¿Cómo sera el Camino de Ida?

Traduccion Inglesfrancia cataluña

¿Te lo has preguntado alguna vez? Yo puedo decirte cómo es. Si aunque no te lo creas, un día estaba yo subido a un tejado y mira por donde al no ver lo suficiente caí desde una altura de unos seis o siete metros al suelo. Di con la cabeza y aun estoy vivo. Por qué no lo sé lo que sí puedo contaros es que bajando yo estaba muerto en verdad, si, muerto, nada del tiempo que paso desde la altura hasta el pavimento de cemento que fue lo que amortiguo el golpe. Si el cemento más duro que yo había visto en mi vida, no lo toméis abromas que si que era cemento. Y si no que se lo pregunten a mi cabeza, que quedó como si fuese una granada, en el lugar donde me golpee contra el suelo. ¿Muerto o vivo? Sigue leyendo

Tus ojos: son tan bellos

 Fraktur¡𝕿𝖚𝖘 𝖔𝖏𝖔𝖘: 𝖘𝖔𝖓 𝖙𝖆𝖓 𝖇𝖊𝖑𝖑𝖔𝖘! 𝕼𝖚𝖎𝖊𝖗𝖔 𝖒𝖎𝖗𝖆𝖗𝖙𝖊, 𝖘í, 𝖑𝖔 𝖖𝖚𝖎𝖊𝖗𝖔, 𝖙𝖊 𝖉𝖊𝖘𝖊𝖔, 𝖙𝖊 𝖑𝖔 𝖘𝖚𝖕𝖑𝖎𝖈𝖔, 𝖞 𝖘𝖎 𝖙𝖊 𝖉𝖎𝖌𝖔 𝖑𝖆 𝖛𝖊𝖗𝖉𝖆𝖉, 𝖙𝖊 𝖓𝖊𝖈𝖊𝖘𝖎𝖙𝖔. 𝕰𝖗𝖊𝖘 𝖊𝖑 𝖛𝖎𝖊𝖓𝖙𝖔 𝖖𝖚𝖊 𝖗𝖊𝖘𝖕𝖎𝖗𝖔, 𝖊𝖑 𝖆𝖎𝖗𝖊 𝖖𝖚𝖊 𝖆𝖈𝖆𝖗𝖎𝖈𝖎𝖆 𝖒𝖎 𝖕𝖎𝖊𝖑, 𝖊𝖑 𝖖𝖚𝖊 𝖒𝖊 𝖍𝖆𝖈𝖊 𝖘𝖊𝖓𝖙𝖎𝖗, 𝖙𝖊𝖒𝖇𝖑𝖆𝖗, 𝖑𝖑𝖔𝖗𝖆𝖗, 𝖞 𝖘𝖎 𝖓𝖔 𝖙𝖊 𝖛𝖊𝖔, 𝖒𝖚𝖊𝖗𝖔. ¡𝕾é 𝖖𝖚𝖊 𝖊𝖘𝖙𝖔𝖞 𝖛𝖎𝖛𝖔 𝖘𝖔𝖑𝖔 𝖕𝖔𝖗 𝖙𝖎! ¿𝕾𝖔𝖓 𝖚𝖓 𝖊𝖘𝖕𝖊𝖏𝖎𝖘𝖒𝖔, 𝖔 𝖊𝖗𝖊𝖘 𝖗𝖊𝖆𝖑? 𝕾𝖊𝖆𝖘 𝖑𝖔 𝖖𝖚𝖊 𝖘𝖊𝖆𝖘, 𝖕𝖔𝖗 𝖑𝖔 𝖖𝖚𝖊 𝖒á𝖘 𝖖𝖚𝖎𝖊𝖗𝖆𝖘, 𝖉é𝖏𝖆𝖒𝖊 𝖆𝖈𝖆𝖗𝖎𝖈𝖎𝖆𝖗 𝖙𝖚 𝖈𝖚𝖊𝖗𝖕𝖔, 𝖇𝖊𝖘𝖆𝖗 𝖙𝖚𝖘 𝖑𝖆𝖇𝖎𝖔𝖘, 𝖆𝖈𝖆𝖗𝖎𝖈𝖎𝖆𝖗 𝖙𝖚𝖘 𝖕𝖊𝖈𝖍𝖔𝖘, 𝖘𝖊𝖓𝖙𝖎𝖗 𝖊𝖑 𝖑𝖆𝖙𝖎𝖉𝖔 𝖉𝖊 𝖙𝖚 𝖈𝖔𝖗𝖆𝖟ó𝖓 𝖞 𝖈𝖔𝖓 𝖙𝖔𝖉𝖔 𝖊𝖑𝖑𝖔, 𝖙ú 𝖒𝖊 𝖊𝖓𝖛𝖚𝖊𝖑𝖛𝖊𝖘 𝖊𝖓 𝖑𝖆 𝖑𝖔𝖈𝖚𝖗𝖆 𝖆𝖑 𝖘𝖊𝖓𝖙𝖎𝖗 𝖊𝖑 𝖒𝖆𝖓𝖏𝖆𝖗 𝖉𝖊 𝖑𝖔𝖘 𝖘𝖚𝖊ñ𝖔𝖘. 𝕿𝖔𝖉𝖔 𝖈𝖚𝖆𝖓𝖙𝖔 𝖙𝖊 𝖉𝖎𝖌𝖔, 𝖒𝖊 𝖕𝖆𝖘𝖆 𝖈𝖆𝖉𝖆 𝖛𝖊𝖟 𝖖𝖚𝖊 𝖈𝖗𝖊𝖔 𝖊𝖘𝖙𝖆𝖗 𝖉𝖔𝖗𝖒𝖎𝖉𝖔. ¿𝕰𝖘 𝖗𝖊𝖆𝖑, 𝖔 𝖙𝖔𝖉𝖔 𝖊𝖘 𝖚𝖓 𝖘𝖚𝖊ñ𝖔, 𝖞 𝖈𝖚𝖆𝖓𝖉𝖔 𝖖𝖚𝖎𝖊𝖗𝖔 𝖇𝖊𝖘𝖆𝖗 𝖙𝖚𝖘 𝖑𝖆𝖇𝖎𝖔𝖘; 𝖙ú 𝖓𝖔 𝖊𝖘𝖙á𝖘? 𝕱𝖚𝖊𝖓𝖙𝖊𝖘 𝖉𝖊 𝖈𝖗𝖎𝖘𝖙𝖆𝖑, 𝖇𝖊𝖘𝖔𝖘 𝖉𝖊 𝖒𝖎𝖊𝖑, 𝖑𝖆𝖌𝖗𝖎𝖒𝖆𝖘 𝖖𝖚𝖊 𝖘𝖊 𝖏𝖚𝖓𝖙𝖆𝖓 𝖈𝖔𝖓 𝖑𝖆𝖘 𝖒í𝖆𝖘 𝖞 𝖘𝖊 𝖈𝖔𝖓𝖛𝖎𝖊𝖗𝖙𝖊𝖓 𝖊𝖓 𝖗í𝖔𝖘 𝖈𝖆𝖚𝖉𝖆𝖑𝖔𝖘𝖔𝖘. ¡𝕹𝖔 𝖒𝖊 𝖍𝖆𝖌𝖆𝖘 𝖘𝖚𝖋𝖗𝖎𝖗, 𝖖𝖚𝖎é𝖗𝖊𝖒𝖊 𝖈𝖔𝖒𝖔 𝖞𝖔 𝖙𝖊 𝖖𝖚𝖎𝖊𝖗𝖔 𝖆 𝖙𝖎! ¡𝖄𝖔 𝖘𝖔𝖞 𝖒𝖚𝖞 𝖛𝖎𝖊𝖏𝖔, 𝖞 𝖙ú 𝖒𝖚𝖞 𝖏𝖔𝖛𝖊𝖓 𝖕𝖆𝖗𝖆 𝖒í! 𝖁𝖊𝖗𝖉𝖆𝖉. 𝕸𝖊 𝖊𝖘𝖙𝖔𝖞 𝖒𝖎𝖗𝖆𝖓𝖉𝖔 𝖊𝖓 𝖊𝖑 𝖊𝖘𝖕𝖊𝖏𝖔 𝖉𝖊 𝖙𝖚𝖘 𝖑𝖎𝖓𝖉𝖔𝖘 𝖔𝖏𝖔𝖘, 𝖊𝖓 𝖑𝖔𝖘 𝖑𝖆𝖌𝖔𝖘 𝖉𝖊 𝖈𝖔𝖑𝖔𝖗𝖊𝖘 𝖉𝖊 𝖙𝖚 𝖏𝖚𝖛𝖊𝖓𝖙𝖚𝖉, 𝖞 𝖘𝖔𝖓𝖗í𝖔. 𝕼𝖚é 𝖕𝖊𝖓𝖆 𝖛𝖊𝖗𝖙𝖊 𝖆 𝖊𝖘𝖙𝖆𝖘 𝖍𝖔𝖗𝖆𝖘 𝖉𝖊 𝖑𝖆 𝖛𝖎𝖉𝖆. 𝕾𝖔𝖑𝖔 𝖈𝖔𝖓 𝖒𝖎𝖗𝖆𝖗𝖙𝖊 𝖘𝖊 𝖒𝖊 𝖈𝖆𝖊 𝖑𝖆 𝖇𝖆𝖇𝖆, 𝖞 𝖙ú 𝖈𝖔𝖓 𝖙𝖚 𝖇𝖊𝖑𝖑𝖊𝖟𝖆, 𝖘𝖔𝖓𝖗í𝖊𝖘 𝖞 𝖒𝖊 𝖑𝖎𝖒𝖕𝖎𝖆𝖘 𝖑𝖆 𝖘𝖆𝖑𝖎𝖛𝖆 𝖉𝖊 𝖒𝖎𝖘 𝖉𝖊𝖘𝖊𝖔𝖘. ¿𝕼𝖚é 𝖕𝖚𝖊𝖉𝖔 𝖍𝖆𝖈𝖊𝖗 𝖆 𝖊𝖘𝖙𝖆𝖘 𝖍𝖔𝖗𝖆𝖘 𝖉𝖊 𝖑𝖆 𝖒𝖆𝖉𝖗𝖚𝖌𝖆𝖉𝖆, 𝖈𝖚𝖆𝖓𝖉𝖔 𝖒𝖊 𝖉𝖊𝖘𝖕𝖎𝖊𝖗𝖙𝖔, 𝖞𝖔 𝖙𝖊 𝖇𝖚𝖘𝖈𝖔, 𝖞 𝖆𝖑 𝖛𝖊𝖗 𝖖𝖚𝖊 𝖘𝖔𝖑𝖔 𝖊𝖘 𝖚𝖓 𝖘𝖚𝖊ñ𝖔? ¡𝕼𝖚𝖎𝖊𝖗𝖔 𝖛𝖔𝖑𝖛𝖊𝖗𝖒𝖊 𝖆 𝖉𝖔𝖗𝖒𝖎𝖗, 𝖞 𝖕𝖔𝖗 𝖒á𝖘 𝖖𝖚𝖊 𝖑𝖔 𝖎𝖓𝖙𝖊𝖓𝖙𝖊 𝖓𝖔 𝖑𝖔 𝖈𝖔𝖓𝖘𝖎𝖌𝖔! 𝕷𝖑𝖔𝖗𝖔 𝖞, 𝖙𝖊𝖒𝖇𝖑𝖆𝖓𝖉𝖔 𝖒𝖊 𝖖𝖚𝖊𝖉𝖔 𝖈ó𝖒𝖔 𝖘𝖎 𝖋𝖚𝖊𝖘𝖊 𝖚𝖓 𝖓𝖎ñ𝖔 𝖕𝖊𝖖𝖚𝖊ñ𝖔, 𝖊𝖓𝖈𝖔𝖌𝖎𝖉𝖔 𝖊𝖓𝖙𝖗𝖊 𝖑𝖆𝖘 𝖘𝖆𝖇𝖆𝖓𝖆𝖘 𝖉𝖊 𝖑𝖆 𝖒𝖚𝖊𝖗𝖙𝖊, 𝖑𝖆𝖘 𝖖𝖚𝖊 𝖈𝖚𝖇𝖗𝖊𝖓 𝖒𝖎𝖘 𝖛𝖎𝖊𝖏𝖔 𝖗𝖊𝖘𝖙𝖔𝖘, 𝖑𝖔𝖘 𝖖𝖚𝖊 𝖞𝖆 𝖓𝖔 𝖙𝖎𝖊𝖓𝖊𝖓 𝖉𝖊𝖗𝖊𝖈𝖍𝖔 𝖆 𝖛𝖎𝖛𝖎𝖗, 𝖓𝖎 𝖆 𝖘𝖔ñ𝖆𝖗, é𝖑 𝖖𝖚𝖊 𝖉𝖊𝖘𝖊𝖆𝖗í𝖆 𝖘𝖊𝖌𝖚𝖎𝖗 𝖛𝖎𝖛𝖎𝖊𝖓𝖉𝖔, 𝖞 𝖘𝖔𝖇𝖗𝖊 𝖙𝖔𝖉𝖔 𝖈𝖊𝖗𝖈𝖆 𝖉𝖊 𝖙𝖎. 𝕳𝖆𝖓 𝖕𝖆𝖘𝖆𝖉𝖔 𝖑𝖆𝖘 𝖑𝖆𝖗𝖌𝖆𝖘 𝖍𝖔𝖗𝖆𝖘 𝖉𝖊 𝖑𝖆 𝖓𝖔𝖈𝖍𝖊, 𝖞 𝖘𝖎𝖓 𝖙𝖊𝖓𝖊𝖗 𝖋𝖚𝖊𝖗𝖟𝖆𝖘 𝖊𝖓 𝖒𝖎 𝖆𝖑𝖒𝖆, 𝖞 𝖈𝖔𝖒𝖔 𝖕𝖚𝖊𝖉𝖔 𝖑𝖊𝖛𝖆𝖓𝖙𝖔 𝖊𝖘𝖙𝖊 𝖉𝖊𝖘𝖙𝖆𝖗𝖙𝖆𝖑𝖆𝖉𝖔 𝖆𝖒𝖆𝖘𝖎𝖏𝖔 𝖉𝖊 𝖍𝖔𝖏𝖆𝖘 𝖒𝖚𝖊𝖗𝖙𝖆𝖘. 𝕸𝖊 𝖛𝖎𝖘𝖙𝖔, 𝖇𝖚𝖘𝖈𝖔 𝖊𝖑 𝖊𝖘𝖕𝖊𝖏𝖔 𝖉𝖊 𝖙𝖚 𝖒𝖎𝖗𝖆𝖉𝖆 𝖞 𝖓𝖔 𝖙𝖊 𝖊𝖓𝖈𝖚𝖊𝖓𝖙𝖗𝖔 𝖞, 𝖊𝖘 𝖈𝖚𝖆𝖓𝖉𝖔 𝖛𝖊𝖔 𝖑𝖆 𝖗𝖊𝖆𝖑𝖎𝖉𝖆𝖉 𝖉𝖊 𝖑𝖆 𝖛𝖎𝖉𝖆. ¡𝕾𝖔𝖞 𝖒𝖚𝖞 𝖛𝖎𝖊𝖏𝖔 𝖕𝖆𝖗𝖆 𝖙𝖊𝖓𝖊𝖗 𝖉𝖊𝖗𝖊𝖈𝖍𝖔 𝖆 𝖛𝖎𝖛𝖎𝖗 𝖈𝖔𝖓𝖙𝖎𝖌𝖔! 𝕷𝖔 𝖘é, 𝖞 𝖘𝖎 𝖙ú 𝖘𝖚𝖕𝖎𝖊𝖘𝖊𝖘 𝖑𝖔 𝖖𝖚𝖊 𝖘𝖊 𝖘𝖎𝖊𝖓𝖙𝖊, 𝖙𝖊 𝖕𝖆𝖘𝖆𝖗í𝖆 𝖑𝖔 𝖒𝖎𝖘𝖒𝖔 𝖖𝖚𝖊 𝖕𝖆𝖘𝖆 𝖕𝖔𝖗 𝖒𝖎 𝖒𝖊𝖓𝖙𝖊. 𝕾𝖊 𝖒𝖊𝖈𝖊 𝖙𝖚 𝖈𝖚𝖊𝖗𝖕𝖔 𝖈𝖔𝖓 𝖑𝖆 𝖇𝖗𝖎𝖘𝖆 𝖉𝖊 𝖑𝖆𝖘 𝖔𝖑𝖆𝖘. 𝕰𝖓 𝖑𝖆 𝖉𝖎𝖘𝖙𝖆𝖓𝖈𝖎𝖆, 𝖙𝖊 𝖒𝖎𝖗𝖔 𝖞 𝖘é 𝖖𝖚𝖊 𝖙ú 𝖑𝖔 𝖘𝖆𝖇𝖊𝖘, 𝖕𝖊𝖗𝖔 𝖙𝖊 𝖉𝖊𝖏𝖆𝖘 𝖆𝖈𝖆𝖗𝖎𝖈𝖎𝖆𝖗 𝖈𝖔𝖓 𝖑𝖔𝖘 𝖘𝖚𝖘𝖕𝖎𝖗𝖔𝖘 𝖉𝖊 𝖒𝖎 𝖆𝖑𝖒𝖆. 𝕰𝖘𝖙𝖔𝖞 𝖈𝖊𝖑𝖔𝖘𝖔 𝖉𝖊𝖑 𝖛𝖎𝖊𝖓𝖙𝖔, 𝖊𝖘𝖊 𝖖𝖚𝖊 𝖆𝖈𝖆𝖗𝖎𝖈𝖎𝖆 𝖙𝖚 𝖕𝖎𝖊𝖑, 𝖊𝖑 𝖖𝖚𝖊 𝖊𝖓 𝖘𝖎𝖑𝖊𝖓𝖈𝖎𝖔 𝖘𝖆𝖇𝖊 𝖖𝖚𝖊 𝖘𝖔𝖑𝖔 𝖘𝖔𝖞 𝖚𝖓 𝖛𝖎𝖊𝖏𝖔, 𝖞 é𝖑 𝖘𝖎𝖓 𝖖𝖚𝖊 𝖙ú 𝖑𝖊 𝖉𝖎𝖌𝖆𝖘 𝖓𝖆𝖉𝖆, 𝖙𝖊 𝖇𝖊𝖘𝖆, 𝖗𝖊𝖈𝖔𝖗𝖗𝖊 𝖈𝖔𝖓 𝖘𝖚𝖘 𝖒𝖆𝖓𝖔𝖘 𝖘𝖎𝖑𝖊𝖓𝖈𝖎𝖔𝖘𝖆𝖘 𝖙𝖔𝖉𝖆 𝖑𝖆 𝖕𝖎𝖊𝖑 𝖉𝖊 𝖙𝖚 𝖇𝖊𝖑𝖑𝖔 𝖈𝖚𝖊𝖗𝖕𝖔. 𝕷𝖑𝖊𝖛𝖔 𝖚𝖓 𝖇𝖆𝖘𝖙ó𝖓 𝖍𝖊𝖈𝖍𝖔 𝖈𝖔𝖓 𝖑𝖆𝖘 𝖗𝖆í𝖈𝖊𝖘 𝖉𝖊 𝖑𝖆 𝖓𝖔𝖘𝖙𝖆𝖑𝖌𝖎𝖆. 𝕸𝖊 𝖙𝖎𝖊𝖒𝖇𝖑𝖆𝖓 𝖑𝖆𝖘 𝖒𝖆𝖓𝖔𝖘 𝖈𝖆𝖉𝖆 𝖛𝖊𝖟 𝖖𝖚𝖊 𝖙𝖊 𝖛𝖊𝖔. 𝕾𝖎, 𝖘𝖔𝖑𝖔 𝖘𝖔𝖓 𝖘𝖚𝖊ñ𝖔𝖘, 𝖑𝖔𝖘 𝖖𝖚𝖊 𝖕𝖔𝖗 𝖒á𝖘 𝖖𝖚𝖊 𝖑𝖔 𝖎𝖓𝖙𝖊𝖓𝖙𝖊 𝖞𝖔 𝖘𝖊𝖌𝖚𝖎𝖗é 𝖘𝖚𝖋𝖗𝖎𝖊𝖓𝖉𝖔 𝖕𝖔𝖗 𝖙𝖎. 𝕷𝖆 𝖛𝖎𝖉𝖆 𝖊𝖘 𝖚𝖓 𝖑𝖎𝖇𝖗𝖔 𝖖𝖚𝖊 𝖘é 𝖊𝖘𝖈𝖗𝖎𝖇𝖊 𝖈𝖔𝖓 𝖑𝖆 𝖘𝖆𝖓𝖌𝖗𝖊 𝖉𝖊𝖑 𝖘𝖎𝖑𝖊𝖓𝖈𝖎𝖔, 𝖈𝖔𝖓 𝖊𝖑 𝖘𝖚𝖊ñ𝖔 𝖉𝖊 𝖑𝖆 𝖓𝖔𝖘𝖙𝖆𝖑𝖌𝖎𝖆, 𝖞 𝖘𝖊 𝖑𝖑𝖔𝖗𝖆 𝖈𝖔𝖓 𝖑𝖆 𝖔𝖘𝖈𝖚𝖗𝖎𝖉𝖆𝖉 𝖉𝖊 𝖚𝖓𝖔𝖘 𝖔𝖏𝖔𝖘 𝖖𝖚𝖊 𝖓𝖔 𝖛𝖎𝖛𝖎𝖊𝖗𝖔𝖓 𝖔 𝖖𝖚𝖊 𝖍𝖚𝖇𝖎𝖊𝖘𝖊 𝖉𝖊𝖘𝖊𝖆𝖉𝖔. 𝕰𝖑 𝖋𝖔𝖗𝖏𝖆𝖉𝖔𝖗 𝖉𝖊 𝖘𝖚𝖊ñ𝖔𝖘 𝕵𝖔𝖘é 𝕽𝖔𝖉𝖗í𝖌𝖚𝖊𝖟 𝕲ó𝖒𝖊𝖟 𝕰𝖑 𝖘𝖊𝖛𝖎𝖑𝖑𝖆𝖓𝖔

La ceguedad de mis ojos

La ceguedad de mis ojos

Hace muchos años: al principio de la era en la cual, me trajeron a este mundo; ya que no fui yo el que pidió que me trajesen, que no es lo mismo, qué desearlo. Quiero recordar que en aquellos momentos ni yo podía decir que si, ni decir esta boca es mía. Me acababan de parir: ¡Toma ya! Pero sé que había dos personas que estaban presentes en aquel dichoso momento.

Uno era alto, fuete, y de un cuerpo bastante recio. Pero era bondadoso. El tono de su voz era dulce, y sus palabras hacia mi persona me auguraban buenos resultados de los cuales yo viviría dichoso y feliz durante toda mi vida en esta tierra. ¿Palabras dichas por él? ¡Eso hay que verlo, me dije yo, y el tiempo dirá si fueron ciertas o tal vez todo sería mentira!

 Sus cabellos eran blancos, muy largos, tanto, qué le caía sobre sus hombros; hacían de él que pareciese una buena persona, y seguramente era el que mandaba de los dos. Yo en aquellos precisos momentos no podía decir mi opinión, con relación de lo dicho. y con los años vividos ya les contaré como fuero aquellas predicciones sobre mi persona.

En una de sus manos llevaba un cetro, bueno yo no podía saber para qué era. Pensé que a lo mejor me quería pegar con el palo que portaba en su mano derecha. Pero no lo hizo; mejor así, los años lo dirán si fue bueno, o mejor hubiese sido que me hubiese dado un fuerte garrotazo el primer día en el cual mis pulmones comenzaron a respirar de este aire.

Cuantas predicciones dijo de mi pequeña y diminuta persona… tantas; que no me puedo acordar de ellas.

El otro personaje: era también tan alto como el primero y si cabe, un poco más. Su semblante y de una belleza superior. Portaba en su mano derecha un tridente. Tenía algo que me gustó mucho; pero no fue aquel pincho que nunca pensaba yo que sería para clavármelo en la piel de mi pequeño cuerpo cada vez que yo me equivocase. De sus espaldas salían unas bellísimas alas, sus plumas eran de todos los colores, y mientras él estuvo escuchando a su querido amigo; se mostró bastante cauto y guardo silencio. 

Una vez terminado el comentario sobre mí; este compañero recibió de su querido y apreciable amigo; le ordeno, qué dijese su veredicto de sus palabras y cometarios hacia mi insignificante persona.

Se lo quedó mirando: y soltó una gran carcajada que retumbo en aquel pobre hospital en el cual acababan de parirme. ¡Pero era tan grande la burla, que yo al escuchar dicha carcajada comencé a llorar, y no hubo forma de hacerme callar!

Aquello fue nombrado durante mucho tiempo, nadie sabía de donde aparecieron esas palabras y aquella sonrisa tan sonora.

Menudo presagio hacia mí. ¿Qué me deparaba la vida, cuantas cosas, cuantas tristezas me esperaban de tras de la esquina de aquella cuna de hierro, que tenía tantos desconchones que el óxido le llegaba hasta el mismo suelo; ya que este era de tierra?

¡Ahí comenzó mi desdichada historia! Tenía toda la razón aquél ángel de la guarda. Oh, mejor dicho, el propio demonio que era amigo personal de este dios del que todo el mundo habla! Qué hace esto, que hace lo otro, y que no sé cuántas cosas más hace este tipo que habló de mí, en el día que me parieron.

¡Si yo les cuento cosas! Seguramente no se creen ninguna, porque de un desdichado como yo; qué historias puedo contarles.

Nacemos ciegos, nos reímos, y a veces, o tras nos callamos para no hacer reír a los demás. Miramos y vemos cómo corre el tiempo, y cada segundo que pasa nos hacemos mucho más viejo que el segundo pasado. Si, ese que hemos dejado escapar porque no lo pudimos vivir. ¡Quiero vivir de nuevo otra vez! Si de nuevo: pero no quiero hacerlo cómo la primera vez que lo hice. Yo no deseo equivocarme nuevamente, han sido tantas y tantas veces los errores cometidos. Que mis ojos no es que estén ciegos, no, pero si, que están rojos como la sangre que fluye por mis venas, y lamento tanto el haber vivido, y al ver que he tenido que llorar tanto, que me arrepiento el haberme enamorado, por culpa de mis ojos, si, ellos tiene la culpa de todas mis desgracias; y condeno a este mundo por mostrarnos la belleza, antes, que lo que se oculta tras ella, y con todo lo que he pasado… por favor, no me traigas de vuelta, si el camino por recorrer será el mismo que hice anteriormente en este maldito mundo.

 ¡Déjame ciego, que no quiero volver a ver lo que he visto en el correr de los tiempos nunca más!

El forjador de sueños

José Rodríguez Gómez

El sevillano

La paleta de acuarela

La paleta de acuarela

Hace muchos años: siendo aún, un niño, y des de hace munchos, pero que muchos años, yo seguía

soñando con ella. Cada vez que pasaba por delante del escaparate de una tienda que había en la calle hospital; yo me quedaba embobado mirándola, no había otra cosa que me llamase más la atención que aquella pequeña pero preciosa paleta. Mis ojos se llenaban de lágrimas y alguna que otras veces, me tenía que enjuagar para que la vista no se la llevasen y que me dejara verla.

¿Por qué, me preguntaba yo, si solo la había visto ponerla el tendero y ya era mía? Buen: si me la echan los reyes magos de oriente tal vez pueda ser mía. Y que ya estábamos, muy próximo a la navidad y me gustaba. La había visto en él escaparate de una tienda que vendían precislar. ¡Precislar! le llamábamos a cosas y utensilios de plástico y otras cosas como hules para las mesas de camillas; pero en el centro del pequeño escaparate estaba situada la misma y eso fue lo que atrajo la atención de mis ojos.

En este desgraciado, mundo todo cuesta tanto que a veces hay que llamar “al duende de los sueños” para que te echen una buena mano, yo era muy niño y no podía trabajar. Yo estaba en la escuela y lo que hacíamos durante todo el tiempo que estudiábamos era lo de menos, estudiar y. lo que sí que había que hacer era cantar la salve María, el credo. y él cara al sol y eso que no faltara porque si no, nos dejan salir a casa…

¡Yo soñaba con ese regalo para los reyes, si, hacía muy poco que había entrado en el grupo de desdichados de la vida! ¿Quiénes somos los desdichados… muchos y, como es natural, siempre éramos los pobres ya que el que tenía dinero; en aquellos tiempos era el rey o y otros cuantos?

Hacía mucho frío, entonces había perdido lo que yo más quería en la vida; y era: La mujer que había parido mi cuerpo, esta, era mi querida madre. Tendría yo unos doce años, y no sabía, de la misa la mitad. ¡Cuánto tendría que sufrir para que la piel de mi diminuto cuerpo se curtiese contra las atrocidades que me tendrían que hacer las múltiples heridas que jamás se cicatrizasen sobre mi desgraciado pellejo que cubre mi cuerpo!

Me había convertido sin desearlo, en un niño huérfano; pero era cierto, y que los años no serían para mí los mejores.

Mi ropa: la que llevaba puestas, no era la mejor, pero lo que si era cierto que tampoco tenía otra mejor para pasar esos momentos del duro invierno. Caminábamos por la calle, cogido de la mano de mi abuela. Esta me llevaba de mi casa ala de ella, y esta estaba muy retirada de la mía; y estaba en la otra parte del pueblo. Mi casa era tan pequeña que para estar todos juntos cabíamos estrechamente, pero a si era mi casa por llamarlo de alguna manera.

Poco tiempo, acaso, solo unos meses de ese maldito día que jamás se podrá olvidar de mi mente.

Murió cuando no estaba yo presente y cuando me fueron a buscar; estaba yo en casa de mis otros abuelos, los padres de mi padre. Entré en la habitación donde estaba su Querido cuerpo… ella al llegar yo; no hizo movimiento alguno, ni al sentir mis llantos, y no notar sobre su cara las lágrimas de cristal que salían de mis ojos como si fuesen dos ríos desbocados. ¿Cuántos somos los que la vida nos deparo estas tristes horas, y de las cuales, solo quedan las heridas producidas por ese maldito viento que arrastra los sueños en los cuales hemos estado viviendo durante el resto de nuestras vidas?

 ¡Pinté tantas cosas con ella que solo quedan viejos recuerdo de esos descoloridos dibujos que yo hice en mi infancia! ¡Pero, jamás volvió! Cuantas veces he llorado y después de haberlo hecho, me pregunto, ¿ha valido la pena hacerlo? qué se yo, tal vez el día que mi cuerpo se retire al rincón donde están las hojas muertas tal vez sí, que pueda verla. Mientras tanto todo se quedará en un bello sueño…

José Rodríguez Gómez

El forjador de sueños

El sevillano-

Llorar

Llorar

El hombre que llora: ¿Qué es?

¿Es hombre, o es alguien que pierde los sueños cada vez que ve, que oye, que piensa en sí mismo, o tal vez ya no sea ni tan siquiera, eso, un hombre?

Miras á trabes de los cristales de nuestros ojos, y sin saber el por qué… lloramos, sí, es verdad que lo hacemos, se derraman por nuestras mejillas arrugadas, ríos de agua cristalinas, sin saber qué es lo que somos cuando cruzamos el tiempo de nuestra vejez.

Algo oscuro, sin luz, sin sentido, sin saber cada segundo de nuestra vida cómo se va acrecentando la cuesta abajo…

¿Es bonito, es bueno, llegar a esta edad que no sabes qué día es?

Sí, en esta vida hay de toda clase de hombres, de todas formas de ser; y ente ellas hay muchos, yo me encuentro entre ellos, y cada vez que escucho algo, y esto me llega dentro del corazón. ¡Hala, a llorar como si fuese un niño que le han pegado, o tal vez, lo hace sin saber el motivo! ¿O es que su mente se ha vuelto loca, y no sabe el por qué?… De ahí viene mi pregunta: ¿Ser o no ser: esta es la cuestión; de estas personas que ya no damos la taya, si, es cierto no la damos, porque nos parecemos a las mujeres, pero no a todas, no,  si no algunas que por cualquier cosa, ellas se defienden con estas lágrimas de cocodrilos, como se dice en algunas partes de esta piel de toro?

¡Podría ser que esto de la piel de toro tenga algo que ver con este tema! ¡Qué pena, ser viejo! Si, es una pena llegar sin haber llegado en toda plenitud de factores, y que cada persona viva cuanto ha de hacerlo pero con una fuerza que valga la pena ser un hombre en todos sus conceptos.

 ¿Morir, sería bueno: si no sabemos para que vivimos, creo que es mejor morir; ya que de pena sí que morimos cada segundo de nuestra soledad?

¡No tengo miedo a mi soledad; no, no le tengo, tengo miedo a vivir sin saber por qué lo hago y para qué estoy en este mundo!

Caminas muy lento, si, es la puara verdad, lo hacemos y cada paso que vas dando, ves, miras, y al pasar alguien por tu lado; te das cuenta, que todo, se te ha terminado y solo te queda un viejo banco, si, un viejo banco, descolorido, destartalado, y casi sus patas no pueden sostener el peso de tu huesos.

Este banco está situado y amparado bajo la sombra de un árbol que están viejo como tú, e incluso mucho más de los mochos que caminamos despacio, ya que nuestro cuerpo no nos permite seguir el ritmo de la vida y quedamos retrasados al laberinto vertiginoso de este maldito mundo.

¿Qué es lo que pesa más de mi cuerpo: los años, mis huesos, o los huesos invisibles que te pusieron en el largo tiempo que has vivido; si es que a esto se le puede llamar vida?

Solo el perfume de las rosas te hace girar tu cabeza, para poder sentir ese aroma que despierta tus sentidos. ¿Para qué?

El tiempo que pasa a nuestro alrededor es algo que nos confunde muy a menudo. Nos creemos, fuertes, dóciles, blandos y rectos, y nada de lo pensado es cierto. Fuertes: ni tan siquiera de nuestros recuerdos. Dóciles: nos dejamos embaucar por las dulces palabras de las mujeres.

Rectos: en que parte del cuerpo estamos rectos. En ninguna; ya que ni nuestra sombra es recta; eso pasó a la historia del pasado y ni siquiera revolviendo el baúl de los recuerdo y lo encontraríamos por mucho que busquemos.

¿Qué nos queda? ¡No lo sé, tal vez a alguien le gustemos! Nos creemos las mentiras como cuando éramos niños. Esos cuentos de los duendes, y soñábamos de qué haríamos cuando fuésemos mayores.

Pues bien: yo, llegue y creo que me arrepiento de haberlo hecho, sí, lo sé. Eso de ser, o no ser; tenía mucha razón. Él qué pronunció tales palabras. ¿Y qué era lo que querían decirnos con ello? ¿Viviste ese tiempo que arrasó el viento? ¡Se fue, verdad, sí! ¿Qué ha quedado de todo? Nada, solo la sombre de un despojo que camina muy despacio, y que no puede levantar los pies sin que sean arrastrado y levantando el polvo que cubre los caminos del silencio. Te puedo hacer un pregunta, señor. Hazla.

¿Por qué te casaste con esa mujer? ¿Quién eres? Le respondí. El silencio cubrió mi miedo y despertó mi mente; porque esa misma pregunta me la hiso una siquiatra hace muchos años.

Durante años, estuve loco, sí, es cierto que lo estuve; ya que mis ojos no me daban respuesta a la locura cometida en mi juventud. Belleza exterior, sin mirar el interior humano. Quien había vivido dos veces para saber tanto de la belleza. ¡Solo una vez: yo deseo volver a vivir para intentar no equivocarme de nuevo y no tropezar con la misma piedra que me hizo caer en las profundidades más negras de esta desgracia vida mía! ¿Solo yo: he sido yo la única persona que le ha tocado vivir esta vida tan desgraciada, y al dar con esa persona que te arrastra a lo más profundo del abismo? Creo que he sido el único, por eso creo que lloro, y no ser el por qué. No te lo puedo decir; ya que mi llanto es tan grande y tan débil que nada me hace reír, nada me hace recordar algo bello en mi dilatada caminata por caminos solitarios y mugrientos.

He tardado mucho en llegar a este banco. Tras de mí, he dejado un reguero de pisadas deformes; que en vez de ser las huellas del pasado, es un laberinto de pisadas que ninguna ha dejado marca de mi tiempo que he estado enterrado en esta tierra que llaman, Granada.

Los niños juegan, revolotean como si fuesen pajarillos, pían y cantan, pero no se dan cuenta que yo también estoy en este mundo. Sólo, soy la sombra de un viejo árbol: ellos pasan por mi lado sin mirarme, ni me dicen nada, ellos juegan, sonríen entre ellos; niños y niñas se cogen de las manos, se dan besos en sus labios como si fuesen mayores y, se les puede oír sus risas encantadoras y el perfume que esparcen; y ese olor llega a mis entrañas. Esto me hace soñar: sí, es cierto que me hace soñar, claro que yo también podía ser uno de esos niños…

Pero no lo soy. ¿Para qué estoy sentado si pierdo el tiempo llotrando y sin que nadie se apiade de mí? Ser un viejo que te arrastra el viento y te arremolina en unos rincones oscuros, malolientes donde se pudren las flores que un día fueron bellas, o creo haberlo sido. ¡Tal vez nunca lo fui y por eso la vida me ha maltratado dándome huesos en la frente! ¡Claro erra bella, y yo, ciego!

El forjador de sueños

José Rodríguez Gómez

El sevillano.

La marranera

La marranera

¿Qué es lo que se criaba en estos lugares de nuestras costumbres ancestrales?

¡Sí, eso, puercos y cualquier cosa que nos sirviera para poder comer en una época del año, y en verdad que eran muy largas, esas pobres épocas y sobre todo para los que no teníamos esa suerte de poder hacerlo!

¡No todo el mundo podía criar cerdos, marranos, cochinos, guarros, puercos y hoy en día, se les llama, porcinos!

Pero era  tan grande el hedor producían qué hubo que sacarlos de las marraneras particulares y llevárselos lejos de los pueblos y de las grandes urbes.

¡Y las gentes: los votaba!

¿Han visto una cochinera, ven como se pelean por un pedazo de… y se lo comen? ¡Y les votamos!

Han visto cada día, sí, lo digo bien a cada día, a cada segundo;  en el hemiciclo, o en el senado; por el comportamiento que tienes unos con otros por un pedazo de… se pelean, se discuten; pero: ninguno se pone de acuerdo para crear entre todos una gran torre de babel donde todos quepamos y tengamos los mismos derechos sociales, culturales, medicinales, y bienestar social; eso no, no, eso no les interesa; solo se discute, se insultan, por un pedazo de lo que ellos creen que es comestible.

Han visto alguna vez una pocilga: los que viven allí se gruñen, se hacen daño, se discuten, luchan hasta que el más fuerte se come el pedazo de… pero no sabemos lo que se dicen entre ellos. Aquí si lo sabemos, pero lo que no sabemos el por qué lo hacen. Pero les votamos.

¡Que lastima verdad: el no poder saber el idioma que hablan esos cerdos! Pero les votamos.

¡Volveremos a la guerra! Si, a si lo haremos, y siempre habrá el que gruñe más fuerte que los demás, he iremos de tras para ver adonde nos llevan estos cerdos. Hoy en día nuestros políticos: que en verdad hacen los mismos gestos, las mismas peleas y el mismo furor para hacerse con el poder mientras otros se insultan en las calles; siendo empujados por esos que están cobrando dentro de hemiciclo, o del senado. Pero les votamos.

Hay personas que dicen: he visto un cerdo volar, cosa difícil, pero no deja de ser cierto, si es verdad que vuelan. Pero yo creo que los que vuelan, son los buitres. Los cerdos se lo comen todo, y los otros bichos desde las alturas lo pueden ver y también oler… Pero les votamos, y siguen cobrando de nosotros.

¿Tan difícil es ponerse de acuerdo, y entre todos, crear algo grande que nos de ese orgullo de ser de este país, sentir felicidad en nuestros corazones al sentirnos de esta tierra?

¿Desde cuándo tenemos corona sobre nuestras cabezas?

¡Yo, en verdad, no lo sé! Hay gente que se siente orgulloso de haber sido esclavizados, y manejados por monjes Castellanos Leoneses durante más de trescientos años qué estuvieron bajo el mando de estos tipos de curas.  ¡Sí, se hicieron muchas cosas: por ejemplo! Muchas iglesias, muchos conventos y sobre todo se hicieron dueño de todo el poder, de todas las riquezas de nuestra tierra; pero se sienten orgullosos de todo ello. ¡También había cerdos y cochineras! Lo que no tenían el derecho en aquellos entonces, era el de poder votar, en eso, les ganamos a aquellas personas; nosotros, los votamos, pero no nos sirven de nada haberlo hecho.

Derechas, izquierdas, de centro, comunistas, socialistas, y de otras lides… ¿Para qué nos valen? Si después, de mucho gruñirse, insultarse, y todos terminan lo mismo; hartos de comer y de beber acosta de los demás, y les votamos. Pero los que se criaban en las casas, en esas marraneras, el fin de ellos, era, ser comidos por los que les votaban, o mejor dicho, los que les echaban de comer y no al revés.

Estamos hablando de cerdos y nos dejamos a esos bichos que vuelan.

Blancos, negros, azules, colorados, o rojos, naranjas, violetas y de otros colores; pero al final del cuento todos son lo mismo. Son votados por nosotros, y comen del sueldo de este desgraciado pueblo que les paga para que nos ayuden a arreglar nuestros problemas, y ya lo podéis ver, cada día en la televisión: jugando, discutiendo, insultándose, peleándose y durmiendo… esta es la manera  de trabajar esos pobres animales; que comen, se engordan y encima la culpa es solo nuestra. Porque les votamos.

Comencé diciendo: volverá la guerra entre nosotros, si, es cierto que volverá, se puede ver, oler y sentir, pero como siempre, las balas solo las sentirán sobre su piel los mimos de siempre, y quedarán a los que les votamos y ellos se quedarán en la retaguardia donde se puede seguir comiendo, y al final de la contienda, y después de haber tenido que saltar el río de sangre que correrá por las calles y para no ensuciarnos los zapatos; serán ellos los que quedarán para ponerles la medallas por lo bien que lo ha hecho, y de después de haberse gruñido, insultados, todo quedara para la historia. Ello, se comerán las cigalas, los langostinos y otras exquisiteces. Al final del cuento: les pondrán las medallas correspondientes a cada partido; ya que todo lo ocurrido y lo que tenga que ocurrir, es para ellos. Solo un cuento. El del pan y pimiento. Pero les votamos… ¿Hasta cuando no aprenderemos hacerlo, mientras tanto ocurre, seguiremos votando? A lo mejor: alguna vez, sean buenos y nos arreglen esta mierda de país.

El forjador de sueños

José Rodríguez Gómez

¡Diputados, senadores y otros!

¡Diputados, senadores y otros!

¿Adónde están estos señores; en sus casas? Y mientras el pueblo hace colas para mendigar comidas…

¿Qué puede uno sentir cuando se ven estas diferencias entre las persona de esta nuestra tierra?

¿Se les debe de pagar a estos señores por llamarlos de alguna manera… lo que no trabajan, ninguno de ellos? Yo creo que tendría que pedir una ayuda para que no los echen a la calle. ¡Qué pague el gobierno; ya lo hace! Son ellos y no nosotros ¿Qué diferencia hay entre unos y otros? Ninguna, solo las siglas, las cuales, todas son mentiras, todos a robar cuanto pueda y que el día de mañana te paguen una buena paga por el esfuerzo que has hecho, en tu tiempo como político, cuantas mentiras. Malditos todos y todas…

¡Vergüenza es lo que siento, y no es para menos! Ese dinero está muy mal pagado mande quien mande;  me da lo mismo, sea quien sea el que este llenándose los bolsillos con las personas de la calle y esto no nos lleva a ninguna parte, solamente a que con estas maneras de hacer y de dirigir una nación llegaremos a que todos tengamos que estar mendigando por las calles; mientras otros gobiernos, sean comunistas, socialistas o porque no, del partido popular se discuten las maneras de joderse unos a otros. A ellos les cae por ir a entretenerse en el palacio de los diputados o de los senadores y a jugar con los móviles, mientas, no hay trabajadores para recoger los alimentos del campo… por ejemplo.

¡Señores: los extremos todos son malos! Sean del color que sean. No vemos que esto no es así, que hay que tomar medidas, y repartir los alimentos por partes iguales.

No, esto no; verdad que no, soy socialista… de que, tú eres como los demás. Un señor o señora que te dan lo que no te mereces, y tú también, que eres de los que siempre habéis mandado. A que jugáis, ustedes lucháis para que el pueblo pueda vivir, y para que los niños y niñas de esta tierra tengan los mejores estudios. ¿O solamente los tuyos sí que pueden ir a buenas escuelas, mientras los demás pobres que son la mayoría están en barracones de maderas con los techos de uralitas? ¿De qué es lo que habláis mientras os entretenéis jugando a ser políticos?… que ninguno lo sois en verdad; sino vividores de esta democracia.

¡Vasta: es para mataros a todos, y la mayor culpa de estas desgracias, las tenemos todos los que vamos a votar a esa chusma de gente que se apunta en las listas electorales!

¡Siempre son los mismos! hijos de fulano, de mengano, y de otras clases de ratas qué se esconden tras una máscara en la cual solo se les ve la sonrisa en sus labios de carmín que le pilla toda la cara, y mira que es grande y dura… es ese día, cuándo todos, sin excepción de nadie, todos nos volvemos borregos, en los cuales también entro yo, yo no me quito ninguna clase de culpa porque también voy a votar. Y creo que no merecemos nada mejor ya que no aprendemos; así, pase lo que pase nos merecemos esto y mucho peor. Me doy pena a mí mismo, ver como la gente pide comida, se rebusca en los contenedores, y otros, mientras se limpian la cara con billetes de cien euros; sin pegar golpe alguno. Estos lo cobran por que son demócratas.

¡No miren para otro lado, mírense al espejo de la calle y digan si no es cierto cuanto digo, y no cobren lo que nunca os habéis merecidos!… ¡Si hablo, reviento! Podría decir mucho más, pero no más claro.

El forjador de sueños

José Rodríguez Gómez

El sevillano.

¿Quien soy?


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Jose Rodriguez Gomez El Sevillano

9 h · Tus amigos

Amigos

¿Quién soy?Hace muchos años me trajeron a este mundo. No era yo el que lo había pedido, pero, a si fue mi creación. Ustedes dirán, para qué, cosa que ni yo lo puedo saber, y muchas veces lo he preguntado a esa dulce mujer que durante nueve meses me tuvo encerrado dentro de ese maravilloso lugar; a donde jamás podernos volver. ¡Qué pena verdad!Cuántas veces he llorado, muchas, y nadie me dio la respuesta que mi mente necesita para resolver los dilemas tan ocultos que hay en m nuestra vida.A todas las personas les regalan un libro: Sin nombre sobre su tapa; ni palabra alguna que se pueda leer. ¿Me pregunto: para qué necesito yo un tomo vacio? ¿Grande o pequeño? Eso solamente lo sabe la vida. La vida es el tiempo en el que estamos sobre esta maldita tierra; y en ella vivimos, sufrimos, o somos felices… cuanto, no lo sabemos. ¡Unos segundos, minutos, semanas, años y algunas veces nos da hasta más de un siglo… para que podamos vivir, sufrir, o tal vez ser feliz! Nada es cierto, todo es verdad y todo es mentira; el transcurrir de los tiempos nos dice cuantos días y cuantas cosas pasarán sobre nuestro cuerpo, sin saber escribir, ni saber leer. ¿Para qué? Durante todo este tiempo lo vallamos escribiendo y, el final, sí, un libro que el que venga tras nosotros; sea el que lo termine, y ya estará escrito; ya no queda ninguna página en blanco. Dejaremos esta parte, y después de todo el sufrimiento; será la única hoja que no podemos escribirlas nosotros mismos.¡A mí: me regalaron un gran bloque de mármol! Sí, de mármol para que lo fuese tallando, y como, sin saber cuánto tiempo tendría que estar sobre la superficie de la vasta tierra en la cual vivimos, y el tiempo que me tenían guardado y del que yo mismo iría esculpiendo!¿Qué tenía que hacer con esta piedra? Con los años, me fui acostumbrando a ver este grandioso pedrusco que tenía delante de mí. Cada día que la vida me estaba regalando, y del la cual, no sabía para qué esta piedra en mi camino. Caminando se hace el camino. Sí, puede ser cierto; pero no todas las personas nacen con un obstáculo delante de si nada más nacer… A la cual, yo le daba rodeo, día tras día, y pasaba aduras penas delante de ella.Durante años estaba acostumbrado a verla, nadie me dijo que tendría que hacer con este libro; sí, yo no tenía otra cosa, en vez de un libro en blanco; a mí me toco la lotería sin haber echado.Había transcurrido unos pocos años y ya supe sobre mi piel hecha girones. ¿Para qué transcurrió ese tiempo, esos años, este era el castigo que me toco vivir? Cuando la dulce mujer me dejo a las puertas de un hospital de los pobres, sí de los pobres; ya que los ricos no tenían que ir a ese lugar. A ellos les iba una matrona y en su casa y en buena cuna lo posaban con mucho cuidado para que esa criatura no sufriese lo que otras muchas tenemos que sufrir en nuestras propias carnes. ¡Qué lugar tan triste, tan húmedo y tan umbrío! ¡Este sitio había en el pueblo que me parieron! ¡Yo no nací, no, a mi me parieron, con muchos gritos, y mucho llantos por mi parte, sin saber el por qué de tanta pena, si tendría que haber sido de mucha alegría; pero no! Esa no fue la razón por la cual llegue a este mundo.Tal era la costumbre de ver la medalla que me pusieron ante mí; qué sin saber el por qué la fui tallando con un cincel y un partillo. ¿Qué buscaba dentro de esta mole? Nada, me miraba y sin darme cuenta me veía dentro de ella. Era tan grande, tan fuerte, tan dura y yo tan pequeño, que subiéndome a una silla de aneas; esta era la única forma de llegar hasta la parte superior de la misma. Durante muchos años estuve trabajando sobre la imagen que se reflejaba dentro de sí. Con el tiempo me veía a mí mismo; o tal vez era la forma que yo deseaba ser con el tiempo. Grande, fuerte y por qué no decirlo, bello. ¿Cuántos cinceles se gastaron, y cuántos martillos se rompieron? Muchas fueron las horas la estuve esculpiendo, y con el tiempo se fue formando a mi imagen y semejanza.Una vez terminada mi obra, esta estaba en silencio, y encima de todo cuanto había pasado en mi vida; ahora qué estaba acompañado de algo, y que no me hablaba, no me miraba. Sus ojos estaban abiertos, pero mirando hacia el infinito, y yo, no sabía adónde estaba ese lugar que esta figura veía. ¡Ella no quiere decirme a donde están mis sueños y sabiendo que durante tantos años estuve llorando mientras yo la estaba esculpiendo! Ella escuchaba mi llanto, mis penas, mis sueños y yo siempre lo hacía para un lugar imaginario…Han pasado los años, y llegado a este tiempo, me encuentro siendo un viejo. Casi no puedo levantar el martillo, y el cincel estará en algún lugar, pero mi mente no recuerda adonde esta para ir terminando mi obra. Sí, la mía es esta, y la de casi todas las personas es un libro, pero a mí no me lo dieron porque si no, tal vez estaría terminado y guardado en algún cajón de mi dormitorio, escondido para que nadie pueda leer las muchas cosas que me han pasado en mi desgraciada vida; y a si como yo no tengo tal cosa, prefiero que miren mi obra y busquen los escritos que guardo en su interior. Sí, la que me fue comendada para dejar escrito mí pasado sobre esta imagen.Eran bellos mis sueños… pero no podía saber que miraban sus abiertos ojos, bellos sin tener color alguno, blanco. Su interior me llamaba cada segundo que yo estaba cerca de ella. Yo buscaba el lugar de los sueños. Su boca entre abierta no pronunciaba palabra alguna. Todo era silencio a su alrededor. Si piel era tersa, pero no tenía venas y su sangre no corría por si interior.Se le podían ver sus nervios. Eran templados, fuertes, pero no tenía movimiento alguno. Su corazón estaba dentro de sí y tampoco latía… era un muerto lo que yo había creado durante toda mi vida. Yo deseaba hacer que sus ojos pudieran ver, que su boca pronunciase palabras, y que él me dijese para qué lo tuve que creando y el por qué de las cosas que pasan en esta vida.El cincel no cabía dentro de sus ojos, no encontraba la forma de operar, o de tallar su mirada. Su boca entre abierta, en ella no entraba el cincel para hacerle sus cuerdas bocales. Si lo hubiese sabido, tal vez, ahora estaríamos hablando, y a si, él podría decirme adonde se van mis sueños y el por qué el haber nacido, o mejor dicho, parido sin haber pedido tal cosa. ¿Quién soy yo… una piedra del camino, un matorral que se balancea con el viento? Una brizna que se llevan la brisa, o solo una sombra que no sabe a qué cuerpo pertenece. Sea lo que sea, solo soy alguien que no sabe el por qué de las cosas…Cuando se terminen los tiempos seguramente hallaré mis respuestas. El forjador de sueños. José Rodríguez Gómez, el sevillano.

¿Quién soy?

¿Quién soy?

Hace muchos años me trajeron a este mundo. No era yo el que lo había pedido, pero, a si fue mi creación.

Ustedes dirán, para qué, cosa que ni yo lo puedo saber,  y muchas veces lo he preguntado a esa dulce mujer que durante nueve meses me tuvo encerrado dentro de ese maravilloso lugar; a donde jamás podernos volver. ¡Qué pena verdad!

Cuántas veces he llorado, muchas, y nadie me dio la respuesta que mi mente necesita para resolver los dilemas tan ocultos que hay en m nuestra vida.

A todas las personas les regalan un libro: Sin nombre sobre su tapa; ni palabra alguna que se pueda leer. ¿Me pregunto: para qué necesito yo un tomo vacio? ¿Grande o pequeño? Eso solamente lo  sabe la vida. La vida es el tiempo en el que estamos sobre esta maldita tierra; y en ella vivimos, sufrimos, o somos felices… cuanto, no lo sabemos. ¡Unos segundos, minutos, semanas, años y algunas veces nos da hasta más de un siglo… para que podamos vivir, sufrir, o tal vez ser feliz! Nada es cierto, todo es verdad y todo es mentira; el transcurrir de los tiempos nos dice cuantos días y cuantas cosas pasarán sobre nuestro cuerpo, sin saber escribir, ni saber leer. ¿Para qué? Durante todo este tiempo lo vallamos escribiendo y, el final, sí, un libro que el que venga tras nosotros; sea el que lo termine, y ya estará escrito; ya no queda ninguna página en blanco. Dejaremos esta parte, y después de todo el sufrimiento; será la única hoja que no podemos escribirlas nosotros mismos.

¡A mí: me regalaron un gran bloque de mármol! Sí, de mármol para que lo fuese tallando, y como, sin saber cuánto tiempo tendría que estar sobre la superficie de la vasta tierra en la cual vivimos, y el tiempo que me tenían guardado y del que yo mismo iría esculpiendo!

¿Qué tenía que hacer con esta piedra?

Con los años, me fui acostumbrando a ver este grandioso pedrusco que tenía delante de mí. Cada día que la vida me estaba regalando, y del la cual, no sabía para qué esta piedra en mi camino. Caminando se hace el camino. Sí, puede ser cierto; pero no todas las personas nacen con un obstáculo delante de si nada más nacer… A la cual, yo le daba rodeo, día tras día, y pasaba aduras penas delante de ella.

Durante años estaba acostumbrado a verla, nadie me dijo que tendría que hacer con este libro; sí, yo no tenía otra cosa, en vez de un libro en blanco; a mí me toco la lotería sin haber echado.

Había transcurrido unos pocos años y ya supe sobre mi piel hecha girones. ¿Para qué transcurrió ese tiempo, esos años, este era el castigo que me toco vivir? Cuando la dulce mujer me dejo a las puertas de un  hospital de los pobres, sí de los pobres; ya que los ricos no tenían que ir a ese lugar. A ellos les iba una matrona y en su casa y en buena cuna lo posaban con mucho cuidado para que esa criatura no sufriese lo que otras muchas tenemos que sufrir en nuestras propias carnes. ¡Qué lugar tan triste, tan húmedo y tan umbrío! ¡Este sitio había en el pueblo que me parieron! ¡Yo no nací, no, a mi me parieron, con muchos gritos, y mucho llantos por mi parte, sin saber el por qué de tanta pena, si tendría que haber sido de mucha alegría; pero no! Esa no fue la razón por la cual llegue a este mundo.

Tal era la costumbre de ver la medalla         que me pusieron ante mí; qué sin saber el por qué la fui tallando con un cincel y un partillo. ¿Qué buscaba dentro de esta mole? Nada, me miraba y sin darme cuenta me veía dentro de ella. Era tan grande, tan fuerte, tan dura y yo tan pequeño, que subiéndome a una silla de aneas; esta era la única forma de llegar hasta la parte superior de la misma. Durante muchos años estuve trabajando sobre la imagen que se reflejaba dentro de sí. Con el tiempo me veía a mí mismo; o tal vez era la forma que yo deseaba ser con el tiempo. Grande, fuerte y por qué no decirlo, bello. ¿Cuántos cinceles se gastaron, y cuántos martillos se rompieron? Muchas fueron las horas la estuve esculpiendo, y con el tiempo se fue formando a mi imagen y semejanza.

Una vez terminada mi obra, esta estaba en silencio, y encima de todo cuanto había pasado en mi vida; ahora qué estaba acompañado de algo, y que no me hablaba, no me miraba. Sus ojos estaban abiertos, pero mirando hacia el infinito, y yo, no sabía adónde estaba ese lugar que esta figura veía. ¡Ella no quiere decirme a donde están mis sueños y sabiendo que durante tantos años estuve llorando mientras yo la estaba esculpiendo! Ella escuchaba mi llanto, mis penas, mis sueños y yo siempre lo hacía para un lugar imaginario…

Han pasado los años, y llegado a este tiempo, me encuentro siendo un viejo. Casi no puedo levantar el martillo, y el cincel estará en algún lugar, pero mi mente no recuerda adonde esta para ir terminando mi obra. Sí, la mía es esta, y la de casi todas las personas es un libro, pero a mí no me lo dieron porque si no, tal vez estaría terminado y guardado en algún cajón de mi dormitorio, escondido para que nadie pueda leer las muchas cosas que me han pasado en mi desgraciada vida; y a si como yo no tengo tal cosa, prefiero que miren mi obra y busquen los escritos que guardo en su interior. Sí, la que me fue comendada para dejar escrito mí pasado sobre esta imagen.

Eran bellos mis sueños… pero no podía saber que miraban sus abiertos ojos, bellos sin tener color alguno, blanco. Su interior me llamaba cada segundo que yo estaba cerca de ella. Yo buscaba el lugar de los sueños. Su boca entre abierta no pronunciaba palabra alguna. Todo era silencio a su alrededor. Si piel era tersa, pero no tenía venas y su sangre no corría por si interior.

Se le podían ver sus nervios. Eran templados, fuertes, pero no tenía movimiento alguno. Su corazón estaba dentro de sí y tampoco latía… era un muerto lo que yo había creado durante toda mi vida. Yo deseaba hacer que sus ojos pudieran ver, que su boca pronunciase palabras, y que él me dijese para qué lo tuve que creando y el por qué de las cosas que pasan en esta vida.

El cincel no cabía dentro de sus ojos, no encontraba la forma de operar, o de tallar su mirada. Su boca entre abierta, en ella no entraba el cincel para hacerle sus cuerdas bocales. Si lo hubiese sabido, tal vez, ahora estaríamos hablando, y a si, él podría decirme adonde se van mis sueños y el por qué el haber nacido, o mejor dicho, parido sin haber pedido tal cosa. ¿Quién soy yo… una piedra del camino, un matorral que se balancea con el viento? Una brizna que se llevan la brisa, o solo una sombra que no sabe a qué cuerpo pertenece. Sea lo que sea, solo soy alguien que no sabe el por qué de las cosas…

Cuando se terminen los tiempos seguramente hallaré mis respuestas. El forjador de sueños. José Rodríguez Gómez, el sevillano.

Vestida de inosencia

Vestida de inocencia

Eras una mariposa: o mejor dicho, lo fuiste, sí, una mariposa… ¡Ya no lo eres! porque tu osadía al hacer lo que solamente se puede hacer… es, en el amor; es amar a quien te ama y, tú, cambiaste tus colores por el simple color del deseo, y destino te quito lo que jamás mereciste. Tal condena, para ti, fue: que vivieses castigada, haciendo plegarias, engañando a todos; haciendo ver que en verdad eras buena. ¡Cuántas mentiras, y después… al paso de  los años el destino te hizo seguir caminando descalza en penitencias! Sí, lo hacías, cada año que venías a tu querido pueblo. Todas las personas que te conocían sabían el por qué de esas caminatas detrás de los pazos de palo; de  los que tú dices creer. ¿Te han dicho alguna vez que lo que hiciste era bueno?… ¿Te han perdonado esos santos de cartón? ¡Oh! quizás te han condenando mientras vivas. ¡Tú no sabes que ellos y en su silencio te condenan, porque no eras buena, ni lo eres, y en este mundo todo se paga y tú falsa belleza se basaba en falsas mentiras, de las cuales; has de pagar el daño causado aquel que te amo de verdad durante mucho tiempo… hasta que supo por sí mismo el mal que le hiciste! Cosas que solamente lo sabías tú y para el resto de personas que te veían pasar, y hacer la comedia de pedir perdón… ¿A quién se lo pedias, dime, maldita?… ¿A quién?… Solo eras la facha de una mal nacida. ¿Por qué lo hiciste aquel día? ¿Disfrutaste, verdad que sí: y al hacerlo? Tú misma… te condenaron, y al castigarte te convertiste en una cigarra. ¿Qué fue de tu bello cuerpo? Entonces tu piel estabas cubierta de múltiples colores; eras tan bella, que parecías un ramillete de flores, y tu aroma envolvías mi mente en la locura de  mis desgracias; todo por culpa de desear cuanto tú juventud pedía agritos.  Han pasado los años, y cuando la mente se está envolviendo en la locura, me cuentan las malas lenguas, toda tu vida, y aun recuerdo yo a vagas penas, tu bello cuerpo.

De un diminuto huevo: puesto sobre alguna rama o tal vez en una de las hierbas que nacen en cualquier parte de la tierra. Puesto por su antecesora y dejado para que al llegar el tiempo  incubación se forme un pequeño gusanillo de color verde, este pequeño animal mide un milímetro si es que llega. Ella, al nacer en forma de gusano, corre hasta las hierbas  frescas. Ha estado dentro de ese diminuto huevo unos quince días. ¡No te puedes dar una idea del hambre que tiene ese pequeño bicho! Comer y volver a comer para que su diminuto cuerpo de haga grande y fuerte. Nace de otra mariposa de colores que le dio la vida, y esta sí que era virgen; lo que tú no lo eras. Durante unos días su estómago sé agranda de tal forma para que ese gusano cree el capullo que le dará cobijo a esa maravillosa criatura. Una vez ha crecido lo suficiente, él mismo se encierra. Crea la estructura de ese capullo de seda, lo hace con su boca, segrega una especie de hilillo de seda y según lo va creando teje dándole forma a su cubil donde ha de permanecer durante unos días.

¡Lo que es el amor! Él vive dentro de una nebulosa de seda, sin luz que lo acompañé, sin comida solo la que tiene guardada en su vientre; pero siendo tan pequeño tiene bastante hasta llegar el día que se transforma en una crisálida. Está pende de una ramita de un arbusto, si el huevo que ha creado este querido y diminuto gusanillo. En un lugar adonde nadie le pueda hacer daño alguno. Esta transformación, de la cual, creemos que esa figura de colores es tan virgen como la luz de día, y el brillo de las estrellas más bellas de la noche. ¿Qué ocurre dentro de esa madeja de seda… en el cual se transforma en un extraordinario proceso sin que lo hayamos podido ver? ¿En realidad, como se crea esa diosa, y por qué, se va transformando en lo que un día no muy lejano, saldrá de ese sueño de cada hombre tenemos en nuestra mente; en el que podamos ver  ese cuerpo, y a esa mujer vestida de colores siendo la más bella jamás vista por ojo humano? ¡El hábito no hace al monje!…. Eso se dice, y que de las flores nace el amor. Dentro de ese amor se crea en un lugar de nuestra mente; y al ver y saber que esa mariposa vestida de mujer es nuestra ninfa, la diosa de nuestros sueños. Vive dentro de su capullo, hasta que el tiempo y el destino le hacen que ella misma rompa ese nido de seda comiéndose la parte exterior.

A base de bocados se come el capullo. Lo rompe cuidadosamente. Procura por todo los medios no dañar ninguna parte de su delicado cuerpo. Su cabeza agachada, le da vergüenza salir. Es porque ella sabe que su belleza es inigualable. No hay dos iguales a ella sobre la capa de la tierra. Sus halas plegadas a su cuerpo. Ha salido pero no podemos ni imaginarnos sus colores, ni su belleza. De su abultado vientre, donde guarda un líquido muy especial; si este producto que ella lleva dentro de sí. Es algo que lo ha ido crenado mientras estaba confinada dentro de su bello cascarón. Guarda en su interior un líquido especial. Este tiene un aroma y una sangre de colores que hace que la belleza sea cosa de un milagro. Un aroma envuelve a esa mujer de los sueños. Unos polvos mágicos… Sí, no penséis mal… tiempo tiene esta maravillosa hembra de hacer con su bello cuerpo lo que desee. ¡Es libre, nada, ni nadie tiene derecho a ser su dueño, nació en libertad!… ¡Quién pudiera nacer igual que ella! No todos podemos hacer lo mismos con nuestros actos. Está sobre su nido, ha roto todas las ligaduras que tenia para que su cuerpo se fuese transformando en lo que es ahora. ¡Sabe que la envuelven sus preciosas halas, y para que podamos ver el milagro de la vida, abre lentamente sus alas! Como por arte de magia; inyecta el líquido guardado durante todo el tiempo que permaneció encerrada. Como si fuese un mecanismo extraordinario, cosa perfecta lo va inyectando lentamente por esas diminutas venas que cubren su cuerpo. Se han abierto sus alas; están llenas de sangre. Seguramente es una sangre muy especial; porque si la nuestra es roja, y no somos ni por mucho desearlo tan bellos como lo es ella; no sé de qué color será. Se siente llena de vida, y para que pueda volar se han de secar muy bien sus alas, antes de emprender el vuelo hacia lo desconocido. Pasado unos minutos comienza  mover sus delicado cuerpo, siente la vida dentro de su mente, mira a su alrededor, y alza sus alas al viento. Para que su belleza quede reflejada en el iris de nuestros ojos. ¿Piensas?… Sí, tú, en una mujer, la cual está sentada en el tocador de sus sueños, pintándose su cara, sus ojos, y retocando su piel con el maquillaje para envolvernos en la locura en ese día de su boda.  La mariposa hace lo mismo vestida de seda, hincha sus alas con el líquido que guarda para este precioso momento. Se ve bella, se sonríe, se siente mujer, y una vez inyectado ese manjar; sus alas son de una belleza sin igual. Las abre, y estiras sus delicadas fibras al viento para que se sequen y puedan mostrara el color y el perfume de las rosas al legar la primavera, y con ello, para que la hermosura salga de sí misma y resplandezca con toda su belleza ante nuestro ojos. En ese día tan especial, en el cual, muchos de nosotros hemos vivido. Unos de una manera, y otros, con el sueño de haber sido… Sí, engañados por el resplandor de los misterios de esta maldita vida.

En un altar lejano. Hace muchos años. Si entonces era joven. Esperando que llegase esa mariposa. Se hace largo, el tiempo de espera, se alarga y cada segundo me parecían siglos, yo no sabía el por qué de estos nervios, pero sí, yo lo estaba, y cuando el tiempo nubla la mente suena  una marcha triunfal en el interior de esa iglesia… Apareció vestida de blanco igual que la mariposa. Sus cabellos sobre volaban sus hombros de encajes. Blanco era su precioso vestido. ¡Fue el día en que ella iba vestida de inocencia! La vedad es que aquel día estaba my bella, y yo sin saber nada de la vida. De sus lindos ojos avellanados brillaban como algo  extraño; algo me aconsejaba, y me decía en mi interior que me marchase, que no me casase con ella, pero por aquellos entonces era la mujer de mi vida. Qué lástima no haberlo hecho. Dios me castigo el haberme casado con una mariposa. Cegado por el brillo de sus colores me fue dejando ciego para el resto de los años de los cuales yo fui preso de la belleza. Cosas que pasan y que mejor que no la hubiese conocido nunca, ya que su vida estaba llena de hechos malvados, y que ella los ocultaba y jamás lo supe; solo su brillo, esa era la luz que me hacía seguir los pasos que me marcaba mi destino. Vi  ese resplandor en su mirada. Como una luz en la oscuridad que te quiere decir algo que en ese preciso momento no sabes que es lo que notaba. Había algo extraños en aquella mujer, a la que según tú, la amas. El  color del cabello era de un claro marrón tirando a rubio. Este le caía sobre sus hombros del color de las rosas blancas. Llegado al altar… sí, a ese lugar donde todas las mujeres desean llegar un día soñado. Cosa que para llegar no les importa hacer cuánto sea necesario para conseguirlo, y si hay que engañar, sé engaña. Todo vale, para conseguir el camino marcado por las costumbres, sin mirar si eres digna de vestir de ese color. Sin miramiento alguno… todo sea por el momento de estar vestida de blanco; o mejor dicho vestida de inocencia…

Fechas reales de todo cuanto aconteció a esta mariposa. ¡Dirán que es mentira!: nada más cierto que ello, cuando una mujer se viste de esta manera solamente para conseguir lo que no merece… no hay dios que valga, es mucho más poderosa la mentira que la pura realidad.

18 de Julio del 1965… o… 18 de Julio del 1966. Fiesta en las minas de Alquife. Amenizaban el conjunto de los Godos. Toni L, pepe L, y compasa. ¿Sé perdió la mariposa y se convirtió en cigarra?

14 de Noviembre del 1971. Rubi Barcelona. Vestida de inocencia.

29 de noviembre del 1971. Segunda vez que vendió su cuerpo, en mi propia casa. ¿Y no sé en qué se convirtió?

El forjador de sueños

José Rodríguez Gómez el sevillano.

Vivir dos veces

¡Vivir dos veces!

Seré un fantasma

¿Si no vuelvo a vivir de nuevo: deseo ser algo así, como si fuese eso… un fantasma que herrará por la tierra, buscando la vuelta a mis sueños no realizados, y quiero pagar los errores cometidos en mi primera vida?

Es triste vivir cuando no has podido realizar los deseos que en el paso de los años soñaste, los amores deseados, los que nunca tuviste, y a las mujeres que durante los tiempos vividos no pudiste darle el amor que tú mismo les prometiste al besar sus labios pintados de carmín.

En este mundo hay muchas personas que se conforman con la vida vivida. Otras muchas, se sienten felices al ver lo que han dejado tras de sí. ¡Yo no me siento feliz, por ello deseo volver nuevamente aunque me volviese a equivocar de nuevo un millón de veces, para arreglar las cosas que deje a medias; las que se quedaron cerca de mis labios y no fui capaz de besar! Otras muchas con las que no hice el amor con ellas, y cuanto me arrepiento de haber sido eso, la sombra de lo que soñé ser, y no un simple payaso que se pintaba la cara de un hombre feliz, cuando en verdad, solo era la sombra de mi propia vida de la cual fui errante de los caminos que no caminé.

Hace mucho años que fui algo a si cómo un virus, si pero no tan tremendo como el que tenemos hoy en día, puede ser que fuese tan pequeño como este, sí y seguramente muy chiquitito, que no se lograba ver con los ojos con los cuales miramos cuando pasa una mujer hermosa; a las cuales antes se les podía decir algo parecido a un piropo. Pero ya no nos está permitido decir nada. Son mujeres empoderadas y son dueñas de su cuerpo y además de tus palabras las cuales se la lleva el viento y no nos queda ni tan siquiera los sueños con los cuales los mortales hemos soñado durante tantos años.

Sentirse ser solo una hoja que se la lleva el viento. Una gota de agua que se resbala por la piel de unos ojos de mujer. La sombra de unos besos que se refriegan con uno  labios soñadores de una preciosa hembra, y de los cuales, ya no nos queda el sabor de su boca.

¿Qué pasó en mi vida: por qué no puedo ser lo que hoy en día sueño?

¡Sólo, sí, sólo camino por senderos extraños! Miro en la lejanía el brillo de tu mirada, el resplandor de los lagos de tus ojos, y cuando estaba cerca de ellos no era capaz de hacer lo que tú me pedías. ¿Para qué vivir si no fuiste lo que te decías a ti mismo?

¡Qué lejos queda la distancia, y qué cerca está el adiós de la vida! ¿Cuándo seremos la simiente de las flores… y cuando tú besarás mis labios junto a mi cuerpo?

¿Seremos lo que tanto he soñado, o tal vez solo seamos lo que tú y yo pensamos aquel día que sobre las hiervas del campo besaste mi boca y dijiste te quiero?

¡Llévame a pasear! Sí, hazlo por favor, que el tiempo se acaba y nada de lo que tú me diste queda en mis recuerdos. Qué pasó entre tú y yo… ¿No queda nada, todo se borró con el paso de los años, y después que hay… dime, qué queda de tras de lo vivido?

Hay amores que jamás se olvidan, besos que te dejan impregnada en nuestra piel.

Cuentos que nunca se acaban, comienzan con: Era sé una vez una mujer de cristal; qué daba sus besos y tus labios se quedaban cristalizados para la eternidad.

Erase una vez un sueño: qué te decía cada vez que tú estabas sobre le piel tierna y sedosa de una bella dama al sentir su cuerpo jamás lo podrías olvidar durante el resto de tu vida. ¿Cuántos de esos hemos soñado durante estos años? ¿Has contado cuantas veces te equivocaste, de cuantas cosas te arrepientes de no haberlas hecho? ¿Ninguna… yo si lo hice, pero se paso el tiempo y mi mente no dejaba que yo hiciese lo contrario, no, solo la belleza era la imagen que me transmitía mi cerebro, y ese fue mi gran error?  

Belleza, y no fijarme en su interior, sólo la imagen de una cara bonita y detrás de ese semblante qué… Jóvenes inocentes, cuando la edad de los sueños no hacía ver, mirar, desear y comerse esos labios pintados o sin pintar; que más nos daba si todo eran sueños de una feliz primavera. Ha llovido tanto… que los surcos de nuestra piel quedó arrugada y jamás logro ponerse tersa y suave nuevamente.

¡Cógeme del brazo, que ya me cuesta trabajo caminar y tú puedes hacer que yo vuelva soñar de nuevo cada segundo de este tiempo que me das al estar junto a mi cuerpo! ¿Mira, ves aquel lago, aquella orilla donde el remanso de las aguas se refleja las ramas de los sauces?  Llévame, sí, pero no corras, que quiero saborear el aire que se respira al tenerte a mi lado nuevamente.

¿Cuánto tiempo ha pasado desde aquel día… no te acuerdas o no quieres que yo te recuerde los besos que nos dimos? ¿No fueron tantos, verdad, tú te fuiste y dejaste las heridas dentro de mi corazón? No fui para ti el hombre deseado, el que te hubiese dado lo que tanto tú querías que yo fuese. La sombra que te abrazase, la que te protegiera de todo cuanto tú has sufrido por mi culpa…

Cuando lleguemos a la orilla, me arrimas al tronco de ese gran árbol, del cual sabe todo cuanto yo pasé y cuanto he sufrido por tu amor, ese amor que se alejó de mi porque no era tu hombre, solo era un extraño que no te daba el amor deseado y solo eran sueños y nunca supe hacer otra cosa que soñar y dejarte queriendo tus besos y de los cuales ya no me acuerdo de ellos.

Tú, mientras yo me quedo dormido: has de tirar unas pequeñas piedras sobre las aguas del lago. Por cada piedra que tú tires verás cómo surgen perlas de cristal de sus aguas y con las cuales yo te haré un collar; el que llevarás sobre tu piel y cada vez que las toques sentirás en tus labios unos besos, que te harán recordar lo mucho que sufrí por tu amor… pero no quiero que llores, no, por favor, no lo hagas, solo quiero que sepas que también te quise aunque fuese a mi manera. Durante ese tiempo, entre el sueño y el adiós paso no sé cuantos años pasó y tú seguiste siendo joven y yo me fui por la orilla hasta el lugar donde se reúnen las hojas muertas y entre ellas yo me sentí por primera vez, feliz, si, lo fui pero desde la distancia te recordaré el resto de los tiempos hasta que se cumplan mis deseos, ese, del cual yo quiero volver a buscarte y poder remediar el daño que hice en tu corazón.

El forjador de sueños

José Rodríguez Gómez

El sevillano. (��8`��x���c