¿Cómo sera el Camino de Ida?

Traduccion Inglesfrancia cataluña

¿Te lo has preguntado alguna vez? Yo puedo decirte cómo es. Si aunque no te lo creas, un día estaba yo subido a un tejado y mira por donde al no ver lo suficiente caí desde una altura de unos seis o siete metros al suelo. Di con la cabeza y aun estoy vivo. Por qué no lo sé lo que sí puedo contaros es que bajando yo estaba muerto en verdad, si, muerto, nada del tiempo que paso desde la altura hasta el pavimento de cemento que fue lo que amortiguo el golpe. Si el cemento más duro que yo había visto en mi vida, no lo toméis abromas que si que era cemento. Y si no que se lo pregunten a mi cabeza, que quedó como si fuese una granada, en el lugar donde me golpee contra el suelo. ¿Muerto o vivo? Sigue leyendo

La calle desierta

La calle desierta

El farolero de la noche.

Llegada la madrugada, caminando en mi soledad, miraba hacia un lodo, hacia otro y solo mi sombra era mi compañera. Escuchaba el sonido de mis zapatos golpeando el suelo en la silenciosa noche. Al verme tan sólo, pensé… ¿nadie, no puedo ver a nadie? tan tarde es para que ninguna persona se cruce en mi camino. Sólo me acompañaban las estrellas qué se reflejan en el húmedo suelo de la noche. Tras de mi… un perro que estás tan solo y ☹ como yo. Al verme, movió su rabo y siguió tras mis pasos y él en su silenció también buscaba a alguien que lo tomase como amigo. Es triste la soledad… en aquél momento me preguntaba yo. El destino nos hace pisar calles desiertas, caminos solitarios, cruzar ríos y valles y beber de las fuentes que dijimos tiempo atrás, nunca bebería de ti. ¡Tú me distes las sobras de tu cuerpo y yo las bebí como si no hubiese habido en la tierra otra fuente más pura que tú! ¡Maldita seas una y mil veces! Por qué camino en la soledad de las noches. Nadie lo sabe, nadie, solo yo que no puedo conciliar el sueño, y cuando pienso en todos esos momentos que tú con tu belleza solamente hacías daño a la persona que vivía a tu lado. ¿Qué puedo decir de ti… dímelo? Hoy cuando el día se ha marchado, cuando las nubes cubren el cielo y la oscuridad oculta mi llanto… para qué, y por qué, me pregunto una y mil veces.

Soy el farolero de la noche… él que enciende los corazones, el que ilumina los sueños de las personas que engañan a otros seres que dormitan junto a tú cuerpo.

La vara en una de mis manos, la mecha en la otra, la noche está lluviosa y el candil se quiere apagar, debido al suave viento que hace, pero lo escondo en mi pecho y voy iluminando toda esta gran avenida que está cubierta por la oscuridad de la mentira.

¡Noche oscura y lluviosa, soy el que dará la luz entre las tinieblas! El que sueña cada segundo, el que quita las sombras de vuestros corazones. Soy ese que quiere besar tus labios cuando tú estás escondidas entre las sabanas de sedas, te ocultas, sí, te ocultas para no decir que me quieres tanto como yo te quiero a ti.

Te avergüenzas de mí… soy tu farolero. Ese que no puede dormir contigo por las noches y cuando llego al amanecer del día no puedo tener tu cuerpo y solo me dejas las sobras de otro hombre que te da el calor y el amor que yo no puedo darte. ¡Qué pena haber nacido para esto!

Unos trabajan en lo que nadie quiere, y otros disfrutan de los que otros no pueden hacer.

Te quiero tanto mi amor, que sueño contigo mientras tú caminas descalzo por las calles encendiendo farolas… Tú me crees… me preguntaba ella cuando harto de caminar por las calles encharcadas y al llegar a mi humilde casa me decía con sorna… ¡Si mi amor claro que te quiero, yo soy el que te da las limosnas que recojo, y tú se las das al que te calienta por las noches! ¡Lo que es la vida, y que no hay manera de que aprendamos de una vez por todas! Estando yo caliente los demás que revienten.  A si es. Yo te quiero perrito, pero de pan poquito…

Dame limosnas de amor, que mis ojos están llorando por la cera que me está cayendo en mis manos, y estas están temblando.

El forjador de sueños

José Rodríguez Gómez

El sevillano.

Perdóname

¡Perdóname!

¿Cómo te puedo pedir perdón, dímelo, si no se adonde estas, si tu sobra no puedo verla? Por más que grite tu no oyes mis lamentos, tú ves la obra que hiciste, y nadie lo sabe, solo tú y en tus sueños puedes ver tus pinceladas.

Uno es viejo, lo sé, que lo soy, hay momentos que uno pierde la cabeza, pero no perdemos la vergüenza, y dice tantas cosas que ninguna son verdades. Solo son sueños y mentiras que al llegar a este punto del camino decimos tonterías. Viejos repugnantes que sin saber el daño que hacemos al hablar, y sin tener conocimiento herimos las halas de la verdad. De aquellas aves que vuela en busca de tus raíces. ¿Cuánto daño te hice, hoy no puedo más y llorando te suplico que en la distancia me perdones si es que puedes o quieras hacerlo?

Quiero pedirte perdón, sí, a ti mujer que solo te dije cosas que en verdad ninguna podría haber hecho efectivas, solo eran momentos de locura que al ser lo que en verdad soy y siempre lo fui un… Algo que ni yo mismo sé lo que somos; pero es cierto que tú eres y eras algo inalcanzable para un hombre como yo. Dices que siempre estas escondidas en tus libros, leyendo, estudiando, y engrosando tu sabiduría, bien por ti, lo mereces, pero hay una herida en mi corazón que no para de sangrar.

Letras que se lleva el viento, se pierden en la distancia y cuando pude hacer algo por la humanidad no lo hice… ¿Qué puedo sentir al haber hecho tal comportamiento hacia una sola, sí una sola porque dentro de las raíces de nuestro cuerpo solo hay una que merezca la pena de haberla aceptado como se merecía?

¡Abro las puertas de mi corazón, las tienes abiertas de par en par solo para ti! Para que encuentres lo que tanto has buscado durante toda tu vida.  y yo desde la lejanía te pido que vuelvas que este año ha terminado y comienza uno nuevo año que podría ser para ti el principio del fin.

No camines más ente las sombras, tú mereces estar entre las células de tu sangre y no vueles solamente adonde el viento te quiera llevar.

Deja que mi llanto siga fluyendo y que las gotas de lágrimas rieguen tu alma.

Vuelve no camines por más tiempo descalza, tus pies están heridos y nadie sigue tus pasos. Quiero darte el nido que a toda persona le hace falta…

Soy parte de tu sangre, tal vez sea tarde pero siempre hay una pequeña oportunidad de conceder perdón a la persona equivocada.

Llámame: tú sabes el número de mi llanto, espero ser el viento de nuevo en mi alma.

El forjador de sueños

José Rodríguez Gómez

El sevillano.

¿Qué piensa un esqueleto?

¿Qué piensa un esqueleto?

¿Tú lo sabes… porque yo no lo sé y menos si el esqueleto es el mío? Creo que no tengo el deseo de saber qué es lo que piensan los pobres.

Yo creo que solamente piensan en el ruido que hacen cuando caminan, lo de más lo dejo para cuando llegue ese día, y ya te contaré. ¿te imaginas dentro de ese cuerpo de huesos?

Miras a través de unas cuencas bacías, oye el viento, el silencio, o tal vez, escuchas lo que te lo dicen… Sientes el sabor de sus labios, sí, no te creo, yo recuerdo aquellos besos que di cuando estaba cubriendo tus huesos. Hoy ya ves nada, ni el viento, ni el frío, ni cuando florecen las flores, nada y tú me dices que lo recuerdas todo. ¡Anda ya hombre: todo cuanto me dices es mentira y no sabes de que estas hablando! La única verdad es que un día de un terminado año estabas caminando por estas calles. Pero que después de haber estado enterrado bajo tierra tú dices que la recuerdas. No me digas tonterías; yo no quiero ni pensar que una vez que yo este enterrado me acuerde de todo cuanto me hizo.

¡Para morirse de risa! Tú sabes si tienes sombra, le pregunté, no me dijo nada, no podía hablar todo estaba vacío, y ni la voz salió de su esquelética boca.

Yo creo que lo único que tú tienes es celos de todo cuanto te paso, recuerdas los días que tu pasaste al lado de ella, si de esa mujer que te trajo las desgracias más horribles que pueda pasar un hombre. ¿te acuerdas, sí, no… si yo fuese tu esqueleto te diría que estas completamente loco? que todo cuanto me dices es mentiras. ¿Si te dan ganas de mear que haces… te la sacas, o ya la tienen afuera? No contestas, y me dices que te acuerdas de todo. No oyes, no ves, no hablas, y sólo que haces cuando te da la sombra de la noche; te escondes para que no te vea ella, o sales a su encuentro. Mi amor te quiero, te quise y te querré siempre hasta que la muerte nos separes, y ahora que haces cuando ella te pone flores sobre tu tamba… ¡Venga ya hombre; cuando todo se termina mejor que nos dejen tranquilos qué bastante se pasa en esta maravillosa vida! Unos felices por haber vivido, otros no tanto, pero lo hicimos…

¡Deja seguir el río, no lo detengas su carrera; que bastante ha sufrido para que ahora tú vengas a despertarlo que bastante daño lleva sin dejar atrás los rastros de su amarga existencia!

El forjador de sueños

José Rodríguez Gómez

El sevillano.

Mi canario: dormido sobre el estiércol del mundo entre rejas de colores

Mi canario: dormido sobre el estiércol del mundo, entre rejas de colores.

Entre las rejas del egoísmo.

Tú eras el preso de mi cárcel… ¡Ya… no lo eres, y noes porque yo no lo desease, yo quisiera que lo fueses y lo hubieses sido mientras yo viva… pero, solo fui tu carcelero! ¡Maldito yo, tenerte por uno de mis caprichos, y tú… cantando porque yo lo deseaba!

Alpiste, agua, y algún trozo de manzana. Cada día, cada semana, cada mes, y cada año. ¿Cuántos años viviste a mi lado… dímelo? Quisiera saberlo, pero la maldad de mi silencio te ha llevado a este trágico momento.

¿Merecía la pena vivir… que se yo? ¡Lo pienso, y me culpo por este desgraciado fallecimiento de tu alma!

En el silencio de la noche dejaste tu último trino. ¡No pude escucharte… perdóname si es que puedes! Creo no merecerlo, he sido demasiado malo contigo, pero tú sabes que yo te quería con toda mi alma… sí, ya lo sé que mi alma era y es, de acero.

Maldito yo… viéndote enfermar y seguía pidiéndote canto y cada vez que fuesen mucho más bellos que los anteriores.      

Escuchar tus trinos, tus lamentos. ¿Cantabas… o talvez, llorabas… nunca lo supe?

¡Ya es tarde verdad, demasiado tarde para la persona que no tiene escrúpulo dentro de su corazón de acero!

Te fuiste en el silencio de la noche, cuando yo quizás dormía y no te busqué.

Eras blanco, o mejor dicho tenías un plumaje del color de un café con mucha leche, casi blanco.

Ese no eras tú, yo te veía bueno. No sabía que dentro de ti crecía un cáncer… un maldito cáncer que nublaba el color de tu plumaje. Cerca de una de tus alas de plata.

¡Maldigo mi sombra! Al tenerte yo entre estas rejas de acero; donde tú veías otras aves volar y, mi corazón remachado con puntas de acero negro! Sin darme cuenta que tú eras el sonido del canto. El silencio dormido en las noches de tormenta. Un rayo de luz en las noches oscuras, donde el brillo de tus ojitos eran el único reflejo que guiaba mis pasos al llegar la noche.  ¡Te buscaba y cuando no te vi, mi corazón paró sus latidos, temblaba al acercarme hasta ti, y verte dormido sobre el estiércol de tus sobras hicieron aflorar lágrimas en mis ojos heridos!

Hubo una época del año en el que tu bello plumaje se perdía, y con el suave viento de la primavera. Llorabas de felicidad, yo te veía sonreír y cantando me dabas las gracias cuando te ponía un pequeño trozo de manzana.

¿Era solo lo que tu deseabas, o era mi egoísmo el que creía ver la felicidad de tu canto?

Al llegar el verano tu plumaje sé tornaba de plata fina. ¡Eras precioso, yo solo quiero recordad el pequeño pico de color rosa!

¡Cáncer, maldita palabra, y canallesca enfermedad qué a todas las personas, animales, y otros seres lo padecen! ¡Era un bulto que tenías sobre una de tus alas, y yo viéndote cantar me preguntaba! ¿te duele, sufres… ¿por qué cantas entonces, dime, si tu cuerpo está herido de muerte, y yo viéndote cantar de tras de los barrotes. Si te suelto me preguntaba… te comerá cualquier gato… es lo que deseas… así, era mejor haberte liberado, y de esta manera volarías por el cielo. El que nunca llegaste a saber de qué color era.

Recuerdo tu bello trinar, tu silencio, esperando que yo te hiciera algún ruido para que yo supiese que tú sabias que yo estaba cerca de ti. Entonces tú comenzabas con uno de tus bellos trinos. Flauta, clarinete, saxo, piano, trompeta, violín, o tal vez era el sonido del viento que dentro de mis recuerdos escuchaba de ti detrás de las rejas malditas.

Te guardaré en una cajita de plata, y dejaré que el viento se lleve tus alas y tu pequeño cuerpo flotará en mis recuerdos. ¡Perdóname, te lo suplico, jamás creí amar tanto aun ser de esta “tierra” nunca pensé que llegaría este triste momento! Llego, y tú volaras a partir de ahora y yo jamás veré tu cuerpo ni tu bello plumaje.  Estés donde estés escuchare tu bello canto, el viento en las noches oscuras en el recuerdo de tus ojos veré unos rayos de colores que iluminarán mi llanto.

El forjador de sueños

José Rodríguez Gómez

El sevillano

Escuelas de pulgas y chinches

Escuelas de pulgas y chinches.

Escuelas de ricos y más ricos. ¿Han de ser diferentes?

Escuelas para pobres, hay muchas, sí, hay muchas escuelas para pobres. Demasiados barracones y lugares infectados por la pobreza; esto pasa con nuestras escuelas.

Escuelas para ricos, y pocilgas para pobres.

Todo aquel que quiera una escuela concertada que se la pague de su bolsillo. La educación ha de ser oficialmente para todo el pueblo por igual de los derechos de nacimiento. Hay muchas señoritas y señoritos que les da vergüenza estar junto en las clases de los pobres. ¡No somos todos iguales a vista de la riqueza y sobre todo de la propia iglesia! Vergüenza ajena sí, es lo que siento. Ver sus manifestaciones para pedir una escuela privada o concertada. Pregunta. ¿tú la quieres? Paga té la, y a si no te jutas con los muchos que tienen pulgas y chinches que somos la mayoría.

Este gobierno paga a las escuelas de la limpieza como a la de las chinches por igual o tal vez les paga mucho más y no lo sabemos. ¡Sí, vergüenza de vivir en un mundo donde para poder vivir ya es un trabajo mortal!

Los nacidos en buena cuna son diferentes al resto de los demás mortales…

El partido es el mismo sea del color que sea, socialistas, republicano, comunistas, de centro o de cualquier otro partido. Y ello siguen viviendo del cuento y de la cara tan dura que tienen todos.

El gobierno y gobierne quien gobierne todos nacemos por el mismo sitio y digan la Madre que los pario que todos somos iguales. Siempre hay una gran diferencia. Parido de la misma forma, pero de diferentes Madres. Las Madres son diferentes como también los Padres sin saber quiénes son porque pueden ser más de uno. Quien dice que Dios existe… tú, adonde está… me lo puedes decir. Nos quejamos por todo. Y esto siempre ha ocurrido lo mismo. Pobres y más pobres y ricos, y mucho más ricos. Quien dice que él rico tienen más derecho que él pobre. Quien… ¿Tú, porque puede ser más guapo, más feo, o tal vez su pene sea más grande que el del pobre? El estudio, y la enseñanza y la cultura ha de ser para todos iguales, el color no hace diferencias entre los seres humanos. ¿Tú quieres separar tus hijos de los demás, si es así hazlo, pero el gobierno no tiene por qué pagar los caprichos de los ricos? El día que las mamás de estos alumnos con diferencia sobre el resto que quieran para sus hijos algo diferente, al de las chinches y pulgas que se lo paguen ellos… Vergüenza, mucha vergüenza; lo tuyo no tiene nombre y toda la culpa la tiene el gobierno que gobierna en nuestra nación. Con Banderas de colores salen a la calle pidiendo que no haya igualdad entre todos los niños, vergüenza porque lo que quieren es que la igualdad nunca sea para todos iguales. Quién diría que todos lo nacemos por la vulva de las Madres y el pene entre blancos y blancos; casi siempre es el mismo, y qué sea más grande o sea más chico qué más da.

Los maestros han de impartir las clases a todos por igual y si alguien quiere una enseñanza superior que se la pague de su propio dinero, pero no con el del pueblo.

En cada parte de la tierra siempre ha habido diferencias entre los seres humanos. ¡Te das cuenta que en las iglesias como en todas las escuelas no ha habido un cuadro con niños negros! Y yo pregunto: ¿por qué… es que son diferentes al resto?

¡Director delas escuelas públicas o privadas! Usted tiene que ser imparcial e impartir la enseñanza tal como están escrito en los manuscritos; para que todas las personas, blancas, o negras, ricas y pobres tengan el mismo derecho a poder estudiar y llegar hasta donde puedan sus conocimientos y sean capaces de aprender cuanto dicen los textos existentes en nuestras cátedras.

Dale un lápiz, una libreta y un libro para todos iguales con las mismas enseñanzas, a si todos deben saber los mismos textos y el que más estudie sabrá mucho más que el otro, sea del color que sea.

Él no tuvo la culpa de haber nacido en una cuna pobre…

El forjador de sueños

José Rodríguez Gómez

 El sevillano.

El árbol llorón

El árbol llorón

Hay muchos árboles que lloran, sí, es cierto que los hay, y son muchos. Son muy bellos, sus ramas finas y con muchas hojas beben de las aguas de los lagos, ríos y estanques más maravillosos de este mundo.

¿Tal vez sea yo uno de esos árboles que en la lejanía de los años se transformó en persona, no lo sé… pero sí desearía saberlo? Cada vez que escribo uno mis sueños, siempre estoy llorando y en verdad… no sé el por qué lo hago.

Hace muchos años: cuando el mundo era muy pequeño, fue cuando nacieron estos árboles. Entonces ni siquiera yo era un pensamiento de mis padres el de poder estar sobre la capa de nuestra tierra.

Una tarde maravillosa de la primavera. El viento era muy agradable, la temperatura de esta parte del mundo también era muy buena. Olía a rosas, jazmines y aun sin fin de olores que se mezclaba entre los suspiros de los sueños.

El sol al atardecer sé reflejaba sobre sus aguas de plata. El color de las profundas aguas era de un color azul claro, y los bosques que circundaban toda esta maza grandiosa se transformaba en un jardín mágico.

Al llegar unas horas antes de atardecer, todas las mujeres jóvenes de hincaban de rodillas al borde del agua para ver el mejor espectáculo del mundo. Mojaban sus preciosas manos y con ella se acariciaban su cara. Humedecían sus ojos para poder ver mejor; lo que en pocas horas y minutos iba a suceder.

La orilla de este lago encantado estaba rodeada de estos árboles maravillosos, y para otros son, llorones, ustedes se preguntarán. ¿Por qué se les llama así, y que hicieron para merecer este mote? ¿lloran de verdad, tienen motivos para hacerlo? Si no es así… porqué lo hacen, digo yo.

Los rayos del sol al atardecer se pintaron de rojo como si se hubiese desramado sangre entre las nubes blancas. El color de las aguas al atardecer sé transformaban en espejos diminutos que brillaban en sus ojos como perlas de coral. Cada mujer, cada jovencita qué había esperado estas horas para poder soñar con su propia imagen sé podían ver en su propio espejo, y este espejo era solo para ella.

He visto llorar a más de una, otras en cambio reían, al verse con el hombre que sería su amor en la distancia, a todas ellas se le enviaban besos que salían de entre los rayos del lago. ¡Chispas de mil colores brotaban de los fondos de este sueño real! Pintaban sus labios de color carmín, o de un color rosado que tienen todas las hermosas mujeres, se los pintaban en unos de color del arco iris. Ellas sin saber por qué lo recibían, y además también notaban el sabor de los labios de estos hombres qué en la distancia les mandaban. Los cuales un día no muy lejano formarían un amor entre los dos en estos sueños de esta vida.

Reían, hundían sus manos queriendo cogerlo, pero no era posible coger peces nadando en estas aguas cristalinas. Sus mentes buscaban la forma de hacerlo posible, y al ver que no había manera de poder coger lo que tanto deseaban. Golpeaban con sus manos sobre la superficie de cristal, con tanta rabia; qué astillaban el agua y herían sus dedos entre las cristalinas aguas del lago.

El cielo que minutos antes era del color de la sangre se iba oscureciendo cada segundo más y más, hasta que la luz de las estrellas sé reflejasen sobre este lugar encantado. Era en ese momento cuando todos los árboles llorones introducían sus finas ramas hasta llegar al fondo de este lago. ¡No sé qué profundidad tiene, pero creo que son kilómetros! Y estas ramas podían hacerlo y lo hacían cada vez que llegaba la tarde noche. A si podían sacar con sus delicadas manos estas caracolas de colores. A cada una de estas enamoradas sé las entregaban. Temblando sus labios, sus ojos lloraban de emoción y cuando las cogían no sabían para que eran estas caracolas. Eran para que siempre que quisiesen hablar con sus parejas o con sus hombres amados lo pudiesen hacerlo y contarles o decirles lo mucho que los querían y a sí serían unidas por el lazo de los sueños. Llega el día, se deforman los sueños, las ramas se posan sobre el fondo del lago en un sueño misterioso. ¡Cuándo es de día se posan sobre las arenas de la orilla y otras veces sobre las hierbas del bosque! ¿Me quieres? Me preguntó… y en silencio le contesté ¡Sí! Sin decir nada, el silencio nos rodeaba, solo se escuchaba la brisa qué suavemente le levantaba sus cabellos ondulados con el viento. Nos besamos… Su voz sonaba como si algo misterioso cubriese nuestras vidas, solo con decir te quiero. Bésame… se unieron nuestros labios y el tiempo se perdió en la lejanía del silencio. ¡Te quise, te quiero y siempre te querré!  

El forjador de sueños

José Rodríguez Gómez

El sevillano

La Calahorra a 2 de diciembre del 2020.

La Calahorra día 2 de Diciembre del 2020.

A/a la atención del sr. Francisco Sánchez López.

Sr. jefe de servicios de bienes culturales.

Muy señor mío: viendo que mis obras no son de su agrado, y crean una obstrucción con su querido castillo de la Calahorra, y estando mis pobres obras por debajo de los cincuenta metros de su base. De los cuales siguen diciendo que obstruyen la visión. ¡Nada de todo lo que dicen es cierto!

Yo, José Rodríguez Gómez le solicito. Qué las obras que están por terminar, se quedan congeladas para siempre, y las que están solicitadas para hacerse se anulan definitivamente. Como son las dos torres de la plaza de España, la fuente del ángel, la fuente de los ocho arcos, y no sé qué otras hay solicitadas; todas se anulan, ya no se harán, y a si ustedes tendrán buena vista de su querido castillo. ¡Ustedes no se merecen mis obras, ni ninguna clase de obras de arte que yo o alguien pudiese crear para hacer algo de cultura en su querida tierra!

Señores míos: perdone mi manera de expresar mi dolor, no haré nada para que quede constancia de mi paso por esta su querida tierra; no les molestare nuca más. Estoy cansado y herido de muerte al ver la manera de tratar a las personas. ¡Este castillo lleva terminado cuatrocientos años, y hasta la fecha he sido yo la única persona que ha realizado algo bello; ustedes me han matado! Nuestra Andalucía nunca llegará a ser nada con personas qué en vez de ayudar criminalizan sin haber hecho nada malo; al revés; queríamos hacer algo que valiese la pena, y ustedes lo destrozan todo.

Jamás hare, ni terminare lo que esta comenzado. A si ustedes se quedaran a gusto, y yo no los molestare con un sueño de los míos.

¡Les quiero decir: que yo también soy andaluz, sea o no de su querida tierra! Pero me parieron en un pueblo de la provincia de Sevilla, Lora del Río. ¡Yo creo tener el mismo derecho a sentirme igual que todos ustedes, andaluz! La diferencia que hay entre todos ustedes y yo; es muy simple, y es que no pensamos iguales, y además sé que ninguno de vosotros sois capaces de hacer nada bueno para esta nuestra tierra, ni en cultura, ni en arte de ninguna clase que pudiese embellecer esta tierra tan bonita.

Se despide de todos ustedes este pobre soñador, que pensó que hacer el bien sería bueno para todos, y es todo lo contrario. ¡Quien es malo se le dan medallas y al bueno se les castiga!  ¿Díganme qué hemos hecho nosotros los que soñamos para merecer dicho castigo?

José Rodríguez Gómez…

El forjador de sueños

El sevillano

He llegado al final del camino

He llegado al final del camino.

He llegado al final del camino y después… que viene, quisiera seguir soñando, pero, no puedo. ¡Déjame soñar, yo quisiera vivir por una vez! Se está pagando mí corazón, ya no veo, y el camino cada vez es más estrecho, no hay árboles para cubrir mi sombra. Ni fuente para saciar mi sed, para qué seguir si ya no veo; mi corazón se muere dentro de mí. Y yo me pregunto. ¿Mereció la pena? Dejar que el viento sople y las hojas serán arrastradas al rincón del olvido. ¡Adónde yo también iré, sí, a ese lugar, donde tiran a los viejos, creo que sí, aun no estoy podrido, pero soy muy viejo! Qué lástima haber vivido sin haber sido feliz. Caminar con mis pies descalzo y tras de mi dejar una huella por el camino; hoy sé que no mereció la pena. ¡Quisiera gritar y decirles a los cuatro vientos que no he sido feliz, que no mereció la pena haber estado en este mundo! hoy me duele mucho el corazón, está sangrando y no encuentro una fuente para saciar mi sed. Cuando la luz se apaga, lentamente y la oscuridad lo cubre todo. Y yo, qué desgraciado he sido. Haberte conocido no mereció la pena, tú eres la culpa de todos mis males, y yo me culpo de todo, para qué vivir si no valió la pena. Todo es mentira y la verdad no vale para nada. No sé cuánto tiempo me queda, el reloj corre en mi contra y los ríos de sangre rompen mis venas. ¡Yo te maldigo una y mil veces; tú tienes toda culpa de los males de mi alma! Para qué nací, me pregunto, el destino de me trajo a este mundo, y no lo comprendo por muchas veces que me lo pregunte, y cada vez corre más el reloj; y todo se queda oculto en la penumbra. Yo quiero volver. Sé que tal vez me ocurra lo mismo, quiero intentarlo de nuevo, quiero vivir sin encontrarte a ti, sí, no quiero volver, y el haberte visto, has sido mi perdición, y tú lo sabes que yo lo sé, pero quiero volver a este mundo. No te buscaré, no seguiré tus pasos nunca más. Cuántas veces he de llorar y yo me he preguntado… cuando podre reír, he llorado tanto que se secaron mis ojos. Maldita mi suerte, maldita sea yo, maldito mis ojos que se posaron en ti para sufrir, para sufrir, cada vez que me acuerdo lloro, no sé lo que es vivir, la culpa fue mía. Hoy soy viejo, ya no ven mis ojos, mis sonrisas se perdieron en el olvido y el llanto me siguen a paso lento. Mi corazón está malo, está triste y no sabe adónde ir. Déjame aquí, no me sirves para nada para que me has tenido, sólo para hacerme sufrir, para verme llorar, o para dañar mi alma, para eso, mejor que no. Ya no puedo, mi corazón se parte a trozos y mi alma ya no me conoce. Y yo quiero vivir de nuevo para volver por el mismo camino, pero no aprendemos. Siempre con la misma piedra no hay una sombra que cubra mi cuerpo, déjame morir. estoy sangrando por mis ojos y mi boca esta seca de tanto llanto. ¿Aprenderé alguna vez… verdad que no? Nacemos en este mundo para sufrir, y tener que pasar día y días con la misma rutina. Mientras tú vive la vida, y que hice yo para merecer tanto castigo. Deja que mi cuerpo lo cubra el silencio, y la lluvia que arrastre mi piel y el viento me lleve al rincón de las hojas muertas. ¡No puedo más, estoy cansado, ya sueño como un viejo, y las hojas secas cubren el camino! El banco está desierto, los pájaros hicieron su canto, y como yo no estaba, se fueron, y no escuché su maravilloso trinar. Las fuentes se secaron, el día se fue, la noche lo cubrió todo. Quien fuera hoja para poder volar, para ver en la distancia tú maldad. Después de tantos años yo soy el culpable de todo cuanto me ha sucedido, sí, lo sé, ya no puedo hacer nada, mi historia está al final del camino. Qué me dice el silencio… Está gritando y no escucho su voz, por qué, yo no he muerto y aun no estoy enterrado, mi cuerpo, sigue caminando, voy dejando mi huella tras de mí. Las miró, lloro y no sé por qué lo hago. ¿Qué hay detrás de mí, dímelo, quiero saberlo? He aquí la pregunta: por qué lo has hecho, contesta, hoy sé que eres muy mala, y me has hecho mucho daño y no sé como pagarte. El tiempo, a ese viejo no lo para nadie, quiere seguir caminando, y después qué me espera. Quise hacer el bien y todo para nada. ¡Dile al día que no quiero seguir, estoy muy cansado, herido, ciego! ¿Qué más quieres, ni mi sangre corre por mis venas, y tú crees que fui feliz? ¡Mientes, te ríes, te burlas de mí y cuando yo esté muerto… ¿Qué harás tú, podrás flores sobre mi tumba, o quizás te rías ante mí sepultura? No lo hagas, deja de hacerme sufrir; ya es bastante, no sé adónde ir, y tampoco tengo sito para yo quedarme. Mi mente está loca, y en mis recuerdos solo hay llanto. Por qué me pregunto yo, por qué, acaso merecí tal castigo. La historia me enseña, que llorar no vale la pena, hay que vivir sin haber llorado. Y después de tanto daño, quien curará mis heridas. En esta tumba, y mirando a la lejanía sin escuchar nada… solo, silencio.

El forjador de sueños

José Rodríguez Gómez

El sevillano.

¿Quién mató al ruiseñor?

¿Quién mató al ruiseñor?

¿Te molestaba su canto? No, ¿Entonces… por qué lo hiciste? Por envidia, odio, deseo criminal, o tal vez, tú no eras más que él y por eso lo mataste.

Hasta donde llega la envidia: Qué sé yo; solo vivo para soñar. ¿ni eso puedo hacer; ya que hay otras personas que les molesta que yo sueñe mientras ellos solo buscan el mal entre nosotros?

Se abuza dela soledad, de su vejez y de todo cuanto que se le pueda hacer para poder matarlo de miedo. Haciendo el mal, con denuncias por ser viejo. Estas personas no pueden vivir. Solo sirven sus sueños y por eso nos molestan estos viejos, los que hacen tanto ruido al caminar y es debido a que arrastran sus viejos zapatos por la tierra baldía.

Ya no canta el ruiseñor, se ha cansado de vivir, y el plumaje de su cuerpo el que antes era tan bello, se le cayeron sus plumas. Solo le queda el pico; lo demás se lo llevaron las hormigas a su nido. Se acerca el invierno, el viento arrastra la música, y en la lejanía de la noche se escuchar el llanto en la soledad del alma.

Después de haber caminado por un estrecho camino que conducía a una gran plaza llena de bellos árboles centenarios. Al mirar para arriba, me costaba trabajo poder saber su altura. Según mi vista se juntaban con las nubes que pasaban cerca de ellos. Sí, esta era mi plaza adonde yo me sentaba cada día para descansar un rato. Es tan bella que jamás se podía soñar con algo tan maravilloso que pudiese existir en nuestra tierra. El día era soleado, el viento era suave, y al ir paseando por entre estos colosos árboles, percibía su aroma a viejos, a ramas podridas, pero su olor no era malo, sí, sería por la humedad que los dejaba en este estado. Ya era finales de noviembre y pocos de ellos, por no decir, ninguno le quedaba hojas entre sus fuertes y débiles ramas. El canto de un ruiseñor me acompañaba en mi soledad. Yo daba unos pasos y él se posaba en una de las ramas más bajas que había en aquel lugar de los sueños. Cómo si me siguiese, se reía con su bello canto, y yo al sentirlo se llenaban de lágrimas mis cansados ojos. Llevaba mi viejo bastón en mi mano derecha. Esta es la que más fuerte tengo, pero en verdad, es que es la que menos me tiembla cuando quiero hacer algo, es la única que sostiene el vaso para que no se me caiga.

¡Qué pena llegar a este estado… ver que los días pasan, y que nadie se arrima a un árbol caído! Será porque sus bellas hojas ya no relucen en sus ramas. Será eso, pero digo yo; también es bella su desnudez… o no. Mirarme a un espejo no me hace ninguna gracia. Veo mi deformado cuerpo, los huesos se pueden contar con los dedos, y los parpados de mis ojos parecen bolsas grisáceas que cubren mis mejillas.

En la soledad de la tarde, sentado en mi viejo y querido banco de piedra, sin darme cuenta que el sonido de su canto era arrastrado por el viento hasta mi descompuesto cuerpo, y viendo el correr del tiempo, sin saber cuánto, sí, cuantos días podría escuchar a mi querido amigo. En verdad, yo no estaba solo en mí plaza. Había un grupo de niños jugando al escondite, los miraba, y solo verlos correr, saltar, el viento me traía el sonido de sus voces y el de sus sonrisas. Parecían de cristal, al recibir su sonido se formaba un arco iris de colores que se reflejaban en mi cansada y vieja sonrisa. Creo que ya tenía bastante para poder seguir con uno de mis sueños; para que quiero más me decía yo mismo. Pero el ruiseñor no se había ido, él me miraba y también se reía, y solo esperaba que yo le prestase atención a su mágico canto.

Llevaba mi gorra puesta, sí, puesta, porque en esta época hace frio, soy viejo y he de cuidarme si quiero llagar a este nuevo año que se aproxima a toda velocidad.

Solo veía el suelo; bueno, el suelo y otras cosas que eran mucho más importantes para mí. También me pregunto… y a mis años que puedo ver. Todo se ha vuelto gris, las hojas tienen un color que no me agradan. Pálidas, secas y otras muchas podridas, y las hojas secas que cubría la tierra hacían ruido al sentir mis pasos que se arrastraban lentamente hasta llegar a mi banco preferido.

Sentado en las tristes y tardes horas del otoño, haciendo círculos con mi bastón, rayando el suelo. y de vez en cuando miraba a los niños como jugaban sin importarle que yo estuviese cerca de todos ellos.

Se detuvieron al verme sentado, se acercaron para saber qué es lo que yo hacía en aquella su plaza. ¿Qué haces viejo, me preguntaron; no sabes que este no es lugar para personas como tú?

Seguí moviendo mi bastón si hacer caso omiso a sus palabras.

¡Oye, te estoy hablando, a ti viejo asqueroso!

Mis manos se quedaron paralizadas al sentir sus voces y sus palabras que herían mí alma, y no tenía valor para levantar mi bastón. Este se quedó parado paralizado. El viento comenzó a soplar con tal fuerza que si saber por qué la gorra salió volando y se quedó mi vieja testa desnuda. Hacía frío pero la sonrisa de todos ellos se hiso más fuerte al ver que en mi cabeza solo quedaban unos pelillos blancos que casi no se veían.

Uno de ellos, creo que era el mayor de todos, corrió hasta alcanzar mi gorra. Después de pisotearla y de darles patadas se ensucio de polvo y de barro que había en el suelo de la lluvia caída el día de ayer.

La refregó en el pequeño charco que había en toda la plaza. Cogiéndola con una de sus jóvenes manos la trajo hasta donde estaban. El resto de niños, todos en silencio, viendo lo que hacía con mi vieja gorra. Solo se escuchaba el viento, y hasta mi jilguero se quedó triste y su canto se perdió en él viento.

Llegó hasta mí, en su camino su sonrisa era de maldad, sus ojos se posaron en los míos que casi los tenía serrado esperando el martirio que hace la envidia y el no saber el por qué se hace daño sin tener que hacerlo a nadie, y menos con una persona vieja.

Todos miraban el heroísmo de su amigo. Uno de ellos me quito mi bastón, el otro me agarraba la cabeza para que este que portaba mi vieja gorra me la pusiese. Mojada llena de barro y las sonrisas de todos ellos llenaron el silencio de mi martirio sin saber el por qué se hacen estas cosas… ¡Toma viejo: esta es tu corona! Me dijo con una sonrisa burlona entre sus labios. Perdona que te la haya ensuciado, pero, es que me chocan las personas como tú, viejas, asquerosas y mal oliente, que no tiene a nadie y se vienen a estos lugares para vernos como nos divertimos. Puso mi gorra en mi cabeza, el barro y el agua corrían por mi cara; y yo, con los ojos cerrados para no ver su maldad.

El jilguero que lo estaba viendo, no se pudo quedar en su sitio, se acercó volando hasta mí, se posó sobre mi cabeza y se los quedó mirando a todos… Ellos al ver lo que estaba pasando y ver aquel bellísimo jilguero todos quisieron atrapar a mi pájaro. Este, les plantó cara a tantos niños. El silencio reinaba en torno a este banco de piedra y a este desgraciado viejo que temblaba fe frio y de miedo. Les miro, levanto sus alas y se puso a cantar de tal forma que ninguno de ellos se atrevía a ponerle sus manos sobre sus bellas plumas. Solo las hojas revoloteaban entorno a este grandioso espectáculo que se había formado a este pequeño y viejo hombre. Pero era verdad, tenía un amigo, no estaba solo, y en esta vida siendo tan dura como es; siempre hay alguien que le tenemos que dar las gracias por darnos su bello canto.

El grade del grupo, se agachó, y cogiendo una pequeña piedra que había en el suelo. Lo miró, sonreía y alzando su mano lanzó la piedra con tal fuerza que no lo mato, no, no tuvo tal puntería, y ella, me dio a mí en la frente.

Sentí que un río de sangre manaba de mi piel, se llenó mi cara de sangre y mis ojos le llenaron con una leve sonrisa, y viendo la rabia que brotaba de sus malvados ojos. El jilguero salto volando hacia el niño, le picaba con todas sus fuerzas en cara, sus halas le daban en sus ojos de tal manera que este salió corriendo y llorando al ver que un pequeño y bello pájaro le daba su merecido. Todos se marcharon y mi cuerpo cayó al suelo, y al quedarme solo, y tirado en la tierra, voló hacia mi después de haberlo echado a todos de la plaza.

Cantaba, o más bien lloraba, quería levantarme con las fuerzas de su pico, pero era imposible que él tuviese fuerzas suficientes para levantar un cuerpo inerte y pesado como nos volvemos todos los viejos de este mundo. Pasaron unas horas, y viendo que nadie se acercaba, miro a su entorno, y volando a toda prisa fue hasta el pequeño charco de agua. Lleno su pico y lo trajo hasta mí. Vació el pequeño buche de agua y lo dejo caer en uno de mis ojos qué permanecían cerrado. Al sentir la humedad se abrió como si un alma nueva se hubiese metido dentro de mi cuerpo. Al ver que se había abierto mis ojos, comenzó su canto, haciendo que las últimas luces de la tarde se hiciesen llenas de luces de colores para darme una despedida de la más dulce y feliz que yo hubiese tenido durante toda mi pesada y triste vida.

Cantó hasta el anochecer, y cuando las estrellas llenaron el firmamento; cerré mis ojos y todo quedo en silencio, ni el canto de mi buen amigo pudo hacer nada por mí. Él se quedó a mi lado hasta que llegaran las primeras luces del alba y uno de los barrenderos que había en el parque me viese tirado en la tierra. Este se acercó corriendo hasta mi fallecido cuerpo. Pero mi gran y pequeño amigo se había quedado sobre mi gorra cantando y cantando sus mejores canciones hasta que me llevaron aun lugar adonde se encuentran las hojas muertas del otoño. Allí se marchó y me dejo su canto que fue lo último que pude escuchar en esta vida.  El silencio dejo el sonido de las campanas en el aire, pero ya no pudieron sentirse dentro de mi mente…

El forjador de sueños

José Rodríguez Gómez

El sevillano.

La sombra del viento

La sombra del viento

¿Qué sombra es esa que no se puede ver?

¡Carlos Ruiz Zafón!

Tú eras la sombra del viento, nosotros no podemos verla igual que tú lo hacías.

Tú guardabas tus recuerdos en ese cementerio oculto en tu cerebro. Mecanismos para abrirlo y otros tantos para cerrar tus sueños. Y yo; ya no puedo, no tengo fuerzas para recordar lo que hice ayer.

Caminaba lento, descalzo, mis pies sangraban sin saber por qué quería hacerlo de esta manera. Es la mente que no se aclara dentro de mí. Eso mismos me dije.

Con la mirada perdida éntrelas hojas del otoño. Los árboles parecían esqueletos muertos, descoloridos y sin la belleza de sus hojas, las que hace muy poco te cubrían todo tu esqueleto perdido en la distancia de los sueños. Ha llegado la hora de buscar ese lugar dentro de ti y sin saber cómo ni adonde estoy.

La mirada perdida en la lejanía, sin encontrar a nadie a la que pedirle que me acompañe en este recorrido. Sé que me queda solo un soplo de tu viento para terminar con estos achaques que me traen loco al ver que ya no es como antes. No puedo seguir así, y tú, te empeñas en que siga haciendo un gran esfuerzo para seguir acumulando años tras años, y mi esqueleto me dice, que lo deje. Que ya no vale la penas hacer este interminable camino que no me lleva a ninguna parte. Despacio, iba muy despacio, es porque la vista no me acompaña, y temo caer de bruces sobre el suelo. Ha llovido, y los caminos están encharcado de lágrimas. ¿Son mías? me pregunté. Puede ser, hace mucho tiempo se secaron los ríos de llanto los que se podían derramar en solo uno de mis sueños. ¡Te has fijado en la distancia que hay desde donde me encuentro hasta la orilla de lago! No es mucha, pero, al pazo que voy creo que se hará de noche y no habré conseguido llegar hasta ti.

Con tres pies estoy más seguro que con solo los míos.

Cuando llegamos a este punto de la vida, mejor dejarlo, sí, deseo de todo corazón que ya es hora de cerrar el libro de mis sueños. No quiero que nadie diga de mí que era un llorón, que todo cuanto escribía eran partes de los despojos de un esqueleto sin sombra. Es verdad, ya no puedo verla como lo hacía antes de ayer. Hoy la veo encorvada, triste y desmejorada. Hay algo dentro de mí que me hace sonreír… y me pregunto. ¿qué puede ser si no quedan recuerdos de los cuales yo pueda desear posarlos en mis labios arrugados y resecos. No hay nada que me haga recuperar la vida perdida. ¡Te suplico clemencia! Dame la muerte, deseo estar cerca de ella y preguntarle, el por qué tanto tiempo en este mundo sino he servido para nada. Era un hombre, y no una preciosa mujer. Ella tenía los cabellos endrinos, los cuales le sobre pasaban los hombros y el viento se los arremolinaba sobre su bella cara y no me dejaba ver el color de sus ojos. Me dice que el viento no tiene sombras. Es verdad, no la tiene; y muchas veces yo me lo he preguntado. Desearías ser como él, así tú no me podrías ver, y yo acariciaría todo tu cuerpo, también te besaría tantas veces como yo quisiera. Hoy tengo esta idea que ronda en mi deteriorada mente. Cuando el tiempo se acaba y la luz de la noche me deja a ciegas, y tú no estás a mi lado para saber si eres tú la que coges mi mano.

Todo se destruye, lo comprendo, pero no acabo de entender para qué demonio estoy en este mundo si estoy muy cansado. Hojas de mil colores cubren los caminos a la nostalgia, a los recuerdos y a nuestra infancia; me parece que yo soy un niño pequeño que sonríe sin saber porque lo hago. Un banco, o, mejor dicho, solo el esqueleto de algo que antiguamente servía para sentarse. No te rías de mí. Tú mejor que yo sabes que en este preciso lugar nos sentábamos los dos y pasábamos horas y horas contemplando el atardecer. Hoy tú no estás, te marchaste y nada es lo mismo. El color las hojas muertas, el olor putrefacto que dejan los recuerdos perdidos en las sobras de estos tristes caminos en los cuales nadie se atreve a caminar por ellos; porque temen que el viento puede llevarte muy lejos de aquí. Tengo la desgracia que a mí no me quiere recoger. Llevo muchos años pidiendo lo mismo. Quiero cerrar los ojos, y verlas sombras de todas las cosas sin que nadie me pueda escuchar, si, escuchar los gritos de mi alma, y decir a los cuatro vientos que nada, ni nadie me quiere quitar la vida para descansar de una vez por todas. El bastón de mis manos tiembla de miedo, piensa que lo voy a dejar tirado por algún camino perdido. Y yo solo me pregunto, si no te tengo en mis manos; como voy a caminar. Tú eres el tercer apoyo que tengo. Eres muy frio, no tienes corazón y eso me da miedo, cada vez que te necesito para ir algún punto de estos oscuros caminos te llevo cogido con mis manos temblorosas. ¡me han preguntado a donde voy con el tiempo que hace. Y yo le he contestado con una leve sonrisa. ¡Y yo que sé, le dije! Camino en busca de algo que no tenga sombra. Se paró frente a mí, miró mis viejos ojos; y sonrió diciendo que estaba loco, se marchó, y después de darme un agradable golpe en mis hombros. Me dijo ¡Qué lo encuentres, pero creo que no tienes mucho tiempo para ello!

¡Esos es lo que busco! Me han dicho que la muerte no tiene sombras, que se trasparenta y la puedes ver como se ríe al llegar junto a ti. ¿Me buscabas… me dijo? Y sin decirle nada quede en silencio esperando que así fuera, que me alejase de este maldito lugar, y por favor, no me vuelvas a traer de nuevo que bastante he sufrido ya…

¿No me temes? Por qué he de temerte… le contesté. Al mirar mis ojos, comprendió que sí, que yo tenía razón para querer marcharme cogido de sus manos y que me llevase muy lejos de aquí. ¡Ven, dame la mano y deja el bastón apoyado sobre esa esquina de tu cuarto; ya no te hace falta y puede que detrás de ti a otro sí que lo pueda necesitar para buscarte en tu nuevo mundo!

Me temblaban mis manos, estaban heladas, pero si las mías estaban frías, las suyas estaban mucho más, porque ella no tenía corazón y no le bombeaba la sangre por dentro de su cuerpo. ¡al fin pude ver las sombras del viento. Era cierto que no tenía nada, era trasparente y bella, su sonrisa era casi un soplo de brisa muy suave. Su mirada se posó sobre mí, y sin hacer ninguna fuerza levantó mi cuerpo y abriendo las ventanas salimos volando por los vientos de mis recuerdos.

El forjador de sueños

José Rodríguez Gómez

El sevillano.