¿Cómo sera el Camino de Ida?

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¿Te lo has preguntado alguna vez? Yo puedo decirte cómo es. Si aunque no te lo creas, un día estaba yo subido a un tejado y mira por donde al no ver lo suficiente caí desde una altura de unos seis o siete metros al suelo. Di con la cabeza y aun estoy vivo. Por qué no lo sé lo que sí puedo contaros es que bajando yo estaba muerto en verdad, si, muerto, nada del tiempo que paso desde la altura hasta el pavimento de cemento que fue lo que amortiguo el golpe. Si el cemento más duro que yo había visto en mi vida, no lo toméis abromas que si que era cemento. Y si no que se lo pregunten a mi cabeza, que quedó como si fuese una granada, en el lugar donde me golpee contra el suelo. ¿Muerto o vivo? Sigue leyendo

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Del rosa al amarillo

Del rosa al amarillo.

¿Cuánto hace de eso?… ¿Te acuerdas de aquellos años donde todo era de color de las rosas? Y desde entonces hasta el día de hoy ha llovido tano, que las huellas se borraron, los caminos encharcados difuminaron mis sueños y casi no me acuerdo de nada de todo lo ocurrido en mi juventud…

¡Bueno eso de que no me acuerdo… a lo mejor es mentira! Cada vez que me miro al espejo de mi alma, siento miedo, sí, miedo de ver las huellas del tiempo sobre la piel de mi cara. Ver los surcos arados,  ver como la tierra sin sembrar se ha secado por falta de ese amor que riega los campos baldíos y los que se quedaron secos de sueños, y que no se mojaron los labios sedientos del pasado.

Veo cómo ha nevado en mis sienes, los cabellos se tiñeron de plata.

Los años y el viento se han llevado mis cabellos, y casi no puedo peinarme a la raya como era mi costumbre de hacerlo.

¡Los años solo son un numero! Esos dicen las muy graciosas. Sí, estas mujeres; las que me dicen tal cosa; eso dicen las cuales el tiempo se para, y no corre se detiene y su bello cuerpo se adorna mucho más con el paso de los años. Su esbelta figura se hace desear cada día más y más, culpa de esos ojos que al mirarla se sienten traicioneros de querer enamorar a esas diosas. En cambio en el  nuestro es al revés y el tiempo corre velozmente hasta llegar adonde yo me encuentro en estos momentos de mi vida.

Muchas mujeres, te llaman bello… ¿y eso que es para un hombre? Que es ser bellos para esos ojos que te traicionan con solo verte, y te llaman en silencio lo que en verdad eres, sin mentiras, sin tapujos y eso quisiera yo que fuese cierto; pero no es así. La vida pasa y los colores se mezclan al mirarlos una y otra vez.

También los ojos se cansan de mirar, y mira, que  una de las cosas que más nos gusta hacer a los hombres ya entrados en muchos años y más a esta edad nuestra. Es qué al ver pasar una mujer muy bella se nos encandilan los ojos. Esos que están cansados de haber llorado tantas veces, que también se les hicieron surcos y al ver que la luz ya no es la misma, que se nos ha hecho tarde en vez de día y cuando estamos en silencio, nos acordamos de cosas bellas esas cosas que nunca se olvidan.

Voy camino despacio, ya no puedo salir corriendo tras de ellas y ver sus sonrisas en aquellos lindos labios color carmín. Ese color natural que tiene los labios si haberse pintado la primera vez. Que bellos eran y cuanto me acuerdo de aquellos primeros besos que se dieron en ese lugar del cual quiero acordarme, pero me cuesta trabajo saber si era de día o era de noche. ¿Tú sabes los días que han pasado de ese preciso momento?

En aquellos tiempos yo, como tú y como él; nos recordamos de esos maravillosos momentos en los cuales paseábamos por esos lugares donde la luz penetraba bajo la sombra de los robles, de los chopos, o de los almendros en flor y como era el aroma que podías respirar, siendo en primavera y el perfume embriagador del azahar de los naranjo y de los limoneros en flor, estos embriagaban mis sentido. Hoy es primavera y es cierto que los árboles están en flor. Los  pajarillos picotean en el suelo y junto a estos árboles. La sombra de uno de ellos me hace recordar cuanto días te esperaba que tú llegases y que mis ojos  te pudiesen ver corriendo y deseosa de estar cerca de mí. Pero, lo cierto es que no me acuerdo de cuál era su nombre y eso nos quiere decir que yo tuviese muchas novias. Será verdad que los años no pasan en balde y que ya estoy mayor. No quiero decir que soy viejo, es una cosa que me dicen todas las mujeres que leen mis sueños. Que soy muy viejo, y ellas me riñen para que no diga esas cosas, y que no soy viejo, que soy un hombre muy bello. ¿Y eso de bello por qué lo dirán; si cada día, cada segundo de este mundo el ser bello es para esas personas que tienen la gracia para andar y hacer mover su cintura y  al caminar bambolearse cada vez que dan un paso?

Recordando mis vivencias y sin poder dar unos pasos ligeros ya que los años digan lo que digan la gente las cosas  van cambiando y yo cómo el destino también tengo arrugas sobre mi piel, pero también tengo algunas que otras nubes en mi mente; y estas me hacen mucho más daños del que yo quisiera. Pero sé que se me olvidan cosas y a veces digo cosas que ya no existen y otras que no son lo que yo quiero recordar… La vida te da unas cosas y te quita otras. Este banco al cual yo quiero llegar, al menos lo quiero intentar aunque me cueste un poco, pero lo he de lograr. Caminando lento y arrastrando mis pies por el suelo quiero recordar que entonces, en aquellos días de mi juventud; era salir de mi casa y comenzar a correr para llegar antes que ella. A si, si yo llegaba antes, era ella la que me tenía que dar un beso en mis labios. Esta era la apuesta que teníamos entre los dos y claro está. El beso me lo daba cuando se oscurecía la tarde y el sol ya declinaba. Era una de las horas más hermosas que por mucho tiempo que pase no la quiero olvidar. El atardecer en aquella orilla del estanque, cuando el sol se quería esconder, ya que él sabía que todos estábamos esperando este preciso momento y por lo tanto. Como él lo sabía, se hacía esperar, y todos mirando al cielo para ver como se oscurecía la tarde y entraba la noche…

¿Por qué esperábamos que ocurriese en aquellos tiempos; si ese tiempo era nuestro, pero sin saber por qué lo hacíamos días tras días? El estanque se volvía mágico, brillaban las aguas, estas se tornaban de un color oro viejo. Se apagaban los rayos del sol, y se encendías lo grillos y cientos de libélulas de colores encendían sus luces y volando entre nosotros parecía que el cielo era el rincón del amor entre todos los jóvenes que nos encontrábamos en este lugar. Era ver este gran espectáculo, donde las estrellas comenzaban a lucir. Algo tan maravilloso nos envolvía todas las tardes y, entre besos, abrazos y caricias aquel lugar de los sueños nos hacia estremecer de felicidad a cada pareja. Con nuestras querida novia y entre todos unido por el lazo del amor. Cada uno de nosotros, los jóvenes que nos juntábamos en estos lugares, y nos quedábamos mirando como el sol se retiraba lentamente, y cuando se había escondido. Cada pareja daba a su querida novia ese beso que amor que nunca se nos olvidaba; era el momento sublime de la tarde. Esta vez, fue ella quien me dio ese bellísimo beso y para más alegría de mi corazón, fue la primera vez que abrazo mi cuerpo. Entrelazado mis labios con los suyos y sellado con un beso, yo  recuerdo que no nos queríamos separarnos ya que este momento jamás se volvería a suceder.

Entre las sobras de la tarde y de las ramas del sauce nos escondíamos los dos para besábamos. Ella temblando de emoción se acercaba lentamente y otras veces, me lo daba a toda prisa, tanto que a muchas de ellas no me daba tiempo de sentir el sabor de su boca. Quiero recordar y recuerdo, qué cuando hicieron, este banco estaba realizado con azulejos de colores y, en su superficie había una pareja de novios que bailaban al son de las olas del estanque. Era muy bonito, pero el tiempo hace estrago con las cosa, y debido a sus años y a las inclemencias del tiempo todo se deteriora. Si nos pasa a las personas, no digamos a las obras que están a la intemperie, a estas mucho más que a nosotros. Qué cosas pensábamos y las hacíamos. Éramos muy jóvenes y seguramente hoy no lo pensaríamos. Nos daríamos los beso que fueran necesarios pero en aquellos tiempos se respetaba mucho más que hoy en día. Hoy se pueden ver a la juventud vivir la vida de diferente manera, sin miedo  a nada. ¿Qué le importa que estén rodeados de gentes a ellos? Se besan, se abrazan y hacen lo que haga falta; ellos solo se  miran entre si y, cuando sus ojos se dicen te quiero, nada ni nadie les molestan. Lo hacen, se quieren, a si de sencillo es la vida de hoy en día. A las sombras de la tarde, o la luz del sol; es para estos jóvenes las luces del cielo las que iluminan sus bellos ojos; se les nublan la mente y se dan miles de besos para que esconderse si entre ellos se aman, se quieren, y sus besos son suyo y a los demás que los parta un rayo.

Recordando mi pasado, sentado en este banco de piedra, con mi mente embelesada, cogía piedras pequeñas del suelo  y las tiraba al agua. Esta me contestaba diciendo por qué, por qué. Era el sonido del silencio el que me hablaba dentro de mi mente, y solamente yo escuchaba mis lamentos al estar en la soledad de la vida. Cada ola del estanque, al caer mis piedras en el lugar donde caían se formaba hondas y hondas que al llegar a la orilla esta exclamaban mi silencio y me preguntaban mientras yo seguía como si nada hubiese pasado.

No era cierto, sí que pasaban cosas dentro de mi cerebro y, algunas mejores y otras no podría contarlas; ya que algunas veces me daban ganas de acabar con mi vida. Pero esto es solo la lucha de mi interior con la vida que yo llevaba en estos malos momentos.

Hablando sólo, sí, yo hablo muchas veces conmigo mismos, y si esto es estar loco, pues lo estoy, pero es la única forma de limpiar mi cerebro y aclarar mis sueños y mis ideas las que tengo de mí… Tengo que hacerlo muy a menudo ya que si no lo hago entonces sí, sí será cuando mi mente se envuelva en la locura y esto no lo puedo querer para mí mismo. 

Sin escuchar el sonido del chapoteo al caer mis sueños sobre el agua, esos sueños que yo estaba tirando en forma de pequeñas piedras a este lugar sagrado para mí.

Comentando mis recuerdos, ensimismado en mí faena. Había llegado alguien hasta el lugar donde yo estaba sentado, mientras yo me hacía el sordo o mejor dicho el distraído, o tal vez no me daba cuenta de lo que estaba haciendo. Llego una señora: ella, al ver que estaba distraído me preguntó…

¿Me permite que me siente a su lado?… al ver que yo no le contestaba volvió a repetir su sugerencia…

¡Señor: me deja sentarme con usted!

 Esta vez sí que la pude sentir ya que había tirado casi las últimas piedras y al ver donde había caído preste atención a sus palabras.

¡Perdón señora, no le había escuchado! Por favor permítanme tener el honor de ser yo el que la desee que se siente usted a mi lado; cómo no; faltaría yo a mis principios de caballerosidad.

¿Cuánto tiempo me ha estado usted mirando? Le pregunté…

Con una sonrisa en sus labios, muy burlona y a la vez muy seductora me dijo sonriendo.

Hace unos minutos que llegue y le he estado mirando; he guardado el silencio por el respeto que usted se merece al estar hablando con las olas de este precioso estanque. Y al ver que se declaraba dolido por su pasado no he querido interrumpirlo para saber más cosas de usted.

Por favor no me llame de usted, a si me hace aun mayor de lo que ya soy por desgracias.

¿Por qué por desgracias, y es usted todavía muy joven?

Me hace gracia: me vuelven a llamar joven, sabiendo que no es cierto; que ya pasé de todos los colores  de m i vida habidos  y por haber y sólo, me queda este…

¿Y cuál es ese color del que me habla?

¡Claro usted aun no ha llegado, y por eso no lo conoce, cuando llegue ya me lo dirá si es que le gustan esos colores que hemos vividos durante nuestras vidas y cuando se hace oscuro no podemos volver atrás y es cuando el ocaso nos invade por completo! ¿De qué me habla; es cierto que tiene años, pero le queda que dar mucho amor en esta vida que nos queda por vivir?

¿Usted lo cree: cree que puede haber alguien que se enamore de un hombre como yo?

¡Sí, y por qué no!

¿Se enamoraría usted de mí? Esta pregunta quedó unos segundos  en el aire y antes que ella contestase a mi ridícula exposición, ya que ella era mucho más joven que yo… al menos quince años o más; y al ver su cara esta vez sí que el sol dejo que pasasen unos minutos, diría yo casi un hora para que se oscureciese.  Ella no dudo en contestar.

El silencio lo dijo todo, la duda recorría su cerebro antes de contestar a mi simple pregunta. En su cara y en sus ojos se dibujaba una sonrisa muy suave en sus labios, y al mismo tiempo un poco burlona; pero ella contesto diciendo.

¿Que desea que te diga… dígame? Si se tiene por viejo, que espera que una mujer como yo le conteste. ¿Desea que le mienta, o quiere que le diga la verdad?

En mis manos aun me quedaban pregunta y respuestas que nunca llegue a tirar al agua, y al ver a esta preciosa mujer a mi lado no supe qué hacer con estas piedrecitas que no había lanzado al estanque, y las deje caer lentamente para que no se diese cuenta que me había vencido. Pero en mi interior estaban sin contestar y creía firmemente que nunca jamás habría una señora como  esta que se enamorase de un señor tan mayor como yo; el que había cogido por camino de ir vestido de amarillo.

Miro al suelo, pudo ver como yo tiraba cada sueño, cada recuerdo; sin tener nada que decir, yo me daba por vencido y me resistía a tomar el camino equivocado.

La oscuridad se aceleraba, y la respuesta de ella se hiso eterna; pero antes de que los rayos del sol que nos alumbraba se rompiesen en mil pedazos sobre la superficie del lago; ella tomo mis manos y sonriendo me dijo…

¿Quieres hacer conmigo el camino que me queda por recorrer? Esta era la pregunta que ella me hiso a mí. Sí, ya lo sé que soy más joven que tú, pero me gustan los hombres mayores, es mi preferencia que tengan algunos años más que yo; esto os da una elegancia, un trato diferente al resto de los hombres… ¿qué me dices me quieres o deseas que me marche y te deje tirando piedras al estanque, preguntándole sí ella se acuerda de ti; y si la última vez que estuvo contigo ella te quería, o solamente fue un sueños de los muchos que tú tienes…

Eres muy joven para mí… le dije…

¿Tú crees que lo soy, que no soy la mujer que desea estar a tu lado el resto de este sueño el que tú has comenzado a vivir y quieres tirar todo tu sueños a la orilla de este lugar de los sueños de tu mente, o no te atreves a de mostrarme que la vida se vive solo una vez y esta es la nuestra? Qué sabes tú de mi, acabas de conocerme y te ofreces para que yo siga tus pasos…

Tú crees que no te conozco.

Solo llevas hablándome una hora mal contada y me dices que me conoces… que sabes de mí, dime.

Durante días, semanas y meses te he seguido,  he estado viendo como destruyes tus sueños y toda tu vida y te resignas a seguir estando solo; cuando tú sabes que nada de lo que pasó volverá a ser igual que antes. Has de vivir de nuevo, el camino que te queda, sé que no es muy largo; pero seguramente será el mejor que hayas vivido en toda tu vida si lo haces a mi lado. ¡Anda: vámonos y comencemos de nuevo, yo seré la muleta de tus piernas, la luz que te ayude a caminar en la oscuridad y cuando salga el sol estaremos muy lejos de aquí! ¡No ves que todo esto te hace sufrir, que nada de lo mucho que te hicieron se puede volver a repetir y todo eso es y será para ti la huella del pasado; la que tú la has de dejar atrás y comenzar de nuevo un camino. Este será más lento sí, es cierto que lo será, pero te puedo asegurar que yo te cuidare y te daré los besos que te faltaron en tu vida, los  abrazos que nadie te dio con el cariño que yo te los di, y cuando tengas mi cuerpo entre tus brazos te darás cuenta que mi piel sigue siendo suave y tersa, cálida y dulce y mis labios, aquellos que te besaban cuando se marchaba el sol; han vuelto para quedarse contigo.

¿Que sabes tú de aquellos besos a los que tú te refieres? Han pasado muchos años desde entonces y quien eres tú para saber de aquellos inolvidables besos que para mí son la única cosa que ha quedado dentro de mi mente y son el fuego que sigue ardiendo dentro de mi corazón…

Cogiéndola pos los brazos le hacía esta pregunta una y otra vez para que ella le contestase…

El sol declinaba, los ojos de ella sé nublaron con unas lagrimas de plata; él al verla llorar se quedo dolido por su comportamiento, pero algo le decía que había cosas muy extrañas en ella y, no lograba ver qué era lo que hacia esta preciosa mujer en este lugar a la que él no recordaba y no sabía el por qué de este empeño de desear que fuese su compañero.

Esta mujer la que estaba hablando con él y que nunca logro adivinar quién era. Ella si qué sabía de él toda su vida y en cambio él no sabía nada de esta extraña mujer que estaba conversando con él a la orilla del estanque…

Se acercó con temor que le despreciase por su comportamiento al dudar de su buena fe y de que sus palabras eran la verdad de todo, su cariño  hacia este pobre hombre que había perdido el camino y se encontraba sólo, en medio de un mar dudas, y sin saber que hacer estaba al borde de la locura y antes que hiciese algo que se arrepentiría toda su vida. Ella salió en su busca y decidió acercarse a él mientras se perdían las luces de la noche entre sollozos y suspirando que se decidiera seguir a su lado el resto de sus vidas…

¿Quién eres… dime, cuéntame cómo me has encontrado si tú no sabías que yo estaba tirando mis sueños al estanque dorado?

Detuvo sus pasos. Los dos cogidos del brazo caminaban si destino.  Este se escribiría desde este momento y era un camino nuevo y se lo quedo mirando, agarros su manos se las acerco a sus mejillas, al ver esos ojos que chispeaban luces de mil colore la recordó… ¿Tú… has vuelto por mí? No daba crédito a lo que veían sus doloridos ojos. Era ella, la que corría cada día para encontrarse nuevamente con él. Habían pasado tantos años que su mente no la reconoció,  al verla de nuevo miró sus ojos, estos seguían siendo los mismos, y su sonrisa sí que había cambiado mucho, pero el brillo de sus ojos y la sonrisa de su boca le recordó el último beso que se dieron aquel precioso día cuando el sol oscureció en el lago y, ese fue el último que se dieron. Al cabo de tantos años nuevamente estaban juntos. No hubo preguntas, deseaba recordarla tal como era. Aquella tarde del sol cuando sus labios se besaron y ahora estaban de nuevo juntos y este sí que sería el último tramo por recorrer de sus vidas.

¿Qué fue de tu vida… te casaste… tuviste hijos? hiso se el silencio.  No le contestó a su preguntas, cogida de su brazo siguió caminando, y al ver que no le hacía más preguntas; detuvo su caminar, le dio un beso en sus labios y le dijo suavemente… Sigue caminando que todo lo que paso se lo llevaron los sueños de tu mente. ¡Desde ahora yo soy tuya para el resto de tu vida mi viejo forjador de sueños… te quiero, te quise y te querré siempre!…

El forjador de sueños

José Rodríguez Gómez

El sevillano.

¿Cual es el color de tus ojos?

¿Cuál es el color de tus ojos?

¿Quién ha mirado el color de los ojos de su amada, de su amado, de la persona que quiere con todo su corazón?

Nadie, si, nadie ha mirado el color y lo que nos dicen esos ojos si lo miramos como hay que hacerlos.

Si vamos a un oculista, este nos dice; siéntese y ponga la barbilla sobre esta hendidura y pegue su frente para poder examinar sus ojos y no se mueva por favor. Esto es lo que nos pasa cuando vamos al médico para que nos cure el daño que podamos tener en nuestros ojos.

¡Pero no es eso lo que yo les quiero mostrar, no, no es así!

¡Yo quiero mirarte a ti, si, a ti; y solamente a ti porque eres la mujer que yo quiero, y quiero saber qué es lo que me dicen tus ojos!

En silencio nos miramos, y sin dejar de mirar esos ojos me dicen tantas cosas que no sé qué puedo decirte si no lo has hecho.

Son tan bellos que no es solo el color lo que puedo ver en verdad, ya que creo que entre todos los humanos nadie se ha fijado en el maravilloso espectáculo que nos muestra esa mirada de amor y esos secretos que nos guardan sin que pudiese saberlo.

Dos lagos de agua clara, sin olas, sin marejadas, sin tempestades, y sí, una calma que me sobre coge, y me deja sin aliento conforme me voy adentrando en tu maravillosa  belleza.

Veo la luz que se refleja de mi ojos, te puedo ver cómo te ríes de mí; son espejos que se multiplican por diez,  por cien, por muchos más, es algo que nunca pensé que me dirían tantas cosa de ti. Puedo ver tu mente, sí, es cierto que te puedo leer tus pensamientos mientras te  busco por todos los rincones y grito tu nombre pero tú no me respondes.

¿Por qué lo haces, no ves que estoy tan enamorado de ti, y tú lo ocultas en estos recovecos que tienes dentro de este mundo de colores y, de destellos que producen cada vez que tú me miras, te sonríes de mi al verme esclavo de tu ser?

Me envuelves y desde este momento soy esclavo de tu amor, de tu cuerpo y sobre todo de tus ojos que son la cárcel de mi condena. ¡Me preguntas por las rejas!

No sabes cuales son mis rejas, las que tú tienes en esos ojos, mis rejas son de acero y encima están rizadas y tiene un color negro, sí, negro como la noche; cuándo tú cierras tus ojos y yo en el e silencio de la noche velo por ti, y cada segundo de mi vida yo solo te pido que me perdones por haberme metido dentro de ti en esta cárcel del sueño. Mis rejas son tus pestañas esas que no me dejan salir y creo yo que tampoco quiero hacerlo.

Reflejos incomprensibles, destellos y toboganes del sueños, caminos por senderos cubiertos de floras, pájaro de colores, cantos de fuentes silenciosas y aguas claras por toda cascadas de tus sueños, nada ni nadie ha visto tus ojos y soy yo el que no quiero salir; me siento tan dichoso, qué esto es el cielo, yo te pido que nunca me saques de este torbellino de amores que me dicen tu mirada y, el color de ellos no me importa el que sea, solo deseo ser para ti esa luz que iluminas con tu mirada el camino hacia ti.

Me dicen tus ojos, que estás enamorada de mí, y por mucho que lo niegues no lo puedo creer. Sé que me amas, sé que me quieres y todo tus secretos están dentro de tu mirada, dentro de estos ojos verdes que son la belleza más hermosa de este mundo y quiero ser para ti, sí, para ti cada segundo de mi vida y no me saques que me haces llorar; quiero estar  dentro de esta cárcel de cristal para el resto de mis días.  

Mírame sin parpadear para poder ver la profundidad de tus bellos ojos.

Me miraste y, sin hacer un movimiento quedé mirando la luz que desprenden tus ojos.

Para todas las personas tengan el color que tengan sus bellísimos ojos.

El forjador de sueños

José Rodríguez Gómez

 El sevillano.

¿Te ha gustado?

¿Te atreves?

¿Te atreves?

¡Sí, te lo digo a ti y a ti también!

¿Cuántas habéis, miles, cientos de miles o tal vez millones?

Ya lo sé que habéis muchas y mejores que yo, también lo sé; pero quisiera veros, escucharos y miraros a los ojos cuando estáis soñando.

¡Quiero encontrarme con vosotras, sí, quisiera saber el por qué no decís lo que pensáis en voz alta, y qué los que escuchemos, también soñemos con teneros cerca de cada uno de nosotros!

¡Quiero llorar contigo, sentir tus lágrimas caer por mis mejillas y sentir el latido de tu corazón al compás del mío!

¿Por qué no, dime, por qué no lo hacemos los dos juntos y a si nadie se quedará en silencio?

Tus labios y mis labios sellados en el silencio de la noche, la luna reflejada en tu cuerpo y el destello de mis ojos cegados por dos luceros negros.

Déjame ser el bálsamo de tu piel. Quiero ser alguien para ti y escuchar tus lamentos, sí, yo sé que los tienes igual que yo,  y sé que son mucho más dulces que los míos. Te callas y, te quedas en silencio mientras yo camino a ciegas por el sendero que me marcan tus pensamientos.

Escucharé de ti el ruido de tu corriente, el caudal de tu sonrisa y el torbellino de tu silencio. Quiero hablar al mismos tiempo que tu, quiero escuchar el ruido de nuestros labios al besarse, sentir el sabor de tu boca y tocar cada escama de tu piel, y ver como se hace de noche entre tus sabanas de sedas.

¿En tu silencio, escribes, bajo la luz de una vela, el pliego sobre tu mesa y la ventana abierta? Dejas correr el viento que acaricia tu silueta desnuda ante la noche despierta, le escribes a tu poeta, a tu flamante enamorado o tal vez a mis recuerdos. Te acuerdas  de  aquella noche cando nos cubrieron las tinieblas, tu temblabas de deseo y mi mente enloquecida acariciaba todo tus encantos; mientras tu boca me besaba y yo no te encontraba, eras tú la que llamabas a mi puerta entre abierta.

¡No estaba yo esa noche, fuiste tú la que me buscabas y en cambio yo perdido entre mis lamentos lloraba desconsoladamente sin estar contigo y en tu boca,  en mis sueños, tú me besabas, y me tenías entre tus labios y los míos mi puerta la que siempre te esperaba entre abierta!

 Subido a la grupa de mi caballo, sin atalajes, sin montura, a pelo y cogido a la crin de  tus cabellos volábamos sin rumbo perdidos en la noche de tus sueños. Tú me llevabas y cogido a tu cintura besabas mis labios de aceros;  navajas de plata blanca como rosas en mi pecho.

Sobre olas de la mar en montañas del invierno, por el monte corren peces y por al mar liebres de aceros.

Paso cada noche por tu puerta, miro a tu ventana y siempre la tienes abierta para que pueda subir trepando por las enredaderas que sembradas de zarzas blancas con púas  como tijeras.

Son las tres de la mañana, mi niña, está despierta, escribe para los duendes que caminan  por su puerta. En Sevilla bajo la luz de la luna se abren cortinas muertas. Los luceros por la noche te vigilan a des horas las cortina de tu ventana se levanta cuando mi cuerpo traspasa el marco de tu ventana, tú sigues soñando, y sabiendo que estoy muy cerca.

Camino descalzo, mis pies heridos de tanto caminar por los senderos oscuros que tú me pones para que yo te busque en caminitos de piedras.

Vestida de seda blanca, coronas hechas de piedras, y de collares de perlas, conchas de la mar tienes puestas en tu cintura como cordel de espuma blanca cosidas con azucenas. Acariciaba tu cuerpo mientras tú escribías sobre papel de raso blanco arrugado por tus penas.

Sabes que estoy contigo, abres tus lindas piernas y deja que yo recorra con mis manos temblorosas estas dulces primaveras.

El forjador de sueños. José Rodríguez Gómez. El sevillano.

el pianista

El pianista

Primera parte

En un aeropuerto de un lugar lejano: Se escucha la voz de la azafata por la megafonía dirigiéndose  a los pasajeros con destino a Nueva york. Señoras y señores: su vuelo está preparado para partir rumbo a la gran ciudad de Nueva york.

Por favor: señores pasajeros vayan se acercando a la sala de espera. En breves momentos se les dará la entrada a su vuelo, su avión está situado en la pista numero uno. Gracias: por favor lleven sus billetes y sus equipajes preparados para tomar dicho vuelo. Dichas estas palabras los pasajeros se dirigen al lugar señalado y entre ellos hay un joven que es la primera vez que se sube a un avión y también es primer vuelo. Los nervios se les pueden ver por todo su cuerpo, suda, se le caen las cosa y no sabe como embarcar y como embarcar su equipaje;  vamos que no se le olvidará este primer salto a lo desconocido. Entre todos los pasajeros hay uno en especial. Es un joven que viaja por primera vez, y este es su vuelo especial del cual nos narrará su historia. Nos contará atreves de sus aventuras que yo les iré contando según transcurra su vida en esta gran ciudad de su intrépida aventura y desventuras que le conllevarán en esta salida de su querido pueblo. Este está situado en un lugar remoto donde nadie sabe por qué se marcha, ni por qué su deseo de huir de su humilde cuidad.

Es un joven apuesto, elegante, un poco tímido si se le puede llamar a sí, ya que él nunca se ha dado de salirse de la vida cotidiana, la cual transcurre  en sus estudios de la universidad y el de música; que es lo que más desea se triunfar en sus estudios de piano. En la clase de piano en el cual se destaca él, de entre todos sus compañeros de conservatorio.

Noches y días estudiando, machacando cada hora de su tiempo libre. No tiene preferencia por nada. Él tiene sus amigos de las escuelas pero es un joven que se queda encerrado para aprovechar el tiempo ya que en su mente solo le ronda una gran idea, salir a ver el mundo y demostrar que tiene que ser el número uno en todo. En  los estudios tiene unja media de nueve a diez en casi en todos menos en la música que sale sobresaliente cada vez que tiene que hacer un examen, su locura es la música y en sus estudios académicos, y su preferido principal;  su viejo piano el de la teclas amarillas, él lo ama tanto que no puede pasar un solo día sin que le dedique todas las horas que le deje sus otra actividades y nada de lo que sale del alma de este viejo piano, ya carcomido por el tiempo y casi destruido por los años pero este piano está en su casa desde tiempos inmemoriales.

Cuando era un niño, su madre le cantaba canciones y con ellas él se quedaba dormido sobre la tapa de estén viejo mueble, bueno llamémosle a sí, pero en verdad es que siendo tan viejo y teniendo tantos años le queda lo principal, su extraordinario sonido y que jamás se ha ten nido que afinar ya que sus cuerdas parece que tienen alma y se mantienen  tersas y tensadas al tiempo y a los años.

Dos o tres años tenía como máximo nuestro joven. Siendo un niño su madre lo subía sobre la tapa de este viejo mueble; como le llamaban cariñosamente a este instrumento musical, su piano. Barnizado de un color caoba, sus patas retorneadas la cual estaban tan pulida y tan limpias que el al principio las miraba y temías de que se rompiesen algún día por temor de los años que ya tenía su cuerpo y su estructura; pero cuando comenzaba a cantarle a su niño como le llamaba su querida madre. El sonido de este viejo piano se transformaba en un armonioso instrumento que parecía que bajasen los ángeles a dormir a este pequeño e inteligente niño, mientras ella le susurraba las canciones a él se le iban cerrando sus ojos hasta quedar dormido sobre su lugar preferido y así, cada noche, su madre le hacía lo mismo para poder acostarlo. Era una costumbre o tal vez era que su mente desde muy pequeño le gustaba tanto que solo de esa manera ella no tenia que cantarle una canción de cuna, ella le interpretaba música clásica de los más grandes compositores de la época.

Han pasado los años, y nuestro joven desea cumplir sus sueños, decide  marcharse sin decirle a nadie adonde va, ni si piensa volver algún día; se marcha, se desase de todas las cosas que tiene en su casa, solo se lleva una poca de ropa y sus  queridas partituras de música.

El mundo le espera, sabe que ha de triunfar y nada de lo que le pueda pasar le diese miedo, y a nada le teme. En su mente está el mayor triunfo de la historia, y él se ve sobre los más grandes escenarios siendo el numero uno.

¡Qué pensamientos tiene este joven en su cerebro, que es lo que le espera cuando cruce el portal de su casa; cree que todo es tan fácil como la vida en su hogar, que todo le será según sus pensamientos!

El recuerdo de los sonidos de su viejo teclado es lo que él lleva mientras circunda el espacio hasta el infinito. Cruzando nubes de colores y viendo salir el sol por el lado opuesto de donde él se hallaba en aquellos años de su eterna y bella juventud.

Ni siquiera ha preguntado la duración del vuelo, se ha subido y ya está. Sentado en su asiento cuando una de las azafatas le pregunta. ¿Desea usted tomar alguna cosa? Los nervios de verse subido al avión le tienen su mente bloqueada, y ni se entera de lo que le ha preguntado la señorita.

Ella al darse cuenta de que es la primera vez que se ha montado en un avión, le dice.

Tómese alguna cosa, le tranquilizará y se encontrará mejor; el viaje es muy largo y tiene tiempo de dormir de leer y de cansarse del mismo, a si que te voy atraer un zum o para que se te refresque la garganta y ya verás que bien te encuentras a partir de ahora.

La joven azafata le mira, y al ver lo guapo y elegante que es se lo ha quedado mirando y en su interior se pregunta. ¿Por qué te va, yo te pago los viajes que tú quieras, pero quédate  a mi lado para yo tener a un hombre tan bello como tú y, encima lo he de tener durante horas y horas y cada vez que pase por su lado me lo he de quedar mirando hasta que lo tenga enamorado por mis huesos? Bien comienza esta historia, la de este caballerete; se ha decidido marchar nada más ni menos que a la gran manzana, nueva york.

Durante muchas horas se ha pasado en vuelo hasta llegar al aeropuerto de la gran ciudad. El avión toma tierra y la azafata le pregunta.

¿Conoces nueva york, sabes Ingles?

Y este le contesta.

 Conocerla no, de Ingles un poco.

 ¿Tú crees que te defenderás en esta macro ciudad?…

 ¡Espero que sí!

Bien: que tengas suerte, y que te vaya todo como tú lo has imaginado.

 Gracias eso; espero.

Sale del avión, y se dirigen por los largos pasillos del aeropuerto hasta llegar a la salida y, al darse de cara con la pura realidad se encuentra desorientado, sin saber adónde ir ni adónde está.

¡Esto es demasiado grande y, yo vengo de un pueblo que conozco a casi todas las personas que viven en ella! ¿Y aquí a quien pregunto y a quién conozco? Estas son las primeras preguntas de su descentradamente y desconcertado sale a la gran calle. Nada más pisar la acera se tropieza con una chica joven, morena por no llamarla negra que en verdad no lo es, ya que su color no es negro, sino un poco tostado pero eso si muy bella por cierto, sus pelos son ensortijados como si fuesen rosquillas entre enlazadas entre sí. Esta joven paseaba subida sobre un patinete y es la primera persona que encuentra al llegar de su intrépida salida de su querido pueblo.

Chocan entre los dos;  él se cae al suelo ella también se ha dado un bue porrazo y, se queda tendida sobre el asfalto; él se ha quedado un poco aturdido, pero al verla se levanta como puede y se dirige a ella que está tendida y he inconsciente.

Da unos pasos tambaleándose mientras otras personas les atienden a ambos.

Unos agentes se le acercan para ver si se han producido daños, pero al verlos que se han levantados y no tienen heridas de ninguna clase se dan la media vuelta y que es espabilen cada uno.

Se acerca a ella, le da la mano y le pide perdón…

Esta al verlo se enfada con él.

Where were you looking … ella le quiere decir en español. …adonde miras.

Él se la queda mirando, y le pregunta… ¿Qué dices, no la ha entendido y él se decía que sabía Ingles?

Ella vuelve a preguntarle, y le hace la misma pregunta. Where were you looking …  adonde miras.

Se rasca sus cabellos, y se dice a él mismo.

Menudo lio me he montado y yo creí que sabía hablar este idioma y esta señorita me está montando un lio que no me aclaro ni media.

Una vez cerca de ella, se la queda mirando, y él le dice: por favor;  hábleme despacio haber si a si nos entendemos Please speak slowly to me if we understand each other. Estas palabras se las dice en él ingles que él sabe y del que ha aprendido en las clases.

El forjador de sueños

José Rodríguez Gómez

El sevillano

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¿Ángeles o demonios?

¿Ángeles o demonios?

Principio del formulario

¿Qué eres en verdad… dime? Tú sabes que te amo hasta la saciedad de mi cuerpo, te quiero tanto que mi mente está envuelta en la locura.

Cada segundo de mi vida te he suplicado que estés a mi lado,  que me entregues todos tus encantos, y que yo pueda tenerte siempre conmigo sin que estés un solo segundo lejos de mí.

¿Sabes que en sueños contigo, que grito tu nombre; en mis sueños yo te pido que vuelvas,  quiero que seas la mujer de mi vida; pero que es lo que tengo de ti… no te puedo amar? Nunca estás a mi lado. Te marchas… y cuando estoy dormido apareces para que yo te pueda tener cada noche, cada noche que tú quieres claro está. Entre las sombras de la oscuridad te metes en mi cama. ¡Gracias: te dije anoche! Al estar cerca de mí, y en silencio te reías al ver que en mis requiebros te mencionaba, te besaba, gritaba tu nombre, hacía como te estaba acariciando y  de mi boca salía una saliva especial que se quedaba pegada en mis labios, y con la manos me la quietaba sin poder hacerlo… no atinaba encontrar mis labios resecos de tu boca y tú siempre en la distancia.

¿Cómo fue?… Quiero recordarlo pero me es imposible hacerlo. Te ame, acaricie todo tu cuerpo; estaba lleno de escamas plateadas, y resbalaban mis manos sobre tu piel.

Vi tu cara, mis ojos quedaron cegados al resplandor que producían tus ojos los cuales hipnotizaban los míos. Reías, hacías el amor conmigo y te estabas riendo, tu boca quería hablarme pero en el silencio de la noche solo se podía escuchar el chapoteo de tus encantos cuando dentro de ti estaba todo mí cuerpo.

¡Te amo, te quiero, tú lo sabes; vienes a mi cuando yo te llamo a voces, te grito y cuando llegas solamente deseas que hagamos el amor hasta romper los moldes de mi mente y cada vez que te tengo entre mis brazos me siento como si fuese un niño que camina descalzo y que las piedras del camino rompen la piel de mi cuerpo!

Una y mil veces hacemos el amor, ese amor que tú medas cada vez que lo deseas y… has pensado en mi, piensas que yo tal vez desee mucho más de lo que tú guardas para mí.

En la oscuridad de mi alcoba veo tu figura, eres perfecta, no tienes arugas en tu maravillosa piel;  brillas por sí sola. Cuando estás delante de mí te puedo ver entre la sombra de la noche, puedo sentir tu respiración. Siento el olor del perfume que llevas, y la brisa de la noche levanta las cortinas de la ventana. Entre los cristales pasan los rayos de tus ojos y, en la cual tú ves las estrellas  que cubren el cielo. He recorrido todos los poros de tu cuerpo, he besado con mis labios cada rincón de tu alma. Gracias por lo que me has amado por una vez… ¿Qué puedo darte a cambio de esta noche tan maravillosa?

Se escucho un murmullo en el silencio, sonó una voz metálica, parecía de otro mundo y mirando la luz de sus ojos  me segaba los míos y sin ver, ni sentir el viento que arreciaba en aquellos  maravillosos momentos de mi vida.

Escuche silencio… Nada me dijo. Todo cuanto me has pedido durante toda tu vida te lo he dado esta noche… hoy soy toda tuya, y a partir de ahora tú serás mío.

Enredé mis dedos entre sus cabellos rizados,  los cuales se hacía tirabuzones de lo ensortijados que eran; parecían de acero y cuando quise atraerla hacia mi cuerpo mis manos se hirieron y de ellas salían brotes de sangre ardiendo.

¡No temas… me dijo, tus heridas no son nada comparado a mi amor por ti!

Beso mis manos, bebió mi sangre; era tal el deseo de seguir teniéndola que no hice caso de mis heridas. Abrace nuevamente  su cuerpo, hicimos el amor hasta que los primeros rayos de sol cruzaron los cristales de mi vieja ventana.

¿Dormido después de una noche como esta… no lo sé?

Acaricie la almohada, busque su cuerpo, no encontré nada… todo se había disuelto y solamente encontré sobre las sabanas de sedas… cenizas y huesos.

Revolcado durante horas, enredados entra las sabanas, sin ver nada… nada más que la luz de sus ojos. El brillo era tal que nada veía lejos de su cuerpo, todo eran sombras y ciego me hallaba tumbado sobre mi vieja cama, era todo cuanto podía ver. ¡Era tan bella, tan hermosa, tan perfecta que la ame tanto que fue mi locura y cuando desperté… se fue mi mente y quedé enredado entre el fango y las cenizas de su cuerpo!

¿Qué eras…dímelo? Ángel… o demonio.

El forjador de sueños

José Rodríguez Gómez  El sevillano

los hombres también lloran

He mirado a tus ojos y me han visto llorando… no temas, no siento miedo al verte sonreír, sí ya lo sé que pensabas que ningún hombre lloraba… pero estas equivocada, somos una parte de ti; no la más importante y tú lo sabes mejor que yo. Eres el árbol de la vida, en cambio yo solo soy una simple vareta. ¿Sabes que es una vareta?… es la parte menos valiosa de todo tu cuerpo.  

¿Dios hizo la tierra… hizo a la mujer de unja costilla del hombre?… ¡Todo es mentira ya que tú eres el árbol de la vida y yo como hombre solamente soy una pequeña parte de ti, un brote que sale de tu precioso cuerpo y no valgo nada… sí, es cierto, no valgo nada sin ti!

En ti se pueden hacer tantas cosas que ni tú misma te lo puedes creer… arar tu cuerpo, sembrar la tierra de tu piel,  y de ti salimos estos simples hombres, los cuales, nos creemos que somo los más importantes de esta tierra… Falso,  todo mentira… si, ves todo cuanto te quiero decir…Yo no fui el primero en ser parido en este mundo, no, no lo fui; fuiste tú; tú eres el tronco de la vida, de ti salimos y cunado salimos… vine a esta vida siendo lo que no tu quieres de mi. Yo solo no puedo crear nada… Tú en cambio si que puedes ya que al nacer eras el árbol al completo mientras yo solo soy una vareta. Sí, la vareta son los tallos que salen del tronco de un árbol y no los puedes sembrar… no valemos, solo somos unas ramas que ni nuestra propia madre quiere; tú te mira al espejo y ve que todo su cuerpo es maravillosos mientras que yo me miro, y que es lo que puedo ver; sin ti…nada, nada soy y por eso lloro al ver que durante tantos años éramos los hombres fuertes y hoy al verme en este estado siento vergüenza de mi; no soy lo que tu esperabas… Lo siento. pero déjame que te mire, que te bese y si en ese momento me ves llorar, no me riñas que solo soy un niño que camina descalzo por estos caminos de mis sueños. Gracias mamá por quererme tanto…

El forjador de sueños

José Rodríguez Gómez

El sevillano.

la careta

¡No puedo, no quiero tapar mi cara! ¡deja que te mire… aunque todos se rían de mi, déjame llorar, quiero morir siendo un cobarde y un mal amante… pero deja que te mire con la luz de mis ojos.

Dices que se ríen de mi… quien… todos. ¿te molesta, si es a si para que me tienes a tu lado?  ¡Tú sabes que no soy capaz de esconder mis ojos y cada segundo que te tengo en mis brazos es una locura para mi; te quiero tanto que me estás volviendo loco, y me pides que me esconda… ¿de que me he de esconder…¿te avergüenzas de mi  te has dado cuenta de lo mucho que yo te quiero. ¡que dicen… que digan lo que quieran! Eres de cristal, te trasparentas y no quiero que nadie sepa lo nuestro. Cuando te miré la primera vez vi en ti a la mujer que siempre había deseado. nunca pensé que para amarte tuviese que esconderme, si lo llego a saber me visto de mascara y tal vez a si nadie lo hubiese sabido; pero… lo siento por ti; soy tal como me ves… de cristal, sí, es cierto que lo soy pero no tengo que esconderme de nadie y tú lo sabías como era. Encontraron en mis escondites una foto tuya, me preguntaron… quier era… y yo le dije… es la mujer que amo… esa cara de cristal… lloró al decir la verdad. Ahora tú me pides que mienta… no sé mentir, lo siento por ti. ¿Quizás tú en tu casa dices que me amas?… o te escondes para que nadie lo sepa, en cambio yo no se como hacerlo. Cuando un hombre se enamora de una mujer la ha de amar aunque le cueste la vida. y si te doy vergüenza déjame, y veste con otro, tal ves ese otro te de mucho más de lo que yo soy capaz de darte.

El forjador de sueños

José Rodríguez Gómez

El sevillano

La sombra de ti

Sentir como suena tu voz, tener junto ami el sudor de tu piel y resbalar mis manos por las escamas blancas de tu cuerpo. Ver en la profundidad de tus ojos el fondo de mi alma, y tenerte cerca; no poder tocarte. ¿Estoy muerto… o tal vez sea que el viento me aleja de ti? Quiero ser una hoja que le arrastra el viento; me levas a ese rincón donde se pudre mi alma, no ves que ya no tengo la vida sobre mis entrañas y dejo cerrado mis ojos para que no pueda verte. Llévame contigo, quiero vivir sobre el silencio de tu voz. Ser una parte de tu alma, déjame soñar contigo, soy para ti la sombra de tu pasado, el presente no me importa; deja que cure tus heridas y después de mi… que más da quien este entre tus brazos,. cada poso que das; detrás de ti camino, en silencio, te sigo a todas parte, y tú, ni me mieras para ver si te voy siguiendo… que te importan mis sentimientos si tú sabes que me estoy muriendo por ti y, te ríes al verme llorar como si yo fuera un perro.

El forjador de sueños

José Rodríguez Gómez

El sevillano

Vanesa

Vanesa

¡Déjame ser tu amante!

Quiero ser tu amante, sí, no temas yo no quiero hacerte daño, solamente quiero amarte en las sombras de tu vida. Seré la funda de tu almohada, la estera de tus pies, él que escucha tus deseos cuando tu mente está soñando y sin que tú lo sepas, yo seré el que te seque las lágrimas de tus ojos.

Seré parte de ti, ese hombre que te escribe poesías y sin que nadie se entere yo estaré tras de ti y cuando estés haciendo el amor; yo te mirare lo dichosas que eres, secaré el sudor de tus senos, acariciaré tu piel poro a poro, y cuando ya hayas dejado de jadear; esteré sobre ti sin que nadie lo sepa.

Tu marido dormirá y en ese momento, yo sobre una estrella errante te llevaré a los confines del cielo, y allí te daré una casa llena de besos; y si que tú digas nada yo estaré escondido entre las sombras de tus pestañas mirando como duermes después de hacer el amor.

Te amaré en la distancia, la lejanía no impedirá que yo te pueda amar; entonces te diré con un suave murmullo lo que te llego a querer, y cuando mis labios se abran con caricias en tus oídos sentirás las palabras que nadie te dice. Ese será nuestro secreto, sin que tu marido se entere yo te llevare flores en primavera y cuando nadie nos vea te besaré en tu labios. En silencio lloraré mis penas de un amor, sé que se evapora con el viento y me hallarás en la orilla de un riachuelo, y sentado a la sombra de un árbol desojando una margarita pétalo a pétalo y en mi silencio  iré diciendo; me quiere, no me quieres, sin que tú lo sepas yo soñaré contigo, y en la oscuridad de la noche te amare tanto que nadie en este mundo lo pueda hacer igual que yo.

Déjame ser tu amante, no me importa que tú no me quieras; yo, con estar cerca de ti y escuchar el cascabel de tus sonrisas ya tengo bastante. Soy muy viejo y solamente me quedan mis sueños por eso te pido que me dejes soñar por última vez.

Sí, ya  lo sé que es muy triste, lo sé llegar aviejo pero solamente al escuchar tus sonrisas; me he enamorado de ti, que le puedo hacer si ya mi mente está chocheando, y ni la verdad me parece mentira; qué quieres que yo le haga, pero si te veo pasar por mi lado mi mente se me disloca y se vuelve joven aunque solamente sean en mis sueños.

Deja que te acaricie, que roce mis manos sobre todo tu cuerpo cuando te cubre el silencio. Tú sabes, que todo cuanto te digo… es un sueño, y que nadie podrá escucharlo. Cada vez que tú estés sobre tus sabanas has de mirar a tu alrededor; sentirá mis suspiros y mis labios te estarán besando entre tú, tu marido y en medio de los dos estere yo. No temas que no molestaré, pero que lo sepas que no me importa, ya que sabiendo yo que tú no le dirá a nadie que somos amantes; solamente el viento y la brisa de tu boca sabrá lo mucho que te estoy queriendo. Déjame ser tu amante que me muero por tus besos.

El forjador de sueños

José Rodríguez Gómez

El sevillano.

“Pepi y Pepe”

Cuento

¿Cómo comenzar un cuento?

Antes de escribir un cuento he de poner el titulo del mismo, es mi manera de dar comienzo a una historia y tras haberlo titulado comienzo a desarrollarlo según lo he llamado y en este caso se trata de dos niños que se conocen en la escuela, o mejor dicho, en  una guardería.

Pepe es un niño de clase pobre. Su madre lo lleva a esta guardería desde muy pequeñito. Ella ha de trabajar para ayudar en la casa y, para eso necesita que alguien lo cuide mientras ella trabaja. Su trabajo es limpiando casas y alguna escuela. Mientras él se queda al cuidado de las señoritas que cuidan de estos niños que como a él lo llevan a estos sitios. Para que ella pueda ganarse la vida lo levanta muy temprano, envuelto en su abrigo y en una pequeña manta lo envuelve para que no coja frío y a si de tapadito lo lleva caminando desde su casa hasta esta guardería.

Pepe es un niño un poco solitario, no es que no sea amigo de los demás niños que acuden a esto sitios; no, no es así, pero sí que es algo especial. Mientras los demás juegan él se queda retraído en su pupitre, hace garabatos en la libreta, juega con una rueda de un pequeño coche y solamente con eso él se monta su mundo y de esa manera tan peculiar y, a si se pasa las horas de clase mientras llega su querida madre para que se lo lleve a su casa y, las señoritas que lo cuidan ya le conocen y no temen por nada que pueda hacer.

Uno de esos días de comienzo de clases, se presenta una señora que trae a su hija para que comience el curso de párvulos  y de ese modo se valla familiarizando con otros niños de sus edad.

La niña en la puerta de la escuela, llora, no quiere entrar, se niega a que su querida madre la deje sola y teme que este mundo no sea de su agrado; se tira al suelo pataleando y llorando a lágrimas vivas para que de ninguna manera la deje en este sitio tan terrible.

¡Vamos Pepi: ya verás cómo te gusta la escuela, ya tiene edad para comenzar a aprender; aquí hay muchos niños y niñas de tu misma edad y te llevarás muy bien con ellos!

Nada; Pepi no quiere entrar, la señorita que está en la puerta se da cuenta que necesita su ayuda y se acerca a esta señora.

Hola cómo te llamas, le pregunta a la niña; la quiere levantar del suelo pero ella llora y no le quiere hablar.  Te daré una muñeca que tengo de trapo para que sea tu amiga, ya verás lo mucho que te quiere.

Estas palabras la ha dejado pensativa y se la queda mirando.

¿Cómo se llama la muñeca?

¿Tú cómo quiere que se llame, puedes ponerle el nombre que quieras?

Yo quiero que se llame como yo.

¿Y tú cómo te llamas?

Me llamo Pepi.

Pues vamos: A sí se llama, Pepi. Yo le puse ese nombre, porque sabía que tú ibas a venir y para eso te la guardo para que sea tu amiga. Verás que tiene el pelo cómo tú, rizado y también es rubia de cabellos muy largo para que la puedas peinar como tú quieras. Estas palabras hicieron lo que la niña dejase de llorar y que desease entra en la escuela. La señorita le dio la mano, se levantó del suelo y sonriente entro en la escuela, a si su madre se sintió más feliz al ver que ella se quedaba más contenta gracias a esta profesora que con sus palabras de cariño hizo que se quedase con ella y deseosa a entrar con todas las niñas y niños.

Era su primer día de escuela, dentro de la clase había muchos niños y muchas niñas. Al entrar se quedo un poco parada, no se daba cuenta a donde se había metido, pero, al mirar para atrás vio que su mama se había marchado y al verse sola comenzó a hacer pucheros; la señorita la llevo a una mesa donde estaba  nuestro personaje; este es el señor pepe, que es un veterano de estas guisas y  él será compañero de esta preciosa niña.

Pepi: este niño se llama pepe, y será tu mejor amigo.

La niña se lo queda mirando y dice a la señorita.

¡No me gusta, es muy feo, yo quiero a una niña como yo y no a un niño!

Pepe se ha quedado mirando a la niña que le han puesto de compañera: le gusta, es tan bonita que le perece un ángel, le mira su cara, sus ojos de color azul y sus cabellos le parecen de oro de lo que brillan; los pelos los tiene rizados, le hacen tirabuzones.

La señorita al ver que pepe no es de su agrado le dice.

Bueno: ya veremos, te buscaré otro lugar para que sea tu mesa. Pero que sepas que pepe es el mejor niño de toda la escuela.

¿Y la muñeca: donde la tienes; le pregunta la niña?

Ahora te la traigo, la tengo que buscar en el armario donde están todos los juguetes.

La niña se queda un poco más tranquila; pero se da la vuelta para que pepe no la mire.

¿No quieres ser mi amiga, le pregunta pepe; yo si quiero ser amigo tuyo?

¡No me hables!

Bueno, como tú quieras, yo estoy jugando con mi coche y si no quieres ser mi amiga, yo no te necesito para nada.

¿Qué coche: lo que tiene es una sola rueda?

Este es mi coche y, si no te gusta no lo mires a sí que ya sabes lo que has de hacer; darte la vuelta y, a si, no lo ves cómo corre por las calles.

Pepi se ríe, piensa que este niño es muy bruto y además es muy feo, ella está acostumbrada a que todo se lo den hecho y ahora se encuentra en que todos los demás niños no son tan listos como se cree ella. El tiempo le dirá cómo se han de tratara las personas, aunque sean pequeños y de  corta edad y, de la noche a la mañana se hacen hombres y mujeres; pero mientras tanto hay que pasar los años de la infancia y, hay tantas cosas que ver en esta vida; que el tiempo nos dice que cada día se aprenden cosas nuevas.

Cuando ve que la señorita tarda mucho en traerle la muñeca le pregunta a pepe.

¡Oye tú, adonde esta la señorita!

Yo no te hablo. Tú no quieres ser amiga mía y ahora me preguntas.

Se da cuenta que ha dado con un elemento de cuidado, pepe está acostumbrado a estar solo durante unos años, ya que desde que tenía solo un añito está en la escuela y aunque los demás niños no se metan con él, él tampoco quiere cuentas con los demás, él es el mayor de toda la clase y esto tiene su rango.

Pepi saca de su cartera una libreta, saca un lápiz de color azul y se pone a hacer letras. Mientras pepe recorre toda la mesa con su rueda y hace el ruido del motor del coche.

Pepi se ríe y eso no le gusta a pepe.

¿De qué te ríes, dime; yo tengo mi coche y tú tienes tu libreta así que no me hagas enfadar si no quieres que se lo diga a la señorita que te estás riendo de mí?

Parece ser que esto comienza muy bien, si, a si es, cuando pasen unos días ya veremos cómo están nuestros personajes.

El forjador de sueños

José Rodríguez Gómez

El sevillano.