rey,” perdone que no se lo ponga con letras mayúsculas, no se lo merece. El forjador de sueños. José Rodríguez Gómez.

La boca de tierra

El valle de los caídos

¡Quiero gritar y no puedo: quiero ver el cielo, ver las estrellas como juegan, ver los luceros y por mucho que lo intento; nada veo!

Quiero vivir, no se adónde me encuentro, siento ruidos, siento que mi cuerpo está despierto pero por más que grite nadie escucha mis lamentos. Sonaron fusiles y pistolas al viento, tronaron cañones; pasaron rodando sobre mi desdichado cuerpo.

¿Cuántos habremos, cuantos, sin que nadie dijese nada sobre todos… estos muertos?

Al sonido de las balas no les temo, temo a las personas que hieren sin saber por qué lo hacemos.

Nacen muchas hiervas en el solitario campo, crecen a mi alrededor, raíces que aprietan mis desdichados huesos y, mi garganta se quebraja del dolor que siento en mis adentro. En mis entrañas ya no siento el dolor, solo escucho el silencio de los que viven sabiendo cuánto hicieron y nadie les dice nada; todos viven sin mirar en sus recuerdos.

Somos nosotros: los que no podemos gritar, los que nadie nos busca, nadie; ellos que son los que apretaron el gatillo siguen viviendo, tan felices, ni los recuerdo les hacen llorar, no eran ellos… los muertos.

¡Quiero pedir y pido, si, ya  lo sé, estoy muerto! Alguien escuchará mis lamentos en el silencio de la noche  antes que la lluvia cubra mi cuerpo gritare con tal fuerza; qué hasta los truenos… sé callaran al sentir mis requiebros.

La pluma se rompió: quedaron registros de ellos, se leyeron estas cartas de aquellos que nunca volvieron… a sus casas esas encaladas de blanco hierro.

Brillaban como el sol, cada día salen de noche los luceros, miran estas paredes de blanco armiño y de puertas de pobres muertos. Ya no vuelven las canciones, ya nadie dice; yo te quiero, los niños no salen de sus casas por temor a estos muertos. No les temas; son tus padres, tus hermanos; ya se fueron. Nadie encala las paredes desde que ellos se perdieron entre lagunas de peces y surcos de fuego lento. Las noches se tiñeron de sangre roja, de sangre de silencio… Gritaron sus gargantas… No lo sabemos; lo que si te puedo decir es que murieron mirando al cielo y quedaron sus bocas enterradas bajo este barro del silencio.

¿Dime adónde te marchaste; dímelo porque aun te sigo queriendo? Pasaran tantos años sin que nadie busque sus cuerpos.

De otras tierras si sabemos: Cómo fue esta guerra tan sangrienta, pero de la nuestra… Solo queda el silencio.

¿Cantaran los pájaros alguna vez? Saldrá el sol por diferente lugar… No, siempre sale para el rico y nunca para el desgraciado que dio su vida por esta pobre tierra; se quedó desierta… Sin que nadie labrase los surcos y enterrase las semillas de la vida. Ya no se escucha el canto del búho, ni la lechuza mira en el silencio… Qué esperamos para pedir que esto cambie, que queremos decir; si  nuestras gargantas están enterradas bajo los campos del silencio.

Deja que cuente mis duelos, deja que llore sobre la manta de cuero, déjame decir te quiero; si, ya lo sé que no estoy vivo, lo sé pero aunque el tiempo pasase sobre mi; yo te digo lo mismos cuida de mis hijos que son los nuestros.

Entre los surcos camino, acompañado de mi viejo perro, en una mano la legona y en la otra un bastón de palo que mis nietos me hicieron. La boina en la testa, la pelliza sobre el cuerpo hace frío en estas tierras y el silbar de la escarcha levanta los huesos de mis antaño y me dicen: no diga nada,  mejor es que guardes el silencio.

Algún día saldrá el sol para los nuestros, que se yo querido hermano si tú no estás; para qué quiero yo el hurto si no puedo con mi alma y nadie recoge los huesos.

Te das cuenta hermanos que bonita están las plantas, como se cubren los surcos de fresas color rojas como la sangre de nuestros cuerpos.

El azahar de los naranjos, embriagan con su aroma el sendero del camino que te llevo para el cielo. ¡Que me importan los naranjos, ni los limones del huerto, si no tengo quién me ayude para cuidar de los nuestros!

Te puedo ver, puedo escuchar tus lamentos, ver tu llanto, sí, yo sí te puedo ver y, tú a mí también si quieres; mira al cielo y veras una estrella que luce roja como la sangre de tus adentros.

Deja escrito lo que ocurrió, déjalos enterrados junto a los surcos; yo cuando tú no estés los buscare y en las noche frías de invierno los leeré junto al fuego de la leña que cruje porque el fuego de mi alma la va quemando en el silencio.

¡Sabes una cosa hermano, sólo recuerdo aquella maldita palabra que dijo mi carcelero! Abran fuego… sonó el disparo y todo quedó en silencio.

El valle de los caídos

El forjador de sueños

José Rodríguez Gómez

El sevillano.

La muleta de agua

Cuento.
Hoy quiero contaros un cuento: Los cuento son sueños que un día conto una persona a otra y esta se la volvió a contar o otras muchas.

Le llamaban el forjador de sueños. Este hombre era muy viejo, no por sus años, no, sino porque había vivido tantas cosas que todas se les quedaban guardadas en su mente y donde llegaba dejaba un cuento para que las personas del lugar pudiesen contarles cosas del pasado a sus hijos y seguramente por eso él se dejaba llamar de esa manera. Caminaba sobre la tierra, él no tenía un lugar donde quedarse  a vivir y, deseaba caminaba sin ser otra cosa que una parte del viento que nos lleva a otros lugares sin destino seguro. Ser una hoja que es levantada suavemente por el viento y la arrastra hasta un destino donde pueda contar lo que él desea.

Le dolían los pies, estaba cansado de recorre los caminos sin mirar a donde andaba, ni a quién podía ayudar; él no tenía brújula para saber en cada momento donde estaba su cuerpo, cosa que tampoco le preocupaba y,  esta vez detuvo su cuerpo cerca de un pequeño pueblo a donde había un fuente de cristal.

¿Has visto alguna vez una fuente que fuese toda de cristal?

De la cual se viese como sube de su interior el agua que manan sus entrañas, ver como cada chorro es de diferente color que el de al lado y diferente del siguiente.

El agua caía sobre los cristales que formaba su cuerpo; y al choque de esta con su base se podía escuchar una melodía que nadie sabía el por qué esta fuente hiciese con el cantar de sus sueños.

Esta lo era, sí, lo era: toda de cristal y, de sus choros salían aguas de colores, al caerse al suelo se formaba un río tan bonito que el al verla creyó que era un arco iris que salía de la propia tierra.

¡Jamás vi cosa más bella que esta fuente!

Estando cerca de este pueblo: pienso que todas las personas que viven en un lugar tan bello como este tiene que  ser muy felices y, que nadie se sienta desgraciado ni aquejado de ningún mal.

Lo que son las cosas; nadie es feliz si las desgracias nunca vienen solas.

Sentado a la espalda de la fuente.

Se había descalzado, sus pies estaban hinchados de tanto caminar; el calor que hacía era tal que solamente los grillos y el sonar de la fuente eran sus acompañantes. Un viejo roble cubría todo el lugar, la sombra ocultaba todo resplandor y bajo esta sombra se estaba como sí todo lo demás fuese un sueño de verdad. Bebió de sus aguas, refresco su cuerpo y sentado en el suelo se quedó dormido.

No llevaba dormido una hora; cuando lo despertó una niña. Era muy bella, su cara parecía una estrella que reflejase desde el cielo y, esta vez estaba sobre la tierra.

Sus cabellos eran negros, muy largos y además los tenía tan  rizados que parecían caracolillos que sonaba con el roce del viento y que contrastaba con la oscuridad de una noche de verano.

Bestita con harapos, sus pies estaban descalzos y su cara al ser tan bella era imposible que estuviese llorando; llevaba consigo una muleta de palo la cual le ayudaba para que pudiese caminar. Recogía agua con un cántaro muy grande, tanto que me era imposible pensar que esta pequeña niña pudiese con el peso de este enorme tiesto.

Sentí sus sollozos y esto me hiso preguntarle cosas para que  me contase el por qué su llanto.

Hola, dime. ¿Cómo te llamas y por qué lloras: esa cara tan bonita no merece estar tan triste?

¡Qué sabrá usted de la vida! me contestó.

Sí, claro, tú eres mucho más vieja que yo y por eso sabes tantas cosas, que me puedes dar lecciones de los sufrimientos de todas las personas que viven en este lugar.

¿Cómo te llamas: si es que me lo quieres decir?

Se me quedó mirando y, sin ganas de hablar con un extraño pero me dijo su nombre.

Me llamo Luciérnaga.

¡Qué nombre tan bonito y por qué este nombre!

Así se llama mi madre, y este es el que me puso el día que yo nací.

¿Cuántos hermanos sois en tu casa?

Conmigo; siete y mi padre, pero como nunca está despierto pues no podemos contar con él para nada.

¿Esta borracho, o es que trabaja de noche y duerme de día? Le pregunté a esta niña.

¡No, mi padre no trabaja nunca, él es la noche y, mi madre es una luciérnaga que vive para crear muchos hijos y después cuando ha creado un nido, se marcha buscando otro macho y, vuelve a crear otro y otro hasta que llena el cielo de estrellitas de colores y por eso me puso su nombre!

¿Qué te paso en tu pierna, por qué tienes daño?

Era yo muy pequeña y un día cuando mi madre se fue atrabajar yo quise irme con ella y como no la puede coger me di un fuerte porrazo contra el suelo y por lo que se ve me rompí la pierna,  a si llevo desde ese día.

¿Me dejas ver tu pies, puedo darte un masaje y con el sentirás una mejora que tal vez pueda  curar el daño que te aqueja?

Hincado de rodillas me puse ante tan pequeña criatura que de mis ojos sin que yo le dijese que llorasen,  ellos sin hacerme caso comenzaron a llorar y con el llanto de mis lágrimas  lave su herida y cuando le secaba su pierna esta se había curado.

En el río de la fuente introduje sus piernas, se las lave suavemente el frescor del agua le hacía cosquillas y se comenzó a reír cosa que a mí también me hizo tanta gracia que los dos reímos con tantas ganas que se nos quitaron las penas que pudiésemos llevar.

Una vez se había llenado el cántaro le dije:

Llevaré yo este pesado botijo. Tú coge tu muleta y te acompaño a tu casa; a si puedo conocer a toda tu familia.

Cogí el pesado botijo, ella quiso  coger la muleta que estaba cerca del río y cuando fue acogerla ya no estaba se la había llevado la corriente según decía ella.

Comenzó a llorar de nuevo y le dije:

¿Por qué lloras, dime?

¡Como podre andar si no tengo mi muleta, era la forma de apoyarme contra el suelo y a si caminar aunque muy despacio porque soy tan pequeña que ahora no lo puedo hacer ya que el río se ha llevado mi muleta!

Inténtalo sin ellas haber que pasa.

Miro sus piernas que estaban dentro del agua y, sin secárselas las puso sobre el suelo que estaba lleno de hiervas tan fresquita que le hacían cosquillas en las plantas de sus pies. Se detuvo de pies, no se atrevía  a dar un solo paso, pero escuchando mi voz se animo a intentarlo y viendo que se sostenía sin caerse comenzó a caminar si su querida muleta que se había convertido en agua y la corriente se la llevo para que nunca más tuviese que llevarla ya que esta niña era tan bonita y tan buena que siendo la mayor de todos sus hermanos pero muy pequeña; ya que era hija de una luciérnaga y que las estrellas de la noche la confundían con una de ellas.

A veces los sueños se hacen realidad. Estas palabras me lasa dijo una mujer una vez y, no supe entender que era lo que me quería decir con esto.

Un sueño o una realidad de la vida; sea lo que sea te pregunto: ¿te ha gustado mi cuento? Si es a si vota la página del forjador de sueños.

José Rodríguez Gómez

El sevillano.

El señor de los gorriones

Cuento

Hace un día maravilloso: tengo ganas de salir de mi escondite, caminare por las calles y me iré como de costumbre a dar un paseo hasta mi plaza, en la cual es mi lugar favorito donde me encuentro feliz ya que en ella siempre hay muchos niños jugando.

Era tan viejo que casi no podía salir de su escondite. Aquel día de primavera hacia un sol que llenaba de luz y colores las calles y, los jardines estaban repletos de flores. Miles de pajarillos picoteaban la tierra de la plaza. Jugaban al son de las sonrisas que se escuchaban salir de las bocas de aquellos niños y niñas que tan felices estaban sentados en el suelo de la misma.

Se abrió la puerta de los sueños y, casi sin poder moverse salía nuestro señor de los gorriones. Era muy viejo, le costaba trabajo mover sus pies, al caminar sus viejas piernas iban arrastrándose por el suelo, y esto hacía que tardase mucho en llegar desde su casa hasta su plaza favorita como él decía.

Dicha plaza estaba a unas cuatro manzanas desde el lugar de su escondite hasta el otro sitio que acostumbraba a ir cuando el tiempo se lo permitía.

Viendo que el día era maravilloso emprendió la marcha caminando muy despacito para no caerse, ya que sus años no le permitían caminar deprisa y por lo tanto lo hacía muy lentamente.

Llegado a un paso de cebra se dispuso a cruzarlo. Los viandantes no podían verlo y los coches al querer cruzar encontraban delante de ellos un simple bastó de los que levan los ciegos, o mejor dicho los que llevan las personas no videntes.

En el momento que él quería cruzar como hemos dicho, este conductor vio delante de él un simple bastón y para no pillarlo detuvo su automóvil sin saber que era lo que tenía delante de él ya que a la persona que lo llevaba no lograba verla.

No octante se había detenido, sin saber que era lo que estaba cruzando el paso de cebra.

Miraba y miraba, hasta que vio que el bastón llegaba a la acera; entonces fue cuando siguió su marcha.

Extrañado por lo sucedido. Él se lo preguntaba en la soledad de su coche. ¿Quién demonio ha sido el que se ha cruzado conmigo? Bueno, como no lo he visto, mejor no se lo cuento a nadie no vaya ser que me digan que estoy loco.

Hasta llegar a su plaza tardó por lo menos dos días y cuando lo hizo estaba ese día tan maravilloso que os he contado al principio.

Se fue dirigiendo hasta su sillón en el cual siempre se sentaba en el mismo ya que según decía él  que este banco era suyo por que fue él el que lo puso en esta plaza y desde entonces siempre que venía se sentaba con sus gorriones por eso era el lugar preferido por él.

¡Ah; además: es que este banco estaba situado siempre cara al sol, en él daba la luz del sol durante todo el día a y a si le daba el calor que necesitaba para su viejo cuerpo!

Entró en la plaza; acompañado de cientos de pajarillos, los había de todos los colores.

Lentamente como si fuese entrando en la misma una banda de colores y de cantos ya que entre todos los había de diferentes formas y de diferentes colores y su piar eran los más dulces de todos.

Los niños estaba distraídos en sus juegos, ellos no se daban cuenta que era lo que les acompañaría durante el tiempo que estuviesen en la plaza, pero las personas que acompañaban a esto niños sí que se quedaron extrañadas al ver tantos y tantos pájaros revolotear dentro de la misma.

Se fueron dirigiendo al lugar donde estaba su banco.

Esto nadie le hizo caso; una vez llegado al lugar nuestro abuelo se sentó y tomo su asiento como el lugar donde ocurriría nuestro cuento.

Delante de él había unos niños jugando en el suelo; entre ellos hay una niña de pelos dorados, de ojos azules que era para mirarla. Sus labios color de los pétalos de rosas, su cara de plata fina, sus rizos eran ensortijados y su sonrisa era tan maravillosa que solamente verla se la quedó mirando sin poder decir palabra.

La conocía: era su nieta lucía, si era su nieta lucía y, ella no se acordaba de él porque hacía mucho tiempo que no lo veía.

Estaba jugando en el suelo, ella tenía en sus manitas unas galletas, las cuales las estaba troceando y se las echaba a los gorriones y cuando llego él; se juntaron los pajarillos que estaban con ella y los ciento que acompañaban a este abuelo que se había sentado cerca de esta niña.

El acaricio sus cabellos, sin que se diera cuenta le dio un beso en su cabeza plateada. La niña se dio cuenta pero no le dijo nada ya que sin que él lo supiera le había conocido y sonriendo le dio una galleta para que se la echase a los pájaros que el traía.

¡Hola abuelito pepe! ¿Quieres una galleta y se la das a los pajaritos?

La sonrisa de sus labios era tan dulce que no pudo nada más que cogerla y al mismo tiempo le dio otro beso esta vez en sus rosadas mejillas y le dijo.

¿Te acuerdas de mí?

Si abuelito pepe tú jugabas conmigo y eras el mejor abuelito que he tenido siempre. Sabes que yo desde que te fuiste en ese tren que decía mi madre yo siempre he jugado contigo cuando estaba sola en mi habitación.

Se puso de pies la dulce niña y, este su abuelo la tomo en sus brazos; a si estuvieron jugando durante toda el tiempo hasta que se hiso casi de noche. En este momento fue su madre la que comenzó a buscarla y al ver que no daba ella comenzó a gritar.

¡Lucía, Lucía donde estas! ¿No habéis visto a una niña de pelos dorados, de ojos azules que estaba sentada en este lugar de la plaza? Por más que la buscaba no había forma de ayarla y cada segundo que pasaba mucho más gritaba su madre.

Se hincada de rodillas llamando a su querida hija,  miraban para todos los rincones de la plaza sin encontrar a su querida hija.

Cuando todas las personas que estaban en aquel desdichado momento y viendo la desconsolación de esta madre, se acercó un niño y le dijo.

¡Está jugando con su abuelito pepe!

¿Cómo; con su abuelito pepe, si ese abuelo ya no está con notros?

La buscaron por todos los lugares cercanos a la plaza y cuando ya se daba por perdida se vieron volar cientos de pajarillos que estaba sentados en ese banco, cuando tomaron el vuelo solo quedó la niña sonriendo. De sus lindos labios salían sonrisas  que al escucharla parecían cascabeles de colores y campanillas de oro acompañados del maravilloso trinar de los cientos de pajarillos que la acompañaban.

¡Allí esta su niña!

Todos se quedaron mirando a la niña y, viendo que ella estaba sonriente nadie se explicaba el por qué no la podían ver. Estaba sola, se había sentado en el banco y todos se preguntaban cómo ella se ha subido al mismo.

Su madre fue corriendo en su busca y, cuando llego la tomo en sus brazos y llorando le preguntaba.

¿Quién te ha subido al banco, con quién estabas que no te encontraba con lo mucho que yo mirase para todos los lados?

Lucía sonriendo a su querida madre le dijo.

Estaba con mi abuelito pepe. El ha estado jugando conmigo y le hemos echado galletas a sus pajaritos y a los míos también. Me ha dicho que por muy lejos que este de mi, él, siempre está a mi lado y que me quiere mucho.

Su madre al verla tan feliz no se lo podía explicar cómo ha estado aquí si hace muchos años que él tomo ese tren que le llevo tan lejos que por mucho que la quisiera ver nunca lo podría hacer.

Lucía miraba hacia el banco y desde lejos su abuelito le sonreía y, con la mano le decía ves con dios; que yo te querré siempre aunque la distancia sea muy grande yo estaré jugando contigo hasta el día que tú seas mayor y ya no quieras jugar más conmigo.

Volaron los ciento de pajarillos y, desde ese día se cuenta: que nuca jamás vieron tantos y tantos pájaros juntos en un mismo lugar de la tierra.

Lucía, en brazos de su madre miraba para atrás y sonriendo le mandaba besos  a su querido abuelito pepe.

El forjador de sueños

José Rodríguez Gómez

El sevillano.

El reo: te pregunta

¿Tú querías ser madre?

¿Sí o no: en qué quedamos?

¡Entonces eres femenina, te gustan los niños, querías vivir con tu feminismo dentro de una casa dónde tú eras la dueña, la ama de la casa, la esposa de un hombre o más bien ser la que manda, la que hace que te obedezcan y tú ser esa mujer que solamente te vistes por fuera para aparentar lo que no eres en verdad!

No pude ser padre de una niña: pero si he vivido con una niña, esa que quería jugar conmigo, ser ella, la madre, tener en sus brazos a su hijo, esa que era el sol que iluminaba todos los rincones de mi alma; era todo cuanto se podía ver en un pequeño cuerpo que llenaba todo mi ser.

Abuelito: yo soy la mama y tú serás el papa.

¿Qué ha cambiado para que esa mujer, la que nadie conoce se haya vestido de gris, esa que antes vestía de falda con vuelos y ahora lleva pantalones vaqueros y clavos en sus rodillas?

¡A donde está: se ha marchado con una amiga que dice ella que es su pareja!

No lo entiendo: ¿Por qué? Era una hembra… ahora que es…  El macho, el hombre…  ¿Qué ha sido de esa femenina silueta que le decías un piropo y le encantaba saberse admirada por todos los hombres?

¡Y tú eres esa la que querías ser madre!

¿Qué ha pasado… donde están los hombres… no lo sé, solo  te puedo decir que esos que llamamos hombres tampoco están contento con serlos?

Claro: todo cambia y con razón. Si ellas no quieren ser lo que su cuerpo dice ellas;  tan pocos lo desean se saben dominados por ellas y se cambian y buscan a otro hombre que les de la tranquilidad que les diera la mujer dominante; a si cada uno se refugia en la sombra del otro.

¿Hasta aquí  hemos llegado?

¡Detenemos la cadena humana, ya no se nace, yo lo digo en mi lápida; a mí me parieron! No sé si darle las gracias a mi pobre madre o condenarla por haberme traído a este mundo; donde nadie es lo aparenta ser.

Estoy ante el juez que dictará mi sentencia. Sólo ante la plebe que grita y grita sin cesar, cada vez mucho más fuerte que antes. La sala está llena de feministas esas que se dice ser lo que no aparenta su cuerpo. Ya no se puede ver si son ellas o son ellos

¿Entonces para que me quieren condenar si ella ya no son ellos? Menudo lio me estoy haciendo. Yo lo que tengo muy claro: me condenaran por haber cometido un crimen, y era ella la que era buena y, no el hombre que empuña el arma con la cual le quietó la vida a esta buena mujer. Era la mejor de todas, no tenia mancha inmaculada, era toda una mujer y estaba punto de separarse de un hombre; para juntarse con una mujer.

Esta otra mujer le dará mejor vida, la que le daba su hombre; por eso la ha matado; a si nadie pierde nada todo se queda en familia y su cuerpo se refriega con el otro cuerpo del mismo sexo; ya no hay problemas de que se quede embarazada. Viva la Pepa de puerto real.

Para eso me has traído, para qué madre, dime tú eras de esas que también te hubieses gustado ser lo que no eres.

Te pregunto a ti: mujer en la cadena de la vida estamos solos, si, solos y, cada uno ha de estar donde le corresponde: Sí, tú o yo lo cambiamos que tendremos cuándo pase unos años.

No tendrá nietas, nadie te dirá abuela o yaya como más te guste pero no lo tendrás, nadie se dirá que esta o este es mi marido o mi mujer. Es lo mejor, a si, tú por tú camino y yo por el mío y que dios reparta suerte.

Antes de condenarme has de entrar dentro de mi corazón. Te pones por vestido la piel de mi cuerpo. Te metes en mi cerebro buscas un rincón y, vives dentro de mí y cuando hallas vivido lo bastante en mi cuerpo después me dirás si puedes condenarme como lo estás haciendo hoy.

¡Yo soy parte de ti, y no tu parte de mí, es a mí el que deseas condenar y no has mirado que yo he estado dentro de ti durante nueve meses; he vivido de tu sangre, de tu respiración y he hablado contigo cuando tú me decías tantas cosas bonitas y, hoy ya no me reconoces!

¿Tú eres esa hembra, la que yo miraba y requeté miraba sin tener el valor de decirte nada, por miedo a que tú me rechazases… tú?

Creo que la mente de las personas la tendrían que mirar los médicos para ver que nos está pasando, estamos locos, cuerdos, o chiflados.  Algo nos ocurre no puede ser que el mundo lo queramos volver de al revés para que nadie pueda tener un hijo que te diga papá o mejor dicho mamá.

No condenes a nadie si no eres capaz de entrar en su loca cabeza, sin haber bebido de su sangre y si tú eres una de esas madres que tuviste su cuerpo dentro del tuyo, no grites para que lo condenen si no sabes de la misa la mitad

El forjador de sueños

José Rodríguez Gómez

El sevillano.